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Cómo el pez elefante silencia su propio ruido para encontrar alimento

21 October 2026 at 17:58
El lóbulo electrosensorial del pez genera una señal contraria denominada imagen negativa para cancelar el impacto de sus propias descargas eléctricas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la Universidad de Columbia describieron el circuito cerebral con el que el pez nariz de elefante elimina la interferencia de sus propios pulsos eléctricos para localizar presas enterradas en ríos africanos de aguas turbias.

El análisis combinó registros de peces vivos, un modelo computacional y un mapa de conexiones neuronales, de acuerdo con el estudio publicado en Nature y divulgado por Earth.com.

El animal detecta los débiles campos eléctricos que producen las larvas de insectos bajo el sedimento mediante sensores en su piel. Sin embargo, varias veces por segundo emite una descarga eléctrica propia, cuya respuesta en esos mismos receptores es mucho más intensa que la señal procedente de una presa.

Cada descarga dura menos de medio milisegundo y puede ocultar la información que el animal necesita. El problema se parece a tratar de escuchar un sonido débil mientras se hace mucho ruido.

El órgano que cancela su propio pulso

El sistema nervioso del animal actualiza sus predicciones neuronales ante las variaciones de conductividad en el agua de los ríos africanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La solución se encuentra en el lóbulo electrosensorial, ubicado en la parte posterior del cerebro del pez, que procesa las respuestas eléctricas que detecta su piel. Esa zona recibe información sobre lo que ocurre en el agua y también un aviso de que el animal está por emitir su propia descarga eléctrica.

El órgano recibe dos avisos: uno le dice que está a punto de emitir una descarga y otro registra esa descarga cuando llega a sus sensores. Con el tiempo, aprende cómo suele ser esa señal propia y prepara una contraria para neutralizarla. Es parecido a usar auriculares que reducen el ruido: detectan un sonido molesto y generan otro que lo compensa.

Así, la descarga del mismo ejemplar deja de interferir y puede prestar atención a los débiles campos eléctricos producidos por sus presas. Los investigadores llaman “imágenes negativas” a esa señal contraria que el cerebro crea para cancelar la descarga propia.

El aprendizaje debe actualizarse de forma constante porque la conductividad del agua altera la intensidad y la forma de cada pulso. Por ello, el sistema necesita reajustar su predicción cada vez que varían las condiciones del entorno.

Nathaniel Sawtell, investigador del Instituto Zuckerman de Columbia, explicó que la disposición de las células no resultaba evidente al observar su ubicación. “Los tipos de neuronas rápidas y lentas están entremezclados espacialmente; al visualizarlas todas juntas, vimos lo que parece un enredo”, declaró.

Un mapa de miles de conexiones reveló el patrón neuronal

Las células del ganglio medio transmiten información a las neuronas de salida encargadas de enviar la señal depurada hacia el resto del cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para reconstruir el circuito, un equipo de la Universidad de Harvard, vinculado al laboratorio Lichtman, dividió una porción del cerebro posterior de un pez de 9,3 centímetros en 3.534 secciones. Una vez reunidas, alcanzaban un grosor aproximado al de una hoja de papel.

Un programa desarrollado por Google Research, entrenado inicialmente con tejido humano, permitió seguir las células a través de esas imágenes. Posteriormente, personas identificaron 29.694 sinapsis, es decir, los puntos de contacto donde una neurona transmite información a otra, entre 5.016 células.

Las neuronas de salida envían al resto del cerebro la señal ya depurada. En tanto, las células MG, llamadas así por “ganglio medio”, permanecen en el lóbulo electrosensorial y transmiten información a esas neuronas de salida.

Ambos grupos se presentan en dos variantes opuestas: una incrementa su actividad cuando aumenta el campo eléctrico y otra la reduce. El mapa mostró que las conexiones rara vez confunden esas variantes. De las 3.527 sinapsis que iban de células MG a neuronas de salida, solo una incumplió la regla de contacto entre tipos opuestos.

La combinación de aprendizaje rápido y lento filtra el ruido

El equilibrio entre neuronas de adaptación rápida y lenta protege la percepción sensorial frente al ruido eléctrico ambiental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando una neurona recibe una señal al mismo tiempo que está activa, la conexión que las une pierde fuerza. En cambio, durante los momentos en que eso no ocurre, ese contacto se recupera y se fortalece poco a poco. Lo importante es que perder fuerza sucede mucho más rápido que recuperarla.

En las neuronas de salida, ese cambio rápido ocurre unas 8 veces antes que el fortalecimiento. En las células MG, sucede cerca de 60 veces antes. Por eso, cuando el pulso eléctrico del pez cambia de intensidad, algunas neuronas se adaptan rápidamente a ese cambio, mientras que otras tardan más, pero conservan una respuesta más constante.

Salomon Muller, investigador posdoctoral de los laboratorios Abbott y Sawtell de Columbia y autor principal, describió la función de ese equilibrio: “Las células más rápidas pueden aprender con rapidez, pero son más vulnerables al ruido aleatorio e irregular”. Añadió que las células lentas aportan estabilidad para cancelar la interferencia persistente.

Los científicos también simularon la presencia de otros peces nariz de elefante, que emiten pulsos en momentos imprevisibles. Tras 10 minutos de esa interferencia en el modelo, realizaron registros en animales vivos bajo condiciones equivalentes. En ambos casos, el mecanismo de cancelación se mantuvo.

Un mapa cerebral con límites

Un equipo científico de la Universidad de Harvard y Google Research reconstruyó la red celular tras mapear casi 30.000 sinapsis (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis se basa en el mapa cerebral de un solo individuo y no permite observar directamente la actividad de cada conexión. Además, aún no pudieron observar cómo funciona una de las clases de neuronas presentes cuando el pez está vivo. Tampoco se midió de manera directa la intensidad con la que las células MG se inhiben unas a otras.

