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Feijóo quiere gas pimienta pero no quiere feminismo

23 October 2026 at 11:35

Feijóo quiere gas pimienta pero no quiere feminismo

Enarbola el gas pimienta para clamar contra las violaciones en Ceuta, pero planea acabar con el Ministerio de Igualdad; se pone el pin de feminista mientras cuestiona el derecho de las mujeres de 16 y 17 años a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas

Feijóo reabre el debate sobre el aborto, eliminará el Ministerio de Igualdad y estudiará “la viabilidad” de las pensiones

Quiere decirse feminista pero no quiere serlo. Les pasa a muchos, pero Alberto Núñez Feijóo no es un hombre cualquiera, es el líder del Partido Popular y candidato a la presidencia del Gobierno. En solo cinco minutos de entrevista con Aimar Bretos en Hoy por Hoy de la Cadena Ser, su contradicción ha quedado más que patente, solo que su contradicción dista de ser algo personal: es lo que podemos esperar de quien aspira a gobernarnos. Enarbola el bote de gas pimienta para clamar contra las violaciones en Ceuta, pero planea acabar con el Ministerio de Igualdad; se pone el pin de feminista mientras cuestiona el derecho de las mujeres de 16 y 17 años a decidir con autonomía y sin injerencias sobre sus cuerpos y sus vidas.

El problema es de fondo y de forma. De forma, porque Feijóo repite 'cuñadeces' que han sido impugnadas hasta la saciedad especialmente en los últimos años. “Cómo no voy a ser feminista si me he criado con muchas más mujeres que hombres”, ha dicho, convirtiéndose casi en un meme. Porque si criarnos o convivir con mujeres bastara para ser feminista, prácticamente todo el mundo lo sería. Lejos de ser una minoría o extraños seres en extinción, las mujeres somos la mayoría de la población. Siempre hay una madre, una hermana, una abuela, una pareja, una amiga... y, así, los hombres, con el machismo a sus espaldas, se diferencian más bien en su disposición a cuestionarlo. Puede que haya mujeres a su alrededor que propicien ese cuestionamiento, pero desde luego 'estar' con mujeres no basta.

Puedes criarte con mujeres y no escucharlas. Puedes criarte con mujeres y que no hayas interiorizado una mirada crítica del mundo y de ti mismo. El feminismo implica una toma de conciencia y, desde ahí, una toma de posición ante el mundo que interpela hacia fuera y hacia dentro. “Cómo no voy a pensar que una mujer tenga los mismos derechos que un hombre”, proseguía Feijóo, y ahí está otro de los problemas: entender el feminismo solo como una cuestión formal o legal, y no estar dispuesto a entrar a fondo en esa mirada que nos hace preguntarnos, incluso, a qué damos importancia, a quiénes escuchamos, o cómo nos comportamos en el día a día.

Porque la convicción feminista del líder del PP se diluye cuando pasamos a lo práctico, al fondo del asunto. No tiene sentido que admitas que existe la brecha salarial, pero que restes importancia al Ministerio de Igualdad. Es profundamente incoherente enarbolar los botes de spray pimienta para clamar contra las agresiones sexuales en Ceuta mientras anuncias que subsumirás el departamento de Igualdad -el ente que se encarga precisamente de la violencia sexual- en otro. La violencia sexual no se soluciona con gas pimienta, sino con políticas de igualdad hechas desde organismos especializados.

“Le voy a decir a la ministra o el ministro que se encargue de otras cosas, no solamente de igualdad”, afirmaba Núñez Feijóo, porque las violencias machistas, la discriminación laboral y salarial, la trata, los derechos sexuales y reproductivos, o el trabajo con las masculinidades son, al parecer, asuntos que no merecen un organismo propio y especializado. Pero, siguiendo con su contradicción, le reprochaba a la ministra del ramo, Ana Redondo, “trabajar de 8 a 3 e irse en el AVE a pasar la tarde a Valladolid”. ¿En qué quedamos?, ¿hacen falta muchas horas o pocas para encargarse de Igualdad?

