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El voto de Felipe contra Sánchez

22 October 2026 at 19:28

El nivel de radicalización de la campaña electoral se constata con lo que está sucediendo desde que se convocaron las elecciones. Es cierto que es una legislatura que Sánchez ha radicalizado hasta extremos inimaginables. La realidad es que los problemas que afectan a su gobierno, su partido y su familia explican esta espiral. Ha sido imposible que mantuviera relaciones mínimamente razonables con el Partido Popular. Las cloacas representan muy bien cuál ha sido la estrategia real diseñada desde la Moncloa. Otra cosa es que canten o no sus ejecutores que están incursos en la investigación de la Audiencia Nacional. A pesar de ello todo el mundo sabe cuál es la X. La suciedad del ventilador sanchista la han sufrido sus enemigos, tanto internos como externos, y, especialmente, la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ayuso ha sido el objetivo prioritario y la obsesión del inquilino de La Moncloa, aunque le ha salido mal. Es muy significativo que Felipe González haya anunciado que votará en blanco y lo justifique diciendo que «no es una abstención, es un voto positivo». La realidad es que el que fue secretario general del PSOE y presidente del Gobierno es un adversario implacable de Sánchez. No voy a entrar en el proceso de santificación de un líder político que hizo cosas positivas, pero también muy negativas y reprobables.

No podemos olvidar los escándalos de corrupción y los GAL. Es cierto que ahora es útil para el discurso de la oposición en contra de Sánchez, que es un problema y un riesgo objetivo para la democracia española. Es cierto que se puede considerar un voto positivo, porque es necesario recuperar un socialismo que sea más afín a lo que es en Alemania o el Reino Unido. No me gusta el socialismo que representó González, aunque es cierto que hizo cosas positivas. Es malo no tener memoria. Me sucede lo mismo con la etapa de Zapatero, aunque siempre he destacado como aspectos positivos sus nombramientos para RTVE y el CGPJ. Hay otras cosas que no comparto como el disparate de la memoria histórica o su política económica. González simboliza el PSOE que fue y Sánchez, el PSOE que nunca tendría que haber gobernado. Esperemos que después de las elecciones desaparezca el sanchismo y regrese la socialdemocracia.

Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).

© EFE

Felipe González

El escándalo de los martes sociales

21 October 2026 at 20:40

El sanchismo siempre es capaz de sorprender en un sentido negativo, incluso en sus últimos estertores. No hay duda de que tiene una capacidad de superarse realmente insólita. El problema es que nunca es para bien, sino para atropellar el Estado de Derecho. Los días pasan y la acampada en Sol sigue. Lo único importante es que el relato avance en su objetivo de intentar manipular a la opinión pública. Se basa en una zafia propaganda, dentro de la estrategia que caracterizaba a los frentes populares que la Unión Soviética trasladó en el periodo de entreguerras, organizados para destruir la democracia e imponer el comunismo. No es ninguna exageración retórica, sino la fría constatación de lo que está sucediendo en estos momentos en Europa y, por supuesto, en España. La estrategia se basa en el populismo. Es decir, en proponer soluciones fáciles a problemas complicados y agitar a la población con reivindicaciones que no tienen límite, porque su objetivo es estrictamente partidista. Dentro del disparate de esta precampaña, el Gobierno socialista comunista ha decidido gobernar a golpe del Real decreto y nos ofrece cada semana un acto propagandístico que han denominado los martes sociales. Es algo que ningún demócrata debería hacer con unas Cortes disueltas y utilizando el subterfugio de la Diputación Permanente del Congreso. Se aprueban medidas que no son urgentes para comprar el voto. No hay que sorprenderse, porque Sánchez llegó al Gobierno comprando a los diputados de Puigdemont con la amnistía. Esto nos retrotrae al caciquismo y el clientelismo de tiempos pasados, donde los diputados compraban los votos directamente con dinero. Se ha optado por la zafiedad; ni siquiera hacen promesas de inversiones en los territorios para intentar orientar el voto, sino simplemente aprueban decretos, cuya constitucionalidad resulta más que cuestionable, incluso para Conde-Pumpido o el mal jurista de Óscar Puente. No existe ningún criterio jurídico aceptable que permita legitimar el uso y abuso de los reales decretos ley por motivos estrictamente electoralistas y partidistas. No es una cuestión de oportunidad política, sino de la indignidad que caracteriza al sanchismo, ya que la única prioridad de esta banda de aventureros es seguir en el poder a cualquier precio. Y como colofón, Ayuso no puede recibir a Milei en Sol, porque está ocupada la plaza por la extrema izquierda.

© EFE

El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, preside la firma de la declaración sobre el proyecto de Real Decreto del Estatuto del Estudiantado Universitario
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