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Qué regiones de América Latina enfrentan más riesgo de sequías e inundaciones, según el director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño

22 October 2026 at 06:00
El fenómeno de El Niño ingresó en la categoría de muy fuerte con anomalías térmicas sostenidas sobre los dos grados en el Pacífico ecuatorial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Pacífico ecuatorial atraviesa un episodio que ya ingresó en la categoría de El Niño muy fuerte, con anomalías de temperatura superiores a 2 ℃ que se sostuvieron durante un período prolongado. La evolución del fenómeno eleva las alertas en América Latina, donde los efectos pueden oscilar entre sequías, incendios y lluvias extremas, según el territorio.

“Actualmente El Niño ha entrado en categoría muy fuerte, es decir que las anomalías observadas en el Pacífico Central se han mantenido por sobre los 2ºC por un tiempo prolongado”, explicó a Infobae Felipe Costa, director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). El especialista advirtió que existe una alta probabilidad de que esas anomalías superen los valores de los eventos registrados desde 1950.

El Niño es la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se desarrolla cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de lo habitual, una alteración que modifica la circulación atmosférica, los vientos y la distribución de las lluvias en distintas regiones del planeta.

Las mediciones bajo la superficie oceánica detectaron desviaciones térmicas de hasta ocho grados en los primeros doscientos metros de profundidad. (NASA)

El boletín de octubre del CIIFEN estimó una probabilidad del 83% de que el evento supere los registros disponibles desde 1950 entre octubre y diciembre de 2026. Además, calculó una chance superior al 95% de que mantenga una intensidad muy fuerte hasta, al menos, enero de 2027, y previó que las condiciones cálidas continúen durante el primer trimestre.

La señal oceánica se profundizó en septiembre. Las anomalías de temperatura superficial del mar se ubicaron entre +2 ℃ y +7 ℃ en el Pacífico ecuatorial, con los valores más elevados frente a Ecuador y Perú. Bajo la superficie, el organismo detectó desviaciones de hasta +8 ℃ en los primeros 200 metros de profundidad, alimentadas por ondas Kelvin cálidas formadas entre enero y junio.

Costa, quien está a cargo de este organismo regional dedicado al monitoreo y la investigación del fenómeno, sostiene que la intensidad que muestra el océano exige atención, aunque no permite trasladar un pronóstico uniforme a todo el continente. “Sin embargo, cabe recalcar que la magnitud de un evento no define los impactos esperados en una región”, señala.

Felipe Costa es director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). El especialista advirtió que existe una alta probabilidad de que esas anomalías superen los valores de los eventos registrados desde 1950.
(Gtlza CIFEN)

El calentamiento global obliga a ajustar las comparaciones históricas

El seguimiento del fenómeno combina temperaturas superficiales, respuesta atmosférica, vientos y diferencias de presión entre el Pacífico oriental y occidental. El Índice de Oscilación del Sur llegó a -18,6 el 17 de octubre, por debajo del umbral de -7 asociado a condiciones de El Niño. A ese indicador se suman el debilitamiento de los vientos alisios y la persistencia de vientos del oeste en el Pacífico central.

“El Niño es un evento que involucra la interacción entre océano y atmósfera”, explicó Costa al describir por qué el calentamiento de los océanos tropicales obliga a revisar las comparaciones con los episodios anteriores. En lugar de basarse únicamente en el Índice Oceánico de El Niño, conocido como ONI, señaló que la NOAA propuso el RONI, un indicador que busca separar la señal del fenómeno del aumento de temperatura de fondo en los trópicos.

América Latina enfrentará riesgos distintos según cada territorio

Los modelos analizados por el CIIFEN prevén para noviembre de 2026 a enero de 2027 anomalías de entre +3 ℃ y +3,5 ℃ en el Pacífico ecuatorial. En ese período, el organismo anticipa lluvias por encima de lo normal en las costas de Ecuador y Perú, el centro de Chile y Argentina, el sur de Brasil y parte de Paraguay. En contraste, Centroamérica, el norte de Sudamérica, la Amazonía, el norte de Brasil y el altiplano boliviano enfrentarían mayor probabilidad de déficit hídrico.