Cuando hablamos de derecho al aborto, Alberto Núñez Feijóo pisa terreno resbaladizo: el que ha llevado a su partido a proponer la reforma más regresiva de la democracia, dar marcha atrás, asegurar que respeta la decisión del Tribunal Constitucional, torpedear la aplicación de la objeción de conciencia e inventar leyes del concebido no nacido. Todo para dificultar el derecho al aborto, a veces de manera más explícita, a veces menos; que lo parezca poco cuando no queremos quedar mal del todo, que lo parezca mucho cuando queremos llegar a ese electorado conservador y radical.

El líder del PP asegura que respeta la sentencia del Constitucional que avaló la reforma de la ley del aborto, pero vuelve a traer el asunto de las menores y deja en el aire si las mujeres de 16 y 17 años podrán abortar sin consentimiento paterno, como sucede ahora y como avaló el TC. “Una chica de 16 años debería de tener el conocimiento de sus padres, es un debate que procede volver a dar”, asegura Feijóo. Qué sucede entonces si una mujer de esa edad quiere abortar y sus padres no, no lo sabemos. No sabemos si para el PP es razonable que con 16 o 17 años tus padres puedan obligarte a tener un hijo y eso, de feminista, tiene poco.

La autonomía corporal es la base sobre la que se construyen el resto de derechos que Feijóo dice querer para las mujeres. Lo contrario, asumir que una mujer de cualquier edad puede ser obligada a parir y ser madre, es entendernos como ciudadanas de segunda y eso no casa muy bien con la democracia.

Pero una cosa es decirse feminista y otra distinta tener un proyecto feminista.

Blanca, la madre que ha creado una asociación de familiares de víctimas de asesinatos machistas: "Nuestras hijas no son números"

30 September 2026 at 21:21

Blanca, la madre que ha creado una asociación de familiares de víctimas de asesinatos machistas: "Nuestras hijas no son números"

Blanca Gutiérrez es la madre de Carla Fernández, asesinada por una expareja en 2023 y cuyo juicio empieza este viernes en Girona: "Quiero hacer red, que me acompañen y estar ahí para acompañar a quien lo necesite"

El después de la violencia machista: qué pasa cuando tu padre asesina a tu madre

“El primer año no eres consciente más que del dolor. Ya después empiezas a hacerte a la idea de que no la vas a volver a ver, a oler, a oír. Yo necesitaba hablar con otras madres que hubieran pasado por lo mismo”. Blanca Gutiérrez tiene 58 años, aunque el tiempo pasa distinto para ella desde que el 26 de julio de 2023, Toni M.T, de entonces 30 años, mató a su hija Carla Fernández, de quien había sido pareja. El juicio por el crimen machista empieza este viernes en Girona: tanto la Fiscalía como la acusación particular piden para el hombre prisión permanente revisable por la agresión sexual y el asesinato de Carla, y también por el robo de varias tarjetas que Toni M.T aprovechó para cometer mientras seguía en el domicilio de la mujer. Blanca Gutiérrez quiere convertir el dolor en acción: ha lanzado la primera asociación para familiares de víctimas de feminicidios de España y hace un llamamiento para que el viernes se concentren con ella a las puertas de los juzgados.

No existe en nuestro país una gran asociación que aúne a familiares de víctimas mortales de la violencia machista. Para la madre de Carla, es fundamental “hacer red” para acompañar a quienes están alrededor de los crímenes machistas y para seguir visibilizando una violencia estructural a la que, muchas veces, parecemos acostumbrados. “No son números, son personas. No quiero que las olvidemos, me jode mucho que cada año sumemos las cifras y digamos la número 23 o 24 y veamos hasta dónde llegamos, casi como si fuera un récord”, expresa Blanca, que ha volcado el dolor por la pérdida de su hija en crear la Asociación de Madres de Mujeres Asesinadas por Feminicidios (AMMA). Así llamaba Carla a su madre: ama.

Aunque el nombre de la asociación hable de las madres, Blanca Gutiérrez subraya que su aspiración es aunar a cualquier familiar de las mujeres. “Un feminicidio tiene una onda expansiva tremenda para el entorno. Desde el primer día que la asesinaron quería hablar con otras madres a las que les hubiera pasado lo mismo para ver cómo se podía seguir viviendo, me costaba incluso fisiológicamente respirar, me desorientaba en la misma calle donde vivo, pensé si me estaba volviendo loca de dolor”, recuerda. Blanca dio con Asun Casasola, la madre de Nagore Laffage, asesinada por Diego Yllanes durante los Sanfermines de 2008. Casasola se convirtió para Blanca en “una guía”.

