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No fue Sánchez, fue la derecha

19 October 2026 at 20:54

No fue Sánchez, fue la derecha

Quienes han hecho campaña con Begoña, contra Begoña y a costa de Begoña han sido los dirigentes del PP; el líder del PSOE y candidato a la reelección lo que ha hecho es reivindicar a su pareja después de que sus adversarios convirtieran su nombre en un titular diario, su trabajo en un delito y su matrimonio en un arma arrojadiza.

Sánchez pone al PSOE a bailar al ritmo de Begoña Gómez para voltear la campaña

En tiempos de odio, un abrazo es una afrenta y un beso, una provocación. La caverna vomita bilis porque Pedro Sánchez abraza en público a su esposa y la mira como lo que es: su compañera de vida, la madre de sus hijas y un pilar fundamental en su día a día. Sin ella, el presidente del Gobierno no sería nada y él además no lo oculta. De ahí el gesto de amor ante las cámaras que ha hecho brotar a los odiadores profesionales, a los que prefieren la repugnancia al amor, la inquina al cariño y el aborrecimiento a la empatía. No recuerdan cuando hizo lo propio Feijóo con su pareja, Eva Cárdenas, en 2016 tras su victoria electoral en Galicia o cuando Aznar se deshizo en elogios sobre Ana Botella en un mitin del PP. 

Llevan casi tres años intentando acabar con ella, esparciendo fango sobre su actividad, persiguiéndola por tierra, mar y aire, escrutando cada uno de sus pasos y los de sus hijas y, ahora, la denuestan porque Sánchez la abraza en público. Pero no ha sido el presidente del Gobierno quien ha metido a su esposa en campaña, sino la derecha política, judicial y mediática. Ellos fueron quienes la denunciaron ante los tribunales, quienes la acusaron de ser una corrupta sin una sola prueba, quienes extendieron un manto de sospecha sobre lo que hacía y quienes la acosaron en su trabajo, en su universidad y en su vida privada.  

La derecha nunca tuvo un caso Begoña, sino una campaña contra Begoña cuyo único objetivo era hacer insoportable la vida personal de un adversario político para que abandonara. Fue el PP quien cruzó esa línea que nunca se debiera cruzar en democracia y, ahora, trata de invertir la realidad porque, tras el comentado beso entre la pareja en un mitin en Fuenlabrada, el problema es que Pedro Sánchez “usa” a Begoña Gómez, la “expone” y hace “campaña con su mujer”. 

Es la última boutade que han puesto a circular entre su trompetería mediática para tapar que se han saltado todas las líneas rojas de la política decente metiendo a las familias en la refriega partidista y que quienes han hecho campaña con Begoña, contra Begoña y a costa de Begoña han sido ellos. El líder del PSOE y candidato a la reelección, lo que ha hecho, como consecuencia de todo lo anterior, es reivindicar a su pareja después de que sus adversarios encontraron en ella un filón para atacarle. 

Fueron ellos quienes convirtieron su nombre en un titular diario, su trabajo en un delito y su matrimonio en un arma arrojadiza. Fueron ellos quienes pasearon su vida por los platós de televisión, los que la llevaron a los juzgados con una denuncia construida con recortes de prensa y los que convirtieron su vida en un circo mediático. Así que lo que les molesta del beso no es el beso, sino la normalidad que representa y que mientras ellos viven instalados en el rencor, en el que “te vote Txapote” y en el “Sánchez, hijo de puta”, su odio no ha conseguido que la pareja desista y abandone la esfera pública. 

Dicho todo ello, no hay intención alguna entre los estrategas de la campaña del PSOE de convertir a Begoña Gómez en el eje de esta campaña electoral y mucho menos que su presencia sea constante. De hecho, lo del pasado sábado, abrazo y beso incluido, no es la primera vez que ocurre en un mitin protagonizado por Sánchez, aunque se haya sobredimensionado por la explícita declaración de amor del presidente. Begoña Gómez ha ido a todos los actos electorales en los que Pedro Sánchez fue proclamado candidato a la Presidencia del Gobierno, además de a otros puntuales celebrados en Madrid. El primero fue en 2015, en el escenario del Teatro Circo Price, cuando el aspirante del PSOE apareció, para sorpresa de propios y extraños, envuelto en una enorme bandera de España y junto a su esposa vestida de rojo. Curioso que entonces fueran los suyos quienes criticaran la estampa, y no la derecha.

