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Días nublados por El Niño: cómo la reducción de la luz solar afecta el estado de ánimo y el descanso

22 October 2026 at 06:00
La falta de luz ambiental actúa como una señal de descanso para el cerebro y eleva la sensación de somnolencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fenómeno de El Niño avanza sobre Argentina con lluvias, tormentas y cielos cubiertos que afectan de forma desigual a distintas regiones. Las proyecciones meteorológicas ubican el pico del fenómeno entre fines de 2026 y los primeros meses de 2027, con lluvias que podrían extenderse hasta el otoño.

En ese escenario de jornadas grises y nubosidad persistente, la menor presencia de luz natural puede coincidir con cansancio, desánimo y menor motivación en algunas personas. La ciencia describe una asociación entre la exposición solar, el reloj biológico y el estado emocional, un vínculo que cobra relevancia cuando los días sin sol se acumulan.

La menor luz natural modifica el reloj biológico y la energía

El doctor Diego Golombek, investigador superior del Conicet y docente de la Universidad de San Andrés y de la Universidad Nacional de Quilmes, explicó a Infobae que un ciclo adecuado de luz contribuye a sincronizar el organismo. Según el especialista, este orden influye en el sueño, el metabolismo, el sistema inmune, el sistema cardiovascular y el estado de ánimo. La luz de las primeras horas del día aporta una señal de activación al cuerpo y favorece el descanso nocturno.

La luz solar de las primeras horas del día sincroniza el reloj biológico y favorece el descanso nocturno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ritmo circadiano es el reloj interno del cuerpo que regula los ciclos de vigilia y sueño. Desde Mayo Clinic lo identifican como uno de los factores ligados al trastorno afectivo estacional, un tipo de depresión que aparece y desaparece en determinadas épocas del año. Aunque el fenómeno se asocia con mayor frecuencia al otoño y al invierno, la sucesión de jornadas grises que atraviesa la Argentina por el impacto de El Niño en plena primavera también puede desajustar ese reloj y afectar el estado de ánimo en algunas personas.

La doctora Estefanía Vieites, psicóloga especializada en terapia cognitivo conductual, indicó en declaraciones a El HuffPost que el mal tiempo también limita las salidas y los encuentros sociales al aire libre. Esa restricción puede reducir actividades habituales, como caminar, conversar en una plaza o pasar tiempo en espacios naturales, y así afectar el ánimo.

Expertos de Cleveland Clinic sostienen que la exposición al sol durante el inicio del día comunica al cerebro que debe permanecer alerta. La oscuridad, en cambio, funciona como una señal para que el organismo se prepare para dormir. Por eso, una cadena de días nublados puede coincidir con más somnolencia o una menor sensación de energía.

Serotonina, melatonina y vitamina D aparecen entre los factores señalados

Vieites mencionó tres elementos vinculados con el efecto de los días grises: la serotonina, la melatonina y la vitamina D. La serotonina es una sustancia química del cerebro que participa en la regulación del ánimo. La melatonina interviene en los ciclos de sueño y la vitamina D, por su parte, cumple funciones en la salud ósea, muscular e inmune.

La menor luminosidad diurna incrementa los niveles de melatonina y reduce la presencia de serotonina en el cerebro. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según la experta, la menor luminosidad puede favorecer la activación diurna de la melatonina, una hormona que facilita el sueño. Ese cambio puede asociarse con cansancio, somnolencia y desánimo. Explicó además que los niveles de melatonina y serotonina mantienen una relación inversa: cuando una aumenta, la otra disminuye.

Desde Mayo Clinic también vinculan la reducción de luz solar con una posible caída de serotonina. La institución define a esa sustancia como un neurotransmisor, es decir, un compuesto que transmite señales entre células nerviosas y participa en el estado de ánimo. La modificación de los niveles de melatonina también puede alterar el descanso y la estabilidad emocional.

