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El superalimento enlatado que iguala al salmón en beneficios para el corazón

23 October 2026 at 21:07
Esta alternativa barata ofrece beneficios cardiovasculares comparables a los del salmón por un costo más accesible (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando se habla de alimentación cardiosaludable, el salmón suele ocupar el centro de la conversación. Con respaldo científico sólido y una versatilidad que lo hace fácil de preparar, se ganó su lugar como el alimento de referencia para quienes buscan cuidar el corazón. Sin embargo, su precio no siempre lo convierte en la opción más atractiva. Según un especialista en cardiología citado por la revista Parade, una alternativa más accesible lleva años esperando en la góndola de conservas: las sardinas, un pequeño pescado enlatado que ofrece beneficios cardiovasculares comparables a los del propio salmón.

El doctor Bradley Serwer, cardiólogo y director médico de VitalSolution, señaló que las sardinas integran un grupo selecto de pescados con propiedades cardioprotectoras similares a las del salmón, junto con “la trucha, la caballa y el arenque”, todos ellos con alto contenido de ácidos grasos omega-3, indicó el especialista.

Los omega-3 son reconocidos por su capacidad para disminuir los triglicéridos y combatir la inflamación sistémica, dos factores directamente vinculados al riesgo de enfermedad cardíaca. El salmón se convirtió en el emblema de la alimentación cardiosaludable gracias a su concentración de estas grasas, pero no es la única fuente significativa.

La evidencia científica reciente respalda esa valoración. Una revisión publicada en la revista Frontiers in Nutrition destacó el alto contenido de ácidos grasos omega-3 de las sardinas como su principal activo cardioprotector. Según el estudio, esos omega-3 no actúan de forma aislada: en las sardinas trabajan en sinergia con calcio, potasio, magnesio, zinc, hierro, taurina y arginina, una combinación que potencia la capacidad de reducir la inflamación y el estrés oxidativo en el sistema circulatorio. La revisión también recogió datos de dos ensayos clínicos previos en los que la incorporación regular de sardinas a la dieta elevó el índice de omega-3 en sangre por encima del 8%, un umbral que la literatura médica asocia con un menor riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria.

Los ácidos grasos omega-3, presentes en las sardinas, reducen los niveles de triglicéridos y combaten la inflamación sistémica ligada al riesgo cardíaco (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vitamina D, otro nutriente clave de las sardinas

Más allá de los ácidos grasos, Serwer destacó a la vitamina D como otro componente presente tanto en las sardinas como en el salmón, la trucha, la caballa y el arenque. Según el cardiólogo, este nutriente “puede reducir los niveles de triglicéridos” y “también ha demostrado disminuir el riesgo de arritmias, o ritmos cardíacos anormales”.

El dato cobra relevancia cuando se considera que buena parte de la población no recibe suficiente vitamina D a través de la exposición solar, sobre todo durante días fríos o lluviosos. Incorporarla mediante la alimentación se vuelve entonces una vía práctica para reforzar la salud del corazón sin depender de suplementos.

Las sardinas en lata ganan en practicidad

Uno de los argumentos más sólidos a favor de las sardinas enlatadas no tiene que ver con la nutrición, sino con la logística cotidiana. El salmón fresco exige planificación: su precio suele ser más alto que el de otras proteínas, y una vez en la heladera, su vida útil es breve. Un filete que queda relegado al fondo de un estante se convierte rápidamente en desperdicio.

Las sardinas en conserva, en cambio, pueden permanecer en la despensa durante meses sin perder sus propiedades. Vienen listas para consumir —envasadas en aceite o agua— y no requieren ningún tipo de preparación previa. Se pueden comer directamente de la lata, sobre una tostada con limón, o incorporarse a una pasta o ensalada como fuente rápida de proteína.

La practicidad para la conserva y el consumo es otro de los beneficios de las sardinas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El método de cocción también incide en los beneficios

El modo de preparación también incide en los beneficios. Serwer recomendó que el salmón se cocine al horno, a la plancha o a la parrilla en lugar de freírlo, ya que la fritura añade calorías y grasas saturadas que contrarrestan las propiedades saludables del pescado. La misma lógica aplica a las sardinas y al resto de los pescados grasos mencionados.

La combinación de omega-3 y vitamina D es, precisamente, la razón por la que los cardiólogos tienden a promover el consumo de pescados grasos como categoría general, en lugar de limitarse a recomendar una sola especie. Para quienes buscan proteger su salud cardíaca sin ampliar el presupuesto del supermercado ni sumar tiempo frente a la cocina, una lata de sardinas representa una de las incorporaciones más directas y accesibles.

