Con la nueva norma de Vox no se haría ‘La bola negra’, ¿pero tampoco ‘Torrente’?
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La nueva ley de la extrema derecha en Castilla y León pretende vetar al cine "ideológico" sin explicar ni dar ningún criterio a un intento de censura que, si se aplica de forma estricta, acabaría con cualquier película
Vox mete mano a las ayudas al cine en Castilla y León y vetará películas que “impliquen adoctrinamiento ideológico”
Vox siempre ha tenido entre ceja y ceja al cine español. No lo ha ocultado nunca. “Subvencionados”, “señoritos”, “un cine que no ve nadie”… los insultos se han sucedido desde la irrupción del partido de extrema derecha. No hacían más que recoger el testigo encendido por el Partido Popular, que azuzó el odio contra el sector tras la gala de los Goya del 'No a la guerra' y lo recuperó años más tarde en forma de venganza con el IVA cultural.
Por tanto, parecía obvio que en cuanto el partido de Abascal tocara una Consejería de Cultura, el cine español sería uno de los afectados. No es casualidad que en Valladolid, la Semana Internacional de Cine (Seminci) cambiara de cartera para pertenecer a Turismo (y por tanto a la concejala del PP, Blanca Jiménez) en vez de a Cultura, que ya está en manos de Vox.
Ha sido precisamente en Castilla y León donde Vox ha asestado su primer golpe al cine español. El consejero de Cultura, José Alberto Díaz Pico (Vox), llevaba meses insistiendo en que la Cultura en Castilla y León –una comunidad en la que gobierna la derecha desde 1987– es “sectaria” y había sido “ideologizada” por la “progresía”.
La medida ha sido contra una de sus bestias negras: las ayudas al cine. La derecha siempre ha minado la opinión pública respecto a las subvenciones, a pesar de que España reciba mucho menos que los países de su nivel en la Unión Europea y de que todos los países del mundo las otorguen de una forma u otra.
Vox, que dirige la Consejería de Cultura en Castilla y León, ha decidido vetar en las ayudas públicas de la comunidad a aquellas películas y series que “impliquen adoctrinamiento ideológico, propaganda partidista o apoyen a opciones políticas concretas”, tal como adelantó ayer elDiario.es. La Orden no contempla qué criterios se establecen para analizar si estas producciones audiovisuales “implican un adoctrinamiento ideológico”. Los beneficiarios de dichas ayudas, según el nuevo texto, “deberán desarrollar las actividades subvencionadas con pleno respeto a los principios de objetividad, neutralidad institucional, pluralismo y servicio al interés general”. La medida será recurrida ante los tribunales por el Ministerio de Cultura.
Díaz Pico, preguntado por la prensa, solo ha añadido que se creará una comisión de valoración de “técnicos y expertos” de la Junta de Castilla y León que evaluarán “la trascendencia ideológica” de los proyectos y apela al “sentido común” para determinar qué es cine “ideologizado”, pero sin dar ningún dato más sobre el texto ya publicado.
Curiosamente, no hubo queja de Vox por los tres millones dados sin concurrir a ninguna convocatoria a la nueva película de Woody Allen (1,5 del Ayuntamiento de Madrid y otro millón y medio de la Comunidad). Las relaciones de la derecha con las subvenciones son asimétricas. Mientras se quejan de su existencia, son capaces de dar 17 millones a una misma película, como hizo Esperanza Aguirre con Sangre de mayo, de José Luis Garci. En ese caso tampoco les importó el resultado en taquilla, donde no llegó ni a los 745.000 euros
¿Qué es (y qué no) cine ideológico?
Lo que Vox pretende es, directamente, censurar películas. Ninguna película debería censurarse por el tema del que hable, y esta medida lo que pretende es castigar a aquellos filmes que no hablen de los temas que a ellos les gustaría. No quieren que se hable de memoria histórica, no quieren que se hable de feminismo y no quieren que se hable de lo LGTBI, entre otras muchas cosas. No lo han puesto por escrito, pero ya lo han dicho en varias ocasiones y se ha visto cada vez que han atacado en tropel a cineastas queer como Eduardo Casanova o a actrices comprometidas como Alba Flores a través de artículos llenos de falsedades aparecidos en medios que compran las políticas reaccionarias de la extrema derecha.
Dicen, como argumento, y aireado por cineastas como Juanma Bajo Ulloa, que Cultura y el Gobierno premian a películas que hablen de los temas que quieren, de la agenda 2030, de lo woke... y eso es falso. Las ayudas del cine se conceden por criterios publicados en una ley y mediante un sistema de puntos publicados previamente. El argumento del filme no aporta ningún punto, mientras que la viabilidad económica del proyecto es lo que más puntúa.
Subrayan todo el rato lo del cine “ideológico”, pero ¿no es todo ideológico?, ¿o solo lo es lo que ellos consideren? Si fuera así, si solo es ideológico lo que ellos consideren, lo que pertenece a la izquierda (es decir, al menos la mitad de la población), entonces solo se ayudará a películas que tengan un ideario que represente los valores de la derecha. Si solo se premiara a aquellas películas que impliquen “objetividad, neutralidad institucional” y no tengan “adoctrinamiento ideológico”, no se hubiera producido el mayor éxito del cine español en más de 10 años, La bola negra.
