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Cuenta atrás para que arranque esta feria de 800 expositores y medio millón de visitantes y que se celebra desde 1346

18 October 2026 at 13:01

Cuenta atrás para que arranque esta feria de 800 expositores y medio millón de visitantes y que se celebra desde 1346

Entre otras distinciones, la Fira de Tots Sants de la villa alicantina de Cocentaina es Fiesta de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural Inmaterial

El matrimonio y la reina que dieron origen al Oktoberfest: la princesa que quisieron casar con Napoleón y que da nombre a su recinto en Múnich

La ruta con la que descubrir hasta una docena de molinos papeleros construidos a partir del siglo XVIII

La villa alicantina de Cocentaina ultima con entusiasmo los preparativos para dar comienzo a una nueva convocatoria de su emblemática Fira de Tots Sants, un acontecimiento multitudinario que transforma toda la comarca del Comtat. El origen documentado de esta gran cita se remonta al año 1346, cuando el rey Pedro IV de Aragón y II de Valencia concedió el privilegio real que autorizaba la celebración de un mercado franco exento de impuestos. Siete siglos después de aquella concesión medieval, el municipio despliega un montaje colosal que reunirá a más de 800 expositores y atraerá a cerca de medio millón de visitantes de todo el territorio.

A lo largo de su dilatada historia, la celebración ha mantenido viva su esencia popular mientras adaptaba su formato a las exigencias de cada época. Entre 1671 y 1795 la feria sufrió varios cambios de fechas, consolidándose desde finales del siglo XVIII en torno a la festividad del 1 de noviembre. Su extraordinario valor patrimonial ha sido reconocido institucionalmente con su declaración como Fiesta de Interés Autonómico en 2007, de Interés Turístico Nacional en 2012 y de Interés Turístico Internacional en 2019. Asimismo, la feria ostenta la distinción de Bien de Interés Cultural Inmaterial, posicionándose como un referente festivo y cultural insustituible.

El despliegue organizativo de la Fira de Tots Sants alcanza proporciones impresionantes, abarcando una superficie expositiva que supera los 110.000 metros cuadrados, llegando a alcanzar los 142.000 metros en sus ediciones más extensas. Las avenidas y calles del casco urbano se convierten en un gran circuito al aire libre con alrededor de los mencionados 800 puestos de exposición. Este recinto gigantesco recibe anualmente a más de 400.000 personas, rozando el medio millón de asistentes durante sus jornadas principales. Para garantizar la movilidad, el municipio habilita áreas de aparcamiento libre y con reserva previa junto con un servicio especial de autobuses lanzadera.

El apartado cultural y de ocio constituye uno de los pilares más deslumbrantes del evento, convirtiendo su casco histórico en un escenario repleto de arte
El apartado cultural y de ocio constituye uno de los pilares más deslumbrantes del evento, convirtiendo su casco histórico en un escenario repleto de arte

Aunque la cita nació con un marcado carácter agrícola y ganadero, con el tiempo se ha transformado en un escaparate multisectorial de gran impacto económico. La oferta comercial actual combina la tradicional maquinaria agrícola, herramientas del campo y automoción con sectores dedicados al hogar, el comercio ambulante, la tecnología y el deporte. La emblemática feria caballar mantiene vivo el espíritu de los antiguos tratos de ganado, compartiendo protagonismo con muestras dedicadas a la innovación y las iniciativas empresariales. Esta convivencia entre los oficios tradicionales y las tendencias de consumo convierte al certamen en un punto de encuentro fundamental.

El apartado cultural y de ocio constituye uno de los pilares más deslumbrantes del evento, convirtiendo su casco histórico en un escenario repleto de arte. Entre sus espacios más aclamados destacan el Mercado Medieval, el Porrat Valencià, la Judería y el Zoco Árabe, áreas temáticas donde el visitante realiza un viaje en el tiempo. Durante los días festivos se programan más de 200 actuaciones itinerantes que incluyen representaciones teatrales, danza, malabares, pasacalles musicales y demostraciones artesanales. Los puestos de artesanía y los talleres en vivo completan una ambientación singular alrededor de lugares emblemáticos como el majestuoso Palacio Condal.

La gastronomía ocupa un lugar de honor en la vivencia festiva, ofreciendo a los asistentes una suculenta muestra de los sabores autóctonos de la comarca del Comtat. El momento cumbre de la tradición culinaria tiene lugar el 1 de noviembre con la celebración del popular L'Esmorzar de Fira en el Pla de la Font, donde se sirven miles de bocadillos a base de embutidos locales. Asimismo, los visitantes disfrutan de la oferta de la Cooperativa Agrícola Católica, que organiza catas de aceites monovarietales de blanqueta, manzanilla, alfafarenca, picual y arbequina. Los puestos de productos típicos y las zonas de degustación ofrecen una experiencia gastronómica inolvidable.