Sawtell señaló que aún no se sabe si otros animales emplean una organización semejante. El lóbulo electrosensorial posee una estructura similar al cerebelo, región cerebral relacionada con la coordinación y la precisión de los movimientos, y ambos tipos de células tienen equivalentes en esa zona.

“Los sistemas sensoriales evolucionaron para resolver los mismos problemas fundamentales, incluido el problema que estudiamos: distinguir la información sensorial externa de la información generada por el propio comportamiento del animal”, afirmó Sawtell. No obstante, aclaró que los circuitos pueden variar entre especies y sentidos.

El volumen de imágenes ya fue completado y será publicado de forma abierta, lo que permitirá continuar el análisis sin utilizar otro organismo. Entre las preguntas pendientes figura si una conexión que ya aprendió presenta diferencias visibles frente a otra que aún no lo ha hecho.

Cómo el pez elefante silencia su propio ruido para encontrar alimento

21 October 2026 at 18:03
El lóbulo electrosensorial del pez genera una señal contraria denominada imagen negativa para cancelar el impacto de sus propias descargas eléctricas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la Universidad de Columbia describieron el circuito cerebral con el que el pez nariz de elefante elimina la interferencia de sus propios pulsos eléctricos para localizar presas enterradas en ríos africanos de aguas turbias.

El análisis combinó registros de peces vivos, un modelo computacional y un mapa de conexiones neuronales, de acuerdo con el estudio publicado en Nature y divulgado por Earth.com.

El animal detecta los débiles campos eléctricos que producen las larvas de insectos bajo el sedimento mediante sensores en su piel. Sin embargo, varias veces por segundo emite una descarga eléctrica propia, cuya respuesta en esos mismos receptores es mucho más intensa que la señal procedente de una presa.

Cada descarga dura menos de medio milisegundo y puede ocultar la información que el animal necesita. El problema se parece a tratar de escuchar un sonido débil mientras se hace mucho ruido.

El órgano que cancela su propio pulso

El sistema nervioso del animal actualiza sus predicciones neuronales ante las variaciones de conductividad en el agua de los ríos africanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La solución se encuentra en el lóbulo electrosensorial, ubicado en la parte posterior del cerebro del pez, que procesa las respuestas eléctricas que detecta su piel. Esa zona recibe información sobre lo que ocurre en el agua y también un aviso de que el animal está por emitir su propia descarga eléctrica.

El órgano recibe dos avisos: uno le dice que está a punto de emitir una descarga y otro registra esa descarga cuando llega a sus sensores. Con el tiempo, aprende cómo suele ser esa señal propia y prepara una contraria para neutralizarla. Es parecido a usar auriculares que reducen el ruido: detectan un sonido molesto y generan otro que lo compensa.

Así, la descarga del mismo ejemplar deja de interferir y puede prestar atención a los débiles campos eléctricos producidos por sus presas. Los investigadores llaman “imágenes negativas” a esa señal contraria que el cerebro crea para cancelar la descarga propia.

El aprendizaje debe actualizarse de forma constante porque la conductividad del agua altera la intensidad y la forma de cada pulso. Por ello, el sistema necesita reajustar su predicción cada vez que varían las condiciones del entorno.

Nathaniel Sawtell, investigador del Instituto Zuckerman de Columbia, explicó que la disposición de las células no resultaba evidente al observar su ubicación. “Los tipos de neuronas rápidas y lentas están entremezclados espacialmente; al visualizarlas todas juntas, vimos lo que parece un enredo”, declaró.

Un mapa de miles de conexiones reveló el patrón neuronal

Las células del ganglio medio transmiten información a las neuronas de salida encargadas de enviar la señal depurada hacia el resto del cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para reconstruir el circuito, un equipo de la Universidad de Harvard, vinculado al laboratorio Lichtman, dividió una porción del cerebro posterior de un pez de 9,3 centímetros en 3.534 secciones. Una vez reunidas, alcanzaban un grosor aproximado al de una hoja de papel.

Un programa desarrollado por Google Research, entrenado inicialmente con tejido humano, permitió seguir las células a través de esas imágenes. Posteriormente, personas identificaron 29.694 sinapsis, es decir, los puntos de contacto donde una neurona transmite información a otra, entre 5.016 células.

Las neuronas de salida envían al resto del cerebro la señal ya depurada. En tanto, las células MG, llamadas así por “ganglio medio”, permanecen en el lóbulo electrosensorial y transmiten información a esas neuronas de salida.

Ambos grupos se presentan en dos variantes opuestas: una incrementa su actividad cuando aumenta el campo eléctrico y otra la reduce. El mapa mostró que las conexiones rara vez confunden esas variantes. De las 3.527 sinapsis que iban de células MG a neuronas de salida, solo una incumplió la regla de contacto entre tipos opuestos.

La combinación de aprendizaje rápido y lento filtra el ruido

El equilibrio entre neuronas de adaptación rápida y lenta protege la percepción sensorial frente al ruido eléctrico ambiental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando una neurona recibe una señal al mismo tiempo que está activa, la conexión que las une pierde fuerza. En cambio, durante los momentos en que eso no ocurre, ese contacto se recupera y se fortalece poco a poco. Lo importante es que perder fuerza sucede mucho más rápido que recuperarla.

En las neuronas de salida, ese cambio rápido ocurre unas 8 veces antes que el fortalecimiento. En las células MG, sucede cerca de 60 veces antes. Por eso, cuando el pulso eléctrico del pez cambia de intensidad, algunas neuronas se adaptan rápidamente a ese cambio, mientras que otras tardan más, pero conservan una respuesta más constante.

