❌

Normal view

Olvida la nata y la mantequilla: el ingrediente saludable con el que sustituirlas en tus platos que aporta cremosidad

22 October 2026 at 08:09

Olvida la nata y la mantequilla: el ingrediente saludable con el que sustituirlas en tus platos que aporta cremosidad

Este fruto seco puede procesarse en una crema perfecta tanto para usarla como untable como para aportar textura a nuestros platos

Ni tortilla ni frittata: cómo hacer rösti, el plato típico suizo que se hace con patata y poco más

Los preceptos básicos de la cocina suelen atribuirle propiedades únicas a una serie de alimentos. Así, la maicena es el ingrediente estrella para engordar salsas, y a los alimentos grasos de origen animal, como la nata y la mantequilla, se les atribuye la exclusiva a la hora de aportar cremosidad a nuestras recetas. Pero debes saber que hay un ingrediente vegetal con la capacidad de aportar untuosidad a tus recetas. Todo sin necesidad de incorporar una gota de lactosa, y con la capacidad de convertir en veganos un gran abanico de platos.

Este ingrediente es el anacardo. Aunque resulte difícil de creer que un fruto seco pueda convertirse en un ingrediente para que nuestros platos queden cremosos, lo cierto es que suelen ser una constante. Recordemos que existe, por ejemplo, la popular crema de cacahuete o la de pistacho, que se ha incorporado recientemente a los comercios generalistas. Pero, debido a su fuerte sabor, no suelen emplearse en cremas o salsas a no ser que se busque que tomen protagonismo.

Esto no ocurre con el anacardo, que seguramente habrás observado que en crudo suele presentar un sabor muy suave. Su textura mantequillosa en boca es un indicativo de que, en efecto, puede convertirse en una crema, perfecta tanto para usarla como untable como para aportar cremosidad a nuestros platos. Un sustituto perfecto para la mantequillla y la nata.

De acuerdo con la Academia Española de Nutrición y Dietética, los anarcados son unos frutos secos ricos en proteínas vegetales, pudiendo aportar hasta 18 gramos por cada 100 gramos de este alimento. No solo eso, también destacan por su contenido de minerales, como el magnesio, el fósforo y el zinc. En el apartado de las vitaminas, es notable su aportación en las del grupo B. También son fuente de ácidos grasos monoinsaturados, similares a los del aceite de oliva.

Cómo preparar crema de anacardos

Recuerda dejar enfriar la trituradora mientras preparas la crema de anacardos
Recuerda dejar enfriar la trituradora mientras preparas la crema de anacardos

Como hemos comentado, los anacardos son el sustitutivo ideal para la mantequilla y la nata. Ahora bien, antes de poder usarlos como ingrediente es vital procesarlos y convertirlos en una crema, de manera que puedas incorporarla a tus platos sin que queden con grumos. Prepararla no puede ser más sencillo, puesto que solo necesitarás como ingrediente este fruto seco.

Necesitarás unos 200 gramos de anacardos al natural, ya que presentan un mayor contenido de agua frente a los que ya vienen tostados. También es importante que tengas una trituradora potente en casa, que pueda picar bien este fruto seco. Si lo prefieres, puedes ponerlos a remojo unas horas antes para que queden bien blandos, de manera que facilitarás el trabajo a tu trituradora. Añade los anacardos directamente a la picadora, triturando en periodos cortos para que el electrodoméstico no se resienta y se caliente en exceso.

Verás que al principio se harán polvo, pero que conforme avances en el proceso empezarán a soltar aceite. En ese momento esta pasta, que hasta el momento tenía una textura arenosa, acabará transformándose en una crema sin grumos.

Una vez lista, podrás conservarla en un tarro hermético en la nevera durante unos días, por lo que asegúrate de consumirla pronto. Si el aceite de la crema se separa del conjunto, no te preocupes, solo tendrás que removerlo dentro del recipiente. No solo podrás usar esta crema en tus recetas, también podrás aprovecharla como untable para tus desayunos, con un sabor suave que combinará a la perfección con tus tostadas dulces o saladas. Quedará especialmente deliciosa en una tostada integral, espolvoreando un poco de cacao puro en polvo por encima, además de un hilo de aceite y una pizca de sal.

