El fallo se conoció el 6 de mayo, tras competir con 48 candidaturas procedentes de 20 países. Es el séptimo galardonado japonés en la historia de unos premios que cumplen en esta edición su 46.º aniversario y que dotan a los ganadores con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró.
Una película sin red
El viaje de Chihiro (2001) nació sin un guion cerrado. Hayao Miyazaki, cofundador de Studio Ghibli junto con Isao Takahata y Toshio Suzuki, es el creador de la historia de una niña de diez años atrapada en un mundo de dioses y espíritus que nació a partir de storyboards que el director dibujaba sobre la marcha, a medida que avanzaba y aún sin conocer el final.
Una metodología de trabajo que en cualquier otra industria sería una temeridad culminó con una de las películas más aclamadas del cine reciente. El Oso de Oro de Berlín en 2002 y el Oscar a la mejor película de animación en 2003 son algunas de las estatuillas que avalan su éxito.
Cuatro décadas a lápiz
Ghibli nació en 1985, un año después del éxito de Nausicaä del Valle del Viento, de la mano de Miyazaki, Takahata y el productor Toshio Suzuki. Desde entonces, ha firmado más de una veintena de largometrajes, desde Mi vecino Totoro hasta La princesa Mononoke, con un proceso artesanal que el propio jurado pone en valor. Aunque Isao Takahata falleció en 2018, Miyazaki, de 85 años, ha seguido cosechando premios como el Oscar que recibió en 2024 por El chico y la garza.
El cine de lo cotidiano
El acta del jurado subraya que el estudio ensalza la belleza de lo cotidiano y concede un papel esencial a los instantes de silencio y contemplación, junto a valores como la empatía, la amistad y el respeto por las personas y la naturaleza. Es lo que transmite El viaje de Chihiro, con su memorable viaje en tren en el que casi nadie habla y aparentemente no pasa nada, aunque ocurre todo a la vez.
Este 23 de octubre, Studio Ghibli sumará a su trayectoria un Premio Princesa de Asturias que el actual director de los estudios, Kenichi Yoda, recogerá en una ceremonia que tendrá lugar en el Teatro Campoamor a las 18:30 horas, con la retransmisión televisiva en directo prevista desde las 18:15 horas.
Studio Ghibli, premio Princesa de Asturias, creó 'El viaje de Chihiro' sobre la marcha: Así logró una de las películas más famosas sin necesidad de un guion
No fue hasta 1978 cuando nuestro país regularizó el cambio de hora dos veces al año. Una medida que, hasta que el Parlamento Europeo llegue a un acuerdo, seguirá vigente en los estados miembros.
Este 25 de octubre de 2026 tiene una singularidad, y es que el Gobierno propuso a Bruselas en octubre del año pasado que este fuese el último año con cambios estacionales, y cuestionó, además, que España siga en el huso de Europa Central (UTC+1), cuando buena parte de su territorio queda más cerca del meridiano de Greenwich.
Sin embargo, la propuesta lleva años bloqueada en la Unión Europea pese a que los expertos advierten de que el cambio de hora acarrea más perjuicios que beneficios en cuanto a salud se refiere.
El primer cambio de hora en la historia de España
Por norma general, las agujas se ajustan de un sábado a un domingo, aunque históricamente no siempre ha sido así. En los inicios, el primer cambio al horario de verano ocurrió en 1918, concretamente un lunes 15 de abril a las 23:00 horas, para transicionar meses más tarde al horario de invierno de nuevo, en un domingo 6 de octubre.
La razón: el ahorro energético. La escasez de carbón provocada por la Primera Guerra Mundial obligó a intensificar la producción y a reducir el consumo y, a la vez, a sintonizar el horario con los países vecinos.
Cronología del cambio horario
1918| Primer cambio de hora en la historia del país, un lunes 15 de abril a las 23:00 horas.
1920-1923| Durante estos años, no hubo cambios de horario.
1924| Los cambios de hora se produjeron el 16 de abril a las 23:00 horas y el 4 de octubre a las 01:00 horas.