"Yo quiero que este juicio no sea solo el de Carla, sino el de todas, mostrar que estamos hartas de que nos maten. Y estar ahí para acompañar a quien lo necesite o lo vaya a necesitar

Encontrar a más familiares de víctimas de feminicidios no está siendo fácil. “Mira que ha habido casos, pero es como si estuviéramos escondidas, no sé si es vergüenza, a veces la propia administración te quiere proteger tanto... ”, dice Blanca. La vida tras el asesinato de Carla no fue fácil, desde los quehaceres cotidianos hasta la burocracia correspondiente. “Me sentí muy sola. Mi refugio fueron mis dos hermanos, uno se vino desde Lanzarote a vivir conmigo un año. Hay mucha deshumanización en el proceso. Vas a algunos sitios y te tratan igual que a otra persona, pero han matado a tu hija y tú te echas a llorar y no sabes ni lo que estás haciendo. Igual has ido sin acompañante y de repente te hacen firmar un papel en el que pone 'la finada', pero es que la finada era mi hija y hasta hacía nada estábamos tomando café y riéndonos”, recuerda. Por eso, Blanca quiere hacer una red que sirva para acompañar, asesorar y hacer de los procesos un camino algo más sencillo.

Carla

Carla tenía 26 años, era recepcionista de un hotel de Girona, disfrutaba con su trabajo. Se había comprado un piso tres años antes, le gustaban las tortugas, pedir sushi y encerrarse a ver series, ir a parques de atracciones. “Siempre ha sido una cría muy trabajadora, estudiante, desde pequeña quería centrarse en el mundo del turismo, aprendía idiomas. Lo compaginó todo, los estudios con prácticas en tiendas, también porque necesitábamos ayuda económica, y era muy organizada, se hacía sus agendas con sus horarios, con todo... Vivía todo con mucha intensidad”, recuerda Blanca. Ella y Carla vivían solas desde que su hija tuvo 10 años: “Éramos prácticamente una familia monoparental”.

El 26 de julio de 2023, Toni M.T, con quien había mantenido una relación hacía años, se coló en el edificio donde ella vivía oculto con una capucha, mascarilla y guantes, la esperó en la puerta de casa, la asaltó, la desnudó y maniató, la agredió sexualmente y la mató. Después, le robó las tarjetas bancarias, se marchó del piso y envió mensajes al móvil de la chica para intentar crear una coartada. No solo eso, sino que al día siguiente llamó a Blanca, la madre, y acudió a su trabajo para mostrar preocupación porque no sabía nada de su hija. Finalmente, el hombre convenció a una vecina y se descolgó por un balcón para entrar en la casa de Carla y alertar de lo sucedido. Cuando los Mossos le tomaron declaración, confesó el crimen.

Tanto acusación particular como Fiscalía piden para Toni M.T prisión permanente revisable por la agresión sexual, el robo con violencia y el asesinato de Carla con agravantes de parentesco, género y disfraz, y con la atenuante de confesión. Blanca lleva tres años esperando el momento de volver a encontrarse con el asesino de su hija. Ha rechazado declarar con biombo: “Yo sobre todo quería aguantar viva para ver al asesino de mi hija. Pedí ir a hablar con él a la cárcel, pero su abogado lo desaconsejó”. Ni el agresor ni su familia se ha puesto en contacto con Blanca durante este tiempo. Ella cuenta que le hubiera gustado recibir un perdón honesto por parte de alguien.

A horas de que empiece el juicio, Blanca ha reforzado la atención psicológica que recibe para poder afrontarlo en las mejores condiciones posibles. “Hay meses en los que tienes más rabia y otros te viene más bajón, un bajón que no quieres ni vestirte, que quieres tirarte al suelo y no tienes fuerzas ni de ir al baño”, relata. Su deseo es que mucha gente acuda a acompañarla y poder ella seguir acompañando a familias: “Yo quiero que este juicio no sea solo el de Carla, sino el de todas, mostrar que estamos hartas de que nos maten. Y estar ahí para acompañar a quien lo necesite o lo vaya a necesitar”.

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