Esta alternativa barata ofrece beneficios cardiovasculares comparables a los del salmón por un costo más accesible (Imagen Ilustrativa Infobae)

El control visual que los oftalmólogos recomiendan no postergar después de los 40 años

23 October 2026 at 20:21
Los oftalmólogos recomiendan realizar este control a partir de los 40 años para evaluar las estructuras internas del ojo (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de los 40 años, el ojo humano comienza a experimentar transformaciones que no siempre se perciben, y que pueden derivar en patologías graves si no se detectan a tiempo. Especialistas en oftalmología citados por la revista Parade coinciden en que existe un examen específico que toda persona debería realizarse antes de cumplir esa edad: el examen ocular con dilatación de pupilas, un procedimiento que permite observar en detalle las estructuras internas del ojo y que, según los expertos, resulta indispensable una vez que se cruza la barrera de los 50.

Uno de los primeros signos del envejecimiento ocular es la dificultad para enfocar objetos cercanos, un fenómeno conocido como presbicia. El Dr. James R. Kelly, oftalmólogo de la clínica Kelly Vision Center, explicó que esta condición suele manifestarse alrededor de los 45 años, cuando el cristalino del ojo pierde elasticidad de manera progresiva.

El Dr. Wuqaas M. Munir, especialista del Centro Médico de la Universidad de Maryland, ofreció una explicación sobre el mecanismo detrás de este proceso: “Nuestro ojo es como una cámara, con el cristalino proporcionando una cantidad significativa del poder de enfoque. A medida que envejecemos, este cristalino comienza a endurecerse y pierde lentamente la capacidad de reenfocar cuando miramos objetos cercanos”. Según Munir, este cambio natural arranca cerca de los 40 años, lo que explica por qué tantos adultos terminan necesitando anteojos de lectura o lentes bifocales.

La presbicia se manifiesta cerca de los 45 años debido a la pérdida de elasticidad y al endurecimiento del cristalino (Imagen Ilustrativa Infobae)

Detectar enfermedades silenciosas con dilatación pupilar

Sin embargo, los cambios en la graduación son apenas la superficie. El examen con dilatación pupilar va mucho más allá de determinar si una persona necesita anteojos nuevos. Durante el procedimiento, el profesional aplica gotas especiales que agrandan las pupilas, lo que le permite una visión completa y sin obstrucciones del fondo del ojo, incluyendo la retina y el nervio óptico.

“La mejor manera de proteger la vista es consultar a un oftalmólogo. A los 40 años, y sin duda a los 50, toda persona debería hacerse un examen ocular con dilatación realizado por un profesional para detectar cualquier problema de forma temprana”, enfatizó el especialista de la Universidad de Maryland.

A su vez, advirtió que condiciones como las cataratas —la opacidad del cristalino—, el glaucoma y los cambios retinianos asociados a la diabetes progresan de forma lenta y silenciosa, sin que el paciente sea capaz de identificarlos por su cuenta.

Los datos respaldan esa advertencia. El estudio MI-SIGHT (Michigan Screening and Intervention for Glaucoma and Eye Health through Telemedicine), publicado en la revista Ophthalmology, evaluó a 3.714 personas en comunidades desatendidas de Michigan y detectó que el 22,4% presentaba glaucoma o sospecha de la enfermedad, pese a que solo el 5% había reportado un diagnóstico previo. El 60,8% de los participantes no se había realizado un examen con dilatación pupilar en más de dos años.

“Al detectar estas enfermedades a tiempo, la pérdida de visión a menudo puede prevenirse. A partir de los 50, un profesional puede recomendar exámenes más frecuentes para monitorear cualquier cambio”, indicó Munir.

En línea con estas recomendaciones, la Academia Estadounidense de Oftalmología (AAO) establece que los adultos deben realizarse un examen de referencia a los 40 años y programar controles de seguimiento cada dos a cuatro años entre los 40 y los 54.

El uso de gotas oftálmicas para agrandar las pupilas permite revisar el fondo del ojo, la retina y el nervio óptico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hábitos que también protegen la vista

Más allá del examen periódico, los hábitos cotidianos tienen un papel determinante en la salud visual a largo plazo. Kelly subrayó que el tabaquismo incrementa de forma considerable el riesgo de degeneración macular asociada a la edad, cataratas y daño al nervio óptico, condiciones que pueden conducir a la ceguera. Abandonar el cigarrillo mejora la circulación sanguínea y reduce el estrés oxidativo en los tejidos oculares.