Un meteorólogo analiza pronósticos del clima en un centro de monitoreo moderno, frente a pantallas con mapas de Estados Unidos y el océano Pacífico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según se detalla en Meteored, que analizó la actualización de octubre del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), el promedio de los modelos proyecta una anomalía de hasta +3,5 ℃ en la región Niño 3.4. El valor semanal centrado el 14 de octubre llegó a +3,3 ℃, tras cinco semanas consecutivas por encima de +3 ℃. Esas mediciones absolutas no son equivalentes al RONI, que ajusta el calentamiento de fondo de los océanos tropicales: el indicador relativo se mantenía alrededor de +2,4 ℃, de acuerdo con el análisis citado.

“No todas las zonas poseen el mismo nivel de vulnerabilidad ante estos eventos”, advierte Costa. Por eso, sostiene que los gobiernos deben basar sus decisiones en proyecciones específicas para cada país y en la exposición de sectores como salud, electricidad, agricultura y ganadería. Entre las prioridades de corto plazo mencionó el abastecimiento de agua en zonas con menos lluvias, la protección de pequeños productores, la prevención de enfermedades asociadas a humedad e inundaciones y la continuidad del suministro eléctrico.

De acuerdo con los pronósticos globales de NOAA citados por Costa, el máximo de El Niño se ubicaría entre octubre y diciembre de 2026, antes de un debilitamiento gradual hacia condiciones neutrales entre abril y junio de 2027.

—¿Qué tan grave considera que es el fenómeno El Niño?

—Actualmente El Niño ha entrado en categoría muy fuerte, es decir que las anomalías observadas en el Pacífico Central se han mantenido por sobre los 2ºC por un tiempo prolongado. Además, hay alta probabilidad que la intensidad de las anomalías supere los valores históricos de eventos registrados desde 1950. Sin embargo, cabe recalcar que la magnitud de un evento no define los impactos esperados en una región.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Hasta qué punto el calentamiento global está modificando la forma de medir y comparar El Niño actual con los grandes eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016?

—El Niño es un evento que involucra la interacción entre océano y atmósfera.

Históricamente se ha comparado los eventos con un índice llamado ONI (Índice Oceánico de El Niño), pero el calentamiento de los océanos tropicales, asociado al cambio climático empezó a generar ruido en el monitoreo, sobreestimado o subestimado las anomalías. Es por esto que la NOAA ha propuesto el uso de un índice llamado RONI (Índice Oceánico Relativo de El Niño) para aislar la señal de El Niño y separarla del calentamiento de los trópicos, con el fin de tener un indicativo más adecuado ante el desarrollo de eventos.

—¿Qué regiones de América Latina enfrentan hoy los mayores riesgos por sequías, lluvias extremas, inundaciones o incendios, y cuáles son los plazos críticos para prepararse?

—Se conocen efectos históricos de El Niño, como sequía en Centroamérica y el norte de Sudamérica: Colombia, Venezuela, Las Guayanas, Norte de Brasil y la región Amazónica, así como lluvias extremas en las costas de Ecuador y Perú, Bolivia, parte de Chile, el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y la costa de Argentina. Sin embargo, no todas las zonas poseen el mismo nivel de vulnerabilidad ante estos eventos, por lo cual es necesario hacer un análisis localizado para determinar la posible magnitud de los impactos y definir planes de prevención y mitigación ante eventos extremos. La prevención es de especial importancia durante los primeros meses de El Niño, mientras que los planes de adaptación se deben actualizar a lo largo del evento ya que los impactos pueden variar.

