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La IA quiere ser «vestible» con gafas que graban audio y vídeo sin permiso

23 October 2026 at 09:30

El representante de Reform UK intervenía hace unos días en el Parlamento de Gales con un discurso cargado de datos y detalles para los que no consultó ningún papel. El secreto estaba en las gafas inteligentes que llevaba puestas, que actuaron como un pequeño teleprompter.

En 2025 Meta ha vendido unos siete millones de sus gafas inteligentes, una cifra que si bien no es equiparable a la penetración de smartphones en el mundo, empieza a ser una cantidad nada desdeñable (nada que ver con el fiasco de aquel prototipo que Google tuvo que retirar del mercado hace una década). Las ventas crecen, casi a la par que su polémica sobre la privacidad. De hecho, en el Parlamento británico se apuesta por la regulación y en países como Noruega se está preparando una prohibición de uso de estas gafas con IA en lugares públicos, colegios o gimnasios, ya que pueden utilizarse para hacer fotos, grabar audio y vídeo.

Las denuncias son varias. Una de las últimas llega desde Australia. La Universidad de Sídney publicaba en agosto un estudio basado en el análisis de 350 vídeos de Instagram hechos con estas gafas, «grabaciones discretas y que es difícil de detectar para los espectadores», dice para añadir que «en el 43 % de los vídeos analizados, las mujeres estuvieron expuestas a comentarios abusivos en línea, algunas incluso revelaron los detalles personales de la mujer». En 2025 en Barcelona se detuvo a un hombre por grabar a decenas de mujeres en las calles; la BBC también denuncia casos de grabaciones de audio y vídeo sin consentimiento, etc. De forma vulgar a este dispositivo se le ha bautizado como «Pervert Glasses».

Para Enrique Dans, profesor de Innovación y Tecnología en IE Business School, «una serie de influencers las empezaron a utilizar para hacer vídeos, pues eso, sin avisar a la otra persona de que estaba siendo grabada mientras intentaban, por ejemplo, ligar. ¿Qué es lo que nos dan las gafas inteligentes? En primer lugar, un punto de vista muy parecido al de la persona sobre la realidad que le rodea. Podría ser interesante para darle algún tipo de feedback, no sé, a través de un mapa, por ejemplo, pero se están utilizarndo para cosas muy poco edificantes. Otra de las claves es que capta una cantidad de información enorme y claro, el mayor fabricante de gafas inteligentes en este momento a través de su asociación con Ray-Ban y Luxottica es Meta, que es precisamente la compañía que más irresponsable ha sido en el manejo de los datos personales de los usuarios. Estamos poniendo una tecnología que amenaza la privacidad en manos de una empresa que ha llegado a generar problemas mentales entre sus usuarios y provocado trastornos de alimentación y depresiones y suicidios en sus trabajadores. Además ha facilitado la manipulación electoral con Cambridge Analytica, etc. Si el baremo moral es cuánto dinero gano, a lo mejor esa compañía debería ser inhabilitada para utilizar tecnologías que pueden ser sensibles», opina.

Responsabilidad

Otros usos positivos como el de Be My Eyes, a través del cual una ONG ofrece asistencia a invidentes gracias a estas lentes, o la posibilidad de ayudar a los usuarios con una traducción simultánea, quedan eclipsados por otros usos como copiar en los exámenes o grabar sin conocimiento ni consentimiento. Este último, además es ilegal. «Dependiendo del escenario, estamos saltándonos varias leyes, desde leyes de protección de datos a leyes de protección del honor, la intimidad. Es el problema principal de estas gafas», detalla Gonzalo Álvarez Marañón, director del centro de investigación aplicada Funditec Research, experto en IA y ciberseguridad.

El experto detalla los tres tipos de problemas y responsabilidades que se pueden dar. «Grabar con unas gafas de Meta, si todo queda en local, en mi disco duro, no sería muy distinto a grabar con una cámara Canon de hace 20 años, porque al final la información queda en mi tarjeta de memoria grabada. ¿Qué derivadas nuevas añaden las gafas? En el momento en que mi vídeo abandona mi almacén personal y lo subo a Instagram por ejemplo, soy responsable de haber hecho público el metraje y ahí es donde ya empiezo a cometer delitos por falta de conocimiento, de consentimiento, invasión de la intimidad. Meta tendría la obligación de eliminar ese contenido si fuera notificado para que lo hiciera, pero tampoco es responsable del contenido que suben sus usuarios, solo sería responsable de eliminarlo si es notificado al efecto», dice.