Para el doctor Charles Garven, de Cleveland Clinic, la luz solar activa una zona cerebral relacionada con la producción de serotonina y otros neurotransmisores. Afirma que más luz puede elevar los niveles de serotonina y favorecer el ánimo. También advierte que la exposición solar requiere cuidados, porque la radiación ultravioleta puede dañar la piel y aumentar el riesgo de cáncer cutáneo.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Florida afirma que la luz del sol contribuye a la producción de vitamina D, nutriente que favorece la absorción de calcio y ayuda a mantener los huesos. Esa fuente relaciona una exposición insuficiente con menor energía y somnolencia, aunque aclara que el tiempo adecuado de sol varía según el tono de piel, la ubicación geográfica, la estación, el horario y la ropa.

El trastorno afectivo estacional requiere atención profesional

La apatía continua, la somnolencia excesiva y los antojos de carbohidratos forman parte de los síntomas del desorden afectivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La forma más frecuente de trastorno afectivo estacional comienza a fines del otoño o durante el invierno y disminuye en primavera o verano. También existe un patrón menos habitual que surge en primavera o verano y desaparece en los meses fríos. En el caso de Argentina, aunque el calendario marca primavera, la persistencia de cielos cubiertos por El Niño reproduce condiciones similares a las de los meses más oscuros del año.

Mayo Clinic enumera entre los síntomas del TAE la tristeza o apatía la mayor parte del día, la pérdida de interés en actividades, el cansancio, el sueño excesivo, los antojos de carbohidratos, la dificultad para concentrarse y los sentimientos de desesperanza. En los cuadros de verano, la institución menciona insomnio, falta de apetito, pérdida de peso, ansiedad e irritabilidad. Estos signos pueden comenzar de forma leve y aumentar con el avance de la estación.

Golombek señaló que el TAE puede tratarse con psicoterapia, fármacos y fototerapia. La fototerapia utiliza una fuente de luz artificial con fines terapéuticos. Según el investigador, este recurso no cura el trastorno, pero puede reducir síntomas hasta el regreso de una mayor luz natural.

Mayo Clinic recomienda consultar con un profesional de salud si la tristeza persiste durante varios días, si desaparece la motivación para las actividades habituales, si cambian el sueño o el apetito, o si surgen pensamientos suicidas. La institución señala que un diagnóstico y tratamiento tempranos pueden limitar el agravamiento de los síntomas.

Lluvia de meteoros Oriónidas 2026: cuándo y cómo ver desde el hemisferio sur los destellos del cometa Halley

21 October 2026 at 22:44
El pico de actividad de la lluvia de meteoros Oriónidas ocurre entre el 21 y el 22 de octubre. (REUTERS/Amir Cohen)

Cada octubre, la Tierra atraviesa una zona del espacio repleta de escombros dejados por uno de los cometas más célebres de la historia: el cometa Halley. Ese encuentro produce la lluvia de meteoros Oriónidas, un fenómeno que permite observar a simple vista decenas de destellos luminosos en el cielo nocturno. Según la NASA, esta lluvia es considerada una de las más vistosas del año, tanto por la velocidad de sus meteoros como por el brillo que los caracteriza.

El pico de actividad de las Oriónidas en 2026 se produce entre la noche del miércoles 21 y la madrugada del jueves 22 de octubre, de acuerdo con los datos proporcionados por la Sociedad Estadounidense de Meteoros (American Meteor Society). El espectáculo resulta visible desde ambos hemisferios del planeta, aunque la presencia de una luna grande en el cielo reduce la visibilidad en las primeras horas de la noche.

Las Oriónidas viajan a 66 kilómetros por segundo y provienen del cometa Halley

Una lluvia de meteoros ocurre cuando la Tierra, en su órbita alrededor del Sol, cruza los restos de polvo y roca que un cometa dispersó a lo largo de su trayectoria. En el caso de las Oriónidas, ese material proviene del cometa 1P/Halley, que completa una vuelta al Sol aproximadamente cada 76 años. La última vez que observadores casuales pudieron ver al Halley fue en 1986, y no volverá a ingresar al sistema solar interior hasta 2061.