Una fiesta inclusiva

La preparación del evento presta especial atención a la inclusión social, la seguridad ciudadana y la eficacia logística. En su apuesta por la accesibilidad universal, la programación contempla franjas horarias específicas sin ruido ni luces estroboscópicas en el recinto ferial, facilitando el disfrute de niños con dificultades de procesamiento sensorial. Por su parte, la coordinación de la seguridad moviliza a un dispositivo especial integrado por más de 600 efectivos de seguridad y emergencias. Este amplio despliegue cuenta con apoyo tecnológico avanzado, incluyendo drones y helicópteros para garantizar el bienestar de todos los visitantes.

Más allá del impacto comercial y turístico, la Feria de Todos los Santos representa la seña de identidad más profunda de este pueblo de la Comunitat Valenciana. El evento cuenta con hitos institucionales de gran calado, como la lectura pública del Privilegio real por el Grup de Danses de Cocentaina y el cartel anunciador basado en la obra del artista José Soler Cardona. La actividad festiva se prolonga durante todo noviembre con actos tan destacados como el Gran Premio Nacional de Canto Coral, pruebas deportivas como el Trail Fira y competiciones de ciclocross. Esta combinación de memoria, participación y futuro reafirma a Cocentaina como la verdadera capital cultural del otoño valenciano.

Construido sobre un acantilado de 212 metros, fue el castillo que inspiró una de las novelas de Julio Verne

18 October 2026 at 11:30

Construido sobre un acantilado de 212 metros, fue el castillo que inspiró una de las novelas de Julio Verne

Aunque las tropas napoleónicas dinamitaron buena parte de la fortaleza, el castillo de Devín sigue siendo todo un símbolo histórico y cultural para Eslovaquia

De época visigoda, este castillo tuvo unas cuevas que pudieron servir de mazmorras, almacenaje o de vía para escapar

Descubren las ruinas de un castillo medieval “perdido” en el interior de una universidad irlandesa

El Castillo de Devín fue construido sobre un enorme acantilado rocoso de 212 metros de altura a las afueras de Bratislava, justo en el punto donde convergen las vertiginosas aguas del río Danubio y del río Morava. Esta fortificación milenaria ha permanecido a lo largo de los siglos como un vigía inquebrantable en el corazón del continente europeo, contemplando la confluencia fluvial que separa y une fronteras históricas. Su posición geográfica privilegiada no solo le ha conferido una trascendencia defensiva insuperable desde épocas remotas, sino que ha regalado a la región de Eslovaquia un paisaje panorámico deslumbrante que impresiona a todo aquel viajero que se acerca a contemplar sus ruinas.

Los orígenes del emplazamiento se remontan al Neolítico, cuando las primeras comunidades humanas identificaron el promontorio como un baluarte natural perfecto para la defensa y el asentamiento. Con el desarrollo de las rutas comerciales de la antigüedad, singularmente la Ruta del Ámbar, el lugar fue ocupado sucesivamente por celtas y romanos, quienes erigieron estructuras fortificadas para supervisar la navegación y el comercio a lo largo del Danubio. Asimismo, los legionarios del Imperio Romano levantaron en este risco la primera iglesia cristiana registrada al norte de la corriente fluvial, dejando huellas arqueológicas de valor incalculable que atestiguan el papel crucial del castillo como bastión defensivo y cultural.

Durante el apogeo de la Gran Moravia en la Alta Edad Media, la fortaleza asumió una relevancia histórica trascendental, apareciendo mencionada por primera vez en fuentes escritas en los Anales de Fulda del año 864 bajo la denominación de Dowina, vocablo que significaba niña. Posteriormente, hacia el siglo XIII, Devín se consolidó como una fortaleza real erigida en piedra con el propósito primordial de resguardar la frontera occidental del Reino de Hungría frente a incursiones enemigas. A lo largo de las centurias siguientes, el dominio de la estructura pasó a manos de influyentes linajes de la nobleza europea, entre los que destacaron las familias Gorjanski, Báthory y Pálffy, quienes ampliaron y reforzaron activamente sus defensas.

