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22 de julio de 1889: el día que Van Gogh pintó La noche estrellada

By: Juan · Scaliter
22 October 2026 at 17:49

Hay noches que terminan convertidas en eternidad sobre un lienzo. Friedrich las convirtió en contemplación; Whistler, en música de luz y sombras. Vincent van Gogh, en cambio, pintó un cielo que parecía agitarse como un océano de fuego. Más de un siglo después, la astronomía podría haber encontrado la noche real que se esconde tras su obra más célebre: La noche estrellada.

Pero ¿qué sucede cuando el cielo que inspiró una obra maestra puede reconstruirse más de un siglo después? Un equipo de científicos surcoreanos sostiene que La noche estrellada, de Vincent van Gogh, encaja con una configuración astronómica visible antes del amanecer en torno al 22 de julio de 1889, cuando el pintor residía en Saint-Rémy, en el sur de Francia. La coincidencia no establece de manera definitiva el día en que realizó la pintura, pero aporta nuevas pruebas para reconstruir cómo pudo nacer una de las imágenes más reconocibles de la historia del arte.

El estudio, publicado en Scientific Reports, de la revista Nature, ha sido desarrollado conjuntamente por SLLAB, una empresa surcoreana dedicada a la ciencia espacial, y la Escuela de Investigación Espacial de la Universidad Kyung Hee. Su propuesta parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿representó Van Gogh un cielo imaginario o transformó en pintura una observación real?

Las interpretaciones astronómicas de la obra se remontan a los estudios de Albert Boime, de la Universidad de California en Los Ángeles, en 1984, y Charles Whitney, de Harvard, en 1986. Sin embargo, ambos llegaron a conclusiones contradictorias y ninguna logró desplazar las interpretaciones religiosas y simbólicas que tradicionalmente han acompañado al cuadro. Según los autores del estudio, durante las cuatro décadas siguientes no se había abordado la geometría observacional del cielo de la pintura con un análisis de esta naturaleza.

El primero en firmar el estudio es Elijah Jeong-hyun Kim, director ejecutivo de SLLAB y doctorando en la Universidad Kyung Hee. Su interés nació de una discrepancia con las interpretaciones anteriores. “Para un astrónomo observacional, el cúmulo de estrellas de La noche estrellada es las Híades, en Tauro. Pero, en el momento en que leí los estudios anteriores que lo explicaban como Aries, sentí que el cuadro me estaba llamando”. Tras construir numerosos telescopios y dedicar años a observar el firmamento, el equipo consideró poco probable que Aries fuera la referencia que había inspirado al pintor. El estudio comenzó con dos viajes de campo a Francia en 2019 y amplía las pruebas reunidas por Kim en un libro de divulgación publicado en 2025, añadiendo datos cuantitativos.

La fecha tradicionalmente asociada a la pintura se apoya en una carta que Van Gogh escribió a su hermano Theo hacia el 18 de junio de 1889. Sin embargo, la Luna gibosa menguante de aquel periodo no encaja con la fina media luna representada en el lienzo. En torno al 22 de julio, por el contrario, las Híades, un cúmulo estelar de la constelación de Tauro, aparecían por el este junto a Venus, mientras la Luna presentaba una forma mucho más parecida a la pintada.

Para comprobarlo, el equipo de Kim reconstruyó el campo visual del artista. En Arlés, contrastaron mediante fotografías tomadas sobre el terreno la perspectiva de Noche estrellada sobre el Ródano (1888). En Saint-Rémy localizaron el lugar desde el que Van Gogh dibujó el paisaje que aparece bajo el cielo de La noche estrellada y reconstruyeron la vista que tenía ante sí.

Después aplicaron un análisis geométrico de formas conocido como análisis de Procrustes, que permite comparar figuras teniendo en cuenta su posición, orientación y escala. El resultado confirmó la correspondencia entre las cinco estrellas centrales de la pintura y las Híades. El ajuste era aún más preciso en el dibujo a pluma que Van Gogh realizó después del cuadro. Para los autores, esta coincidencia respalda la hipótesis de que el cielo se basó en una observación real y no exclusivamente en la imaginación del artista.

La datación propuesta también obliga a revisar la cronología de la salud del pintor. Hasta ahora, se había supuesto que el 22 de julio coincidía con uno de sus episodios de crisis. El equipo contrastó las cartas originales en francés y neerlandés con registros meteorológicos de la época y referencias al canto de las cigarras para proponer que el episodio comenzó a finales de julio. Esta reconstrucción respalda la posibilidad de que Van Gogh contemplara el cielo antes de su crisis, aunque no demuestra por sí sola cuándo trasladó la escena al lienzo.

“Espero que este trabajo impulse una nueva mirada multidisciplinar sobre la secuencia y los métodos de trabajo de las pinturas de Saint-Rémy, así como sobre los movimientos de Van Gogh durante aquel verano – concluye Kim -. Nuestra conversación con los otros cielos de Van Gogh sigue en marcha. Planeamos contar esas historias una por una”.

© Kim et al., Scientific Reports

La noche estrellada y Terraza de café por la noche, las pinturas analizadas

¿Por qué sobrevivieron los cocodrilos y no los dinosaurios?

