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“Putamadre”, una obra de teatro actuada por los verdaderos protagonistas: mi hijo y yo

22 October 2026 at 17:58

Abrir las puertas de un hogar y ventilar los microsegundos que le dan cuerpo al vínculo de una madre y un hijo a los que la cosa no les sale como soñaron, es exponer el cuerpo a una cirugía a corazón abierto. Pero hacerlo a través de hechos artísticos como ocurre en Putamadre, la novela de mi autoría y la obra de teatro con registro audiovisual, es trascender lo vivido y hacer de eso lo creado.

Putamadre es mi historia junto a mi hijo. Desde ahí parte y se nutren ambos lenguajes, construyendo un relato a dos voces. Ella, desde el escenario, él, desde la cárcel. Soy una actriz que hasta hoy masticó la frustración de no ejercer como lo soñé. Soy periodista, productora y escritora, las tres profesiones me salen bastante bien. Soy mamá y en ese rol, a veces tengo la certeza de que soy la peor de todas.

“Debe ser difícil sobrevivir a una mamá que quiere matarse una y otra vez”, reflexiona la madre en escena.

Putamadre es una experiencia escénica que se vale del recurso audiovisual para construir un diálogo honesto, irónico, sin pretensiones en el que nos perdemos entre la ropa de los personajes y nosotros mismos. La madre, en el escenario, reconstruyendo y ficcionando las escenas con las que coquetea la memoria. Desde la pantalla, actuando y relatando, el hijo, privado de su libertad desde hace cinco años.

“Tengo la mejor mamá del mundo. Tengo la peor mamá del mundo”, dice el personaje del hijo mirando a cámara”.

Putamadre es un hecho artístico que está vivo y va tomando diferentes formas, se agarra de distintos lenguajes como tabla de salvación, supervivencia y provocación. Es una historia como tantas, que al volcarla a un papel, escenario o pantalla, borra sus propios bordes y la realidad se fusiona con la ficción.

Putamadre trata del vínculo entre una madre y un hijo, haciendo de la intimidad familiar un thriller, una comedia romántica y una película de terror, de acuerdo a día. Ahí, lo que sucede entre las paredes que sostienen el hogar, todo se vuelve innombrable, incorrecto, maravilloso, delirante, confuso, hermoso y enloquecedor.

“Puedo arrepentirme de cualquier cosa, hacer marcha atrás hasta dar un volantazo y arrasar con todo lo construido una y otra vez: cambiar de profesión, de amigos, de pareja, de color de pelo, de tamaño, de ciudadanía. Puedo drogarme o enamorarme hasta que mi corazón reviente como un sapo. Lo que no puedo hacer es dejar de ser madre”, reza la madre en Putamadre, mi novela de autoficción editada por Sudestada.

Imagen de la puesta en escena de

El proceso artístico comenzó la noche en que Claudio Plano, actual socio en la producción de Putamadre, me propuso llevar la novela al teatro y al instante, con una copa de vino en la mano, brindamos por nuestro proyecto. Soy una privilegiada por haber tenido absoluta libertad en la elección del equipo que formamos, un equipo que, en reglas generales, acompañó y potenció un recorrido bastante diferente.

La primera pregunta que me hice fue si quería actuar yo o prefería ofrecer el personaje a otra actriz. En las presentaciones performáticas de la novela, Sofía Gala Castiglione leía a la madre y ella, en mi imaginario, era la única que podía interpretarme. Ella es mi amiga, es bellísima y se le notan los tajos. No esconde que le cuesta el mundo. Tiene la liviandad y la densidad de la honestidad brutal. Sin embargo, decidimos ir directo a la primera persona.

Con esta decisión apareció lo impensado para todos menos para mí: El personaje del hijo debía hacerlo mi hijo. Era la única forma que yo podía subirme al escenario. Desde el primer momento sentí que íbamos a lograrlo. Apenas conseguí la autorización para rodar en el penal, lo hicimos. Armamos un equipo reducido en el que prioricé la comodidad de mi hijo. Personas muy cercanas y queridas llevaron adelante los roles que más contacto tenían con él: Gonzalo Zapico en cámara y Lola Berthet como coach actoral.

Con un material cinematográfico riquísimo logrado gracias al profesionalismo y la entrega de Santi para cada escena, sumado a la buena predisposición del Servicio Penitenciario Bonaerense, junto a Tere Donato, le dimos forma a la dramaturgia, que como todo guion, es el plano de la casa. Luego, en Dumont 4040, con la mirada y el talento de Felicitas Kamien como directora, comenzamos a rellenar la base, levantar algunas paredes, tirar abajo otras, pintarlas y colocar el techo. Al poner el cuerpo, la historia toma otros colores, otras texturas, otra profundidad. Arte y memoria se complotan para encontrar la mejor manera de contar.

“No es odio, es amor. Siempre es amor”, concluye el hijo.

Ser madre me constituye. Siempre soñé con la maternidad. Sin embargo, a veces siento que parí sin haber leído el manual de buena madre. ¿Existe tal manual? ¿Qué se hace cuando la maternidad sale mal a los ojos de una sociedad? En este derrotero de aceptación radical, en el que la madre intenta sostener a un hijo al que el horror lo alcanzó demasiado pronto y un hijo que sobrevive a una madre que frente a la desgracia desea morir, se ponen en evidencia las fallas de un sistema que expulsa a quienes no encajan. Estos personajes que son el reflejo de nuestra memoria emotiva, inventan un mundo propio dentro y fuera del escenario, dentro y fuera de internaciones, dentro y fuera de la cárcel, dentro y fuera de los bordes.

“No quiero ser más tu mamá, ¿puedo?”, le pregunta la madre a su hijo en medio de la tempestad.

Las funciones son los viernes a las 21:30 h en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, Chacarita, CABA) (Sebastián Freire)

Con esta y muchas otras preguntas que no pretenden encontrar respuestas, un equipo soñado y con la premisa inapelable de corrernos de cualquier bajada de línea, comenzamos el viaje hacia Dumont 4040, un espacio que siento desde el primer día que lo pisé, mi hogar. Me gustan los lugares de donde no me quiero ir.

El amor, sobre todo. Pararnos hoy con mi hijo y encontrar la manera de disfrutar y valorar nuestro vínculo es el mejor regalo de la vida. Más allá del contexto y que contamos los días para abrazarnos de este lado del muro, hay algo que el arte logra: borrar los barrotes y construir por momentos nuestro propio mundo. Hay una forma propia de estos dos personajes de estar en el mundo, una forma estruendosa, de colores intensos, provocadora, impregnada y desbordada de un amor que lo abarca todo, que excede los rótulos o roles.

Este proyecto trajo a nuestra orilla a personas con una calidad profesional, un recorrido invaluable y esa humanidad que tanto necesita el arte: Daniel Ortega y su equipo en el diseño de iluminación, Julia Freid en la escenografía, Julieta Harca en diseño y realización de vestuario, Marisol Cambre en prensa, Camila Marino Alfonsín e Inés Zimmerman, y Atelier Pucheta Paz en el vestuario para las fotos realizadas por Sebastián Freire y Paulina Serra en el penal. La escenografía fue íntegramente realizada en los talleres de herrería del penal con mi hijo como director de obra.

Subirse a la montaña rusa que es Putamadre es aceptar que hay algo político y emocional que excede el hecho artístico. Nada de lo que ocurre en esta obra ofrece respuestas tranquilizadoras. Ojalá quien venga a vernos, salga de la sala confundido, sin encontrar víctimas, victimarios, culpables o redimidos.

* Las funciones son los viernes a las 21:30 h en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, Chacarita, CABA)

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