El castillo está situado en un entorno de altísimo valor paisajístico que actualmente alberga un museo arqueológico al aire libre y un espacio natural protegido
El castillo está situado en un entorno de altísimo valor paisajístico que actualmente alberga un museo arqueológico al aire libre y un espacio natural protegido

La configuración arquitectónica del conjunto castillo continuó evolucionando durante las épocas gótica y renacentista, incorporando un palacio señorial y bastiones defensivos de piedra con bóvedas destinadas a resistir el avance de las tropas invasoras del Imperio Otomano. Entre las construcciones supervivientes destaca de manera singular la célebre Torre de la Virgen, posada con asombrosa audacia sobre una estrecha aguja rocosa aislada que se eleva directo sobre el abismo. La tradición popular sostiene una trágica leyenda alrededor de esta torre, recordando a una joven novia que, desolada tras el asesinato de su prometido a manos de su propia familia y ante la amenaza de encarcelamiento conventual, decidió quitarse la vida.

El célebre escritor francés Julio Verne quedó profundamente cautivado por la atmósfera melancólica y la silueta sobrecogedora de la fortaleza durante su viaje de estudios por el Imperio Austro-Húngaro realizado en el año 1892. Acompañado por su guía local mientras recorría las inmediaciones de la capital eslovaca, el ilustre novelista contempló fascinado las murallas derruidas que se alzaban sobre la confluencia de los ríos y declaró su intención de ambientar su siguiente obra en un paraje similar. Aquella experiencia directa inspiró la ambientación gótica y misteriosa de su famosa novela “El misterioso castillo en los Cárpatos”, consagrando para siempre la imagen legendaria de Devín en las letras universales.

Telón de Acero

El destino del baluarte sufrió un trágico vuelco en el año 1809, cuando las tropas napoleónicas en retirada dinamitaron las fortificaciones de piedra por orden directa de Napoleón Bonaparte, reduciendo el glorioso complejo palaciego a un conjunto de majestuosas ruinas. No obstante, lejos de caer en el olvido, el sitio resurgió durante el siglo XIX como un símbolo patrio fundamental para el movimiento romántico y la identidad nacional de Eslovaquia. Los poetas y pensadores románticos exaltaron la memoria histórica de Devín en sus cantos, transformando las piedras derruidas en un emblema inmortal de resistencia, soberanía y orgullo cultural para el pueblo eslovaco a lo largo de las generaciones posteriores.

En tiempos de la Guerra Fría y tras la Segunda Guerra Mundial, la serenidad del enclave se vio alterada al convertirse la confluencia del Danubio y el Morava en una de las fronteras políticas más estrictamente custodiadas del denominado Telón de Acero. La estricta prohibición de edificación en la zona preservó involuntariamente un entorno de altísimo valor paisajístico que actualmente alberga un relevante museo arqueológico al aire libre y un espacio natural protegido. Declarado Monumento Cultural Nacional, el Castillo de Devín representa hoy uno de los atractivos turísticos más admirados de Eslovaquia, atrayendo a miles de visitantes ansiosos por rememorar su historia y contemplar sus vistas.

Ni es vikingo ni hace de brújula pero este símbolo nórdico sigue siendo muy respetado y hoy es fácil verlo en tatuajes o joyas

18 October 2026 at 11:00

Ni es vikingo ni hace de brújula pero este símbolo nórdico sigue siendo muy respetado y hoy es fácil verlo en tatuajes o joyas

A pesar de carecer de antecedentes medievales directos, el Vegvísir mantiene un profundo respeto y una gran vigencia espiritual

Huesos rotos bajo los suelos y dentro de hogares vikingos revelan una cara de la violencia que llevaba siglos oculta

Es un símbolo de buena suerte y fue representado en una cueva de Almería durante el Neolítico

Lleva por nombre Vegvísir y es uno de los símbolos icónicos más reconocibles de la estética nórdica contemporánea, grabado en colgantes de plata, pulseras de cuero o tatuajes. Con su figura de ocho brazos radiantes que se extienden desde un punto central, este emblema ha cautivado la imaginación popular como la supuesta brújula sagrada de los guerreros escandinavos. Sin embargo, detrás de su enorme popularidad en la cultura de masas se oculta una paradoja histórica fascinante. A pesar de la creencia generalizada que lo vincula a las incursiones marítimas medievales, las investigaciones confirman que este famoso signo jamás fue conocido ni utilizado por los vikingos reales.

El verdadero origen documental del Vegvísir no se sitúa en las épocas de las navegaciones nórdicas, sino en los manuscritos mágicos de la Islandia del siglo XIX. La primera mención escrita conocida de este símbolo aparece en el Manuscrito Huld, compilado en 1860 por el erudito Geir Vigfússon, y en grimorios como el Galdrabók. Dado que la Era Vikinga concluyó formalmente hacia el año 1066, existe un abismo cronológico de casi ocho siglos entre los marineros nórdicos y la aparición del símbolo. De ahí que muchos expertos consideren que atribuir este diseño a los expedicionarios medievales constituye un evidente anacronismo.