Espaguetis con crema de anarcados

A la hora de preparar salsas blancas para pastas, a menudo se asume que de forma inevitable deberán contener lactosa. Por suerte, gracias a la crema de anacardos, podrás preparar unos espaguetis cremosos a la par que deliciosos. Necesitarás los siguientes ingredientes para esta receta:

  • 320 gramos de espaguetis
  • Un puerro
  • Un calabacín mediano
  • 200 gramos de champiñones
  • Una zanahoria
  • 70 gramos de crema de anacardos
  • Medio vaso de agua de cocción de los espaguetis
  • Zumo de limón
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal al gusto

Puedes añadir tus verduras preferidas a esta receta, aunque el puerro, el calabacín y los champiñones acompañan a la perfección el poco sabor que deja la crema de anacardos en este plato. El zumo de limón, por su parte, le añadirá un toque ácido interesante al conjunto. Deberás seguir estos pasos para preparar la receta:

  1. Sofríe en una sartén a fuego medio el puerro con un chorrito de aceite. Cuando se ablande y se dore, añade las zanahorias cortadas en daditos de pequeño tamaño. Por último, incorpora el calabacín y los champiñones y cocina todo hasta que quede al dente. Recuerda salpimentar.
  2. Por otro lado, cuece los espaguetis siguiendo las instrucciones del fabricante, reserva medio vaso del agua de cocción y escurre bien la pasta.
  3. Vierte la crema de anacardos y dos cucharadas de zumo de limón en la sartén con las verduras. Remueve bien, apaga el fuego y añade la pasta, junto al agua de cocción. Verás que el almidón residual que los espaguetis han dejado en el agua ligará todos los ingredientes, resultando en una salsa suave, ligera y cremosa. Rectifica la sal si es necesario.

Puedes utilizar la salsa de esta receta para preparar una salsa inspirada en la carbonara prescindiendo del huevo, añadiendo a la sartén la crema de anacardos, el guanciale frito con su jugo y el queso pecorino.

Ni tortilla ni frittata: cómo hacer rösti, el plato típico suizo que se hace con patata y poco más 

20 October 2026 at 11:56

Ni tortilla ni frittata: cómo hacer rösti, el plato típico suizo que se hace con patata y poco más 

La clave está en elegir bien las patatas, rallarlas con el grosor adecuado y dorarlas sin prisa en la sartén

Extremeñas, manchegas o costeras: tres recetas tradicionales para hacer migas con chorizo

Servido en la mesa, a primera vista, el rösti puede recordar a la tradicional tortilla de patata española o a la frittata italiana. Sin embargo, más allá de la patata, comparte poco con estas dos recetas tan populares de la gastronomía mediterránea. Originario de la Suiza germanófona, este plato se prepara, en su versión más sencilla, con patata rallada, mantequilla y sal. Aunque existen variantes que incorporan ingredientes como queso, panceta, hierbas frescas, manzana o cebolla, su elaboración no tiene grandes secretos, más allá de controlar la temperatura y tener paciencia para conseguir que la superficie quede bien dorada y muy crujiente y el interior, tierno.

A diferencia de la tortilla española y la frittata, la receta básica no lleva huevo, por lo que también puede formar parte de un menú vegano si se sustituye la mantequilla por una grasa de origen vegetal. La clave está en elegir bien las patatas, rallarlas con el grosor adecuado (ni muy finas, ni muy gruesas) y dorarlas sin prisa en la sartén. Aunque los ingredientes son pocos, el resultado depende en buena medida de la cocción: es esencial eliminar el exceso de humedad de la patata y dejar que se forme al fuego una costra crujiente antes de darle la vuelta.

Hoy está considerado uno de los grandes símbolos gastronómicos de Suiza. Sin embargo, como ocurre con muchos platos tradicionales, el rösti tiene un origen humilde y está ligado a la alimentación cotidiana de los campesinos. Durante el siglo XIX, esta preparación formaba parte del desayuno de los agricultores de la Suiza germanófona, sobre todo en los cantones de Zúrich y Berna. Con el tiempo, dejó de ser un plato exclusivamente para empezar el día y se extendió por el resto del país para convertirse en una guarnición habitual, especialmente de carnes.

La receta tiene diversas interpretaciones según la región y las costumbres de cada hogar. Mientras que en Zúrich es habitual prepararla con patatas crudas ralladas, en Berna se suele recurrir a patatas cocidas.