Los modelos climáticos sitúan el pico del evento entre octubre y diciembre de 2026 con un retorno a condiciones neutras a mediados de 2027. (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Por qué un El Niño muy intenso en el Pacífico no se traduce necesariamente en impactos igual de graves en todos los países o territorios de la región?

—Si bien El Niño es la principal forma de variabilidad climática del Pacífico, el clima de una región depende de otros rasgos, como la posición geográfica, la orografía, la circulación atmosférica y la influencia de otros factores climáticos. Al ser parte de un conjunto mayor, la influencia de El Niño varía entre regiones.

—En términos de seguridad alimentaria, agua, salud pública y energía, ¿cuáles son las vulnerabilidades que los gobiernos latinoamericanos deberían atender de manera prioritaria antes del pico del fenómeno?

—El Niño modifica la distribución de las lluvias: en algunas regiones aumentan las precipitaciones y en otras disminuyen de forma intensa. Esto es de principal importancia para la planificación, por lo que los gobiernos deben tomar en cuenta las proyecciones específicas para su región y los posibles riesgos en sectores de Salud, Electricidad, Agricultura y Ganadería. Las prioridades varían según el país. En el corto plazo, los gobiernos deberían revisar: el abastecimiento de agua en municipios donde se prevé déficit de lluvias, la protección de pequeños productores y de las cosechas en zonas con sequía, la prevención de enfermedades relacionadas con la humedad, las inundaciones y el agua contaminada, y la continuidad del suministro eléctrico y la gestión de los caudales en represas.

Centroamérica, la Amazonía y el norte de Sudamérica presentan la mayor probabilidad de afrontar déficit hídrico y sequías. (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Hasta cuándo podría extenderse la influencia de El Niño y qué señales deberían seguirse para determinar si sus efectos persistirán más allá del verano de 2027?

—Acorde a los pronósticos globales de la NOAA, El Niño alcanzará su pico durante el trimestre de octubre a diciembre 2026, debilitándose progresivamente durante los primeros meses de 2027, posiblemente alcanzando condiciones neutras (o “normales”) durante el trimestre de abril a junio 2027. Las señales principales de monitoreo son la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial junto con la respuesta atmosférica y alteración en vientos dentro de la región.

—¿Qué es lo que más le asombra a usted de este fenómeno?

—Si bien El Niño se desarrolla en un área relativamente pequeña, tiene la capacidad de alterar el sistema climático a nivel global. Se asocia con cambios en las lluvias y las sequías, con un aumento de tormentas en el Pacifico y menor actividad ciclónica en el en el Atlántico, cambios en el monzón de India y mucho más. Esta influencia se asocia con teleconexiones que llevan estas señales a latitudes más altas, trayendo influencias que están siendo investigadas más profundamente.

“No se queden sentados todo el día”: el consejo de una mujer de 100 años que jugó al vóleibol durante décadas y recomienda 30 minutos de bicicleta fija

21 October 2026 at 14:17
Ellen Jones asiste a la sede de Crunch Fitness entre tres y cinco veces por semana a sus 100 años. (Crunch Fitness)

A los 100 años, Ellen Jones mantiene una rutina de ejercicio, vínculos sociales y actividades comunitarias que, según cuenta, han acompañado su vida durante décadas. La mujer, nacida en Waterford, Michigan, asiste al gimnasio entre tres y cinco veces por semana y se convirtió en la integrante de mayor edad de su sede de Crunch Fitness.

Jones nació el 22 de febrero de 1926 y trabajó como secretaria del superintendente escolar de Pontiac antes de formar su familia. Es madre de cuatro hijos, abuela de nueve nietos, bisabuela de nueve niños y tatarabuela de un niño. Su hija Jill Underwood relató a NBC News, que la familia mantiene una vida activa alrededor de ella.

La estadounidense no atribuye su longevidad a una fórmula concreta. “¿Debería comenzar simplemente con mi vida?”, planteó al inicio de una entrevista con el medio. Su relato reúne tres hábitos que considera centrales: moverse con frecuencia, cuidar la alimentación y sostener relaciones con familiares, amistades y su comunidad religiosa.