En lugar de una herramienta de navegación antigua, el Vegvísir es en realidad un galdrastafur o bastón mágico islandés, un sigilo resultante de la evolución espiritual escandinava que combinó elementos paganos, runas y magia popular. Desde el punto de vista etimológico, la palabra proviene de la unión de vegur, que significa camino o senda, y vísir, que se traduce como guía o indicador. En los textos originales se especifica que la función principal de este signo es de carácter milagroso: quien lleve consigo este amuleto no perderá jamás su rumbo en medio de las tormentas o el mal tiempo, incluso cuando se enfrente a trayectos completamente desconocidos y hostiles.

Es uno de los símbolos icónicos más reconocibles de la estética nórdica contemporánea, grabado en colgantes de plata, pulseras de cuero o tatuajes
Es uno de los símbolos icónicos más reconocibles de la estética nórdica contemporánea, grabado en colgantes de plata, pulseras de cuero o tatuajes

A diferencia de las brújulas magnéticas actuales, el Vegvísir nunca funcionó como un instrumento físico de orientación cartográfica para los marinos. Los navegantes de la época vikinga orientaban sus embarcaciones en el Atlántico mediante la observación de corrientes, estrellas, rutas de aves y las célebres piedras solares de espato de Islandia. El Vegvísir nació más bien como un talismán de protección metafísica y consuelo espiritual. Su propósito no consistía en señalar el norte magnético, sino en infundir certeza interna y resguardo sagrado ante las inclemencias climáticas o las travesías peligrosas que amenazaban la supervivencia.

La falsa atribución de este símbolo a la cultura vikinga fue alimentada por el romanticismo escandinavo que floreció en Europa durante el siglo XIX. Durante esa época de redescubrimiento folclórico, la publicación de manuscritos islandeses llenos de trazos angulares y estéticas rúnicas provocó que el público asociara apresuradamente cualquier sigilo mágico con las leyendas nórdicas. Esta confusión se consolidó de forma definitiva en los siglos XX y XXI gracias a la industria del entretenimiento y las series de televisión, creando en el imaginario colectivo un mito moderno sumamente atractivo pero históricamente inexacto.

Björk

A pesar de carecer de antecedentes medievales directos, el Vegvísir mantiene un profundo respeto y una vigencia espiritual incuestionable en la sociedad actual. En el mundo contemporáneo, este emblema ha trascendido la magia ritual antigua para transformarse en una poderosa metáfora universal de la brújula interior. En tiempos marcados por la incertidumbre, las crisis personales y la rápida transformación social, miles de personas encuentran en su simetría un recordatorio visible de resiliencia humana, capacidad de reorientación y estabilidad emocional, actuando como un ancla simbólica que ayuda a conservar el centro personal ante la adversidad.

Hoy en día, el Vegvísir adorna la piel de personalidades internacionales como la cantante islandesa Björk y protagoniza piezas de joyería que van desde pulseras hasta anillos de acero inoxidable. Su adopción masiva evidencia que el valor de un icono no depende exclusivamente de su antigüedad cronológica, sino de la fuerza del significado que la humanidad deposita en él. Sin ser vikingo ni brújula física, este milenario buscador de caminos sigue guiando a quienes buscan su propio rumbo en el complejo viaje de la vida, confirmando que la verdadera magia de los símbolos reside en su capacidad para inspirar al espíritu humano.

Estrenada en 1876, esta ópera dura 14 horas, se escribió empezando por el final y es la obra maestra de este icono de la música clásica

18 October 2026 at 10:00

Estrenada en 1876, esta ópera dura 14 horas, se escribió empezando por el final y es la obra maestra de este icono de la música clásica

Tras casi tres décadas de trabajo, “El anillo del nibelungo”, de Richard Wagner, vio la luz en la ciudad alemana de Bayreuth

No fueron los Beatles, sino un pianista del siglo XIX: el primer artista por el que las fans se volvieron locas

Este inmenso carillón de 49 campanas de bronce pesa casi 5.000 kilos, fue construido en Países Bajos e inaugurado hace 50 años

Para muchos expertos se trata de la empresa dramática más ambiciosa de la música clásica. Concebida como una monumental obra de arte total y estrenada en el verano de 1876 en la ciudad bávara de Bayreuth, “El anillo del nibelungo”, de Richard Wagner, constituye la tetralogía que abarca 14 horas de representación divididas en una velada preliminar y tres jornadas consecutivas. A lo largo de esta colosal epopeya, el compositor alemán revolucionó las normas del teatro lírico tradicional y condensó su visión filosófica sobre el poder, la codicia y la redención humana. Con una orquestación deslumbrante y una profundidad única, este ciclo operístico sigue siendo a día de hoy la obra cumbre e insuperable de su ilustre creador.

