Las cuatro fases de captación de menores en redes criminales de ciberdelincuencia
La adolescencia, intensa etapa de crecimiento, poda sináptica y fulgor emocional resulta ser un activo especialmente interesante para las redes de ciberdelincuencia. Es una suma de factores. La laxitud en las penas, ciertas condiciones socio-económicas, su mayor vulnerabilidad y exposición a la manipulación se suman a las ansias de transgresión propias de esa edad. El cóctel perfecto para la captación. Así nacen desde pequeños delincuentes hasta mini ciberterroristas que van tejiendo su carrera delictiva desde lo que antes era un juego hasta lo que luego puede convertirse en cárcel.
Cada vez más grupos de ciberdelincuentes reclutan a menores o adultos jóvenes para cometer delitos informáticos. Los delincuentes se infiltran en redes sociales, videojuegos y plataformas de mensajería como Telegram, Discord o foros. El primer paso es charlar con ellos para descubrir sus gustos, quejas y aspiraciones. Buscan el perfil idóneo, es decir, fácil de manipular y con ciertas habilidades informáticas. Una vez detectados, el segundo paso es establecer una conexión disfrazada de simpatía o amistad. En algunos casos, el proceso de captación empieza por ayudarles a conseguir recompensas o monedas en videojuegos saltándose algunas reglas.
La tercera fase es probarlos. Se les proponen juegos, retos, pequeños desafíos para testar la osadía y la destreza. El compromiso. Tareas que van desde la programación hasta intrusiones informáticas. Después, si ven que el perfil colabora, empiezan a ofrecer -y pedir- cada vez más. Las conversaciones informales pasan a transformarse en falsas promesas de oportunidades de dinero fácil o pago en criptomonedas. Atraen a los jóvenes a través del lujo y el estatus.
Los grupos internacionales de ransomware (programas maliciosos que roban y secuestran archivos tanto de particulares como de empresas con el objetivo de exigir pagos para devolver el acceso) buscan jóvenes de distintas nacionalidades para usarlos en los países donde pretenden llevar a cabo las acciones delictivas. Más allá de sus capacidades informáticas, los menores occidentales resultan útiles también por su idioma: para realizar, por ejemplo, llamadas de extorsión, redactar mensajes creíbles, negociar rescates o conversar con las víctimas. Así, algunos acaban formando parte de redes internacionales usadas hasta en las guerras híbridas.
En cuanto se entra, aunque no sea imposible, tampoco es sencillo salir. A menudo estas redes usan como cuarta fase la manipulación psicológica o la coerción para mantener la fidelidad de su equipo de crackers. Los criminales conocen sus delitos y los chantajean con revelar su identidad o datos privados si se niegan a seguir colaborando.
No es un juego de niños. Producen daños valorados en miles de millones de dólares, como los ocasionados por Scattered Spider, ShinyHunters, BlackCat, ALPHV o Lapsus$. Precisamente estas redes recurren a la colaboración de chavales jóvenes. En algunos casos estos adolescentes terminan formando parte del grupo conocido como The Com (The Community), una organización a la que el FBI lleva siguiendo el rastro el último año. Los ataques pueden convertirse en estafas, phishing, robo de datos o daños a infraestructuras, empresas o instituciones. De todo tipo. Recordarán el masivo robo de información privada de doscientos millones de usuarios de Pornhub.
Un problema que afronta también España y un ejemplo reciente lo encontramos en la Comunidad Valenciana. La Guardia Civil y los Mossos llevaban un tiempo detrás de KillSec, un grupo investigado por cerca de un millar de ataques informáticos repartidos por todo el mundo. El 30 de septiembre se ejecutó la Operación KillSwitch, una acción policial transnacional en la que un adolescente de 16 años de nacionalidad rumana que vivía en Alicante resultó ser el presunto principal responsable de una organización internacional de ransomware. El chaval habría empezado su andadura criminal con apenas 12 años. Pero lo llamativo, más allá de su edad, estaba en su poder adquisitivo: había conseguido acumular teléfonos de última generación, relojes o motocicletas.
Europol insiste en señalar que las organizaciones criminales usan cada vez más videojuegos, redes sociales y aplicaciones de mensajería como medios para captar jóvenes y menores. En este sentido, el Proyecto COMPASS iniciado en 2025, al que pertenece España, intenta combatir The Com en sus tres redes principales: cyber com, que serían las intrusiones informáticas o ataques contra sistemas y ransomware; offline com, los delitos violentos y daños materiales, hasta llegar al (s)extorsion com, la explotación sexual, el chantaje y la coacción de menores.
España registra cada vez más ciberdelitos. Este tipo de criminalidad ya representa casi el 20% de la delincuencia total. Aunque afecte a todo el país, Andalucía, Cataluña y Madrid son las comunidades que más ciberdelitos registran. Los menores pasan más desapercibidos, a menudo la familia no conoce su recorrido porque es muy difícil saber qué hacen cuando están solos con su móvil u ordenador. Pero hay señales. Desde dejar de pedir la paga, un aumento de objetos de valor, sumas de dinero de procedencia desconocida, aislamiento social y horarios nocturnos, entre otros. Observar los detalles puede frenar a tiempo la deriva delincuencial. Un equilibrio entre vigilancia y libertad.