Salomon Muller, investigador posdoctoral de los laboratorios Abbott y Sawtell de Columbia y autor principal, describió la función de ese equilibrio: “Las células más rápidas pueden aprender con rapidez, pero son más vulnerables al ruido aleatorio e irregular”. Añadió que las células lentas aportan estabilidad para cancelar la interferencia persistente.

Los científicos también simularon la presencia de otros peces nariz de elefante, que emiten pulsos en momentos imprevisibles. Tras 10 minutos de esa interferencia en el modelo, realizaron registros en animales vivos bajo condiciones equivalentes. En ambos casos, el mecanismo de cancelación se mantuvo.

Un mapa cerebral con límites

Un equipo científico de la Universidad de Harvard y Google Research reconstruyó la red celular tras mapear casi 30.000 sinapsis (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis se basa en el mapa cerebral de un solo individuo y no permite observar directamente la actividad de cada conexión. Además, aún no pudieron observar cómo funciona una de las clases de neuronas presentes cuando el pez está vivo. Tampoco se midió de manera directa la intensidad con la que las células MG se inhiben unas a otras.

Sawtell señaló que aún no se sabe si otros animales emplean una organización semejante. El lóbulo electrosensorial posee una estructura similar al cerebelo, región cerebral relacionada con la coordinación y la precisión de los movimientos, y ambos tipos de células tienen equivalentes en esa zona.

“Los sistemas sensoriales evolucionaron para resolver los mismos problemas fundamentales, incluido el problema que estudiamos: distinguir la información sensorial externa de la información generada por el propio comportamiento del animal”, afirmó Sawtell. No obstante, aclaró que los circuitos pueden variar entre especies y sentidos.

El volumen de imágenes ya fue completado y será publicado de forma abierta, lo que permitirá continuar el análisis sin utilizar otro organismo. Entre las preguntas pendientes figura si una conexión que ya aprendió presenta diferencias visibles frente a otra que aún no lo ha hecho.

Receta de panqueques de calabaza, rápida y fácil

21 October 2026 at 16:32
El tiempo total de la receta alcanza los 25 minutos divididos entre la preparación y la sartén (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con una textura suave y un toque de canela, estos panqueques de calabaza son una alternativa casera para sumar sabor a la mesa sin complicaciones, con una preparación sencilla que permite obtener un resultado esponjoso y lleno de aroma.

Son una buena opción para aprovechar calabaza cocida, especialmente durante los meses frescos. Se pueden servir con miel, azúcar impalpable, dulce de leche o frutas de estación.

Receta de panqueques de calabaza

Se trata de una preparación dulce hecha con una mezcla de puré de calabaza, huevo, leche y harina leudante. Los panqueques se cocinan en sartén y quedan esponjosos, suaves y ligeramente especiados.

Tiempo de preparación

  • Tiempo total: 25 minutos.
  • Preparación: 10 minutos.
  • Cocción: 15 minutos.

Ingredientes

  • 250 g de puré de calabaza frío.
  • 1 huevo.
  • 200 ml de leche.
  • 180 g de harina leudante.
  • 40 g de azúcar.
  • 1 cucharadita de canela molida.
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla.
  • 1 pizca de sal.
  • 1 cucharada de aceite o manteca para la sartén.

Cómo hacer panqueques de calabaza, paso a paso

La receta de panqueques de calabaza combina puré frío con harina leudante, leche, huevo y canela molida (Imagen Ilustrativa Infobae)
  1. Cocinar la calabaza al horno, al vapor o en agua hasta que esté tierna. Hacer un puré y dejarlo enfriar. Si tiene exceso de líquido, escurrirlo bien.
  2. Colocar en un bol el puré de calabaza, el huevo, la leche, el azúcar y la esencia de vainilla.
  3. Mezclar hasta integrar. Agregar la harina leudante, la canela y la sal.
  4. Unir con batidor de mano hasta obtener una preparación espesa y pareja. No batir de más para evitar que los panqueques queden pesados.
  5. Calentar una sartén antiadherente a fuego medio y untarla con una pequeña cantidad de aceite o manteca.
  6. Verter aproximadamente 2 cucharadas de mezcla por panqueque.
  7. Cocinar durante 2 a 3 minutos, hasta que aparezcan burbujas en la superficie y los bordes se vean firmes.
  8. Dar vuelta con una espátula y cocinar durante 1 a 2 minutos más. Mantener el fuego medio para que se cocinen por dentro sin quemarse.
  9. Repetir el procedimiento hasta terminar la mezcla. Engrasar apenas la sartén entre tanda y tanda si fuera necesario.
  10. Servir calientes con miel, dulce de leche, yogur, frutas o azúcar impalpable.

¿Cuántas porciones rinde esta receta?

La masa se cocina en sartén a fuego medio durante dos a tres minutos hasta la aparición de burbujas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta receta rinde aproximadamente 10 panqueques medianos, equivalentes a 4 porciones.

¿Cuál es el valor nutricional de cada porción de esta receta?

  • Calorías: 265 kcal
  • Grasas: 7 g
  • Carbohidratos: 43 g
  • Proteínas: 8 g

Cabe señalar que estas son estimaciones, y los valores nutricionales precisos dependen de los ingredientes específicos utilizados en la preparación y las cantidades de cada porción.

¿Cuánto tiempo se puede conservar esta preparación?

Los panqueques se pueden guardar en la heladera dentro de un recipiente hermético durante 3 días.

También se pueden freezar separados con papel manteca durante hasta 2 meses. Para servir, calentarlos directamente en sartén, horno eléctrico o microondas.