La protección frente a la radiación ultravioleta es otro factor clave. El uso de lentes de sol con filtro UV al aire libre ayuda a resguardar las delicadas estructuras del ojo de los rayos que favorecen la formación de cataratas y el deterioro de la retina.

La alimentación también incide directamente. Una dieta que incluya ácidos grasos omega-3, luteína, zeaxantina y vitaminas C y E —presentes en vegetales de hoja verde, cítricos y pescado— contribuye a nutrir el ojo y a ralentizar el desgaste asociado al paso del tiempo.

Por último, mantener bajo control enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial y el colesterol elevado protege los vasos sanguíneos que irrigan el ojo. Para quienes pasan largas horas frente a pantallas, los especialistas recomiendan aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, fijar la mirada en un punto situado a unos 6 metros (20 pies) de distancia durante al menos 20 segundos, una práctica sencilla que ayuda a prevenir la fatiga visual digital.

Los oftalmólogos recomiendan realizar este control a partir de los 40 años para evaluar las estructuras internas del ojo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuánto cobrarán los cuidadores de adultos por hora en noviembre 2026

23 October 2026 at 16:45
La Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares fijó los nuevos pisos mínimos salariales que rigen para el sector (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada mes, empleadores y trabajadores del sector de casas particulares actualizan sus cálculos para ajustarse a los nuevos valores que rigen las remuneraciones. Noviembre de 2026 no será la excepción: una suba del 1,6% respecto a octubre se aplicará sobre todas las categorías, desde tareas generales de limpieza hasta la asistencia y el cuidado de personas. A ese incremento porcentual se le sumará, además, el último tramo de incorporación de una suma no remunerativa que se venía integrando de forma escalonada al salario básico.

El esquema salarial vigente fue definido por la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares, el organismo tripartito donde participan representantes del sector trabajador, del sector empleador y del Estado. La resolución que formalizó el acuerdo se publicó en el Boletín Oficial en septiembre, tras las negociaciones que concluyeron en agosto. Los montos establecidos en la tabla oficial operan como pisos mínimos: las partes pueden pactar remuneraciones superiores.

El régimen de casas particulares abarca diversas categorías con valores diferenciados según la tarea que se desempeña y la modalidad —con o sin retiro— bajo la que se presta el servicio. Entre esas categorías se encuentra la de asistencia y cuidado de personas, que comprende tanto a quienes se ocupan de niños y adolescentes como a quienes asisten a adultos mayores y personas con discapacidad o enfermedad, siempre en el ámbito no terapéutico. También incluye al personal de tareas generales, supervisores, personal para tareas específicas y caseros, cada uno con su propia escala.

Los cuidadores de adultos percibirán en noviembre de 2026 un valor por hora de $4.451,49 con retiro y $4.923,50 sin retiro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuánto cobrarán los cuidadores de adultos en noviembre 2026 por hora

Para noviembre de 2026, la hora en la categoría de asistencia y cuidado de personas se pagará $4.451,49 con retiro y $4.923,50 sin retiro, de acuerdo con la tabla oficial vigente.

En la modalidad mensual, que corresponde a quienes cumplen 24 horas semanales o más con un mismo empleador, los valores serán de $562.837,52 con retiro y de $620.420,85 sin retiro.

Quienes trabajen menos de 24 horas semanales con un empleador serán liquidados por hora. El monto final puede variar según dos adicionales previstos en la normativa. El primero es el adicional por antigüedad, equivalente al 1% del sueldo mensual por cada año de servicio. Los años se computan desde el 1° de septiembre de 2020, sin considerar el tiempo trabajado con anterioridad a esa fecha.

El segundo es el adicional por zona desfavorable, que representa un 31% sobre los salarios mínimos de cada categoría. Aplica para quienes trabajan en La Pampa, Río Negro, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y el partido bonaerense de Patagones.

Cómo fue el último acuerdo paritario

El acuerdo oficializado en el Boletín Oficial en septiembre estableció incrementos mensuales escalonados hasta diciembre de 2026. El calendario arrancó con un aumento de 1,9% en agosto y continuó con 1,8% en septiembre, 1,7% en octubre, 1,6% en noviembre y 1,6% en diciembre. Cada porcentaje se calcula sobre el salario del mes anterior.