1925| Este año tampoco hubo cambios de horario.
1926-1929| Aún en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, exceptuando 1925, se siguió cambiando la hora en octubre y abril.
1930-1936| Durante la dictablanda de Dámaso Berenguer, el último Gobierno de Alfonso XIII y la Segunda República, no hubo cambios de horario.
1937-1946| Tanto durante la Guerra Civil como durante la primera parte del franquismo, hubo cambios de hora de forma intermitente.
1949| Se recupera el cambio de hora.
1950-1974| Entre estos años, España estuvo 24 años sin cambiar de horario.
1974-1977| Se aplicaron los cambios de hora en sábado o domingo a las 23:00 horas en horario de verano y a las 1:00 horas en horario de invierno.
1978| De aquí en adelante, siempre domingos a las 2:00 horas y a las 3:00 horas de la mañana.
Los cambios de hora discontinuos hasta 1978 se deben a causas contextuales, principalmente ligadas al ahorro de consumo de energía eléctrica. Es el caso de 1949, cuando se recuperó el cambio de hora tras dos años sin alteraciones bajo el argumento de ahorro energético.
Sin embargo, de 1950 a 1974, España vivió un período estancada en el horario oficial de invierno. Pero, aunque legalmente España estaba en su "horario de invierno", los españoles vivían con el horario solar que por geografía correspondería a verano. No fue hasta 1974 cuando se introdujo el verdadero horario de verano actual (GMT+2), obligándonos a cambiar la hora dos veces al año otra vez.
La Alemania nazi configuró el cambio de hora y el ritmo de vida que llevamos hasta hoy
El intervalo de 24 años de pausa se debe a que, en 1940, el régimen de Franco adelantó los relojes una hora para sintonizar a España con el huso de la Alemania nazi (GMT+1), facilitando así la logística europea en plena Segunda Guerra Mundial. Tras adelantarse los relojes de forma permanente en 1940 (GMT+1), el gobierno consideró que las tardes ya tenían suficiente luz optimizada y, añadido al posterior crecimiento industrial durante las décadas de los 50 y 60, se consideró innecesario aplicar parches de racionamiento energético. De este modo, se priorizó la comodidad y estabilidad de mantener una hora fija que se rompería en 1974 a causa dela asfixiante escasez provocada por la crisis mundial de petróleo.
Las máquinas de protonterapia que la Fundación Amancio Ortega donó a la sanidad pública en 2021 llegarán en breves a 9 hospitales españoles. Se prevé que dos de ellas comiencen a funcionar durante el primer trimestre de 2027: una en el hospital Universitaria de Santiago de Compostela y otra en el Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid).
Este viernes 23 de octubre, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas se reunirán en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud para evaluar y, previsiblemente aprobar, los criterios de prioridad de los pacientes que requieran dicho tratamiento, así como las adjudicaciones de los centros que corresponderán a los pacientes de cada comunidad autónoma.
La diferencia con la radiación, el componente innovador
La protonterapia es un tipo de radioterapia que, en vez de utilizar fotones (rayos X de alta energía) como en la radioterapia convencional, funciona con protones (partículas pesadas con carga positiva). De esta manera, este tratamiento concentra las dosis con mayor precisión en la zona del tumor, dañando en menor medida al tejido sano. No obstante, esta técnica no va a sustituir a la radioterapia convencional, pues continúa siendo la más indicada para tratar múltiples tipos de cáncer.
La calculadora de prioridad
Para establecer el orden de fila de los pacientes que podrán beneficiarse de las máquinas de protonterapia, se ha establecido una 'calculadora de priorización' que abarca nueve parámetros clínicos: edad, lugar del cuerpo donde se halla el tumor, recomendación de tratamiento de protonterapia para el tipo de cáncer, si existe metástasis o no, si se ha administrado reirradiación en la misma zona, si la situación clínica requiere atención preferente, la radiosensibilidad del paciente, la preservación de la fertilidad y, en los casos en los que corresponda, la reducción de dosis al feto.