Los escombros del cometa 1P/Halley producen el fenómeno celeste durante la órbita de la Tierra. (Laboratorio de Propulsión a Chorro/NASA vía AP)

Cuando esos fragmentos de roca espacial entran a la atmósfera terrestre, el aire les opone resistencia y los calienta hasta desintegrarlos. Ese proceso genera un destello, lo que popularmente se conoce como “estrella fugaz”. Los meteoros de las Oriónidas son particularmente veloces: viajan a unos 66 kilómetros por segundo. Esa rapidez les permite dejar rastros incandescentes en la estela del meteoro que persisten durante varios segundos e incluso minutos. En ocasiones, los meteoros más rápidos se convierten en bolas de fuego, explosiones prolongadas de luz visibles a gran distancia.

El nombre de la lluvia deriva de su radiante, es decir, el punto del cielo desde el cual los meteoros parecen originarse. En este caso, ese punto se ubica en la constelación de Orión, justo al norte de su estrella más brillante, Betelgeuse, según la NASA. Sin embargo, la agencia espacial aclara que la constelación no es la fuente real de los meteoros. Solo sirve como referencia para que los observadores identifiquen qué lluvia presencian en una noche determinada. De hecho, conviene mirar entre 45 y 90 grados de distancia del radiante, ya que desde esa perspectiva los meteoros lucen más largos y llamativos.

En el hemisferio sur, la clave es recostarse con los pies hacia el noreste

Para quienes observen desde el hemisferio sur, la NASA ofrece una recomendación concreta: recostarse en el suelo con los pies en dirección noreste y la vista apuntada hacia la parte más alta del cielo. En menos de 30 minutos en la oscuridad, los ojos se adaptan lo suficiente para detectar los primeros meteoros. El Planetario Galileo Galilei, de Buenos Aires, coincide en que lo ideal es ubicarse en un sitio sin luces cercanas y mirar hacia la parte más alta del cielo, preferentemente con orientación norte.

El radiante de la lluvia se localiza en la constelación de Orión, al norte de la estrella Betelgeuse.

El principal enemigo de la observación no es la distancia ni el equipamiento, ya que no se necesitan telescopios ni binoculares, sino la contaminación lumínica. Una luna brillante o la iluminación artificial de las ciudades representan los mayores obstáculos. Las noches despejadas y con luna menguante ofrecen las mejores condiciones. El Planetario Galileo Galilei estima que en lugares alejados de las ciudades es posible ver entre 10 y 15 meteoros por hora, mientras que en grandes urbes la contaminación lumínica reduce esa cifra a apenas unos pocos por hora.

El período de actividad de las Oriónidas en 2026 se extiende del 2 de octubre al 7 de noviembre, según la NASA, por lo que aún restan varias noches para intentar la observación después del pico máximo.

La próxima cita será con las Táuridas del Sur, en condiciones más favorables

El cometa Halley no solo produce las Oriónidas en octubre. Según la NASA, los granos de polvo que desprende su núcleo (cuyas dimensiones son de 16 x 8 x 8 kilómetros) también generan otra lluvia de meteoros, las Eta Acuáridas, cuando chocan con la atmósfera terrestre en mayo. El cometa debe su nombre a Edmond Halley, quien descubrió en 1705 que tres cometas observados con anterioridad parecían regresar cada 76 años y sugirió que se trataba del mismo objeto celeste.

Para quienes no logren observar las Oriónidas esta semana, la siguiente oportunidad llegará pronto. La próxima lluvia de meteoros importante, las Táuridas del Sur, alcanzará su pico el 5 de noviembre, cuando solo habrá una luna creciente, lo que creará condiciones de visibilidad mucho más favorables.

Cáncer de mama: tres investigaciones argentinas estudian nuevas vías para tratar la enfermedad

21 October 2026 at 17:35
El cáncer de mama registra más de 20.750 diagnósticos anuales y más de 6.000 muertes en la Argentina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cáncer de mama es hoy la enfermedad oncológica más frecuente entre las mujeres en 164 países y la principal causa de muerte por cáncer en esa población, con un estimado de 694.000 fallecimientos en 2024, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la Argentina, la situación no escapa a esa realidad: cada año se diagnostican más de 20.750 nuevos casos y se registran más de 6.000 muertes asociadas a esta patología.

