Dos hombres armados han abierto fuego este viernes frente a una iglesia en Jordania, causando al menos siete muertos y diez heridos, según la televisión estatal. Los atacantes, armados uno con un fusil y otro con una pistola, han salido de un vehículo y disparado durante varios minutos contra las decenas de participantes en una procesión funebre, en el pueblo de la Gobernación de Karak, en el oeste, según declaró uno de los asistentes, Jaled Burqan, a la cadena de televisión.
En octubre de 2023, cuando el shock inicial por el ataque de Hamás iba dando paso a la interiorización de que había sido el mayor fiasco de seguridad en las siete décadas de historia del Estado de Israel, casi nadie pensaba que Benjamín Netanyahu seguiría como primer ministro tres años más tarde. Tampoco que un país acostumbrado a coaliciones amplias y a adelantos electorales (ninguno fue tanto a las urnas entre 1996 y los últimos comicios, en 2022, cada 2,4 años) completaría la legislatura justo esta vez. Y, menos aún, ambas combinadas: que, tras cuatro años de polémicas y guerras, Netanyahu llegaría a la recta final de las elecciones —que se celebran el martes— con menos apoyo y popularidad, pero con probabilidades de mantenerse en el poder. “No me rendiré”, reza uno de los carteles electorales con su rostro.
Apenas quedan seis días para las elecciones en Israel, pero las conversaciones sobre los comicios suelen terminar con un: “Bueno, si no hay una guerra antes, claro”. No es casual. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, viene subrayando casi a diario su deseo de otro conflicto con Irán (tras el que inició en febrero junto con EE UU) y ha subido el tono este miércoles, al señalar que el régimen de Teherán “aún no ha aprendido la lección”, así que ha ordenado su derrocamiento al ejército y al Mosad, los servicios secretos en el exterior.
El respaldo de Donald Trump a Benjamín Netanyahu para las elecciones del próximo día 27 en Israel ha llegado tan a última hora y tras tantas semanas evitándolo que difícilmente cambie ya el curso de unos comicios inciertos. Netanyahu ansiaba desde hace meses esta expresión pública de apoyo, para presentarse como un dirigente “en otra liga” (como en su campaña de 2019 saludando a líderes mundiales) que cosecha como nadie la gran alianza con EE UU. Pero Trump venía evitando efectuarla, a causa del deterioro de la relación mutua (a raíz del fallido intento en febrero de derrocar al régimen iraní, de cuya viabilidad Netanyahu convenció a Trump), así que llegó este domingo casi como una sorpresa. A ocho días de las elecciones, sin embargo, un 39% de israelíes dice que “nada” cambiará ya su voto y otro 45% que solo un cambio en la situación de seguridad, el coste de la vida o un escándalo político, según una encuesta de la radiotelevisión pública. De hecho, el anuncio apenas ha modificado en Polymarket, el mayor mercado de predicción del mundo, el porcentaje de quienes apuestan a que Netanyahu seguirá como primer ministro tras los comicios, un 29%.