Cuál es el efecto de la soja en la menopausia y el cáncer de mama: esto es lo que dice la ciencia más allá de la controversia
Cuando se habla de salud hormonal femenina, la soja es uno de los alimentos que más controversia despierta. Durante años, su contenido en fitoestrógenos ha alimentado el temor a posibles alteraciones hormonales y a un mayor riesgo de cáncer de mama. Al mismo tiempo, se ha popularizado como una alternativa natural para aliviar los síntomas de la menopausia. Pero ¿qué sabemos realmente sobre sus efectos?
Según explica la nutricionista Marta Marcé, especializada en menopausia y perimenopausia, los fitoestrógenos o isoflavonas presentes en esta legumbre tienen una estructura similar a la de los estrógenos humanos, aunque su comportamiento es diferente. “No actúan como nuestros estrógenos naturales”, señala en su análisis, donde destaca que su efecto es más suave y que pueden actuar como moduladores del sistema hormonal.
Más allá de los síntomas menopáusicos, la soja puede desempeñar un papel interesante en la prevención de algunos problemas asociados al envejecimiento. El Hospital Clínic de Barcelona destaca sus posibles beneficios para las mujeres posmenopáusicas con riesgo de osteosarcopenia (la combinación de pérdida de masa ósea y muscular) y obesidad.
Por otra parte, la soja aporta proteínas vegetales de alta calidad, necesarias para mantener y desarrollar la musculatura. Este aspecto cobra especial importancia después de la menopausia, cuando los cambios hormonales y el envejecimiento pueden favorecer la pérdida de masa muscular y densidad ósea.
La osteoporosis, que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas, afecta aproximadamente al 30 % de las mujeres, según el Hospital Clínic. Así, la proteína de soja podría contribuir al mantenimiento del sistema musculoesquelético, aunque no sustituye otras medidas preventivas, como el ejercicio de fuerza y una alimentación equilibrada.
Además, se apunta a posibles beneficios metabólicos. La proteína de soja se ha relacionado con una disminución de los niveles de azúcar e insulina, lo que podría favorecer el control de la grasa corporal. Este aspecto resulta relevante porque la caída de los estrógenos puede facilitar la acumulación de grasa visceral tras la menopausia.
¿Ayuda realmente contra los sofocos?
Uno de los motivos por los que muchas mujeres recurren a la soja es la esperanza de reducir los sofocos. Sin embargo, Marcé advierte de que sus efectos son limitados y no todas las mujeres experimentan la misma mejoría.
La respuesta depende, entre otros factores, de la microbiota intestinal. Algunas bacterias pueden transformar las isoflavonas en equol, un compuesto con actividad biológica que podría contribuir a aliviar estos síntomas. Como no todas las mujeres tienen la misma capacidad para producirlo, los resultados son variables.
Por eso, la soja puede ser un complemento de la alimentación, pero no debe considerarse una solución universal, especialmente cuando los síntomas son intensos.
Cáncer de mama, tiroides y consumo seguro
El posible vínculo entre soja y cáncer de mama ha sido otra fuente de preocupación. Sin embargo, Marcé sostiene que “el consumo de soja no aumenta el riesgo de cáncer de mama”. El Hospital Clínic también recoge investigaciones que apuntan a posibles beneficios, aunque reconoce que existen cuestiones por seguir estudiando, especialmente en relación con determinados tratamientos oncológicos.
En caso de tomar medicación para la tiroides, Marcé recomienda evitar consumir soja al mismo tiempo, ya que puede interferir en la absorción del fármaco. Esto no significa que sea necesario eliminarla de la dieta.
Para incorporarla, las opciones más interesantes son el tofu, el tempeh, el edamame y el miso. La clave, concluye Marcé, es priorizar alimentos de calidad y mantener una alimentación variada porque, como recuerda su enfoque, “no hay alimentos milagro”: los beneficios dependen del conjunto de los hábitos diarios.