Además del ajuste porcentual, el acuerdo incluyó una suma no remunerativa por única vez abonada en agosto, cuyo monto dependía de la carga horaria semanal: $20.000 para quienes trabajan 16 horas o más, $11.500 para quienes cumplen entre 12 y menos de 16 horas, y $8.000 para quienes trabajan menos de 12 horas. Esa suma se integra al salario básico de manera progresiva: un 25% en septiembre, un 50% en octubre y el 25% restante en noviembre, momento en el cual queda incorporada por completo. Esa absorción explica que el incremento efectivo de noviembre supere al 1,6% nominal.

Con la actualización de noviembre, el cronograma queda a un solo ajuste de completarse. En diciembre regirá el último aumento del 1,6%, ya sin incorporación adicional de la suma no remunerativa.

El esquema de noviembre aplica una suba del 1,6% y completa la integración de la suma no remunerativa al salario básico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuánto cobran las empleadas domésticas por hora en noviembre 2026

El personal para tareas generales, categoría que incluye limpieza, lavado, planchado, mantenimiento y elaboración de comidas, percibirá en noviembre $4.174,62 por hora con retiro y $4.451,49 por hora sin retiro. En la modalidad mensual, los valores serán de $512.142,96 con retiro y $562.837,52 sin retiro.

Para el personal de tareas específicas, que abarca a cocineros contratados en forma exclusiva y otras funciones que requieren habilidades particulares, la hora se pagará $4.700,21 con retiro y $5.098,84 sin retiro. Por mes, los montos ascenderán a $575.394,53 con retiro y $633.782,08 sin retiro.

Los supervisores, encargados de coordinar y controlar las tareas de dos o más personas a su cargo, tendrán una remuneración de $4.928,28 por hora con retiro y $5.344,33 sin retiro. En la modalidad mensual, cobrarán $614.791,27 con retiro y $678.036,40 sin retiro.

Por último, los caseros, que se ocupan del cuidado general y la preservación de una vivienda en la que habitan por contrato de trabajo, cuentan únicamente con valores sin retiro: $4.451,49 la hora y $562.837,52 al mes.

Cuál es el hábito nocturno que parece saludable, pero puede generar inflamación y acidez

23 October 2026 at 10:00
Especialistas en gastroenterología advierten que este hábito puede provocar hinchazón y acidez estomacal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tendencia a reducir o eliminar el consumo de alcohol se consolidó en los últimos años, impulsada por una mayor conciencia sobre sus efectos en la salud y la búsqueda de bienestar. En lugar de una copa de vino o un trago después de cenar, cada vez más consumidores optaron por alternativas que parecen inofensivas: aguas con gas, mocktails embotellados y kombucha.

Sin embargo, especialistas en gastroenterología citados por la revista Parade advierten que esas bebidas carbonatadas pueden provocar hinchazón, gases y acidez estomacal. El cuadro, además, se agrava cuando se las consume cerca de la hora de dormir.

Por qué las burbujas generan malestar

El mecanismo es sencillo. “Cuando bebes un agua con gas, literalmente estás tragando burbujas de aire. Una vez que el líquido llega al ambiente cálido del estómago, esas burbujas se expanden”, explicó el Dr. Ali Aamar, gastroenterólogo del Houston Methodist.

La pared estomacal debe estirarse para alojar ese volumen extra de aire, lo que genera la sensación de hinchazón. A partir de ahí, el gas solo tiene dos caminos: volver en forma de eructo o avanzar hacia los intestinos.

El Dr. Christopher McGowan, gastroenterólogo y especialista en obesidad de Everself, coincide en el diagnóstico y añade que, además del gas propio de la carbonatación, al beber —así como al comer—también se traga aire, sobre todo si se hace rápido. “Más gas adentro significa más gas que tiene que salir. Así de simple”, sintetizó.

Las burbujas de gas se expanden en el ambiente cálido del estómago y estiran la pared gástrica (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema no se limita a la hinchazón. Según Aamar, cuando el estómago se llena de burbujas carbonatadas, la presión ascendente que se genera empuja la válvula que separa el esófago del estómago. Al ceder esa barrera, el ácido gástrico salpica hacia el esófago y aparece la sensación de ardor conocida como acidez o reflujo.