En el mes internacional de concientización sobre el cáncer de mama, resulta oportuno destacar el trabajo sostenido de tres equipos de investigación argentinos, liderados por los doctores Claudia Lanari, Gabriel Rabinovich y José Mordoh.

Sus líneas de estudio, diferentes y complementarias, apuntan al desarrollo de nuevos tratamientos frente a una de las enfermedades con mayor mortalidad en el mundo.

Receptores hormonales como una vía hacia tratamientos más específicos

La doctora Claudia Lanari lidera una investigación centrada en los tumores de mama luminales, un subtipo que representa más del 70% de todos los cánceres de mama y se caracteriza por expresar receptores hormonales, es decir, moléculas en la superficie de las células tumorales que reconocen hormonas como el estrógeno y la progesterona. Cuando esas hormonas se unen a sus receptores, envían señales que favorecen el crecimiento y la multiplicación de las células tumorales.

El equipo de Claudia Lanari propone el uso de antiprogestágenos dirigidos al receptor de progesterona en tumores luminales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su equipo descubrió que dentro de ese grupo existen diferencias clave: algunos tumores presentan mayor cantidad de una forma del receptor de progesterona conocida como isoforma A (PR-A) respecto a la isoforma B (PR-B). Esas pacientes podrían beneficiarse de un fármaco llamado antiprogestágeno, un medicamento que actúa directamente sobre el receptor de progesterona.

“La diferencia sería que la terapia actual está toda dirigida hacia el receptor de estrógeno o hacia disminuir la síntesis del ligando, que sería el estrógeno. Y esta terapia está dirigida hacia el otro receptor hormonal que tienen las células, que es el receptor de progesterona, que actualmente se mide para ver qué características tiene el tumor, pero que no se utiliza como blanco terapéutico”, explicó Lanari en declaraciones a Infobae.

La fundación SALES impulsa el desarrollo de estos programas de investigación junto a científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), a través de la iniciativa Cáncer con Ciencia.

Para identificar qué pacientes responderían a este tratamiento, el equipo utiliza una técnica de laboratorio llamada western blot, que permite distinguir ambas isoformas. Sin embargo, según la investigadora, ese método no resulta práctico para el ámbito hospitalario, por lo que trabajan en el desarrollo de un panel de diagnóstico más accesible.

En 2023, el grupo publicó en la revista Clinical Cancer Research un estudio de “ventana de oportunidad” (un ensayo breve de 14 días) que mostró respuestas favorables en pacientes con las características moleculares indicadas. Los estudios actuales se encuentran en fase preclínica, con pruebas en modelos celulares y animales, antes de avanzar hacia ensayos clínicos combinados.

Células Natural Killer, un arma del sistema inmune contra los tumores

Las células Natural Killer adaptativas conservan su actividad frente a los efectos de la quimioterapia y potencian su ataque con anticuerpos.

En el equipo del doctor José Mordoh, la doctora Estrella Levy investiga un tipo particular de célula del sistema inmunológico: las células Natural Killer adaptativas (NKa). Estas células son un subtipo de los linfocitos NK, un componente de la inmunidad innata (la primera línea de defensa del organismo) que tiene la capacidad de destruir células infectadas o tumorales sin necesidad de un reconocimiento previo.

Las NKa surgen en personas que atravesaron una infección por citomegalovirus humano (HCMV), un tipo de herpesvirus que se transmite por contacto con fluidos corporales como la saliva, la sangre o la leche materna. Se trata de un virus muy frecuente que infecta a la mayoría de la población en algún momento de la vida, pero que rara vez causa enfermedad visible.

Tras esa infección, algunas células NK atraviesan una especie de “entrenamiento”: su material genético no cambia, pero sí se modifica la manera en que sus genes se activan o se silencian, un proceso conocido como reprogramación transcripcional y epigenética. El resultado son células más resistentes, con mayor longevidad y una capacidad superior para atacar tumores. Según explicó Levy en declaraciones a Infobae, cuando estas células NKa se combinan con anticuerpos terapéuticos (moléculas diseñadas en laboratorio para unirse a las células cancerosas) el ataque contra el tumor se potencia de forma notable.

