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El PSOE diseña una campaña de fechas clave para explotar banderas de la izquierda, pero tropieza con sus contradicciones en vivienda

18 October 2026 at 06:52

La campaña del PSOE no se jugará solo en los mítines. También en el calendario. Entre la convocatoria electoral y el 29-N se sucederán varias fechas que encajan con los marcos que los socialistas quieren llevar a las urnas: la confrontación con Donald Trump y la ultraderecha, la memoria democrática y la 'ley de nietos', el feminismo y, sobre todo, la vivienda. Los hitos pueden dar aire a una campaña diseñada para movilizar a la izquierda y agitar una de sus principales banderas. Pero el discurso socialista llega erosionado por varias controversias: la dimisión de Montse Mínguez como portavoz del PSOE y su renuncia a concurrir por Lleida, tras salir a la luz los negocios inmobiliarios de su pareja; el bufete fundado por un diputado del PSOE que ha intervenido en ejecuciones hipotecarias para fondos buitre; y el caso de Muface, organismo dependiente del ministerio de Óscar López, que rechazó el recurso de un inquilino para seguir en una vivienda situada frente a la de Maricarmen Abascal.

El calendario no es casual. Cuando Pedro Sánchez pulsó el botón electoral sabía todas las efemérides que podría ir explotando de camino al 29 de noviembre. Una de las primeras llega este mismo martes, 20 de octubre, cuando Javier Milei aterrice en Madrid para una visita de dos días. El presidente argentino ha confirmado reuniones en España y ya se ha encontrado en viajes anteriores con Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso, mientras mantiene un enfrentamiento público con Pedro Sánchez. Para el PSOE, su presencia ofrece una imagen útil para presentar a PP y Vox dentro de una misma corriente internacional y reforzar la advertencia de que un Gobierno de ambos partidos pondría en riesgo derechos y libertades. Esa "campaña del miedo" a la derecha y a la ultraderecha tendrá así un rostro reconocible y una dimensión exterior.

Precampaña con la 'internacional ultra'

El siguiente hito llegará el 3 de noviembre, con las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. No se elige al presidente, pero se renueva el Congreso y el resultado puede debilitar o reforzar el poder de Trump. Sánchez lleva tiempo cultivando el contraste con el mandatario estadounidense: desde su rechazo a los aranceles hasta su negativa a elevar el gasto militar en los términos exigidos por Washington, el presidente se ha presentado como una de las voces europeas dispuestas a plantarle cara. En Ferraz ven en las elecciones de medio mandato una doble posibilidad: una derrota de Trump podría leerse como un revés para la ultraderecha internacional; una victoria, alimentar su movilización. En ambos casos, será una fecha que se explotará en la sala de máquinas de Ferraz.

Apenas dos días después, el 4 y el 5 de noviembre, Madrid acogerá la Cumbre Iberoamericana. La lista de asistentes aún no está cerrada, pero la cita puede ofrecer a Sánchez una imagen útil para su precampaña: la de un anfitrión progresista frente a una región donde han ganado peso los gobiernos de derechas. Entre quienes podrían asistir figuran José Antonio Kast, presidente de Chile; Nayib Bukele, de El Salvador; Santiago Peña, de Paraguay; Keiko Fujimori, de Perú; Daniel Noboa, de Ecuador; Javier Milei o Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia.

La bandera de la vivienda se agita en noviembre

Aunque la polarización entre bloques y la advertencia sobre un eventual Gobierno de derechas serán ejes centrales de la campaña, la vivienda ocupa un lugar crucial: fue el detonante inmediato del adelanto electoral y es una bandera que toda la izquierda tratará de agitar. Sánchez convocó las elecciones después de que el Congreso tumbara los decretos de vivienda, en un clima de movilización que se había intensificado tras el desahucio de Maricarmen Abascal y las protestas y la acampada en la Puerta del Sol. La cuestión volverá al primer plano el 11 de noviembre, con la huelga general por la vivienda, y durante esos días, cuando podría votarse la convalidación de los decretos en la Diputación Permanente. Será una votación de fuerte carga política: el rechazo parlamentario a esos textos fue lo que precipitó la convocatoria electoral.