Este efecto se agrava por la noche. “Durante el día, la gravedad mantiene la comida, el gas y el ácido estomacal hacia abajo. Cuando uno se acuesta, pierde esa ventaja”, detalló el especialista del Houston Methodist. Por eso, beber una lata de agua con gas justo antes de ir a la cama multiplica las probabilidades de despertar con malestar.

La kombucha, una alternativa con riesgos ocultos

Entre las opciones sin alcohol que ganaron popularidad, la kombucha ocupa un lugar especial por su reputación de bebida amigable con la flora intestinal. Sin embargo, ambos médicos coinciden en que su perfil la convierte en una de las alternativas más propensas a generar molestias.

McGowan apuntó que la kombucha reúne tres características problemáticas: es carbonatada, ácida y fermentada. Aamar sumó un detalle adicional: contiene levadura y azúcar. “Si las bacterias intestinales ya están algo desequilibradas, los microbios fermentan esos azúcares rápidamente y generan una ola masiva de gas en los intestinos”, explicó.

A eso se añade un nivel de acidez que el gastroenterólogo comparó con el del vinagre. “Si la válvula del estómago ya está algo debilitada, verter esa acidez extra directamente sobre ella es una receta instantánea para la acidez”, advirtió.

La kombucha combina acidez, gas y azúcares que las bacterias intestinales fermentan con rapidez (Imagen Ilustrativa Infobae)

La recomendación de McGowan es directa: si la kombucha no genera efectos adversos, no hay razón para dejarla. No obstante, no es necesario forzarse a tomarla solo por sus probióticos cuando existen muchas otras fuentes de esos microorganismos beneficiosos.

Cómo disfrutar del gas sin consecuencias

Ambos especialistas aclaran que nada de esto implica abandonar las bebidas con gas. La clave está en ajustar el modo y el momento del consumo. Sus consejos principales son cuatro:

  1. Evitar la carbonatación cerca de la hora de dormir y preferir consumirla más temprano en el día o en la noche, para que la gravedad ayude a mantener el ácido en su lugar.
  2. Reducir la cantidad. Una porción más pequeña introduce menos gas en el sistema digestivo.
  3. Prescindir del sorbete. Beber directamente del vaso disminuye la cantidad de aire que se traga con cada sorbo.
  4. Dejar que la bebida repose antes de tomarla. “Sírvela sobre hielo y dale un giro. Dejarla un minuto en el vaso permite que las burbujas más agresivas se escapen al aire en lugar de expandirse dentro de ti”, sugirió Aamar.

No todos sufren las mismas consecuencias

McGowan recordó que existe una enorme variabilidad individual. “Si te sientes bien bebiendo agua con gas, no hay razón médica para dejarla solo porque tiene carbonatación”, sostuvo. La señal de alarma aparece cuando cada lata deja una estela de hinchazón, malestar o la necesidad de recurrir a un antiácido.

Antes de eliminar las burbujas por completo, ambos médicos sugieren probar los ajustes mencionados. En muchos casos, basta con beber menos cantidad y alejar el consumo de la hora de dormir para disfrutar de la efervescencia sin pagar el precio digestivo.

Especialistas en gastroenterología advierten que este hábito puede provocar hinchazón y acidez estomacal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las señales tempranas de problemas de deglución que no hay que pasar por alto

23 October 2026 at 04:11
La tos repetida durante las comidas constituye una señal de alerta de problemas de deglución en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada día, una persona traga en promedio unas 1.000 veces sin siquiera notarlo. Es un acto tan automático que rara vez se le presta atención, hasta que algo empieza a fallar. Un especialista en patología del habla y lenguaje citados por la revista Parade advierten que, en los adultos mayores, existe una señal de alerta temprana de disfunción en la deglución que suele confundirse con algo inofensivo y pasa desapercibida para los familiares: la tos repetida durante las comidas.

Según Michelle Retsky, patóloga del habla y lenguaje (conocidas como SLP, por sus siglas en inglés) y directora clínica de Words in Motion Therapy, ese carraspeo o tos que aparece mientras un padre o abuelo come no debería tomarse a la ligera cuando se vuelve frecuente. Cuando alimentos, líquidos o saliva se desvían hacia las vías respiratorias en lugar de seguir hacia el estómago, las consecuencias pueden ser graves: “El material extraño, incluso si es la propia saliva, introduce bacterias en los pulmones, lo que puede derivar en neumonía”, advirtió la especialista.

