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Lola Flores y cómo se adelantó a 'Gran Hermano VIP'

19 October 2026 at 05:30

“¿Tú crees que tu madre habría acabado concursando en GH VIP o Supervivientes?”, pregunta Jorge Javier Vázquez por nota de vídeo a Lolita que está invitada en De Viernes. Qué buena pregunta. Porque el éxito de Lola Flores fue que siempre fue hábil adaptándose a las nuevas formas de folclore popular. De hecho, su arte creció en la intuición para el marketing que hace a una artista más inolvidable Así se adelantó a las fake news inventándose un eslogan para la posteridad: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”, que ella misma atribuyó a The New York Times. Entonces, era imposible de contrastar. Pero el titular era tan bueno y tan realista, también, que se ha quedado con nosotros para siempre.

Lola era así: capaz de enriquecer la realidad con mentiras que permitían a la sociedad soñar. Este desparpajo le permitió ir saltando de los escenarios al cine del cine a la televisión de la televisión a las revistas, donde lo mismo negociaba un posado robado en Interviú que sufría porque su hija no podía casarse en la iglesia tras una invitación bastante amplia de la propia Lolita en Estudio Abierto de José María Íñigo. A las puertas de la sacristía, ante todo el tumulto colapsando el templo cristiano, gritó otra frase que rápido se convirtió de todos: “Si me queréis, irse”. Lola no lo sabía. Pero estaba inventando el género del reality show por su capacidad de compartir su vida con un desparpajo que nos hacía a todos partícipes de sus emociones. También cuando perdía un pendiente en directo en la emisión de Esta noche… fiesta desde Florida Park. “Iñigo, no lo puedo perder, que mi dinerito me ha costado”.

Lo encontró. Y años más tarde regresó a la tele dispuesta a contar cada momento estelar de su existencia en El Coraje de Vivir. Ella mirando a solas al objetivo, verbalizando sus intimidades con una arrebatada pasión que impedía a la audiencia parpadear. Como las influencers de hoy, Lola no necesitaba nada más que a sí misma, una cámara con un buena antorcha de luz y el brillo de sus ojos que no se opera.

La pregunta de Jorge Javier se responde sola, pues: claro que Lola Flores entraría en Gran Hermano. Si casi lo inventa. Ya lo protagonizó a su manera con las técnicas y los medios de su tiempo. Pero Lolita lo contesta mejor que nadie, que para eso Lola Flores la parió: “Mi madre a Supervivientes ya te digo yo que no. Pero si le daban mucho dinero y entraba con gente a la que ella le apeteciese, en Gran Hermano a lo mejor... Aunque entraría con un contrato diciendo ‘yo estoy tres semanas, me pagáis tanto y a las tres semanas me echáis”. Lola Flores cien por cien Lola de España, la de la picaresca que venimos con la fantasía del arte que somos.

El Telediario de la bendita ingenuidad

18 October 2026 at 05:30

Hay palabras bonitas que vamos rechazando por la sociedad de la competitividad. La ingenuidad es una de ellas. Nos suena a la debilidad de la niñez cuando, en realidad, representa la sonrisa de la curiosidad que nos permitía imposibles en aquellos años en los que veíamos un avión en un boli Bic, una serpiente en un cable enrollado y un micrófono en el secador de pelo.

La televisión con la que varias generaciones pegamos el estirón nos motivaba a aquella imaginación desde la reunión de iguales y, a la vez, de diferentes. Los vecinos de Robledillo de la Jara, un pueblo de poco más de 80 habitantes en la sierra de Madrid, lo saben bien. Tanto que decidieron bautizar como Plaza de TVE a su espacio público principal. Un cruce de caminos perfecto para celebrar la edición especial del Telediario de las tres de la tarde con motivo del 70 aniversario de Televisión Española. Hasta allí fueron los camiones de la tele de 2026. Como antaño. Esta vez, cargados de recuerdos compartidos de la que caja lista: dos Electroduentes, La Bruja Avería, la bola original de La bola de Cristal, la Ruperta. Hasta Don Pimpón estaba por allí. Personajes que seguimos recordando porque fueron los protagonistas de programas que confiaban en el criterio propio de la audiencia. Creían en nuestro espíritu crítico. Incluso lo estimularon.