Las ayudas del cine se conceden por criterios publicados en una ley y mediante un sistema de puntos publicados previamente: el argumento del filme no aporta ningún punto, mientras que la viabilidad económica del proyecto es lo que más puntúa
La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi recibió por parte del Instituto del Cine (ICAA) un millón de euros. Si Vox aplicara este mismo texto a las ayudas estatales, hubiera sido imposible que una película sobre la Guerra Civil, Lorca, el amor gay, con varias historias queer, un personaje trans y con un mensaje que advierte sobre aquellos que “nos acechan todavía”, hubiera recibido la ayuda. Es decir, la película que ganó el Premio a la Mejor dirección en el Festival más importante del mundo, Cannes, que va a hacer historia en los Oscar y que revienta la taquilla no merecería, según ellos, la ayuda pública. Díaz Pico también fue preguntado por si La bola negra se consideraría cine ideologizado. Salió del paso diciendo que no la había visto (no es uno de los 4,5 millones de españoles que ya han pasado por taquilla). Una excusa para no contestar, ya que el comité que valora las ayudas para las películas tampoco las ve, ya que son subvenciones a la producción, concedidas antes del rodaje.
Lo que parece que no se dan cuenta es que, si se aplicara de forma estricta lo poco que pone en esa cláusula censuradora, tampoco podrían recibir este tipo de ayudas películas como Torrente, presidente. La película de Santiago Segura, el otro éxito del cine español este año, es un filme eminentemente político, una sátira que ataca al wokismo y compra ese marco de que todos los extremos se tocan y que es mejor el centro calmado. ¿Acaso eso no es tomar parte de forma clara por una ideología?
Muchos han querido ver entre ambas películas una nueva batalla de la llamada guerra cultural, pero lo triste es que con las medidas de Vox ninguna de las dos películas merecería una ayuda pública. Y la lista sería eterna, pues tampoco apoyaría títulos como Alcarràs, de la directora Carla Simón, que se benefició de las medidas paritarias del Ministerio de Cultura; o La habitación de al lado, León de Oro en Venecia y una defensa de la muerte digna (para colmo dirigida por Almodóvar, otro de los directores a los que la derecha no parece admirar).
En ese marco de guerra cultural, muchos usan el argumento de que Torrente, presidente no ha recibido subvención. No lo ha hecho de forma directa y porque sus responsables no han querido presentarla, pero sí la ha recibido en forma de deducciones fiscales, que es otra forma de ayuda del Estado al cine español. Además, muchas de las anteriores películas dirigidas por Santiago Segura (las tres primeras entregas de Padre no hay más que uno, Vacaciones de verano o A todo tren) las han recibido sin que nadie se quejara. De hecho, casi la totalidad del cine español tiene en alguna de sus formas (subvenciones directas, deducciones fiscales, ayudas de las comunidades autónomas o dinero de RTVE) fondos públicos.
Padre no hay más que uno, desde su apuesta buenrollista conciliadora, no deja de ser una saga cuyo protagonista es un hombre que se deconstruye para acabar siendo un padre de familia que se da cuenta de la situación de desigualdad de su mujer y que ofrece un mensaje a su hijo de que no pasa nada si le gustan los niños. Un posicionamiento ideológico claro que la hubiera dejado sin ayuda. Tampoco, si se aplicara al pie de la letra ese texto, la hubiera tenido el mayor éxito de la historia del cine español, Ocho apellidos vascos, que se atrevió a bromear con un tema tan espinoso como el conflicto vasco.
La motosierra de Vox
Lo que empieza a hacer Vox es lo que ya ha hecho en Argentina su amigo Javier Milei, que ha pasado su motosierra por el cine argentino dejándolo sin fondos. Lo hizo tras acusarles de los mismos adjetivos que la extrema derecha española dedica al cine español: rojos, subvencionados… También diciendo que el INCAA, su instituto del cine, es deficitario, un dato que es mentira. Algo que también dicen del cine español, que este año ya ha recaudado más de 103 millones de euros (a falta de dos meses para terminar el curso) y que recibió en formas de ayudas a la producción 92 millones.
La amenaza se materializó cuando Milei alcanzó el poder, desmantelando y desfinanciando el instituto, que ahora apenas produce cine, dejando todo a la suerte de empresas privadas y plataformas. El resultado es que la producción de cine argentino ha disminuido drásticamente, igual que su presencia en festivales internacionales y sin que ninguna de las pocas películas que se producen triunfen en taquilla. Como dijo la actriz Dolores Fonzi al recibir el Goya a la Mejor película iberoamericana por Belén, ella venía del futuro y advertía del peligro de una extrema derecha en manos de la cultura. Se ha visto en Castilla y León, y pone en alerta lo que ocurrirá si Vox se queda con el Ministerio de Cultura si llega al poder el próximo 29 de noviembre.