Los aerosoles de aceites esenciales matan cucarachas al contacto, pero no frenan las plagas

21 October 2026 at 16:19
La aplicación directa de los aerosoles comerciales eliminó a más del 96% de las cucarachas en las pruebas de laboratorio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los aerosoles de aceites esenciales eliminan cucarachas alemanas al contacto, pero pierden eficacia cuando se secan, según un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Kentucky en Scientific Reports.

De acuerdo con Phys.org, el equipo probó 4 productos comerciales sobre insectos de laboratorio y una población doméstica resistente a insecticidas, mediante aplicaciones directas y residuos en superficies.

Las cucarachas alemanas (Blattella germanica) son las que suelen vincularse con infestaciones dentro de las viviendas. Se refugian en grietas, detrás de electrodomésticos, paredes y armarios, por lo que suelen permanecer fuera del alcance de quienes intentan combatirlas con un aerosol.

La aplicación directa causó una mortalidad superior al 96%

Un estudio de la Universidad de Kentucky determinó que los aerosoles de aceites esenciales pierden eficacia contra las cucarachas alemanas tras secarse (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo fue realizado en el laboratorio de Zachary DeVries, profesor asociado de entomología y titular de la cátedra de la Fundación Bill Gatton en la Universidad de Kentucky.

Para las pruebas utilizaron 2 grupos: una población de laboratorio sensible a los insecticidas y otra recolectada en una vivienda, con alta resistencia a esas sustancias. La comparación permitió observar si los productos actuaban de forma similar.

Cuando los aerosoles se aplicaron de manera directa, más del 96% de las cucarachas murió en 7 días. Casi todas las evaluaciones llegaron al 100% de mortalidad, según los resultados del estudio.

“Murieron inmediatamente”, afirmó Daniela Jackson, autora principal de la investigación y graduada en biotecnología agrícola y médica por la Universidad de Kentucky en 2025. Ella trabaja actualmente en el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

La investigadora advirtió que ese resultado aislado puede llevar a una conclusión equivocada sobre el funcionamiento de estos compuestos en un hogar. “Si el estudio se hubiera detenido ahí, los productos habrían parecido altamente efectivos”, señaló.

Los residuos secos tuvieron un alcance limitado

Las cucarachas alemanas se ocultan en grietas y detrás de electrodomésticos, lo que dificulta el impacto del rociado en las viviendas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El control de una infestación depende, sin embargo, de que el insecticida alcance a los animales escondidos y conserve su acción tras la aplicación. Para estudiar ese aspecto, el equipo colocó 3 de los productos sobre baldosas de cerámica y madera de pino.

Los restos del aerosol se dejaron secar durante 24 horas, una semana o un mes. Después, los investigadores expusieron a las cucarachas a esas superficies para medir su mortalidad luego del contacto con el material ya seco.

Los resultados fueron menores que los obtenidos con el rociado directo: casi todos los tratamientos residuales eliminaron a menos de la mitad de los insectos, mientras que la mayoría provocó una mortalidad inferior al 10%.

El mejor resultado alcanzó un 78% de mortalidad, por debajo del 90% de eficacia establecido en la guía federal de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para las afirmaciones sobre el rendimiento de plaguicidas. DeVries sostuvo que esas cifras podrían incluso ser superiores a las que se registrarían en una casa.

Los ejemplares evitaron al principio las zonas tratadas

Los residuos secos de los productos sobre madera y cerámica causaron una mortalidad inferior al 10% en la mayoría de los ensayos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los experimentos de seguimiento con video mostraron que los residuos recién aplicados hicieron que los individuos evitaran las baldosas tratadas. Esa reacción repelente disminuyó casi por completo después de 24 horas, al mismo tiempo que descendía la eficacia en los ensayos posteriores.

“Las cucarachas se vieron obligadas a permanecer en las superficies tratadas durante 4 horas, mucho más tiempo del que probablemente permanecerían en un mismo lugar dentro de una casa”, explicó DeVries sobre las condiciones de la evaluación.

Los aceites esenciales se evaporan con rapidez, un factor que ayuda a explicar la diferencia entre la alta eficacia del contacto directo y el resultado limitado de los residuos. El aerosol puede matar a la cucaracha que recibe el producto, pero deja poca protección una vez que la superficie se seca.

El especialista resumió la dificultad de combatir la plaga con un ejemplo: “Ves una, y hay 20 más en algún otro lugar”. Según indicó, hallar a todos los ejemplares sería la condición necesaria para que un método de contacto resolviera el problema, algo que no ocurre en una infestación doméstica.

Las etiquetas pueden crear expectativas que el producto no cumple

La evaporación rápida de los aceites esenciales redujo la acción repelente sobre las baldosas al cabo de 24 horas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Jackson explicó que numerosos insecticidas a base de aceites esenciales son considerados plaguicidas de riesgo mínimo y están exentos del proceso estándar de registro ante la EPA. Esa menor exigencia puede facilitar el desarrollo y la venta de nuevos productos, aunque las afirmaciones de eficacia reciben menos revisión.

Un envase puede asegurar que mata a estos organismos, incluso si su efecto exige localizar y empapar de aerosol a cada insecto. Para las familias que enfrentan una plaga dentro de su vivienda, esa diferencia entre la promesa y el uso real puede ser importante.

DeVries señaló que el problema puede afectar especialmente a hogares de bajos ingresos, donde los ejemplares son frecuentes y el control profesional resulta difícil de pagar. Además, la presencia de estos insectos expone a las familias a alérgenos vinculados con el asma y otros problemas de salud.

“No es razonable esperar que los residentes busquen y rocíen cada cucaracha para cumplir con lo que indica la etiqueta”, afirmó el investigador. Tanto DeVries como Jackson recomendaron usar cebos insecticidas, que las cucarachas consumen e ingieren, como método para combatir una infestación.