La importancia del rösti en la cultura suiza queda reflejada, además, en la expresión Röstigraben, que significa literalmente 'fosa del rösti'. Este término se emplea para describir la frontera lingüística y cultural entre la Suiza germanófona y la francófona, conocida como Romandía.

Receta de rösti, paso a paso

El rösti se puede servir tanto como plato principal como de acompañamiento
El rösti se puede servir tanto como plato principal como de acompañamiento

La idea del rösti suizo, convertir la patata en una tortita crujiente y dorada, es la misma que la de otros platos como el paillasson francés, el hash brown americano o los potatisbullar suecos. Si nunca has experimentado con este tipo de recetas, anota los ingredientes (calculados para cuatro comensales) y los pasos para preparar un delicioso rösti para acompañar una buena pieza de carne:

  • Un kilo de patatas
  • 50 gramos de mantequilla o cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen si prefieres una opción vegana
  • Sal y pimienta negra al gusto

Con los ingredientes preparados podemos ponernos mano a la obra con esta receta, muy sencilla de preparar:

  1. Lo primero será rallar las patatas. Vamos a empezar limpiando y pelando las patatas que hayamos seleccionado. Seguidamente, las rallamos con un rallador. Las secamos muy bien para absorber la humedad y que queden crujientes.
  2. Sazonamos. Este segundo paso consiste en salpimentar las patatas al gusto. Recuerda que no necesitamos ni huevo ni harina para compactar las tortitas, el almidón será el responsable de facilitarnos esa tarea.
  3. Primera cocción. Calentamos la grasa que hayamos escogido en la sartén. Importante que sea antiadherente para que no se pegue la patata. Una vez caliente la mantequilla o el aceite, esparcimos la patata por el diámetro de la sartén, debe quedar una capa de entre dos y tres centímetros. Cocinamos unos 15 o 20 minutos presionando, para que quede bien dorada.
  4. Le damos la vuelta. Pasado ese tiempo, haremos como con una tortilla de patatas. Sirviéndonos de un plato llano, le daremos la vuelta al rösti, y cocinaremos la parte cruda otros 15 o 20 minutos.
  5. Servimos. Cuando la otra parte esté también dorada y el interior mantenga su textura tierna, apagamos el fuego y dejamos reposar un par de minutos antes de servir. Puede ser un único plato o si quieres que sea más completo nutricionalmente, servirlo de acompañamiento a una carne.

Algunos trucos

El rösti está hecho a base de patata rallada
El rösti está hecho a base de patata rallada

Aunque el plato es muy sencillo de cocinar, siempre es útil contar con algunos consejos a la hora de preparar cualquier receta por primera vez:

  • Elige una buena variedad de patatas. Es muy importante escoger un tipo de patata con un contenido medio o alto de almidón, para que la mezcla quede bien compacta. A la hora de rallarlas, sí que deben tener las porciones un mismo grosor y tamaño para facilitar una cocción uniforme.
  • Recuerda escurrir muy bien las patatas. Es crucial que se elimine todo lo posible la humedad, puedes hacerlo con un trapo o con papel de cocina. Queremos evitar que terminen cociéndose en su líquido. Tampoco las enjuagues una vez las hayas rallado para no eliminar el almidón.
  • Cocción a temperatura media. Tienes que controlar la temperatura en todo momento. Es importante que el fuego no esté muy alto porque corres el riesgo de que la base se dore muy rápido y la patata se quede cruda por dentro; mientras que si está muy bajo, la patata absorberá mucha grasa.
  • El grosor de la tortita. Si la tortita es demasiado gruesa nos costará más cocinarla por dentro y si es demasiado fina es fácil que se nos rompa al darle la vuelta. Por eso un grosor de entre dos y tres centímetros es ideal.
  • Sírvelo de inmediato. El rösti recién hecho es como mejor está. Si vas a consumirlo más tarde, no lo tapes porque al condensarse el vapor se reblandecerá la costra que se ha creado en la superficie.