Igual que pasaba en los sesenta, setenta, ochenta y noventa, los vecinos de Robledillo se pusieron las mejores galas para recibir a la tele. Con la permanente hecha, sacaron las sillas a su Plaza de TVE. Aunque, al final, tuvieran que taparse el look con un abanico para esquivar un sol abrasador. En la polarización que legitima la excitación del furioso que arranca el micrófono del reporteros, aquí nos encontramos con ciudadanos festejando la tele sin susceptibilidades ni sometimientos. Gente con ilusión. Porque la buena tele siempre se parece a una plaza pública, como esta, en la que nos saludamos y terminamos empatizando. Porque mirándonos a los ojos es más fácil encontrarse con todo lo que nos une.

Esa sensación fue puesta en práctica en el pletórico directo del TD. Gente congregada a través de la artesanía audiovisual que pone en pie las ideas. El realizador Ole Marcos buscando el mejor encuadre, Ana de Roque emocionada con el aplauso de un público descubriendo que estaba presentando uno de sus últimos ‘partes’ meteorológicos antes de la jubilación, la familia de Ana Ibáñez viendo detrás de cámaras a su mamá, la vecina del pueblo Eva entusiasmada porque amigas que hace tiempo que no ve le estaban escribiendo porque "había salido" por la tele, Pablo López homenajeando a las sintonías de su vida y el guionista y cómico Lalo Tenorio dando vida al traje original de Don Pimpón. Él que ni siquiera había nacido en los ochenta del Barrio Sésamo de Espinete y Don Pimpón. Él ha conseguido meterse en el estrecho traje que pasó tantos años perdido en los estudios de Prado del Rey, domar los alambres que escondía en su interior y darlo una segunda oportunidad.

Al frente, Alejandra Herranz ordenando todas las ideas con su capacidad de demostrar que la precisión del rigor no está reñida con la espontaneidad. Tampoco con la cordialidad, que tantas veces se olvida en el nervio de la exigencia de los platós y la competitividad ultraprocesada. Me percaté cuando en pleno directo, al acabar de entrevistarme en la plaza, Alejandra me guiñó el ojo con la generosidad de los que siempre son aliados. De los que el frenesí de la tele no les cambia. De los que saben que la vida es equipo. Y, entonces, apareció en mi la sonrisa de la ilusión. No estaba solo entre egos luchando contra sí mismos, como tantas veces en la tele de hoy. Estaba sintiéndome partícipe de la tele genuina. La tele que sigue guiñando el ojo como ejercicio de complicidad. Porque tiene claro que "solo no puedes, con amigos sí". La tele que sabe que nos necesitamos. Sabe que el público es quien siempre completa la historia. Mejor si es con un parpadeo de aliada ingenuidad.

Un nuevo canal llamado La Séptima

17 October 2026 at 05:30

Llego al Ateneo de Madrid. Hay cola en la puerta. Entro. Dentro, se presenta un nuevo canal que está de gira en busca de hacer partícipe al público de su lanzamiento el 5 de noviembre. Ya han conseguido un hito difícil: tienen fans antes de emitir. Aunque, sobre todo, parecen fans de uno de sus fichajes. "¡Guapa!", gritan. Como si fuera Aitana o un paso de Semana Santa. La superestrella es Sarah Santaolalla, que ha logrado capitalizar el lado izquierdo de la polarización con su verborrea perfecta para destacar en las tertulias de los tiempos de TikTok.

El nuevo canal, al que ha dado licencia este Gobierno, se llama La Séptima. Es una idea de un veterano de la tele, José Miguel Contreras, que ha estado detrás de tantos programas bien pensados, bien entrenados y bien desarrollados: El Club de la Comedia o El Intermedio son dos estandartes de su trayectoria.