Feijóo tiene un problema con las campañas

15 October 2026 at 21:03

Feijóo tiene un problema con las campañas

Feijóo tiene una especial habilidad para pegarse tiros en el pie cada vez que habla y si es en periodo electoral, aún más. Empezar una precampaña anunciando que pedirá sacrificios a los españoles, seguir con la solemne afirmación de que el sistema de pensiones está en quiebra y poner en alerta a más de 10 millones de jubilados no parece la mejor manera de seducir a los votantes

El PP patina con las pensiones en la precampaña del 29N

Hubo un tiempo lejano en que eran los oráculos quienes predecían el futuro. Hoy, son los algoritmos, la IA y las encuestas los que se aventuran a anticiparnos hechos cuando en realidad solo ofrecen conjeturas. Nada más. Si hablamos de demoscopia, conviene recordar que no es una ciencia exacta, sino una disciplina sociológica que se basa en la estadística y la inferencia y que solo mide las tendencias en un momento concreto. Nunca podrá predecir el futuro de forma infalible. Sin embargo, hay quien considera sus trabajos como verdades absolutas, quien los usa para influir en la opinión pública, quien los lee desde la frialdad que proporcionan los datos para extraer conclusiones propias y quien acepta la predicción como algo inexorable e incluso celebra antes de tiempo.

El PP pertenece a esta segunda categoría y actúa, a poco más de 40 días de las elecciones, como si la llegada de Feijóo a La Moncloa ya hubiera ocurrido, de tal modo que sus dirigentes ajustan su conducta a la expectativa y muestran una seguridad en sí mismos como la que exhibieron en 2023 antes de que su líder se estrellara con los resultados de las urnas. 

Pasa en la vida y pasa en la política, que cuando uno cruza la línea de la hiperconfianza, el ego o la rigidez mental, llegan los errores, los batacazos y las decepciones. Entre la estimación de voto del CIS, que otorga hasta 11 puntos de ventaja al PSOE sobre el PP, y las encuestas de los profetas de las mayorías absolutísimas del bloque la derecha, hay una zona intermedia que ofrecen siempre las tripas de los sondeos que conviene leer despacio para no llevarse luego a engaño.

Son datos de los que nadie habla, que rara vez se elevan a titular en los diarios, pero que proporcionan algunas pistas. Por ejemplo: más allá de la estimación de voto, los datos del barómetro de octubre del CIS indican que el único electorado que se está desmovilizando con tanto ultra suelto por las calles es el de Vox (5% menos en “voto seguro” que en marzo) y que el que más se está movilizando es el del PSOE (+7,2%).

Otro dato: la crisis de Ceuta empieza a perder interés, especialmente entre los votantes de Vox, ya que en julio pasado había un 37% que sostenía que la inmigración era un problema que les afectaba personalmente y, ahora, esa inquietud ha caído 15 puntos. Por contra, crece transversalmente la preocupación por el problema de la vivienda (entre 4 y 7 puntos, salvo para quienes se declaran votantes de Vox). Y Feijóo cae a mínimos, casi al nivel de Abascal, cuando se pregunta a los encuestados sobre la confianza que cada líder le inspira como presidente de gobierno. Si en Génova no son capaces de tabular todo ello convenientemente, tropezarán por segunda vez con la misma piedra de la autoconfianza.

Esto, sin contar con la habilidad de su líder de pegarse tiros en el pie cada vez que habla y, especialmente, en periodo electoral. Empezar una precampaña anunciando que pedirá sacrificios a los españoles, seguir con la solemne afirmación de que el sistema de pensiones está en quiebra y poner en alerta con sus palabras a más de 10 millones de jubilados no parece la mejor manera de seducir a los votantes. Mucho menos si sus palabras se convierten en una dosis de recuerdo de lo que el PP ha hecho, dicho o votado cada vez que la conversación pública debatía sobre pensiones.

Aquí los datos: el PP votó en contra de la reforma de las pensiones de 2021 que fijó por ley la revalorización con el IPC y fue consensuada en el Pacto de Toledo y con los agentes sociales. Rechazó también la segunda parte de la reforma en 2023. Dijo “no” a las subidas de las pensiones que incluyeron los Presupuestos de 2022 y 2023 y también a la revalorización en 2024, y en 2025 y 2026 que incluyeron varios decretos “ómnibus”. Muy en consonancia con todo lo que hicieron, por cierto, los últimos gobiernos de la derecha, que en 2012 y 2017 subieron las pensiones por debajo del IPC mientras que solo en 2014, 2015 y 2016 subieron por encima de la inflación. En 2014, 2015, 2016 y 2017 crecieron un 0,25%, lo mismo que en 2018, aunque en aquella ocasión hubo una subida adicional en los Presupuestos del 1,6% para el conjunto de pensiones y del 3% para las mínimas y las no contributivas.  

Definitivamente, Feijóo tiene un problema con las campañas electorales. Y no solo.

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