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Por los pelos

17 October 2026 at 23:00
Keiko Fujimori, presidenta de Perú, habla durante la presentación del 'comando unificado' para enfrentar la delincuencia.

En mi generación, la oferta televisiva y las pantallas disponibles en casa eran, por decirlo de alguna manera, limitadas. Aunque existían tres canales, la señal no cubría el país entero por falta de repetidoras, aquellas torres hacia las que había que orientar la antena colocada sobre unos largos tubos que despuntaban de los tejados. En uno de los pueblos en los que viví de niño, solo se podía sintonizar uno de los canales porque estaba en el fondo de un valle. Gracias a esa falta de alternativas, vi programas que quizá me habría perdido en otra circunstancia. Uno de ellos fue Soul Train, "el tren del alma", como se apresuraba a aclarar el presentador, Osvaldo Valencia, en cuanto terminaban las imágenes algo psicodélicas de una locomotora acercándose a la estación.

El programa era una franquicia del show que conducía en Estados Unidos Don Cornelius. Con los años supe que la idea de traerlo a la televisión ecuatoriana partió de los dueños de la discográfica J. D. Feraud Guzmán, que encontraron en aquel medio la oportunidad de introducir géneros y artistas nuevos en un país entonces más rural que urbano. Así nos llegó, a quienes vivíamos en la periferia, lo mejor de los músicos afroamericanos de finales de los setenta. Quizá fue allí donde escuché por primera vez soul, R&B o funk, aunque lo que de verdad me impresionaba eran los números de baile. Era deslumbrante ver ese grupo de chicas y chicos, tan felices, moverse y disfrutar como si estuviesen en una fiesta.

Además, eran bellos, estaban en plena forma y desbordaban elegancia. Muchos lucían el afro, esa cabellera que, por lo apretado de sus rizos, no cae, sino que crece en todas direcciones hasta dibujar una especie de globo. Me llamaba la atención que lo llevaran hombres y mujeres, porque en mi entorno estaba muy claro qué cortes correspondían a cada sexo. Era un tipo de peinado que vi también en algunos futbolistas afroecuatorianos, cuyas fotos aparecían en la revista Estadio. Pero aquel estilo fue desapareciendo, y varias de las cantantes que había admirado con unos afros preciosos empezaron a mostrarse con melenas lacias que, como descubrí mucho después, eran pelucas.

Todo esto no pasaría de anécdota si detrás de aquellos peinados no hubiera habido, como luego comprendí, bastante más que una moda. En los años sesenta y setenta, el afro se convirtió en símbolo de afirmación de la identidad negra, ligado al movimiento por los derechos civiles y al Black Power. Dejar el pelo al natural, sin los tratamientos químicos que lo alisaban para acercarlo a los cánones de belleza blancos, suponía reivindicar el orgullo por los propios orígenes y rechazar los patrones estéticos de una sociedad racialmente jerarquizada. Aquellas cabezas no respondían a una mera cuestión de peluquería. Eran también una declaración política.

Más adelante, sin embargo, el afro fue cediendo terreno ante los alisados, las extensiones y los postizos, sobre todo entre las mujeres, sometidas a una doble exigencia por su raza y por su género. No se trataba de que ellas decidieran simplemente cómo llevar el pelo, sino de lo que pasó a significar para muchas mostrar los rizos. Dejar su pelo natural podía implicar ser vistas como descuidadas o impropias en un entorno profesional, un obstáculo a la hora de conseguir empleo, ascender o ser aceptadas en determinados espacios. En algunos países latinoamericanos se llega al colmo de llamar "pelo malo" al rizado y crespo propio de buena parte de la población afrodescendiente. Peor aún, entre los argumentos para alisar el "pajón" a toda costa figura el de que, en su forma original, parece sucio.