Hay un tercer caso que ha generado bastante polémica en los últimos meses. «Cuando lo que grabamos se envía a los servidores de Meta. Ahí pueden ocurrir varias cosas por ejemplo, que el metraje se procese para mejorar el producto y la experiencia del usuario. Hablamos de un procesamiento automático, pero también de otro manual, de etiquetado. La IA requiere un esfuerzo humano brutal y necesita de personas que dediquen su jornada laboral a estar viendo vídeos. Ese es todo su trabajo, ver vídeos y etiquetarlos, cualquiera que sea el contenido, también violento. Son personas que no suelen estar en Estados Unidos, sino en otros países. Ese contenido lo están viendo terceras personas, y ahí sí que Meta está vulnerando leyes de protección de datos, etc. Y no es solo Meta, OpenAI, etc., también procesan datos para entrenar sus modelos y mejorar sus productos. Eso ya es una finalidad distinta para la que fue grabado, y ahora sí la empresa es responsable de ese tratamiento», matiza.

Para detallar el valor que le dan estas empresas a los datos personasles, el experto detalla una moda actual en EE UU donde hay empresas que pagan por ir a limpiar a las casas particulares, «Llevan una cámara ajustada en la frente y van registrando todos los movimientos, las manos, el entorno. Es una información valiosa por la que se está pagando. Si tú llevas unas gafas y grabas, Meta se está beneficiando de eso sin pagar por ello», detalla.

Empleados en Kenia

El medio sueco Svenska Dagbladet publicaba recientemente una investigación llevada a cabo en una empresa de Kenia, Sama, desde donde se procesan conversaciones, fotos y vídeos que luego usará Meta para entrenar su IA. El reportaje afirma que el control de los usuarios sobre los datos es relativo. A pesar de que exista un consentimiento para que los datos se guarden y se usen para mejorar los productos de Meta, «para que el asistente de IA funcione, hay que ceder la voz, el texto, la imagen y el vídeo. Según estas condiciones, en algunos casos, Meta revisará las interacciones con la IA, incluido el contenido de las conversaciones o los mensajes a la IA. Esta revisión puede ser automatizada o manual». Empleados de Sama dicen ser testigos de imágenes de gente desnuda, actos sexuales y el visionado de datos bancarios.

Diseño

La respuesta de Meta ha sido lanzar al mercado unas nuevas gafas sin cámara para evitar una de las denuncias más habituales como es la ausencia de señales claras que indiquen que las gafas inteligentes están grabando. «Las pruebas que se han hecho, es que aún tapando el LED espía, sigue grabando. Es decir, que realmente las restricciones parecen no funcionar. Lo que viene a demostrar que al final vamos a poder usar estas gafas para grabar en cualquier escenario sin que nadie tenga conciencia de que está siendo filmado. Esto es una clarísima invasión de la privacidad», comenta Gonzalo Álvarez, quien admite que «una de las cosas que más preocupan de estos dispositivos es la posibilidad de hacer reconocimiento facial. Meta lo puede hacer. En el código de las smart glasses se ha visto que había campos que estaban aún vacíos, pero que indican que se está provisionado su uso para el reconocimiento facial. Ya es factible.

Una de las claves del éxito de las gafas de Meta es el diseño, haberse juntado con Luxottica o Ray Ban y haber convertido las gafas en un producto de moda deseable, más allá de un gadget para frikis tecnológicos. Con ello se quiere ganar cuota de mercado, entre el público femenino, por ejemplo. Y las ventas parece que le están dando la razón, pero ¿será este el dispositivo definitivo que sustituirá al smartphone? «Las empresas tecnológicas están tratando desde hace años encontrar el siguiente “momento iPhone”, o sea la siguiente revolución de la electrónica de consumo, pero todos los intentos han fallado. el AI Pin, el Rabbit, las Vision Pro de Apple (la gente las devolvió al mes porque se mareaban). Las gafas de Meta (que llevan una campaña publicitaria bestial) ni siquiera son originales, Google ya lo intentó en 2012-2013, y las críticas fueron idénticas a las de hoy. Muse Charm es la siguiente iteración. Y hay más: se ha filtrado que los siguientes iPods podrían llevar cámaras. La intención no es solo dar con el siguiente “momento iPhone” sino también llenar el planeta de sensores, para que las tecnológicas puedan seguir recopilando datos en vídeo y movimiento a gran escala», comenta Juan Luis Cano Rodríguez, activista digital.

Meta, Google, Xiaomi, Apple, empresas de IA y de hardware, todas corren por encontrar al sustituto. ¿Por qué? Gonzalo lo tiene claro. «¿Para qué este tipo de dispositivos físicos? Para que el usuario esté conectado las 24 horas del día a una IA, a un modelo de datos. Ahí es donde de verdad están las ganancias de todo esto y la capacidad de moldear los hábitos del usuario. Al final, si dependemos de la IA, esta nos va a poder guiar en todo tipo de decisiones: de compra, decisiones culturales. Se trata, en definitiva, de moldear nuestros hábitos y, de alguna manera, dirigir nuestra vida y para ello, se necesita encontrar ese dispositivo que vas a tener siempre encima, y que sea más cómodo de usar que el móvil que lo tienes que sacar».

© AP Photo

Meta CEO Mark Zuckerberg speaks during the Meta Connect conference, Wednesday, Sept. 23, 2026, in Menlo Park, Calif. (AP Photo/Jeff Chiu)
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