El proceso de concepción de esta obra maestra destaca por una paradoja fascinante: su libreto fue redactado en sentido inverso, comenzando formalmente por el desenlace. En el verano de 1848, Wagner escribió un primer esbozo basado en el Cantar de los nibelungos y redactó el texto de “La muerte de Sigfrido”. No obstante, al percatarse de que el público requería comprender los antecedentes que desencadenaban la tragedia del héroe, decidió componer “El joven Sigfrido”. Posteriormente, comprendió que debía explicar las intrigas originales de los dioses, lo que lo llevó a redactar “La valquiria” y finalmente “El oro del Rin”. Tras casi tres décadas de trabajo, este método regresivo permitió tejer una arquitectura dramática perfectamente pulida y coherente.

A diferencia de la creación de los textos, la composición de la partitura musical avanzó en estricto orden cronológico a partir de noviembre de 1853 con los primeros compases del prólogo. Sin embargo, el agotador proceso creativo sufrió un prolongado paréntesis en 1857, cuando el compositor interrumpió el trabajo durante doce años tras concluir el segundo acto de Sigfrido. Durante esta extensa pausa, motivada por dificultades financieras y vivencias personales, Wagner creó otras dos grandes obras maestras: “Tristán e Isolda” y “Los maestros cantores de Núremberg”. Fue en 1869 cuando retomó la partitura bajo el mecenazgo del rey Luis II de Baviera, concluyendo la gestación del ciclo completo en 1874.

El compositor interrumpió el trabajo durante doce años tras concluir el segundo acto de Sigfrido, en 1869 retomó la partitura y concluyó la obra completa en 1874
El compositor interrumpió el trabajo durante doce años tras concluir el segundo acto de Sigfrido, en 1869 retomó la partitura y concluyó la obra completa en 1874

La compleja trama argumental gira en torno al robo del oro protegido por las hijas del Rin a manos del enano nibelungo Alberich, quien forja un anillo mágico de poder absoluto tras renunciar al amor. El dios supremo Wotan despoja con engaños a Alberich de la joya para saldar sus deudas con los gigantes constructores del Valhala, provocando que el nibelungo lance una terrible maldición sobre todo aquel que posea el anillo. Esta espiral de codicia, traición y tragedias atraviesa a diversas generaciones de seres mitológicos, héroes mortales y valquirias como Brünnhilde, culminando inevitablemente en la destrucción del reino celestial y el trágico colapso del antiguo orden divino.

En el plano estrictamente musical, la tetralogía revolucionó para siempre el concepto de ópera mediante la implantación de la célebre melodía infinita y el desarrollo sistemático del leitmotiv. Wagner diseñó una densa trama polifónica donde motivos conductores cortos identifican de manera descriptiva a personajes, objetos, sentimientos y situaciones abstractas a lo largo de la historia. A través de más de cien motivos entrelazados con maestría técnica, la gran orquesta no funciona como un mero acompañamiento vocal, sino como un narrador omnisciente capaz de revelar los secretos más íntimos del drama y conectar acontecimientos separados por numerosas horas de representación.

Sin palcos

Para albergar una producción de semejante magnitud y complejidad, el compositor concibió un edificio verdaderamente único en el mundo: el Gran Teatro de los Festivales de Bayreuth. Diseñado con una arquitectura inspirada directamente en los anfiteatros de la Grecia clásica, el recinto eliminó por completo los palcos para colocar a todos los espectadores en estricta igualdad de condiciones frente al escenario. Además, Wagner introdujo la genial e histórica innovación de ocultar el foso de la orquesta bajo las tablas y apagar la iluminación de la sala durante la función. Esta atmósfera de inmersión total sumergió al público en una concentración absoluta durante el estreno del ciclo completo en agosto de 1876.

Transcurrido un siglo y medio desde su histórico estreno absoluto, “El anillo del nibelungo” sigue siendo el reto artístico más imponente que puede afrontar cualquier teatro de ópera en el planeta. La colosal influencia cultural de esta tetralogía traspasa ampliamente las fronteras de la música clásica, habiendo sentado los cimientos de la literatura fantástica moderna e inspirado las grandes bandas sonoras del cine contemporáneo. Sintetizando mitología, filosofía y vanguardia estética, la obra maestra de Richard Wagner perdura intacta en el tiempo como el testimonio supremo de una mente genial que transformó el arte universal para siempre.

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