El ciclismo estacionario reemplazó al vóleibol tras problemas en las rodillas

El deporte ha ocupado un lugar constante en la vida de Jones. Durante 40 años jugó al golf y, a los 69, comenzó a integrar el equipo de vóleibol Michigan Movers, que compitió en las Olimpiadas Senior de Michigan. Permaneció cerca de tres décadas vinculada al grupo, con el que viajó a torneos en distintos puntos de Estados Unidos.

Jones fundamenta su longevidad en el movimiento corporal frecuente, la alimentación ordenada y los vínculos sociales. (Crunch Fitness)

“Me encantaba el vóleibol”, dijo Jones. En el equipo fue armadora y después capitana. La actividad le permitió formar amistades que conserva aun después de dejar las competencias.

Una neuropatía en los pies y operaciones de rodilla dificultaron su continuidad en ese deporte. Entonces se inscribió en Crunch Fitness y adaptó su entrenamiento. Desde hace cerca de diez años incorpora 30 minutos de bicicleta fija a sus ejercicios, una práctica que, afirma, alivió el impacto sobre sus rodillas.

“Recomendaría una bicicleta estacionaria durante 30 minutos. Marcó toda la diferencia”, afirmó. Además de ir al gimnasio, busca oportunidades para caminar por el vecindario o recorrer comercios junto a sus hijas. Su consejo es directo: “No se queden sentados todo el día”.

La alimentación y los vínculos familiares forman parte de sus hábitos

Su rutina alimentaria incluye yogur con granola por la mañana, mientras que para el almuerzo suele elegir un sándwich de ensalada de pollo o un panecillo con mantequilla de maní. Underwood indicó que su madre procura consumir proteínas, beber agua y tomar vitaminas de forma regular. Jones tampoco fumó ni fue una consumidora habitual de café, según el testimonio de su hija.

Los expertos recomiendan el ejercicio físico en los adultos mayores siempre que sea seguido por profesionales
(Imagen Ilustrativa Infobae)

La vida social es otro de los ejes de su día a día. Jones participa en partidas mensuales de bridge, realiza tareas de voluntariado en el centro comunitario de Waterford y lleva desde 1957 vinculada a su iglesia, donde colaboró en oficinas y comités.

Durante gran parte de su vida organizó las cenas de Acción de Gracias y Navidad para su familia. Aunque ahora sus hijas y nietas asumieron esa tarea, continúa asistiendo a los encuentros y conserva un lugar central en las reuniones familiares.

En el gimnasio, también supo construir relaciones con otros socios, entre ellos compañeros de entrenamiento que rondan los 80 años. “Hay que encontrar un lugar tan amistoso como mi gimnasio. He tenido mucha suerte”, sostuvo Jones entusiasmada.

La sede local de Crunch Fitness celebró allí sus cumpleaños número 90 y 100. Para Jones, la continuidad de esos lazos —en su familia, su iglesia, el deporte y el gimnasio— forma parte de una vida que sigue organizada alrededor de la actividad y la comunidad.

Un estudio de la NASA reveló cómo el riego, los embalses y los cultivos modifican las reservas hídricas en tierra firme

21 October 2026 at 06:00
La NASA identificó 40 regiones continentales donde las variaciones del agua acumulada responden a actividades humanas, con Australia como única excepción. (NASA)

El riego intensivo, la construcción de represas y los cambios en el uso del suelo dejaron una huella detectable en el almacenamiento de agua terrestre, según un estudio de la NASA elaborado con más de dos décadas de observaciones satelitales.

La investigación identificó 40 regiones de los continentes no polares donde las variaciones en el agua acumulada en lagos, ríos, suelos y acuíferos guardan una relación marcada con actividades humanas. Australia fue la única excepción entre esas masas continentales.