La tos, en este contexto, funciona como un mecanismo de defensa de último recurso. El cuerpo humano dispone de un sistema de protección compuesto por tres estructuras que trabajan en coordinación al momento de tragar: la epiglotis, un pequeño cartílago que se pliega para cubrir la vía aérea; las cuerdas vocales, que se cierran; y la laringe, que se eleva. Cuando alguna de estas barreras no opera de forma adecuada, es la tos la que interviene para expulsar lo que no debería llegar a los pulmones.

La voz con timbre burbujeante y la presencia constante de restos de comida en los labios revelan posibles fallas al tragar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tos al comer no siempre indica disfagia

Retsky advirtió, sin embargo, que es fundamental no caer en el alarmismo. Una tos esporádica mientras se come puede ser completamente normal y no indicar ningún problema subyacente. La diferencia está en la frecuencia y en el patrón: cuando la tos se convierte en algo habitual durante las comidas, es momento de prestar atención.

Existen, además, otras afecciones que pueden provocar tos al ingerir alimentos y que no están vinculadas con un trastorno de la deglución. Entre ellas se encuentran la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma y ciertos medicamentos, como los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA).

La clave para distinguir una tos asociada a un problema real de deglución, según la especialista, radica en su relación directa con el acto de tragar. “Puede ocurrir durante un bocado o a los pocos segundos de tragar”, señaló Retsky. Entre los marcadores clínicos que apuntan a esta causa mencionó una voz con timbre burbujeante después de beber líquidos y el aclaramiento constante de garganta durante la comida.

Más allá de la tos, existen otras señales que los familiares deberían vigilar: la necesidad de tragar varias veces un mismo bocado, la tendencia a retener la comida en la boca sin terminar de pasarla, la presencia de restos de alimentos o líquido en los labios, tiempos de alimentación notoriamente más prolongados, episodios de fiebre baja sin causa aparente e infecciones respiratorias que se repiten sin una explicación clara.

Si la tos durante las comidas se repite con regularidad en un familiar mayor, la recomendación de Retsky es clara: consultar al médico de cabecera para solicitar una derivación a un patólogo del habla y lenguaje que realice una evaluación especializada de la deglución. La especialista fue enfática en que las familias no deben modificar la dieta del adulto mayor por cuenta propia. “Las modificaciones dietéticas sin supervisión pueden empeorar los residuos o aumentar los riesgos de atragantamiento”, advirtió.

Una mujer sostiene un vaso con agua y apoya la mano sobre una adulta mayor que tose frente a su plato de comida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Evaluación y tratamiento de casos especializados

El proceso de atención profesional suele comenzar con una evaluación clínica junto a la cama del paciente, en la que el especialista analiza la calidad de la voz, el tiempo de respuesta del reflejo de tos y la capacidad de la boca para limpiar el bolo alimenticio con distintas texturas de alimentos.

Si los resultados iniciales lo ameritan, se pueden indicar estudios más avanzados. Uno de ellos es la videofluoroscopía de deglución, un examen con imágenes que permite observar en tiempo real el recorrido de los alimentos y líquidos por el cuerpo, y verificar si la epiglotis cumple su función protectora. Otro recurso es la evaluación endoscópica con fibra óptica (conocida como FEES), que consiste en introducir una cámara a través de la nariz hasta la faringe para detectar si hay acumulación de alimentos o saliva cerca de las cuerdas vocales.

A partir de los hallazgos, los patólogos del habla y lenguaje diseñan un plan de tratamiento personalizado que puede incluir ejercicios para fortalecer la musculatura involucrada en la deglución y estrategias para compensar las debilidades detectadas. En las etapas iniciales, también es posible que se ajusten la textura de los alimentos y el espesor de los líquidos que consume el paciente como medida de seguridad.

La tos repetida durante las comidas constituye una señal de alerta de problemas de deglución en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo impacta en los riñones el consumo frecuente y sin supervisión de un analgésico común

22 October 2026 at 22:45
La uróloga Jennifer Linehan advirtió que el consumo frecuente de este fármaco provoca lesiones renales graves sin manifestar síntomas previos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Millones de personas recurren al ibuprofeno sin receta médica para aliviar dolores cotidianos; sin embargo, especialistas en nefrología y urología citados por la revista Parade advierten que su consumo frecuente puede provocar lesiones renales graves sin que se perciba síntoma alguno.

La uróloga Jennifer Linehan, del centro médico Saint John’s, reveló que atiende “varios pacientes por año que han causado daño significativo a los riñones con demasiado ibuprofeno”. Es que, a diferencia de lo que muchos consumidores suponen, el hecho de que un medicamento se venda sin prescripción no garantiza que sea inofensivo ante un uso prolongado.