Estos adjetivos despectivos no se quedan en la superficie ni son reflejo de una costumbre pasajera. Que algo tan aparentemente trivial como un peinado condicione la consideración social de una persona se explica porque el pelo esconde una jerarquía, y esa discriminación golpea en América Latina, con especial dureza al Caribe. En la República Dominicana han trascendido varios casos de alumnas presionadas en sus centros educativos para arreglarse de determinada manera. En 2019 se difundieron los audios del director de un liceo que, a gritos y golpeando la mesa, recriminaba a las estudiantes que habían acudido con sus rizos al natural y les advertía que aquello era una escuela "para la formación y el empleo, no para la chabacanería". Ese mismo año, la directora de Género del Ministerio de Educación, impulsora de la campaña "Ni pelo bueno ni pelo malo", fue destituida poco después de disponer la readmisión de una niña a la que habían suspendido por llevar el cabello afro. Las autoridades atribuyeron su salida a reiteradas ausencias en el trabajo y negaron que tuviera relación con la campaña o la confrontación con los gestores del centro docente.

Cuando a una persona le repiten desde pequeña que tiene "pelo malo", aprende que algo con lo que nació está mal. Lo escucha en casa, en la peluquería, en el colegio y en la publicidad, hasta que el mensaje se instala en su manera de mirarse al espejo. De ahí que desde muy niñas sean sometidas a desrizados y secadores, las quemaduras en el cuero cabelludo y esa sensación, que tantas mujeres evocan al recordar su infancia, de no resultar nunca presentables tal como son y que por eso tienen que aguantar el dolor que esos tratamientos implican. Por eso, cuando una adulta decide dejar de alisarse, no está cambiando de peinado sin más, sino desaprendiéndose de años de vergüenza. No es casual que en varios países de las Antillas hayan surgido iniciativas que reivindican el cabello afro como expresión de identidad y, ante todo, de libertad.

Cada vez que alguien con poder dicta cómo debe peinarse un menor, le está indicando qué tipo de persona se espera que sea"

Con todo, el control sobre la cabeza ajena no se limita a las afrodescendientes. En El Salvador, el Gobierno de Nayib Bukele impuso en 2025 un "corte de cabello adecuado" en los colegios públicos como parte de su cruzada contra las pandillas, con catálogo de cortes incluido, cual Corea del Norte. Y esta semana, la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, ha anunciado un reglamento escolar según el cual "los hombrecitos" deberán ir con el pelo corto. Como si la violencia, la indisciplina o el fracaso académico se solucionasen con tijera y una raya bien marcada.

Cada vez que alguien con poder dicta cómo debe peinarse un menor, le está indicando qué tipo de persona se espera que sea. En mi infancia, aquellos afros que veía en la televisión proclamaban algo tan sencillo como que así eran y que no pensaban esconderlo. Lo inquietante es que medio siglo después sigamos discutiendo si una alumna puede ir a clase con el cabello tal como le crece, o si un chico rendirá peor por llevar flequillo. El orden impuesto a golpe de tijera es el más fácil de exhibir y el más barato, porque no exige más maestros, ni mejores aulas, ni reflexión alguna sobre el racismo. Mientras tanto, la dignidad de miles de niñas sigue pendiendo de un pelo.


Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com

Los Premios Madrid, Capital de Iberoamérica, una celebración del "creer, crear y crecer" juntos en ambas orillas del Atlántico

15 October 2026 at 18:38
El alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta de CEAPI, Núria Vilanova, este jueves con los galardonados en la segunda edición de los Premios Madrid, capital de Iberoamérica.

El Ayuntamiento de Madrid y el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI) han celebrado este jueves en los Jardines de Cecilio Rodríguez la segunda edición de los Premios Madrid, Capital de Iberoamérica. El acto institucional ha estado presidido por el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta de CEAPI, Núria Vilanova. Estos galardones han nacido con el objetivo fundamental de reconocer a personalidades e iniciativas que han contribuido a estrechar los vínculos entre la ciudad de Madrid y la región iberoamericana en distintos sectores.