“Durante el tratamiento vimos que se mantienen más activas que las células NK convencionales, como si fueran menos susceptibles a los efectos de la quimioterapia”, señaló Levy. Este dato es clave porque la quimioterapia, al tiempo que ataca las células tumorales, también debilita al sistema inmunológico del paciente. Que las NKa resistan mejor ese impacto significa que pueden seguir en combate contra el tumor incluso durante el tratamiento.

La Fundación SALES y el CONICET impulsan programas de investigación sobre patologías oncológicas mediante la iniciativa Cáncer con Ciencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, la investigadora aclaró que aún no se encontró una asociación directa con la respuesta a un tratamiento particular, y que el equipo continúa con estudios sobre la interacción de estas células con otras del sistema inmune, tanto dentro de los tumores como en distintos esquemas terapéuticos.

Galectina-1: la proteína que el tumor usa para escapar y que la ciencia busca bloquear

En el laboratorio de Gabriel Rabinovich, la doctora Mariana Salatino estudia una proteína llamada Galectina-1, capaz de unirse a los azúcares que recubren las células. El cuerpo la produce de forma natural y cumple funciones importantes: participa en la regulación del sistema inmunológico, colabora en procesos de inflamación y contribuye al desarrollo de tejidos. El problema surge cuando las células tumorales aprovechan esa misma proteína en su beneficio.

La unión a los azúcares, en el contexto del cáncer de mama, activa varios mecanismos que favorecen la progresión de la enfermedad. Según explicó Salatino a Infobae, la Galectina-1 promueve que las células tumorales se desprendan del tumor primario, ingresen al torrente sanguíneo y se alojen en otros órganos, como el pulmón, donde forman metástasis.

La proteína Galectina-1 promueve la formación de metástasis en órganos como el pulmón y provoca la desactivación de los linfocitos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero el rol de esta proteína no se limita a facilitar la diseminación. Las células tumorales producen grandes cantidades de Galectina-1, que además promueve la muerte y la desactivación de los linfocitos encargados de atacar el tumor, y estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan su crecimiento. Para contrarrestar estos efectos, el equipo desarrolló un anticuerpo monoclonal anti-Galectina-1, una herramienta que bloquea la acción protumoral de la proteína y permite que el sistema inmunológico recupere su capacidad de destruir las células cancerosas.

“En el laboratorio tenemos como objetivo en el futuro poder tratar a pacientes con cáncer con nuestro anticuerpo monoclonal anti-Galectina-1, sin embargo, para que eso sea posible falta mucho tiempo, mucha investigación, mucha inversión y muchos años”, reconoció Salatino. El camino requiere ensayos clínicos en Fase I, II y III para demostrar que la molécula resulta segura y eficaz en humanos.

Estas tres líneas de investigación, sostenidas por Fundación SALES, sus más de 155.000 donantes y el CONICET, reflejan el esfuerzo de la ciencia argentina por convertir el conocimiento de laboratorio en herramientas concretas contra el cáncer de mama.

Perder a un animal de compañía: por qué duele tanto su ausencia y qué recomiendan los expertos para atravesar el duelo

21 October 2026 at 06:00
La pérdida de una mascota puede alterar las rutinas y dejar un vacío cotidiano que afecta el bienestar emocional de quienes compartían su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

La muerte de un animal de compañía deja un silencio difícil de explicar a quien no lo vivió. No es solo la ausencia: es la rutina que se rompe, el rincón que queda vacío, los horarios que pierden sentido. Un estudio con 975 adultos del Reino Unido, publicado en la revista PLoS ONE, reveló que una de cada cinco personas que perdió tanto a una mascota como a un ser querido cercano señaló la muerte del animal como su duelo más doloroso. La cifra desafía la creencia extendida de que esa pérdida no debería doler tanto como la de un humano.

El Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires (CVPBA) retomó estos hallazgos para pedir a la sociedad que reconozca ese dolor como legítimo, sin descartarlo con un “era solo un animal”. Diversas instituciones veterinarias y de salud mental coinciden: el vínculo con una mascota tiene un impacto real en el bienestar emocional, y su ruptura exige atención, no indiferencia.