En el caso del ibuprofeno, perteneciente a la familia de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), el mecanismo de daño es directo: el fármaco contrae los vasos que irrigan los riñones y disminuye el caudal de sangre que reciben. Cuando ese flujo cae por debajo de los niveles normales, el tejido renal queda privado de oxígeno y nutrientes esenciales, lo que puede derivar en una lesión aguda o, en casos sostenidos, en cicatrización interna permanente, explicó Linehan.

La evidencia científica reciente respalda estas advertencias. Una investigación publicada en JAMA Network Open analizó 200 casos de pacientes hospitalizados con rabdomiólisis por esfuerzo —una afección en la que las fibras musculares se descomponen tras actividad física intensa y liberan sustancias tóxicas que pueden sobrecargar los riñones— y encontró una asociación significativa entre el consumo previo de AINE y el desarrollo de lesión renal aguda.

Un estudio en JAMA Network Open asoció el consumo previo de antiinflamatorios con la lesión renal aguda en pacientes con rabdomiólisis (Infobae / Difusión)

Según los resultados, el 64,7% de quienes sufrieron daño renal habían consumido estos fármacos antes de la internación, frente al 21,9% de los pacientes que no presentaron esa complicación, una diferencia con menos de un 0,1% de probabilidad de ser producto del azar.

Los autores del estudio estimaron que, de eliminarse el uso de estos fármacos como factor de riesgo, la incidencia de lesión renal aguda podría reducirse hasta en un 81,3%. La deshidratación apareció como el otro gran desencadenante: abordar ambos factores de forma conjunta llevaría la fracción prevenible al 92,6%.

Antihipertensivos y sodio, dos agravantes silenciosos

El peligro se multiplica cuando el ibuprofeno se toma junto con otros fármacos de uso habitual. Investigaciones médicas han documentado lo que se conoce como “triple golpe”: la ingesta simultánea de un AINE, un diurético y un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) o un antagonista de los receptores de angiotensina (ARA).

Esa combinación incrementa hasta un 31% la probabilidad de sufrir una lesión renal aguda, según una investigación publicada en Mathematical Biosciences. El mecanismo es una tormenta perfecta de caída del flujo sanguíneo y alteración brusca de la presión de filtración, un riesgo que afecta de lleno a quienes reciben tratamiento crónico para la hipertensión o enfermedades cardiovasculares.

El consumo excesivo de sal y alimentos ultraprocesados sobrecarga los vasos sanguíneos que filtran los desechos corporales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero los fármacos no son el único factor que compromete la salud renal de forma inadvertida. El nefrólogo Koshy Abraham señaló que una alimentación sostenida con exceso de sal y comida ultraprocesada funciona como motor primario del deterioro de estos órganos.

Las comidas con alto contenido de sodio obligan al cuerpo a retener líquidos, lo que sobrecarga los vasos sanguíneos encargados de filtrar los desechos metabólicos y, con el tiempo, erosiona la capacidad de los riñones para mantener el equilibrio hídrico y regular la presión arterial.

Un daño silencioso que solo detectan los análisis

Lo que hace particularmente peligroso el deterioro renal es su carácter asintomático. La nefróloga Kalyani Perumal, del sistema de salud Cook County Health, indicó que muchas personas arrastran daño renal durante años sin notarlo. “Enfrentan las consecuencias de muchos hábitos que comienzan temprano en la vida y continúan durante la edad adulta”, afirmó la especialista, quien subrayó que solo los análisis de sangre de rutina permiten detectar el problema en etapas tempranas, cuando todavía es posible intervenir.

Frente a este panorama, los profesionales consultados por el medio coinciden en tres medidas preventivas concretas: consultar a un médico antes de incorporar el ibuprofeno como recurso habitual contra el dolor, mantener una hidratación adecuada a lo largo del día y reducir al mínimo la ingesta diaria de sodio.

La uróloga Jennifer Linehan advirtió que el consumo frecuente de este fármaco provoca lesiones renales graves sin manifestar síntomas previos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La psicología explica por qué algunas personas necesitan volver a la cama después de levantarse

19 October 2026 at 10:00

Sale el sol, los ojos se abren y los pies tocan el suelo. Pero apenas unos minutos después, el cuerpo vuelve a buscar el colchón. La escena se repite cada mañana en millones de hogares y rara vez se interpreta con matices.