Los datos proceden de las misiones GRACE y GRACE-FO, dos pares de satélites que registran pequeños cambios en la gravedad terrestre. Como el agua y el hielo modifican la masa de una zona, esas variaciones permiten estimar si una región ganó o perdió reservas hídricas.

El análisis abarcó el período comprendido entre abril de 2002 y noviembre de 2025. NASA Earth Observatory, “La huella humana en el ciclo del agua de la Tierra”, señaló que la combinación de todos los sobrevuelos permitió obtener mapas con una resolución espacial entre cinco y 10 veces mayor que la utilizada en trabajos anteriores.

Esa mejora permitió diferenciar con mayor precisión el efecto de factores climáticos, como las lluvias y las sequías, de las intervenciones humanas. Los investigadores evaluaron el peso del riego, los embalses y las transformaciones en la cobertura vegetal sobre las tendencias de almacenamiento de agua.

“En cuatro regiones continentales, una variable antropogénica mostró una relación más estrecha con las tendencias de almacenamiento que cualquier variable climática”, afirmó Mary Michael O’Neill, hidróloga del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA y autora principal del estudio.

Las misiones GRACE y GRACE-FO midieron los cambios en el almacenamiento de agua terrestre entre abril de 2002 y noviembre de 2025. En el mapa, los contornos negros señalan las zonas donde esas variaciones se vinculan estrechamente con la actividad humana. Los resultados expresan el cambio promedio anual de la profundidad equivalente del agua 
NASA

La agricultura intensiva aceleró la pérdida de agua subterránea

El mapa mostró descensos asociados al uso agrícola de aguas subterráneas en zonas como el Valle Central de California, las Grandes Llanuras del sur de Estados Unidos, Chihuahua, en México, y el norte de la India.

En esos territorios, las sequías prolongadas elevaron la dependencia del bombeo para sostener la producción agrícola. El caso del norte de la India mostró una caída de las reservas más pronunciada que la estimada en evaluaciones previas.

La NASA indicó que el retroceso de los glaciares del Himalaya explicó solo el 15% de la disminución del almacenamiento de agua en esa región. El resto se vinculó, en buena medida, con la extracción de agua subterránea.

Algunos cambios en el uso del suelo elevaron las reservas hídricas

El estudio también detectó aumentos del almacenamiento de agua en áreas donde se expandió la agricultura de secano. En partes del África subsahariana, el reemplazo de sabanas por cultivos de mijo coincidió con una elevación de los niveles freáticos, aun cuando las precipitaciones estuvieron por debajo del promedio.

Un comportamiento similar se registró en el estado de Maranhão, en el norte de Brasil, donde la producción de soja sustituyó superficies de bosque y matorrales. Los científicos plantearon que el uso de agua por parte de cereales y leguminosas, junto con prácticas locales de manejo del suelo, pudo favorecer la recarga de acuíferos poco profundos.

La imagen, captada el 13 de junio de 2021 por un astronauta desde la Estación Espacial Internacional, muestra un sector del canal de Karakum. La obra desvía agua del río para regar cultivos en el desierto y aparece como una franja lineal de vegetación
(NASA)

Represas y canales también redibujan el mapa del agua

La nueva resolución permitió observar con mayor detalle el efecto de obras de infraestructura hidráulica. Uno de los casos más visibles fue el embalse de Boguchany, sobre el río Angará, en Rusia, que presentó la mayor tendencia de aumento del almacenamiento de agua en el norte de Asia no polar.

El análisis también registró cambios en el desierto de Karakum, en Turkmenistán. Allí, el canal de Karakum desvía agua de un río para abastecer cultivos, pero una parte se filtra en el subsuelo durante el trayecto y modifica las reservas hídricas de la zona.

La NASA sostuvo que esta clase de mediciones puede ayudar a seguir la evolución de sequías, políticas de gestión del agua, represas, desvíos y sistemas de riego en regiones remotas con escasos registros en superficie.

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