En Ferraz llevan desde el inicio de la precampaña asegurando que la vivienda será una de las principales banderas del PSOE. En las últimas semanas, dirigentes socialistas han buscado acercarse al Sindicato de Inquilinas y algunos han participado en protestas y en la acampada. Pero la polémica en torno a Montse Mínguez ha convertido esa apuesta en un problema político de primer orden: la portavoz de la Ejecutiva ha dimitido del cargo por "responsabilidad" aunque con la "conciencia tranquila" y ha renunciado a ir en las listas por Lleida, después de que trascendiera que su pareja está al frente de empresas que gestionan una treintena de viviendas en alquiler en esa provincia.

Mínguez ha defendido que se trata de una empresa familiar que cumple la ley catalana de vivienda y que opera en una zona tensionada; también calificó la información de ataque personal. No consta que ella gestione el negocio. Pero la consecuencia política es difícil de esquivar: el PSOE pierde a su portavoz y a una candidata en plena precampaña por una controversia ligada a la vivienda, justo cuando trata de hacer de esa materia su principal bandera electoral.

Esto llega, además, de la mano de otra controversia sobre Óscar López. El departamento que dirige, a través de Muface, desestimó el recurso de un inquilino que quería mantener el alquiler de una vivienda situada frente al antiguo piso de Maricarmen. López ha negado haber pedido, ordenado o firmado un desahucio y el Ministerio sostiene que la decisión se tomó aplicando el criterio de la Abogacía del Estado. La polémica ha reavivado la hemeroteca del ministro, que había calificado de "intolerable" el desahucio de Abascal y había defendido que no volviera a ocurrir.

El PSOE cerró filas con ambos. En el caso de Mínguez, antes de que dimitiera, Sánchez contrapuso la polémica al ático de Ayuso y emplazó al PP a apoyar los decretos de vivienda; Patxi López defendió su trayectoria y aseguró que nunca había votado a favor de los intereses de su pareja. Tras su renuncia, Ferraz expresó su respeto y le agradeció su dedicación y compromiso. Pero la dimisión no despeja el coste político: llega en plena precampaña y afecta a una de las banderas que el PSOE quiere situar en el centro de su campaña. Sumada a las demás polémicas en materia de vivienda, deja en el aire cuánto puede erosionar ese flanco electoral.

Feminismo y ley de nietos en campaña

Más allá de la vivienda, los últimos diez días de campaña coincidirán dos fechas con una fuerte carga simbólica para la izquierda, capaces de llevar la memoria histórica y los derechos de las mujeres al centro de la conversación electoral. El 20 de noviembre, aniversario de la muerte de Franco, volverá a poner en primer plano la dictadura y el exilio. Y ese recuerdo conectará con una controversia muy presente en estas elecciones: el Supremo mantiene suspendido para el 29-N el derecho al voto de hasta 163.020 personas nacionalizadas al amparo de la Ley de Memoria Democrática, conocida como ley de nietos. La norma abrió la puerta a que hijos y nietos de españoles exiliados obtuvieran la nacionalidad; ahora está en cuestión si parte de ellos podrá votar. La coincidencia enlaza así la herencia del exilio franquista con los derechos políticos de sus descendientes en la campaña actual.

El 25-N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, llegará a solo cuatro días de las urnas. El PSOE lo presentará como una defensa de los derechos de las mujeres frente a un eventual Gobierno de coalición entre PP y Vox. El calendario ofrece, así, varias ocasiones para activar a su electorado. La dificultad será evitar que la vivienda, el eje que llevó a Sánchez a adelantar las elecciones, termine convertida también en el terreno donde más se noten sus contradicciones.

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