Miran a los ojos como los humanos, pero prefieren los de su especie: qué descubrió un estudio sobre la mirada de los gibones

21 October 2026 at 13:43
Los gibones se separaron de la línea evolutiva de los grandes simios y los humanos hace unos 17 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de la Universidad de Kioto comprobó, en un estudio publicado en la revista Animal Behavior and Cognition, que los gibones adultos observan los ojos más tiempo que cualquier otra zona del rostro, sobre todo cuando pertenecen a otro gibón.

De acuerdo con Earth.com, los gibones son simios pequeños, no monos, y se separaron de la línea evolutiva que conduce a los humanos y los grandes simios hace cerca de 17 millones de años.

Suelen vivir en grupos familiares reducidos, organizados alrededor de una pareja estable y sus crías, una estructura distinta de la de muchas otras especies de primates.

Los resultados aportan datos sobre la atención social de estos primates y sobre el posible origen evolutivo de la tendencia a mirar los ojos, presente también en personas, grandes simios y monos macacos.

Tres machos participaron en una prueba voluntaria

Un estudio de la Universidad de Kioto comprobó que los gibones fijan la mirada en los ojos más tiempo que en cualquier otra zona del rostro (Imagen Ilustrativa Infobae)

El experimento contó con Tsuyoshi y Raja, 2 hermanos de 23 años, y con su padre, Mamy, cuya edad se estimó en 52 años. Los 3 habían convivido desde temprano con personas y veían con regularidad tanto rostros de la población humana como de su propia especie.

Cada animal se ubicó a unos 65 centímetros de un monitor de 23 pulgadas. El sistema de seguimiento ocular, una herramienta que mide hacia qué parte de una imagen dirige la vista un individuo, funcionó sin colocar dispositivos sobre los primates.

Los investigadores ofrecieron gotas de agua para favorecer que permanecieran frente a la pantalla, aunque podían retirarse cuando quisieran.

Los participantes observaron 48 fotografías, divididas en partes iguales entre rostros de humanos adultos desconocidos y de gibones adultos desconocidos. Las caras aparecían de frente, con expresión neutra, ojos abiertos y boca cerrada. Cada imagen permanecía 3 segundos en pantalla.

Los tres ejemplares observaron 48 fotografías con expresión neutra repartidas por igual entre personas y gibones desconocidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aparato registró el tiempo de observación de los ojos, la nariz, la boca, el contorno de la cara y el fondo. Al combinar las mediciones, los investigadores hallaron que la región ocular recibió más atención que todas las demás áreas. El patrón se repitió ante fotografías de machos y hembras, aunque no se evaluó si existía una preferencia por el sexo.

Los ojos retuvieron más interés

Los 3 animales dirigieron más tiempo la mirada hacia los ojos de los gibones que hacia los de las personas. La nariz y la boca no mostraron una diferencia equivalente entre ambas clases de imágenes, lo que apunta a que los ojos tienen un peso particular en la atención social de la especie.

El resultado puede corresponder a un sesgo hacia miembros de la propia especie, es decir, una inclinación a prestar mayor interés a individuos similares. Esa tendencia apareció en los registros individuales de los participantes, pese a que todos habían tenido una amplia exposición a personas durante sus primeros años.

Makiko Uchikoshi, autora principal del trabajo, sostuvo que “para comprender los orígenes evolutivos de la mente humana se requieren estudios comparativos a lo largo del linaje de los simios”.

La investigadora Makiko Uchikoshi señaló que los gibones se encuentran entre los simios menos analizados en las investigaciones sobre cognición (Imagen Ilustrativa Infobae)

También señaló que, pese a su relevancia evolutiva, estos pequeños simios figuran entre los grupos de simios menos estudiados en las investigaciones sobre cognición.

Las respuestas no fueron idénticas: Tsuyoshi mostró la concentración más marcada en los ojos y los observó durante más tiempo que cualquier otra región de las fotografías.

Por otro lado, Raja también priorizó la región ocular sobre la nariz y la boca, pero dedicó atención al contorno facial. El equipo planteó que patrones de pelaje o peinados humanos pudieron influir, sin probarlo.

El tamaño de la muestra limita las conclusiones

El macho de mayor edad completó la mitad de los ensayos del experimento debido a una interrupción médica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mamy solo presentó una diferencia clara entre el tiempo dedicado a los ojos y al fondo de las imágenes. Completó la mitad de los ensayos de los otros 2 ejemplares porque la recolección de datos se interrumpió por motivos de salud, lo que dejó menos información para examinar.

Uchikoshi explicó que conocía a los animales desde hacía casi 28 años y que había vivido momentos de contacto visual con ellos. “Poder cuantificar dónde miran y durante cuánto tiempo fue casi como magia”, afirmó sobre el uso del seguimiento ocular.

La investigación advierte que solo participaron machos adultos emparentados, todos criados por humanos y pertenecientes a una sola rama de la familia de los ejemplares. Además, las imágenes fijas con expresiones neutras solo representan una parte limitada de las interacciones sociales.

Los autores proponen que próximos estudios incluyan hembras, animales criados en condiciones naturales, grupos sociales, más especies y los 4 grupos principales de gibones. También sugieren aplicar el mismo método a diversos primates para reforzar las comparaciones sobre la evolución de la atención social.

Fueron amenazados, pero su longevidad les permitió enfrentar la crisis: los frailecillos y su sorprendente recuperación

21 October 2026 at 00:25
Los frailecillos pasaron de la explotación histórica para alimento y plumas al interés generalizado por su conservación (Crédito: Magnific)

Los frailecillos de colonias del Atlántico norte y otras zonas costeras enfrentan amenazas por el calentamiento de los océanos y las tormentas, aunque el seguimiento tecnológico y las medidas de conservación abren perspectivas para su recuperación.

