La princesa Leonor incluye en su discurso de los Premios Princesa de Asturias el problema de la vivienda: “Los jóvenes nos hacemos preguntas ante la imposibilidad de tener una vida y una casa”
La princesa Leonor se subió al escenario del Teatro Campoamor decidida a hablar de tú a tú, dejando a un lado la rigidez del protocolo y poniendo sobre la mesa lo que de verdad preocupa a los jóvenes de su edad. Rescatando unas palabras de María Zambrano sobre el futuro y lo inédito, la heredera reconoció con total naturalidad: “Siento una mezcla de vértigo e ilusión, porque así es, los jóvenes nos hacemos preguntas”.
Fueron dudas muy pegadas a la realidad cotidiana, marcadas por un entorno saturado de redes, conflictos y problemas económicos: “¿Cómo afronta mi generación semejante complejidad? ¿Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa?”. Ante semejante panorama, Leonor quiso dejar claro desde qué lugar se dirigía al auditorio: “¿Cómo puedo mostrarme ante ustedes sincera, ni ilusa, ni apocalíptica, ni cínica, ni dramática?”.
Para encontrar respuestas y recuperar la ilusión, prefirió fijarse en el ejemplo de los premiados a través de vivencias muy humanas. El momento más familiar de la ceremonia llegó al recordar a los Estudios Ghibli con una anécdota familiar que sacó sonrisas en el teatro: “Mi madre nos lleva a ver Ponyo en el acantilado. Para Sofía es su primera vez viendo una película en un cine. No llega a los dos años y está sentada en el regazo de mi madre.
“Yo me quedé hipnotizada con la historia”. Ese valor de lo artesanal y lo íntimo continuó al hablar del escritor Julian Barnes y de su emocionante libro de memorias, donde Leonor aprovechó para reivindicar el corazón frente a las máquinas: “Donde hurga usted, señor Barnes, es en el más esencial y precioso sentido de la existencia humana. Y ninguna IA, me parece a mí, podrá replicar la emoción que provoca su obra”.
Esa misma búsqueda de autenticidad la llevó a hablar de pasiones compartidas como el deporte y la música. Al elogiar la trayectoria de Leo Messi, destacó a un genio que “convirtió lo extraordinario en rutina, interpretando el juego y decidiendo lo más efectivo en décimas de segundo y respetando la esencia colectiva por encima del ego”. Poco después, mostró su admiración sin filtros por la cantante Patti Smith, fascinada por su rebeldía y por esa “libertad cruda y desafiante que no pide permiso”, recordando que la artista “no pretende gustar, lo que quiere es existir y experimentar por necesidad y no por estética”.
La ciencia tampoco se quedó en explicaciones técnicas, sino que sirvió para recordarnos el valor del compañerismo y la humildad. Tras mencionar la bóveda de semillas de Svalbard y el trabajo en equipo de Balasubramanian, Klenerman y Mayer con el ADN para combatir enfermedades, Leonor se detuvo en la experiencia espacial de la astronauta Christina Koch: “Compartimos todo, estamos conectados, estamos condenados a entendernos. Somos la tripulación de la Tierra”. Una perspectiva desde las alturas que, como explicó la Princesa, “nos hace comprender que somos más pequeños de lo que pensamos y menos importantes de lo que creemos, pero siempre responsables de cada palabra y cada acción”.
Para cerrar su intervención, Leonor insistió en que venir cada año a Oviedo tiene todo el sentido porque “necesitamos confiar”. Acudiendo a una reflexión de Václav Havel, recordó que “la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certeza de que hay cosas que tienen sentido y que merece la pena defender pase lo que pase”. Un mensaje vitalista y con los pies en la tierra que selló con el verso de Paul Valéry que acompañó a Hayao Miyazaki en el cine: “El viento se levanta. Hay que intentar vivir”.
Con este cierre y una ovación rotunda en el Teatro Campoamor, Leonor despidió una de sus intervenciones más humanas y reveladoras. A punto de cumplir 21 años, y en una edición en la que por primera vez recibió a los galardonados en solitario, la princesa demostró que el respeto institucional no está reñido con hablar sin distancia.