Juzgar ciertos comportamientos al despertar resulta casi automático. Cuando una persona se levanta y, poco después, decide acostarse otra vez, la lectura habitual oscila entre la pereza, la falta de disciplina o el desinterés por las obligaciones. No obstante, desde el campo de la psicología, la lectura es diferente: esa conducta puede responder a una necesidad del organismo de graduar el paso entre la somnolencia y la actividad plena, un proceso que la ciencia denomina inercia del sueño.

Así lo señaló la psicóloga Leticia Martín Enjuto, directora del centro de psicología que lleva su nombre, citada por la revista Cuerpomente. En la práctica clínica, explicó, se observa que cada persona procesa el despertar a un ritmo distinto y que no todos los organismos necesitan el mismo margen de tiempo para alcanzar su nivel habitual de concentración y energía. La intensidad de la inercia no es igual para todos: depende de las horas de sueño acumuladas, la calidad del descanso y la fase en la que se produce el despertar.

La especialista advirtió que reducir este patrón a un cliché de holgazanería es un error frecuente. “Desde fuera pueden parecer conductas similares, pero psicológicamente pueden responder a situaciones completamente distintas”, enfatizó.

Volver a la cama poco después de levantarse responde a la inercia del sueño y a la necesidad del cuerpo de graduar su activación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cama como refugio frente a una jornada exigente

Más allá del componente fisiológico, la cama también puede cumplir otra función durante esos primeros minutos: ser un lugar de calma. Quienes vuelven a acostarse no buscan volver a dormir, sino permanecer unos instantes en un entorno sin exigencias, donde todavía no hay nada que resolver ni nadie a quien responder.

“Para muchas personas, esos minutos después de despertarse son prácticamente el único momento del día en el que todavía no tienen que responder a nadie ni cumplir ninguna obligación”, precisó Martín Enjuto.

En ese sentido, no se trata de un hábito estático: una persona que habitualmente arranca el día sin pausas puede, en períodos de mayor exigencia, encontrarse de vuelta bajo las sábanas sin haberlo previsto. Cuando la mente anticipa desde temprano la carga que viene —compromisos laborales, reuniones, cuidado de los hijos, asuntos sin resolver—, el cuerpo tiende a resistir el arranque.

La psicóloga subrayó que este comportamiento se observa con más frecuencia en quienes sostienen agendas muy demandantes. “Esos minutos adicionales pueden convertirse en un pequeño espacio de desconexión”, indicó la psicóloga, y aclaró que la intención no es esquivar las obligaciones, sino atenuar el impacto de una jornada que, antes de empezar, ya se anticipa como intensa.

Por ello, la psicóloga explicó que regresar al colchón no equivale necesariamente a buscar más horas de sueño. “No siempre estamos intentando dormir de nuevo; a veces simplemente necesitamos un poco de tiempo para activarnos”, afirmó. Esos minutos en silencio, sin agenda ni apuro, pueden operar como un paso intermedio que suaviza la entrada a la rutina diaria.

Los primeros minutos en la cama ofrecen un espacio de calma libre de las exigencias cotidianas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando volver a la cama es una seña de alarma

Martín Enjuto destacó un criterio práctico para distinguir lo normal de lo preocupante: lo que ocurre después de volver a la cama. Quedarse unos minutos, despejarse y continuar con la jornada sin dificultades responde a una necesidad de transición. Pero cuando la persona permanece horas acostada porque carece de energía, le cuesta afrontar sus obligaciones o busca evitar situaciones que le generan malestar, el panorama cambia.

“Si una persona duerme las horas suficientes y, aun así, se despierta todos los días completamente agotada, necesita volver a acostarse durante mucho tiempo o tiene una sensación de falta de energía que se mantiene durante el día, merece la pena prestar atención”, señaló.

Ante esos indicadores, la psicóloga recomendó detenerse a observar el cuadro completo. Cuando el estrés, las rutinas o la falta de descanso dejan de explicar una pausa puntual y empiezan a alimentar un cansancio que no cede, el escenario es otro. “Habría que valorar cómo está durmiendo, qué nivel de estrés tiene, cómo son sus rutinas y si existe algún otro factor que pueda estar influyendo en ese cansancio”, manifestó la profesional.

La psicóloga Leticia Martín Enjuto señaló que atribuir este hábito a la pereza constituye un error de interpretación (Imagen Ilustrativa Infobae)
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