Según el análisis publicado por The Guardian, estas aves, reconocibles por su pico colorido, pasaron de ser explotadas por las personas para obtener alimento y plumas a convertirse en una especie apreciada por millones. El historiador ambiental Rob Lambert definió ese cambio como el paso “del uso al disfrute”.

Sin embargo, el aumento de la temperatura marina, la contaminación y los fenómenos meteorológicos extremos exponen a estos animales a la crisis climática. El riesgo alcanza a cerca de 11.000 especies, con un impacto particular en las que dependen de los peces.

El clima compromete la supervivencia de la especie

El calentamiento de los océanos modifica la distribución de especies como los lanzones, peces pequeños que forman parte de la dieta de los frailecillos. Al buscar aguas más frías, pueden disminuir o desaparecer de las áreas próximas a las colonias reproductivas.

El calentamiento de los océanos altera la distribución de los peces lanzones y compromete la nutrición de los polluelos (Crédito: Magnific)

Cuando los adultos deben recorrer distancias mayores para alimentarse o tardan más en encontrar presas, sus crías reciben menos comida y esto disminuye la probabilidad de que completen el desarrollo necesario para abandonar el nido y comenzar a volar.

Las aves jóvenes que consiguen salir de la colonia tampoco quedan fuera de peligro: los temporales de otoño e invierno se volvieron más frecuentes e intensos con los cambios en el clima, lo que incrementa la mortalidad fuera de la temporada reproductiva.

La publicación advierte que una proyección prevé la desaparición de 9 de cada 10 frailecillos antes de mediados de siglo, aunque considera que ese escenario podría ser pesimista. De todos modos, ya se registran descensos graves en varias poblaciones.

BirdLife International estima que su población mundial reúne entre 12 y 14 millones de individuos maduros, aunque Europa concentra más del 90% del total y allí podría disminuir entre un 50% y un 79% entre 2000 y 2065.

Las tormentas dejan miles de aves varadas

BirdLife International calcula que la población europea de frailecillos podría caer hasta un 79% hacia el año 2065 (Crédito: Magnific)

De acuerdo con BBC News, a comienzos de 2026, cientos de frailecillos, araos comunes y alcas tordas muertos o moribundos llegaron a playas de Cornualles, Escocia y el noreste de Inglaterra después de fuertes tormentas invernales.

Las organizaciones dedicadas a la conservación también informaron de más de 20.000 aves varadas, en su mayoría frailecillos, en las costas atlánticas de Francia, España y Portugal. La cifra real podría ser superior, ya que muchos ejemplares habrían muerto mar adentro y no habrían llegado a la costa.

Samuel Wrobel, responsable marino de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), calificó el episodio como el peor varamiento masivo en más de una década, desde los hechos ocurridos durante el invierno de 2013-2014.

El especialista añadió que, “tras el impacto de la gripe aviar, esto es lo último que necesitan nuestras aves marinas”. A los efectos del clima se suman la contaminación por petróleo y plástico, las molestias en las colonias y la depredación, factores que ya reducen el éxito reproductivo.

La pesca y el monitoreo aportan señales de recuperación

La Real Sociedad para la Protección de las Aves catalogó el evento invernal reciente como el peor desastre costero en una década (Crédito: Magnific)

Peter Harrison, estudioso y observador de aves marinas, identificó entre los riesgos para estos ejemplares la disminución de presas asociada al cambio climático, las amenazas a los sitios de anidación y una reproducción menos exitosa.

Aun así, destacó 2 elementos que alimentan una expectativa favorable: el fallo legal que frenó la pesca industrial de lanzones en aguas cercanas a Inglaterra y Escocia, y el avance de las tecnologías de rastreo de la fauna aviar.

Harrison explicó que antes de la década de 1980 existía un amplio vacío de información sobre lo que hacían los frailecillos durante el período no reproductivo. “Simplemente se iban al mar, para reaparecer en sus zonas de cría la temporada siguiente”, señaló.

El desarrollo de dispositivos de seguimiento durante las últimas 4 décadas permitió conocer con mayor precisión los desplazamientos, la distribución y las zonas de alimentación de los ejemplares en mar abierto. Esa información sirve para identificar sectores que necesitan protección.

Las alcas como indicador ambiental

Un fallo judicial frenó la pesca industrial de lanzones en aguas cercanas a Inglaterra y Escocia (Crédito: Magnific)

Esta población pertenece al grupo de las alcas, aves marinas que, según Harrison, pueden reflejar el estado general de los océanos. “Si están bien, los océanos también lo estarán”, afirmó al explicar su valor como indicador de salud y sostenibilidad ambiental.

Los pájaros pequeños pueden vivir varias décadas, a diferencia de muchas especies terrestres cuya vida es más corta. Esa longevidad les da margen para recuperarse después de períodos desfavorables, especialmente si se eliminan los depredadores invasores de sus islas de reproducción.

En 2004, BirdLife International creó la Base de Datos de Seguimiento de Aves Marinas, que reúne registros obtenidos con distintas tecnologías. Los datos ayudaron a identificar 6 rutas oceánicas antes no reconocidas, utilizadas por estas especies.

Stephen Kress, científico que trabajó en la recuperación de frailecillos en Estados Unidos, explicó que “la disminución que estamos viendo en sus poblaciones está directamente relacionada con las acciones humanas; estarían bien si no estuviéramos alterando su mundo y estropeándolo todo”.

Kress destacó que las técnicas de restauración permitieron registrar recuperaciones. La continuidad del monitoreo, la protección de las áreas de alimentación y la reducción de las presiones sobre el medio marino forman parte de las herramientas disponibles para conocer y proteger a estos animales.