Butternut, delicata o kabocha: cómo distinguir los tipos de calabaza y cómo cocinar cada una de ellas

19 October 2026 at 14:48

Butternut, delicata o kabocha: cómo distinguir los tipos de calabaza y cómo cocinar cada una de ellas

Puede prepararse asada en el horno, en guisos o en postres. No solo eso, cada pieza cunde mucho, por lo que es ideal para preparar comida para varios días, o alimentar a varios comensales a la vez

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

Octubre es uno de los mejores meses para la calabaza, uno de los alimentos más emblemáticos y deliciosos que trae el otoño. Pese a que en el imaginario colectivo ha trascendido la imagen de una calabaza pepona, achatada, con un color naranja muy vivo, lo cierto es que se presenta en multitud de formas y tonalidades. Y con estas variedades, la calabaza ha adoptado múltiples nombres, como butternut, delicata o kabocha. No solo varían en su aspecto, también en su sabor y textura, lo que influye a la hora de cocinarlas.

El otoño no solo cambia la gama cromática de todo lo que nos rodea, también trae consigo nuevas oportunidades gastronómicas en forma de deliciosos ingredientes, como las castañas, los caquis y los cítricos. A estos frutos populares les está ganando terreno la calabaza, que está siendo rescatada de nuestro recetario gracias a su delicioso sabor, pero especialmente por su versatilidad. Puede prepararse asada en el horno, en guisos o en postres. No solo eso, cada pieza cunde mucho, por lo que es ideal para preparar comida para varios días, o alimentar a varios comensales a la vez.

Este pariente del melón, el calabacín o el pepino pertenece a la familia de las cucurbitáceas, unas plantas trepadoras rastreras de las que existen más de 800 variedades. En el caso de las calabaceras, estas crecen directamente en el suelo, en una forma que recuerda a la vid, creando estructuras complejas y entrelazadas. Su hoja es grande, ancha y aterciopelada; mientras que su flor -que también se puede comer- es extensa y amarilla, con forma de trompeta.

Con independencia de la variedad que elijas, debes saber que la calabaza es un fruto con un gran atractivo nutricional. De acuerdo con la Fundación Española de Nutrición (FEN), contiene un gran aporte de vitamina C: solo con una ración es capaz de cubrir hasta el 31% de las ingestas diarias recomendadas. Además, es rica en carotenoides, que favorecen la transformación de la vitamina A en nuestro organismo. Por si fuera poco, aporta cantidades atractivas de fibra.

Cómo cocinar la calabaza butternut

La calabaza butternut es fácil de identificar por su forma de pera
La calabaza butternut es fácil de identificar por su forma de pera

Posiblemente esta es la variedad de calabaza que más veas en el mercado o en comercios generalistas. También conocida como calabaza cacahuete o violín, estas denominaciones son extremadamente descriptivas, ya que se deben a su característica forma de pera. Su piel es de un tono anaranjado pálido y mate, con una textura fina y lisa, fácil de pelar si la comparamos con otras calabazas.

Puesto que su temporada puede llegar a extenderse hasta diciembre, es conocida como una calabaza de invierno. Se trata de una de las calabazadas más populares gracias a su versatilidad y su pulpa firme y sabrosa, que no llega a ser demasiado dulce, por lo que puede servir para preparar platos principales y postres por igual. En boca, tiene un ligero sabor a nuez, lo que le dará un toque único a platos al horno, fritos o asados.

La puedes rellenar y gratinar con quesos como el feta y el parmesano, miel y unos frutos secos para potenciar todo su sabor. Otra opción es aprovechar su textura firme, laminarla y prepararla a baja temperatura en el horno: el resultado será una calabaza melosa que podrás depositar sobre una cama de puré de patata o una cucharada generosa de queso ricotta, un entrante perfecto para sorprender a tus invitados.

Cómo cocinar la calabaza delicata

Se trata de un calabaza con la pulpa muy dulce
Se trata de un calabaza con la pulpa muy dulce

Una calabaza con un perfil gustativo lleno de carácter es la delicata, gracias a su característico sabor dulce, con notas de maíz y frutos secos. Su aspecto exterior recuerda más a un melón amarillo que a un fruto de la calabacera, gracias a su forma cilíndrica y a su color pálido, con rayas verdes. También presenta un tamaño reducido, con un peso que no suele superar el medio kilo. La temporada de esta calabaza es más tardía que la de otras variedades autóctonas, ya que la siembra y cosecha comienzan en diciembre y se extienden hasta abril.