Por cada uno de estos nueve criterios se asignarán puntos a los pacientes para calcular su nivel de preferencia en la lista que determinará el orden de intervención. Esto no significa que la calculadora vaya a restringir el acceso a algunos necesitados, todos los pacientes que tengan prescrita esta técnica para el tratamiento de su cáncer podrán acceder a ella, independientemente de la puntuación obtenida.
Los menores de 14 años van primero
La edad será el factor más decisivo en este proceso: cuanto más joven sea el paciente, con más puntos contará para ser atendido antes. De este modo, los menores de 14 años recibirán la puntuación más alta: 10 puntos. Seguidamente, los pacientes de entre 15 y 19 años (9 puntos) y los de 20 a 26 (8 puntos). Los enfermos de 27 a 30 años sumarán 7 puntos, a los de entre 31 y 35 años se les asignarán 6, y así sucesivamente.
En el cálculo, el segundo parámetro más relevante es la ubicación del tumor. Contarán con prioridad aquellos con tumores en la base del cráneo o en la órbita, por nombrar algunos ejemplos.
Respecto a la recomendación de protonterapia como tratamiento, se asignará más puntuación a los pacientes con ependimoma (tumor primario del sistema nervioso), glioma (originado en las células gliales del cerebro) o meduloblastoma (tumor cerebral de crecimiento rápido), entre otros.
El factor metástasis
Presentar metástasis resta prioridad, incluso excluye a un paciente de recibir protonterapia. La metástasis implica que las células cancerosas se han propagado desde el tumor original hacia otras partes del cuerpo a través de la sangre o el sistema linfático, así que, aunque se extermine con máxima precisión el tumor primario mediante esta técnica, la enfermedad continúa activa en el resto del organismo. En cualquier caso, los médicos serán los encargados de decidir qué pacientes requieren este tratamiento con atención preferente.
Una inversión de 280 millones de euros
Por el momento, España sólo cuenta con dos centros equipados con esta tecnología. Ambos privados y en la capital: el Centro de Protonterapia de Quirónsalud y la Unidad de Protonterapia del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra.
La donación de 280 millones por parte de Amancio Ortega, sumará 10 equipos más distribuidos entre nueve hospitales del país, todos ellos del modelo Proteus ONE de la empresa IBA, la misma utilizada en Quirónsalud.
Los hospitales beneficiarios serán el Hospital de Santiago de Compostela, el Hospital Universitario de Fuenlabrada, el de La Paz de Madrid, La Fe de Valencia, el Hospital Universitario de San Sebastián, la Unidad de Protonterapia de Cataluña (que contará con dos máquinas), el Hospital Doctor Muñoz Cariñanos de Sevilla, el Hospital Materno Infantil del regional de Málaga y el Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín. Se estima que cada máquina podrá tratar entre 200 a 330 enfermos al año.
Mientras no estén instalados todos los equipos, la sanidad pública seguirá derivando a los pacientes que precisen este tratamiento a los dos hospitales privados equipados actualmente.
Asignación del hospital por autonomías
Cuando estén todas las máquinas operativas, que se espera que ocurra entre el último trimestre de 2028 y el primero de 2029, se adjudicará el centro que tratará al enfermo en función de la autonomía en el que este resida. Así, el equipo de Valencia atenderá a valencianos y murcianos; los de Madrid, a madrileños, castellanomanchegos, extremeños y castellanoleoneses (de Valladolid, Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca y Soria); los de Cataluña a catalanes, baleares y aragoneses: y los de Andalucía a andaluces, ceutíes y melillenses. En San Sebastián se tratará a vascos y navarros; en Galicia a los gallegos; en Santander a cántabros, asturianos, riojanos y castellanoleoneses de Burgos, Palencia y León; y en Canarias, a los canarios.
Desde el momento en el que ya haya un equipo operativo, la distribución se realizará en función de la autonomía de residencia, aunque, por razones clínicas o logísticas debidamente justificadas, un paciente podrá recibir tratamiento en un centro distinto al que le corresponda mediante un modelo de distribución regulada.