Los frailecillos pasaron de la explotación histórica para alimento y plumas al interés generalizado por su conservación (Imagen ampliada mediante el uso de IA. Crédito: Magnific)

Una peste con 5.500 años de historia todavía amenaza Mongolia: cómo las marmotas mantienen vivo el riesgo de contagio

21 October 2026 at 00:15
Las marmotas tarbagán sobreviven a la infección en altas proporciones y actúan como reservorios de la bacteria Yersinia pestis (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores identificaron el brote de peste humana más antiguo conocido, ocurrido hace unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en el sureste de Siberia, y apuntaron a las marmotas locales como posible vía de contagio para grupos de cazadores-recolectores que manipulaban estos animales.

El análisis, publicado en la revista científica Nature y divulgado por National Geographic, halló rastros de la bacteria Yersinia pestis en los restos de 18 personas enterradas en cementerios de la región.

El equipo internacional, dirigido por Ruairidh Macleod, de la Universidad de Oxford, vinculó el episodio con la convivencia y el aprovechamiento de marmotas por parte de las poblaciones de aquel período.

La hipótesis se apoya en hallazgos arqueológicos de tumbas contemporáneas al brote difundidos por Journal of Ethnobiology. Allí aparecieron cientos de incisivos de marmota, dientes largos y curvos que habrían sido usados como adornos y depositados junto a los muertos.

Las pulgas sostienen el ciclo de contagio

Los arqueólogos hallaron cientos de incisivos de marmota utilizados como adornos en tumbas contemporáneas a la infección prehistórica (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Las marmotas son, sin duda, la única especie vectora de la peste con la que tenemos pruebas arqueológicas claras de que interactuaban estrechamente”, afirmó Macleod. Un vector es un animal que participa en la transmisión de un microorganismo causante de enfermedad.

La infección suele propagarse por pulgas que pican a distintos animales en sucesión. En este caso, los roedores habrían funcionado como reservorios, es decir, como huéspedes capaces de mantener la bacteria en un ambiente natural durante períodos prolongados.

Estos mamíferos, de tamaño similar al de un gato doméstico, viven bajo tierra en colonias densas. Las familias pueden reunir una docena o más de ejemplares que comparten túneles, una condición que facilita el desplazamiento de las pulgas entre la fauna.

Según la investigación divulgada en Emerging Microbes & Infections y citada por el ecólogo de la peste Nils Stenseth, de la Universidad de Oslo, las marmotas tarbagán sobreviven a la peste en proporciones de entre 50% y 80%. Esa capacidad de supervivencia permite que la bacteria persista en sus poblaciones.

La peste persiste en los túneles de las marmotas

Los científicos identificaron el brote de peste humana más antiguo registrado en restos de 18 personas hallados cerca del lago Baikal (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ambiente subterráneo aporta otra condición para la conservación del patógeno. Investigadores rusos encontraron Yersinia pestis viva durante más de 400 días en el material de los nidos de roedores, incluso durante el invierno, cuando las marmotas hibernan.

La bacteria evolucionó durante miles de años a partir de un microorganismo intestinal relacionado. Las cepas halladas cerca del lago Baikal todavía no tenían un gen considerado decisivo para la propagación de la peste mediante pulgas, llamado ymt.

Los análisis de ADN antiguo indican que ese gen surgió entre 1686 y 951 a. C. Su aparición permitió que la bacteria se acumulara en el intestino de los insectos infectados y formara una obstrucción.

Como consecuencia, no lograban alimentarse de forma normal. Ante esa dificultad, las pulgas picaban repetidamente a distintas especies para buscar sangre.

La bacteria causante de la peste subsiste durante más de 400 días en los nidos subterráneos de los roedores, incluso en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Stenseth señaló que así es como una enfermedad de animales aparece en la gente y añadió que el bloqueo puede ser más intenso cuando escasean los roedores.

Menos roedores, mayor riesgo de contagio

Las condiciones meteorológicas regulan el ciclo entre bacterias, mamíferos y pulgas en la estepa de Asia Central. Años cálidos, sin temperaturas excesivas, y húmedos, aunque sin lluvias desmedidas, favorecen el aumento silencioso de la bacteria entre los roedores.

Luego, una sequía puede reducir drásticamente esas poblaciones. Con menos animales disponibles, los insectos quedan concentrados y buscan nuevas fuentes de alimento, entre ellas ganado, gatos o seres humanos. “Las pulgas se ven superpobladas, por lo que se inquietan”, explicó Stenseth.

La relación entre marmotas y peste continuó mucho después de los primeros casos documentados. Durante expediciones realizadas en Siberia en la década de 1870, surgieron sospechas de que la enfermedad circulaba entre estos animales y afectaba a quienes los manipulaban.

La epidemia de peste en Manchuria entre 1910 y 1911 dejó cerca de 60.000 muertos vinculados a la manipulación de marmotas por cazadores locales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historiadora y veterinaria Susan Jones, de la Universidad de Minnesota, recordó que en la epidemia registrada entre 1910 y 1911 en la región de Manchuria, que causó cerca de 60.000 muertes, cazadores locales dijeron a los investigadores que creían que las marmotas los enfermaban.

El consumo y la caza mantienen el riesgo en Mongolia

Las marmotas mantienen presencia cultural en la estepa de Asia Central. En Mongolia, el boodog, una preparación en la que el animal se cocina dentro de su propia piel con piedras calientes, es considerado un plato nacional, aunque la caza continúa pese a ser ilegal.

El consumo de carne u órganos crudos se vinculó con casos de peste. En 2020, un matrimonio murió en Mongolia tras ingerir órganos crudos de marmota; más recientemente, un adolescente falleció luego de cazar y comer uno de estos mamíferos.

De acuerdo con la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), los programas soviéticos de erradicación buscaron controlar la enfermedad durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, las campañas concluyeron hacia 1990 sin conseguirlo.