El duelo por una mascota alcanza niveles comparables al de la pérdida de un familiar

El estudio de PLoS ONE midió la prevalencia del trastorno de duelo prolongado, un diagnóstico psiquiátrico que describe un dolor muy intenso que se sostiene en el tiempo y afecta el funcionamiento diario. Los investigadores compararon ese indicador entre personas que atravesaron distintos tipos de pérdida. Entre quienes identificaron la muerte de su mascota como su pérdida más dolorosa, el 7,5% desarrolló un duelo prolongado. Esa cifra resulta muy cercana a la de quienes perdieron a un amigo cercano (7,8%) o a otro familiar como un abuelo, tío o primo (8,3%).

os síntomas del duelo prolongado se manifestaron de igual modo ante la muerte de un animal de compañía o de una persona cercana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores señalaron en sus conclusiones que los síntomas del duelo se manifiestan de la misma forma sin importar si el fallecido es una persona o un animal. El estudio también calculó qué proporción del total de casos de duelo prolongado en la población corresponde a cada tipo de pérdida.

La muerte de una mascota representó el 8,1% de esos casos, un valor superior al de la muerte de una pareja o de un hijo. La explicación es que, aunque esas pérdidas humanas provocan un duelo más intenso en términos individuales, la muerte de animales de compañía ocurre con mucha mayor frecuencia y, por eso, genera más casos en el conjunto de la población. El CVPBA aclaró que estos resultados son promedios y que cada persona vive el duelo a su manera: lo que más pesa es el grado de apego, no tanto la especie.

Las guías profesionales recomiendan aceptar el dolor y buscar apoyo ante la pérdida

Cuando la muerte de un animal de compañía ocurre, el proceso de duelo puede resultar tan complejo como el de cualquier otra pérdida. La Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria (AVMA) recomendó reconocer la realidad de la muerte sin apurar los tiempos, avanzar hacia el dolor en lugar de evitarlo, y mantener viva la relación a través de los recuerdos.

La entidad también advirtió sobre un fenómeno frecuente: el silencio ensordecedor que invade el hogar cuando ya no están los ruidos cotidianos del animal, sus pasos y sus movimientos. Además, señaló que el duelo no puede jerarquizarse: comparar el propio dolor con el de otras personas no ayuda al proceso, porque cada pérdida merece atención sin importar quién o qué se perdió.

La Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria recomienda aceptar la muerte sin apurar los tiempos y sostener los recuerdos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell describió cuatro etapas habituales del duelo: shock o negación, búsqueda y añoranza, desorganización y reorganización. Según esa institución, la mayoría de las personas nunca “supera” la pérdida, pero aprende a convivir con ella.

Durante las primeras fases, es común sentir culpa, irritabilidad o enojo dirigido hacia uno mismo, hacia familiares o incluso hacia el veterinario. También pueden aparecer síntomas físicos como fatiga, cambios en el apetito y dificultad para dormir. Con el tiempo, la intensidad del dolor disminuye y la persona logra reintegrarse a su vida cotidiana, aunque la tristeza puede reaparecer en momentos puntuales.

La organización Humane World for Animals sumó recomendaciones prácticas para transitar ese proceso: desde crear una caja de recuerdos con el collar o los juguetes del animal hasta escribirle una carta, plantar un árbol en su memoria o buscar grupos de apoyo especializados. La entidad también advirtió que intentar reprimir la tristeza puede prolongar el duelo, y que expresar el dolor de forma abierta es un paso necesario para avanzar. Para quienes conviven con otros animales, la organización recordó que las mascotas sobrevivientes también pueden mostrar señales de angustia, como dejar de comer o actuar de forma apática, y que mantener sus rutinas habituales resulta clave para su bienestar.

El contacto con animales reduce el estrés y fortalece la salud mental

La relación entre las personas y los animales no se limita a la compañía. Según el Human Animal Bond Research Institute (HABRI), el 80% de los tutores de mascotas en Estados Unidos recurre a sus animales cuando siente soledad. La misma encuesta reveló que el 54% de los participantes considera que sus mascotas los ayudan a conectar con otras personas en la comunidad.