Pero La Séptima nace con una peculiaridad: no viene con el presupuesto de una televisión generalista y va a tirar del género más barato de la televisión: la tertulia desde un único plató, el mismo donde se realizó Cuentos Chinos con Jorge Javier Vázquez.

En la presentación, que no era una presentación como tal, más bien un mitin para amigos, devotos y aspirantes a encontrar trabajo en el canal, estuvieron el propio Contreras y los que serán principales rostros de la cadena: Javier Ruiz, Luján Argüelles, Sarah Santaolalla, Héctor de Miguel 'Quequé’, Noor Ben Yessef y Alba Carrillo, que dio la única primicia de la tarde. Y, paradójicamente, no era sobre La Séptima: "Mañana es mi último día en El Sótano", soltó impulsivamente como respuesta a la pregunta inteligente de una persona del público que quería conocer las diferencias de su programa en Ten y su programa en La Séptima. La contundente contestación no dio lugar a dudas. Para asombro de todos. Aunque el desahogo directo y sin eufemismos de Carrillo no sea ya una sorpresa para nadie.

Y, de repente, observando cómo contaban, cómo se excitaban y cómo bromeaban hubo un déjà vu en mi cabeza. Todo me recordó a la incontinente presentación de La familia de la tele. Hasta en la forma con la que Sarah Santaolalla ponía caras mientras hablaba su compañera de cadena Luján Argüelles. Como hace Belén Esteban cuando alguien defiende a Jesulín de Ubrique.

El lanzamiento del frustrado Sálvame que se intentó realizar en TVE dejó muchas enseñanzas, además de que los desfiles exentos de humildad no interesan. Ya desde la presentación en el Teatro Eslava, se intuía que se estaba confiando todo el éxito del programa en el mero reclamo de los personajes protagonistas. Creyeron que con su presencia bastaba. Y no se concretaba mucho más. En este estado de ánimo libre de síndrome del impostor, ayudó que poseían el contagioso aplauso de cuatro fans en redes que te invita a sentirte más importante de lo que eres. Sin embargo, escaseó un arco narrativo claro de programa, una propuesta firme de contenidos diferenciados y, como consecuencia, les faltó la fidelidad de la audiencia transversal que consolida el negocio audiovisual. Ni siquiera ayudó forzar el meme.

Al final, la tele es toda la compañía que no cabe en la jocosidad de un reel de Instagram o TikTok. Ahí va a estar el hándicap real de La Séptima, un canal que llega a la TDT cuando tal vez su hábitat de frenético directo esté ya más en el lenguaje al que han derivado las redes sociales. Contreras lo sabe. Contreras incluso se adelanta a la crítica. Lo hizo en el Ateneo. Veremos si da la vuelta a las hipótesis agoreras que, de momento, servirán como marketing para reivindicarse como contracorrientes. Los comienzos rara vez son sencillos, pero un nuevo medio de comunicación siempre es una magnífica noticia por los puestos de trabajo que genera y porque amplía las posibilidades de elección del público. Si aporta historias que animen a la alternativa, claro. Y si hay inversión económica, también. Porque la televisión clásica de calidad es muy cara de producir a pesar de todos los adelantos tecnológicos que han abaratado costes. Lo que no ha cambiado es que la tele, como la propia vida, crece con la creatividad que aprende de lo diferente y se confina cuando solo quiere oírse a sí misma. Oírse, que no escucharse. Quizá ahí nacen tantos males del impetuoso hoy. De hecho, demasiados que reivindican la pluralidad en la teoría luego solo quieren su propia pluralidad en la práctica. Entonces, no hay pluralidad: hay egos en contienda. La pluralidad nunca debería confundirse con lucha épica, pues es el enriquecedor punto de encuentro, descubrimiento y empatía desde donde se ensancharon los derechos humanos.

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