Al igual que la calabaza butternut, su piel es fina, pero ello no impide que se pueda rellenar. De hecho, es perfecta para este fin, gracias a su pequeño tamaño, ideal para una ración. Por su sabor dulce y su pulpa cremosa, es perfecta para prepararla asada. Gracias a su alto contenido en azúcar, asumirá un aspecto glaseado, con un tostado dorado y acaramelado.

Calabaza kabocha

Se trata de una calabaza con un sabor suave e intenso que recuerda al boniato
Se trata de una calabaza con un sabor suave e intenso que recuerda al boniato

No todas las calabazas son anaranjadas, prueba de ello es la kabocha, un manjar con una piel de tonalidad verde intenso. También conocida como calabaza japonesa, se trata de un ingrediente habitual en el recetario del país nipón, gracias a su sabor dulce, suave e intenso, que recuerda al boniato.

Gracias a su potente sabor, puede ser el protagonista de cualquier plato. De hecho, debido a la consistencia de su pulpa y la dureza de su piel, puede prepararse hervida, aderezándola después con un chorrito generoso de salsa de soja. También hace una pareja perfecta con los cortes más grasos de la carne, como puede ser el tocino, dando como resultado un plato meloso, con un perfil gustativo lleno de contrastes. Por último, puede ser el ingrediente perfecto para preparar una tarta, debido a que su sabor a nuez combina a la perfección con el de la mantequilla, la galleta y otros elementos habituales de la repostería.

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

16 October 2026 at 10:04

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

Los garbanzos y los huevos son un matrimonio más que ideal gracias al aporte proteico que ambos ingredientes hacen en nuestra dieta

Tocino de cielo: el postre tradicional donde el huevo es el protagonista

Pocos ingredientes son tan fundamentales en nuestra dieta como los garbanzos y los huevos. Nutritivos y asequibles, hablamos de elementos presentes en el grueso de las despensas de nuestro país, que se pueden aprovechar para preparar fritos, recetas en la sartén o ensaladas. No solo eso, son ingredientes que se prestan a la rapidez y a las rutinas frenéticas del día a día gracias a sus tiempos cortos de cocción y a su plasticidad a la hora de servirlos tanto fríos como calientes. Frente a eso, la conclusión lógica es que deberían pertenecer al mismo plato. Y, si es con unas deliciosas verduras de acompañamiento, mejor que mejor.

Los garbanzos y los huevos son un emparejamiento más que ideal. Y es que, tal y como señala la Fundación Española de la Nutrición (FEN), ambos alimentos destacan por su aporte proteico. Los garbanzos son una legumbre con un alto contendido de proteína vegetal, además de ser una fuente de calcio y contener una alta proporción de hierro, magnesio, potasio, fósforo. En el apartado de las vitaminas destacan la E, tiamina, niacina y folatos. De esta última, una ración de garbanzos puede cubrir el 31% de las ingestas diarias recomendadas.

Por su parte, los huevos destacan notablemente en lo que respecta a su aportación proteica, llegando a ser la unidad de referencia para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), gracias a su alta proporción de proteína de gran calidad. Entre las vitaminas que contiene destacan las vitaminas D y A, y las del grupo B, mientras que entre los minerales predomina el fósforo, el yodo, y el selenio.

Ensalada de garbanzos, atún y huevo

Recomendamos que dejes las judías verdes al dente
Recomendamos que dejes las judías verdes al dente

En ocasiones es posible que no solo busques una comida rápida, también una que puedas comer en cualquier parte. Ahí es cuando entra una deliciosa ensalada de garbanzos, atún y huevo, ideal para llevarla contigo en un táper. Sus ingredientes no pueden ser más sencillos y apenas tendrás que ensuciar la cocina, pudiendo recurrir a las conservas para acelerar aún más el proceso. Necesitarás los siguientes ingredientes para preparar esta receta:

  • 400 gramos de garbanzos
  • Dos huevos cocidos
  • 65 gramos de atún en conserva
  • 100 gramos de judías verdes (frescas o en conserva)
  • Dos cucharadas de yogur griego sin azúcar
  • Una cucharada de mostaza
  • Una cucharada de mostaza de Dijon
  • Aceite de oliva
  • Medio limón exprimido
  • Sal
  • Pimienta negra molida

Como puedes observar, a este plato se le añaden unas deliciosas judías verdes, dándole color y frescura. También completarán aún más este plato, puesto que, de acuerdo con la FEN, suponen una fuente de folatos y vitamina C. Al igual que con los garbanzos, podrás prepararlas en el momento para esta receta, o adquirirlas en conserva. Ten en cuenta, eso sí, que las judías preservadas suelen tener un sabor muy potente a aceite de oliva, por lo que deberás ajustar en consecuencia las cantidades de aceite para este plato. De hecho, si te decantas por las judías en conserva, te recomendamos que no le añadas al aliño de la ensalada aceite de oliva.