El 54% de los participantes de una encuesta afirmó que sus mascotas ayudan a conectar con otras personas en la comunidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Universidad de California en Davis respaldó estos datos al afirmar que los perros reducen el estrés, la ansiedad y la depresión, alivian la soledad y fomentan el ejercicio físico. Según esa misma institución, más del 60% de los tutores de perros cumple con la cantidad de actividad física semanal recomendada: 150 minutos de ejercicio moderado o 75 minutos de ejercicio vigoroso. Las interacciones positivas con animales, de acuerdo con HABRI, disparan la liberación de oxitocina, endorfinas y prolactina (una hormona vinculada al cuidado) y al mismo tiempo reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

El CVPBA recordó que los seres humanos son una especie social que necesita contacto físico. La institución citó un estudio de la Universidad de Carolina del Norte con unas 200 personas en pareja: quienes recibieron un abrazo de 20 segundos antes de una situación de estrés mostraron menor reactividad, medida en presión arterial y frecuencia cardíaca. En ese sentido, para el Colegio, la compañía de un animal puede funcionar como una forma cotidiana de contacto y de calma.

Sin embargo, advirtieron: “La compañía de un animal no reemplaza la atención de un profesional de la salud mental”. Quien atraviesa un momento difícil debe buscar ayuda y apoyarse en su entorno. Y quienes piensan en sumar un animal a su familia deben hacerlo con compromiso a largo plazo, porque el bienestar del animal también depende de las personas. “Los animales de compañía nos acompañan en lo cotidiano y ocupan un lugar real en nuestra vida emocional. Reconocerlo implica también hacernos cargo”, sostuvo la institución.

Cuatro voluntarios de la NASA pasaron un año aislados en un hábitat impreso en 3D: el ensayo clave para enviar humanos a Marte

20 October 2026 at 06:00
Cuatro voluntarios de la NASA completaron un año de aislamiento en un hábitat impreso en 3D en Houston. (EFE/SIPA/ais)

Cuatro voluntarios llevan 365 días confinados en un hábitat de apenas 158 metros cuadrados en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston. La misión, denominada CHAPEA (Crew Health and Performance Exploration Analog, o Análogo de Exploración para la Salud y el Rendimiento de la Tripulación), replica las condiciones de vida que enfrentaría una tripulación en la superficie de Marte: recursos limitados, comunicaciones con demoras de hasta 45 minutos en ambos sentidos y actividades extravehiculares (es decir, caminatas con traje espacial) en un terreno que simula el suelo marciano.

La Misión 2 del programa CHAPEA alcanzó este 19 de octubre de 2026 la marca de un año desde que sus cuatro integrantes ingresaron al hábitat impreso en 3D. El objetivo central de la experiencia es recopilar datos de salud y rendimiento que permitan a la agencia espacial diseñar estrategias para misiones tripuladas de larga duración fuera de la órbita terrestre, con la mirada puesta en una futura presencia humana en el planeta rojo.

Los cuatro tripulantes operan como si vivieran en Marte desde octubre de 2025

La Misión 2 no es el primer experimento de este tipo. La Misión 1 del programa CHAPEA se extendió entre el 25 de junio de 2023 y el 6 de julio de 2024, con una tripulación compuesta por Kelly Haston (comandante), Ross Brockwell (ingeniero de vuelo), Anca Selariu (oficial científica) y Nathan Jones (oficial médico). Aquel primer grupo completó también 378 días de confinamiento en el mismo hábitat del Centro Espacial Johnson, donde realizó tareas similares: cultivo de vegetales, caminatas espaciales simuladas, mantenimiento del hábitat y experimentos científicos.

De izquierda a derecha, James Spicer, Matthew Montgomery, Ellen Ellis y Ross Elder, los cuatro tripulantes de la Misión 2 de CHAPEA, completaron un año de aislamiento en el hábitat que simula las condiciones de vida en Marte. (NASA)

Ross Elder, comandante de la misión; Ellen Ellis, oficial médica; Matthew Montgomery, oficial científico; y James Spicer, ingeniero de vuelo, componen la tripulación que entró al hábitat el 19 de octubre de 2025. Desde ese día el grupo cultiva alimentos, administra suministros escasos y realiza actividades extravehiculares simuladas, todo bajo un protocolo que reproduce con la mayor fidelidad posible las condiciones de una estancia real en Marte.