By: Juan · Scaliter
21 October 2026 at 21:08

Hace 66 millones de años, un asteroide impactó contra la Tierra y desencadenó una de las mayores extinciones de la historia. Desaparecieron los dinosaurios no avianos, pero algunos de sus contemporáneos sobrevivieron. Entre ellos estaban los antepasados de los cocodrilos actuales. En los (millones de) años antes de la visita del asteroide, nuestro planeta no solo albergaba dinosaurios, también estaba habitada y hasta gobernada en algunos ecosistemas, por antepasados de los cocodrilos. En el norte del continente americano el “rey” era el colosal Deinosuchus (10-12 metros de longitud), en África el que sembraba el terror era Sarcosuchus (11-12 metros), mientras que en Sudamérica el depredador era el Kostensuchus (4-5 metros), también apodado “el come dinosaurios”. Todos ellos, o al menos sus nietos, lograron sobrevivir a la “hecatombe del cielo”. ¿Por qué ellos sí y los dinosaurios no?

Un estudio liderado por científicos del University College London (UCL), publicado en Science Advances, ha reconstruido la distribución de los parientes de los cocodrilos durante los últimos 245 millones de años. Para ello analizaron más de 7.000 fósiles y registros de más de 400 especies, vivas y extintas, y los combinaron con reconstrucciones informáticas del clima y la geografía de la Tierra. El resultado apunta a una constante sorprendente: a lo largo de su historia, estos animales tendieron a permanecer en regiones cálidas, desplazándose con ellas a medida que el planeta cambiaba.

“El asteroide no convirtió todo el planeta en un lugar igualmente hostil para todos los grupos - explica el líder del estudio, Alfio Alessandro Chiarenza -. La preferencia de los cocodrilos, desde hace mucho tiempo, por los entornos cálidos pudo haber situado a los supervivientes precisamente en lugares donde los climas adecuados se mantuvieron mejor, como en las zonas cercanas al ecuador. Estos refugios podrían haber albergado poblaciones que, más tarde, se recuperaron y se dispersaron hacia otras áreas”.

Para llegar a esta conclusión, los científicos estimaron las preferencias de temperatura y precipitaciones de cientos de especies a partir de los fósiles, los árboles evolutivos y la distribución actual de los cocodrilos. Después proyectaron esos requisitos sobre mapas de la Tierra en distintas épocas. Así descubrieron que los antepasados de los cocodrilos no necesitaron adaptarse continuamente a climas nuevos: en gran medida, emigraban hacia las zonas cálidas.

Durante el Eoceno temprano, hace unos 50 millones de años, el planeta era mucho más caliente que hoy, con temperaturas globales alrededor de 10 grados superiores y regiones polares sin hielo. En aquellas condiciones, estos reptiles llegaron a vivir en latitudes altas de América del Norte, Europa e incluso la Antártida. A medida que el mundo se enfrió durante los millones de años siguientes, su distribución volvió a concentrarse en los trópicos. No fue, por tanto, una historia de conquista permanente de nuevos territorios, sino de seguir el termómetro del planeta.

El equipo también simuló distintos escenarios climáticos posteriores al impacto de Chicxulub. El polvo y las cenizas pudieron reducir la luz solar, mientras que las erupciones volcánicas pudieron aumentar el dióxido de carbono atmosférico. En las simulaciones con una reducción de la luz del 5% o del 10%, las regiones cálidas próximas al ecuador seguían siendo adecuadas para los parientes de los cocodrilos. Con una disminución del 15%, en cambio, esos refugios dejaban de serlo, aunque los autores señalan que este escenario extremo se considera actualmente poco probable. El aumento de dióxido de carbono, por sí solo, no alteraba de forma significativa la idoneidad climática para estos animales.

Mientras tanto, los dinosaurios no avianos, según modelos anteriores del mismo equipo, sufrieron una contracción mucho más drástica de sus áreas climáticamente habitables. La diferencia no demuestra que el clima fuera la única causa de su desaparición, pero sí sugiere que el lugar donde vivía cada grupo pudo marcar una diferencia decisiva cuando las condiciones cambiaron de forma abrupta.

Además, los cocodrilos contaban con otras posibles ventajas: eran animales ectotermos, que dependen del calor ambiental para regular su temperatura corporal y suelen tener menores necesidades energéticas que los animales de sangre caliente; muchos llevaban una vida semiacuática, tenían dietas flexibles y algunos eran relativamente pequeños. El estudio no permite medir por separado cuánto contribuyó cada característica a su supervivencia.

La imagen actual de los cocodrilos, con sus cuerpos robustos y su aspecto relativamente uniforme, tampoco refleja la diversidad de sus antepasados. “Los cocodrilos suelen llamarse fósiles vivientes, pero sus antepasados y parientes cambiaron enormemente a lo largo de su historia”, recuerda Chiarenza. Lo que sí permaneció sorprendentemente constante fue su relación con el clima.

El estudio también tiene una lectura para el presente. “Si los cocodrilos afrontaron buena parte de los cambios climáticos del pasado desplazándose hacia hábitats adecuados, las especies actuales necesitarán espacio para moverse a medida que el planeta se caliente - concluye Philip Mannion, coautor del estudio -. Las carreteras, los cultivos y las ciudades dificultan esos desplazamientos y reducen las áreas disponibles”. Sobrevivir a una catástrofe no depende únicamente de resistirla. A veces, también depende de que quede un lugar al que escapar. Para los antepasados de los cocodrilos, los trópicos pudieron ser ese refugio cuando el mundo se oscureció.

© Davide Bonadonna

Así era uno de los cocodrilos que convivió con los dinosaurios.
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