Para preparar esta receta, comienza cociendo los huevos durante unos diez minutos. Mientras, si te has decantado por unas judías frescas, este será el momento de cocerlas. Para ello, lávalas, retírales las puntas y córtalas en dos o tres trozos. Las queremos al dente, por lo que vamos a cocerlas por un periodo de unos dos minutos, escaldándolas después en agua con hielo. También puedes aprovechar este momento para lavar los garbanzos y retirarles la aquafaba.

Con los huevos cocidos y pelados, es el momento de montar tu ensalada. Deposita en el fondo de un bol de ensalada o una fuente de servir una cama de judías verdes, a la que añadirás el atún y los huevos partidos en rodajas o mitades. A esto le sigue unas porciones generosas de garbanzos. Remata la faena con el aliño, que será doble: por un lado, dispón en un lado del plato dos cucharadas generosas de yogur griego sin azúcar, que le aportará frescura al conjunto; por otro, mezcla el aceite, la mostaza, el limón exprimido, la sal y la pimienta, y riega con este aliño toda la ensalada.

Garbanzos fritos con huevo y tomate

Puedes añadir a este plato todas tus verduras favoritas
Puedes añadir a este plato todas tus verduras favoritas

En el caso de que busques un plato contundente, pero preparado solo con huevos, legumbres y verduras, no hay nada como esta versión de los clásicos garbanzos fritos con huevo y tomate. En lugar del tomate frito en conserva, nos decantaremos por ingredientes frescos que freiremos en la sartén, como los tomates cherry o el pimiento rojo. Para preparar esta receta, necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 300 g de garbanzos cocidos en conserva
  • 250 gramos de tomates cherry
  • Un pimiento rojo
  • Tres huevos
  • Cuatro dientes de ajo
  • Una cucharadita de cúrcuma molida
  • Una cucharadita de ras el hanout
  • Aceite de oliva
  • Sal al gusto

La elaboración de esta receta no puede ser más sencilla. Comenzarás dorando los dientes de ajo, a los que añadirás los tomates cherry enteros y el pimiento rojo partido en cubitos. Conforme vayan soltando su jugo y reduciéndote, añade los garbanzos a la mezcla, además de las especias. Por último, añade los huevos, que para este plato revolverás ligeramente con el resto del conjunto. Sirve acompañado de unas buenas tostadas de pan.

Garbanzos a la sartén con huevo y berenjena

Recuerda cortar la berenjena en trozos muy pequeños
Recuerda cortar la berenjena en trozos muy pequeños

Esta receta no solo es deliciosa, también es ideal para aquellos que quieren comer verduras, pero que no les guste su sabor. La clave de este plato será la berenjena, que junto a una salsa de nata y tomate apenas será perceptible. Necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 500 gramos de garbanzos cocidos en conserva
  • Tres huevos tamaño
  • 200 gramos de tomate natural triturado
  • 100 gramos de nata para cocinar
  • Una cebolla dulce mediana
  • Una berenjena cortada en cubos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra recién molida
  • Sal
  • Dos cucharadas de azúcar

Comienza esta receta dorando en una sartén con un fondo de aceite de oliva la cebolla picada, a la que añadirás la berenjena cortada en cubitos pequeños. Mientras, escurre los garbanzos, eliminando la mayor cantidad de agua posible. Añade el tomate natural, la sal y dos cucharadas de azúcar, para corregir su acidez y el de la berenjena. Cuece el conjunto durante unos cinco minutos o hasta reducir el agua del tomate. Tras esto añadimos la nata y los garbanzos y salteamos el conjunto por otros cinco minutos. Con la ayuda de una cucharada de cocina, haz tres huecos para cascar los huevos, que cocerás durante cinco minutos con la sartén tapada. Sirve este plato directamente en la sartén, acompañándolo de abundante pan.

❌