El aislamiento incluye una restricción severa en las comunicaciones: los tripulantes solo pueden contactar a sus familias por correo electrónico, con una demora similar a la que existe entre Marte y la Tierra. Este desfase, que puede alcanzar los 45 minutos en ambas direcciones, obliga a la tripulación a tomar decisiones de forma autónoma, sin la posibilidad de consultar al centro de control en tiempo real. Esa autonomía forzada constituye, precisamente, uno de los ejes de investigación más valiosos para la agencia.

Grace Douglas, investigadora principal del programa CHAPEA, expresó su reconocimiento al equipo: “Estamos extremadamente orgullosos de la tripulación por su compromiso y sus logros durante el último año en una misión tan exigente y de ritmo tan intenso”. También anticipó que todo el equipo del programa espera felicitar a los tripulantes en persona cuando abandonen el hábitat.

La tripulación saldrá del hábitat el 31 de octubre tras 378 días de confinamiento

La misión no termina con el año cumplido. Según el cronograma publicado por la NASA, los cuatro voluntarios permanecerán dentro del hábitat hasta el sábado 31 de octubre de 2026, cuando se completarán 378 días de confinamiento total. Ese día se llevará a cabo una ceremonia de salida, o egreso, que podrá seguirse en vivo a través del canal de YouTube de la agencia.

La primera misión del programa CHAPEA precedió a este experimento con una estancia de 378 días entre 2023 y 2024. (NASA/Bill Stafford)

Una vez fuera, los tripulantes se reencontrarán con sus familias y luego iniciarán dos semanas de evaluaciones y sesiones informativas con científicos de la NASA. Esas instancias posteriores a la misión resultan tan relevantes como el confinamiento mismo: los investigadores buscan comprender cómo se adapta una tripulación a las rutinas y exigencias de la vida diaria en misiones prolongadas, y qué necesitan los futuros exploradores para mantenerse sanos, productivos y conectados lejos de la Tierra.

Los datos recopilados pueden arrojar luz, por ejemplo, sobre cómo los sistemas limitados de alimentación y ejercicio influyen en la capacidad de cumplir objetivos de misión, incluidas las caminatas espaciales en la superficie marciana.

Los resultados alimentarán el diseño de futuras misiones a la Luna y Marte

Michael Stenger, científico jefe del Programa de Investigación Humana (Human Research Program, o HRP) de la NASA, subrayó el valor del experimento: “Esta misión fue increíblemente valiosa para empezar a enseñarnos cómo entender los requisitos de misiones de un año, incluida la atención médica y psicológica, a través de demoras en las comunicaciones”.

Los tripulantes cultivan alimentos y efectúan caminatas con trajes espaciales en un terreno que simula la superficie de Marte. (NASA)

Stenger agregó que la combinación de este análogo realista con un conjunto de mediciones fisiológicas, psicológicas y de rendimiento en un entorno controlado de forma rigurosa permitirá trasladar el conocimiento adquirido a una base lunar y más allá. La referencia apunta al programa Artemis de la NASA, que ya realiza investigaciones sobre salud humana en el espacio profundo, y a los planes de largo plazo para establecer una presencia permanente en la Luna como paso previo hacia Marte.

El HRP desarrolla métodos y tecnologías para garantizar viajes espaciales tripulados seguros y productivos. A través de experimentos en laboratorios, análogos terrestres como CHAPEA, misiones comerciales, la Estación Espacial Internacional y las misiones del programa Artemis, este programa estudia los efectos del vuelo espacial sobre el cuerpo y el comportamiento humano. La ceremonia de egreso del 31 de octubre marcará el fin de la fase de confinamiento, pero apenas el inicio de un largo proceso de análisis de datos que podría redefinir la forma en que la humanidad se prepara para pisar otro planeta.

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