Bruxelas apoia jornalismo com 20,5 milhões de euros

© TOMÁS SILVA/OBSERVADOR

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No habían pasado ni cinco días del asesinato del policía belga Nordine El Tabi, hallado con un disparo en la cabeza en la región de Bruselas en la madrugada del 12 al 13 de octubre, y tres de los implicados en el crimen ya habían puesto 2.100 kilómetros de por medio. Los sospechosos, que rondan la veintena, fueron arrestados por agentes de la Guardia Civil a última hora de la tarde del pasado viernes cuando estaban en la terraza de un restaurante de kebab en Almería capital. Las autoridades belgas sospechaban que querían huir a Marruecos y pidieron ayuda a través de los mecanismos de cooperación policial. Un intenso operativo de vigilancia terminó dando sus frutos en un negocio situado en los alrededores del Puerto de Almería. “Lo más complicado fue detectarlos”, asegura un mando que participó en la actuación. El margen para llegar a tiempo es muy corto. “No siempre sale tan bien, a veces se te van”, añade.

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Decenas de miles de jóvenes han tomado las calles en Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia y Albania. Se suman así a la llamada revolución de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), que impulsó en los dos últimos años la caída del Gobierno de Bangladés, la dimisión del primer ministro de Nepal y la disolución del Gobierno de Madagascar. Ahora, en Europa, a las puertas de un superciclo electoral, en el que se decidirán los gobiernos de cuatro de los cinco países más poblados de la UE (Francia, Italia, España y Polonia), los jóvenes comparten un descontento generacional marcado por la sensación de que su futuro se vuelve cada vez más estrecho y precario.

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