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¿Por qué sobrevivieron los cocodrilos y no los dinosaurios?

By: Juan · Scaliter
21 October 2026 at 21:08

Hace 66 millones de años, un asteroide impactó contra la Tierra y desencadenó una de las mayores extinciones de la historia. Desaparecieron los dinosaurios no avianos, pero algunos de sus contemporáneos sobrevivieron. Entre ellos estaban los antepasados de los cocodrilos actuales. En los (millones de) años antes de la visita del asteroide, nuestro planeta no solo albergaba dinosaurios, también estaba habitada y hasta gobernada en algunos ecosistemas, por antepasados de los cocodrilos. En el norte del continente americano el “rey” era el colosal Deinosuchus (10-12 metros de longitud), en África el que sembraba el terror era Sarcosuchus (11-12 metros), mientras que en Sudamérica el depredador era el Kostensuchus (4-5 metros), también apodado “el come dinosaurios”. Todos ellos, o al menos sus nietos, lograron sobrevivir a la “hecatombe del cielo”. ¿Por qué ellos sí y los dinosaurios no?

Un estudio liderado por científicos del University College London (UCL), publicado en Science Advances, ha reconstruido la distribución de los parientes de los cocodrilos durante los últimos 245 millones de años. Para ello analizaron más de 7.000 fósiles y registros de más de 400 especies, vivas y extintas, y los combinaron con reconstrucciones informáticas del clima y la geografía de la Tierra. El resultado apunta a una constante sorprendente: a lo largo de su historia, estos animales tendieron a permanecer en regiones cálidas, desplazándose con ellas a medida que el planeta cambiaba.

“El asteroide no convirtió todo el planeta en un lugar igualmente hostil para todos los grupos - explica el líder del estudio, Alfio Alessandro Chiarenza -. La preferencia de los cocodrilos, desde hace mucho tiempo, por los entornos cálidos pudo haber situado a los supervivientes precisamente en lugares donde los climas adecuados se mantuvieron mejor, como en las zonas cercanas al ecuador. Estos refugios podrían haber albergado poblaciones que, más tarde, se recuperaron y se dispersaron hacia otras áreas”.

Para llegar a esta conclusión, los científicos estimaron las preferencias de temperatura y precipitaciones de cientos de especies a partir de los fósiles, los árboles evolutivos y la distribución actual de los cocodrilos. Después proyectaron esos requisitos sobre mapas de la Tierra en distintas épocas. Así descubrieron que los antepasados de los cocodrilos no necesitaron adaptarse continuamente a climas nuevos: en gran medida, emigraban hacia las zonas cálidas.

Durante el Eoceno temprano, hace unos 50 millones de años, el planeta era mucho más caliente que hoy, con temperaturas globales alrededor de 10 grados superiores y regiones polares sin hielo. En aquellas condiciones, estos reptiles llegaron a vivir en latitudes altas de América del Norte, Europa e incluso la Antártida. A medida que el mundo se enfrió durante los millones de años siguientes, su distribución volvió a concentrarse en los trópicos. No fue, por tanto, una historia de conquista permanente de nuevos territorios, sino de seguir el termómetro del planeta.

El equipo también simuló distintos escenarios climáticos posteriores al impacto de Chicxulub. El polvo y las cenizas pudieron reducir la luz solar, mientras que las erupciones volcánicas pudieron aumentar el dióxido de carbono atmosférico. En las simulaciones con una reducción de la luz del 5% o del 10%, las regiones cálidas próximas al ecuador seguían siendo adecuadas para los parientes de los cocodrilos. Con una disminución del 15%, en cambio, esos refugios dejaban de serlo, aunque los autores señalan que este escenario extremo se considera actualmente poco probable. El aumento de dióxido de carbono, por sí solo, no alteraba de forma significativa la idoneidad climática para estos animales.

Mientras tanto, los dinosaurios no avianos, según modelos anteriores del mismo equipo, sufrieron una contracción mucho más drástica de sus áreas climáticamente habitables. La diferencia no demuestra que el clima fuera la única causa de su desaparición, pero sí sugiere que el lugar donde vivía cada grupo pudo marcar una diferencia decisiva cuando las condiciones cambiaron de forma abrupta.

Además, los cocodrilos contaban con otras posibles ventajas: eran animales ectotermos, que dependen del calor ambiental para regular su temperatura corporal y suelen tener menores necesidades energéticas que los animales de sangre caliente; muchos llevaban una vida semiacuática, tenían dietas flexibles y algunos eran relativamente pequeños. El estudio no permite medir por separado cuánto contribuyó cada característica a su supervivencia.

La imagen actual de los cocodrilos, con sus cuerpos robustos y su aspecto relativamente uniforme, tampoco refleja la diversidad de sus antepasados. “Los cocodrilos suelen llamarse fósiles vivientes, pero sus antepasados y parientes cambiaron enormemente a lo largo de su historia”, recuerda Chiarenza. Lo que sí permaneció sorprendentemente constante fue su relación con el clima.

El estudio también tiene una lectura para el presente. “Si los cocodrilos afrontaron buena parte de los cambios climáticos del pasado desplazándose hacia hábitats adecuados, las especies actuales necesitarán espacio para moverse a medida que el planeta se caliente - concluye Philip Mannion, coautor del estudio -. Las carreteras, los cultivos y las ciudades dificultan esos desplazamientos y reducen las áreas disponibles”. Sobrevivir a una catástrofe no depende únicamente de resistirla. A veces, también depende de que quede un lugar al que escapar. Para los antepasados de los cocodrilos, los trópicos pudieron ser ese refugio cuando el mundo se oscureció.

© Davide Bonadonna

Así era uno de los cocodrilos que convivió con los dinosaurios.
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