Graullera, un servidor público
El éxito del pacífico cambio de régimen en España se debió a un puñado de abnegados servidores públicos que contribuyeron silenciosamente a ello. Entre estos merece lugar destacado José Luis Graullera, que acaba de morir a los 87 años. Valenciano, abogado e interventor del Estado, embajador de España, amigo personal y hombre de confianza de Adolfo Suárez, ejerció un papel decisivo, desde la Secretaría de Estado de Administraciones Públicas, en la transición administrativa, que él consideraba tan importante como la transición política. Antes, en su papel de interventor, como protector de los recursos públicos, evitó las corrupciones en los principales organismos del Estado, desde RTVE al CSIC o el Consejo de Estado. Como servidor público ejerció su papel pacificador en Guinea Ecuatorial, por encargo del presidente Suárez, en un momento delicado, recién lograda la independencia.
En la transición administrativa, conducida por él, se procuró, como me confesó en «Secretos de la Transición», «respetar todo lo positivo del antiguo régimen eliminando lo negativo». Facilitó las cosas el hecho de que «en el régimen anterior, a falta de legitimidad, había un axioma: el principio de legalidad que se respetaba escrupulosamente». Todos los funcionarios del Movimiento que no tenían funciones políticas, incluidos los de los sindicatos verticales, encontraron cobijo en la nueva Administración. Un día se presentó en el despacho de Graullera, en Castellana, 3, Pilar Primo de Rivera, delegada nacional de la Sección Femenina, a entregarle un dinero que la Sección Femenina tenía en efectivo y que no figuraba en ninguna cuenta. Una indudable prueba de honradez. «¿Qué va a ser de mis chicas?», le preguntó con insistencia. «No te preocupes, Pilar, -le respondió-, las haremos funcionarias». José Luis Graullera me confesó emocionado que mandó un escrito a más de 25.000 empleados que no entraban en el cuerpo de funcionarios y se quedaban en la calle, por si podía hacer algo por ellos, y sólo dos le pidieron ayuda.
Otro de los grandes servicios prestados por Graullera fue la creación y puesta en marcha de AESMIDE, una asociación de empresas contratistas con la Administración del Estado, que, entre otras cosas, ha contribuido decisivamente, externalizando productos y servicios, a la modernización de las Fuerzas Armadas en España. Se ha ido un patriota sin alardes, un servidor público eficaz, en un momento convulso de la vida nacional, que amenaza a la Transición democrática y la concordia constitucional, con la corrupción, que él tanto combatió, escalando como la yedra los muros del poder. Deja una gran familia. No se puede concebir la vida de Graullera sin Esther, su mujer, que él llamaba cariñosamente «la tendera».


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