Durante la ceremonia, el regidor madrileño ha reivindicado la creciente proyección internacional de la ciudad como principal punto de encuentro para los ciudadanos y empresas de la región. Martínez-Almeida ha argumentado que Madrid y América Latina comparten un "grandísimo futuro por delante", destacando que las personas eligen cada vez más vivir en ciudades en lugar de en Estados. Por su parte, Núria Vilanova ha señalado que estos reconocimientos suponen una excelente oportunidad para que el empresariado renueve su compromiso de convertir a Iberoamérica en un sugestivo proyecto de convivencia común, bajo el lema institucional de "creer, crear y crecer".

Reconocimiento a la iniciativa empresarial y cultural

El evento ha contado también con la participación del académico y socio de CEAPI, Juan Luis Cebrián, quien ha sido el responsable de pronunciar la laudatio en honor a los premiados. En su intervención, Cebrián ha destacado la importante aportación de los galardonados al "iberoamericanismo de Madrid" y ha subrayado que los tres homenajeados son grandes empresarios que han hecho mucho por el país. El jurado de esta edición decidió de forma unánime los ganadores de las tres categorías convocadas para esta segunda entrega.

En la categoría de Iniciativa Empresarial, el galardón ha recaído en el peruano Carlos Vargas Loret de Mola, actual CEO de Andino Investment Holding. El jurado ha reconocido su exitosa labor al frente de un grupo con presencia en España, México y Perú, el cual ha sido responsable de desarrollar una terminal de carga aérea en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y de incorporar la compañía Andino Inversiones Global al mercado alternativo BME Growth. Al recoger su premio, el empresario ha incidido en la urgencia de unir los mercados de capitales entre España y Latinoamérica para poder dejar atrás el subdesarrollo de la región.

Por otro lado, el premio de Iniciativa Cultural ha distinguido a Alejandro Roemmers, un reconocido escritor, mecenas y empresario argentino que ejerce como presidente de la Fundación Argentina para la Poesía. Su fuerte vínculo con la ciudad de Madrid, donde pasó gran parte de su adolescencia, ha sido valorado por el jurado junto a su compromiso con la promoción literaria y el desarrollo humano. Roemmers ha aprovechado su discurso de agradecimiento para recordar que Madrid es un puente entre dos orillas y que la lengua española representa ese vínculo esencial que une a ambas culturas frente a la distancia.

El valor de la conexión periodística y las alianzas institucionales

El tercer gran protagonista de la velada ha sido Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario venezolano El Nacional, quien ha recibido la máxima distinción en la categoría de Conexión y Comunicación. El jurado ha querido destacar su larga trayectoria al frente de un medio que fue pionero en la transformación digital dentro de América Latina y su inquebrantable compromiso con el periodismo independiente. Otero, que reside y trabaja actualmente en Madrid, ha querido agradecer a España su labor solidaria al acoger a más de 500.000 venezolanos que han tenido que huir del régimen en los últimos años.

A la entrega de los galardones han acudido la vicealcaldesa de Madrid, Inmaculada Sanz, la concejala delegada de Turismo, Almudena Maíllo, y la consejera de Economía, Engracia Hidalgo. Además, la cita ha contado con la presencia diplomática de los embajadores en España de Paraguay, Uruguay y El Salvador. El jurado de esta edición ha estado integrado por diversas figuras clave como Andrés Allamand, secretario general iberoamericano, y León de la Torre, director de Casa de América, entre otros representantes.

La entidad coorganizadora de estos premios, CEAPI, es una asociación compuesta por cuatrocientos presidentes de empresas líderes de Iberoamérica. Su misión principal como grupo de pensamiento es poner en valor la figura del empresario dentro de la sociedad y promover de manera activa tanto el compromiso social como la sostenibilidad. Con este tipo de iniciativas de carácter anual, la organización busca seguir fortaleciendo el tejido corporativo a través del diálogo y la colaboración público-privada.

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