Una peste con 5.500 años de historia todavía amenaza Mongolia: cómo las marmotas mantienen vivo el riesgo de contagio

21 October 2026 at 00:15
Las marmotas tarbagán sobreviven a la infección en altas proporciones y actúan como reservorios de la bacteria Yersinia pestis (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores identificaron el brote de peste humana más antiguo conocido, ocurrido hace unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en el sureste de Siberia, y apuntaron a las marmotas locales como posible vía de contagio para grupos de cazadores-recolectores que manipulaban estos animales.

El análisis, publicado en la revista científica Nature y divulgado por National Geographic, halló rastros de la bacteria Yersinia pestis en los restos de 18 personas enterradas en cementerios de la región.

El equipo internacional, dirigido por Ruairidh Macleod, de la Universidad de Oxford, vinculó el episodio con la convivencia y el aprovechamiento de marmotas por parte de las poblaciones de aquel período.

La hipótesis se apoya en hallazgos arqueológicos de tumbas contemporáneas al brote difundidos por Journal of Ethnobiology. Allí aparecieron cientos de incisivos de marmota, dientes largos y curvos que habrían sido usados como adornos y depositados junto a los muertos.

Las pulgas sostienen el ciclo de contagio

Los arqueólogos hallaron cientos de incisivos de marmota utilizados como adornos en tumbas contemporáneas a la infección prehistórica (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Las marmotas son, sin duda, la única especie vectora de la peste con la que tenemos pruebas arqueológicas claras de que interactuaban estrechamente”, afirmó Macleod. Un vector es un animal que participa en la transmisión de un microorganismo causante de enfermedad.

La infección suele propagarse por pulgas que pican a distintos animales en sucesión. En este caso, los roedores habrían funcionado como reservorios, es decir, como huéspedes capaces de mantener la bacteria en un ambiente natural durante períodos prolongados.

Estos mamíferos, de tamaño similar al de un gato doméstico, viven bajo tierra en colonias densas. Las familias pueden reunir una docena o más de ejemplares que comparten túneles, una condición que facilita el desplazamiento de las pulgas entre la fauna.

Según la investigación divulgada en Emerging Microbes & Infections y citada por el ecólogo de la peste Nils Stenseth, de la Universidad de Oslo, las marmotas tarbagán sobreviven a la peste en proporciones de entre 50% y 80%. Esa capacidad de supervivencia permite que la bacteria persista en sus poblaciones.

La peste persiste en los túneles de las marmotas

Los científicos identificaron el brote de peste humana más antiguo registrado en restos de 18 personas hallados cerca del lago Baikal (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ambiente subterráneo aporta otra condición para la conservación del patógeno. Investigadores rusos encontraron Yersinia pestis viva durante más de 400 días en el material de los nidos de roedores, incluso durante el invierno, cuando las marmotas hibernan.

La bacteria evolucionó durante miles de años a partir de un microorganismo intestinal relacionado. Las cepas halladas cerca del lago Baikal todavía no tenían un gen considerado decisivo para la propagación de la peste mediante pulgas, llamado ymt.

Los análisis de ADN antiguo indican que ese gen surgió entre 1686 y 951 a. C. Su aparición permitió que la bacteria se acumulara en el intestino de los insectos infectados y formara una obstrucción.

Como consecuencia, no lograban alimentarse de forma normal. Ante esa dificultad, las pulgas picaban repetidamente a distintas especies para buscar sangre.

La bacteria causante de la peste subsiste durante más de 400 días en los nidos subterráneos de los roedores, incluso en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Stenseth señaló que así es como una enfermedad de animales aparece en la gente y añadió que el bloqueo puede ser más intenso cuando escasean los roedores.

Menos roedores, mayor riesgo de contagio

Las condiciones meteorológicas regulan el ciclo entre bacterias, mamíferos y pulgas en la estepa de Asia Central. Años cálidos, sin temperaturas excesivas, y húmedos, aunque sin lluvias desmedidas, favorecen el aumento silencioso de la bacteria entre los roedores.

Luego, una sequía puede reducir drásticamente esas poblaciones. Con menos animales disponibles, los insectos quedan concentrados y buscan nuevas fuentes de alimento, entre ellas ganado, gatos o seres humanos. “Las pulgas se ven superpobladas, por lo que se inquietan”, explicó Stenseth.

La relación entre marmotas y peste continuó mucho después de los primeros casos documentados. Durante expediciones realizadas en Siberia en la década de 1870, surgieron sospechas de que la enfermedad circulaba entre estos animales y afectaba a quienes los manipulaban.

La epidemia de peste en Manchuria entre 1910 y 1911 dejó cerca de 60.000 muertos vinculados a la manipulación de marmotas por cazadores locales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historiadora y veterinaria Susan Jones, de la Universidad de Minnesota, recordó que en la epidemia registrada entre 1910 y 1911 en la región de Manchuria, que causó cerca de 60.000 muertes, cazadores locales dijeron a los investigadores que creían que las marmotas los enfermaban.

El consumo y la caza mantienen el riesgo en Mongolia

Las marmotas mantienen presencia cultural en la estepa de Asia Central. En Mongolia, el boodog, una preparación en la que el animal se cocina dentro de su propia piel con piedras calientes, es considerado un plato nacional, aunque la caza continúa pese a ser ilegal.

El consumo de carne u órganos crudos se vinculó con casos de peste. En 2020, un matrimonio murió en Mongolia tras ingerir órganos crudos de marmota; más recientemente, un adolescente falleció luego de cazar y comer uno de estos mamíferos.

De acuerdo con la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), los programas soviéticos de erradicación buscaron controlar la enfermedad durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, las campañas concluyeron hacia 1990 sin conseguirlo.

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