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Butternut, delicata o kabocha: cómo distinguir los tipos de calabaza y cómo cocinar cada una de ellas

19 October 2026 at 14:48

Butternut, delicata o kabocha: cómo distinguir los tipos de calabaza y cómo cocinar cada una de ellas

Puede prepararse asada en el horno, en guisos o en postres. No solo eso, cada pieza cunde mucho, por lo que es ideal para preparar comida para varios días, o alimentar a varios comensales a la vez

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

Octubre es uno de los mejores meses para la calabaza, uno de los alimentos más emblemáticos y deliciosos que trae el otoño. Pese a que en el imaginario colectivo ha trascendido la imagen de una calabaza pepona, achatada, con un color naranja muy vivo, lo cierto es que se presenta en multitud de formas y tonalidades. Y con estas variedades, la calabaza ha adoptado múltiples nombres, como butternut, delicata o kabocha. No solo varían en su aspecto, también en su sabor y textura, lo que influye a la hora de cocinarlas.

El otoño no solo cambia la gama cromática de todo lo que nos rodea, también trae consigo nuevas oportunidades gastronómicas en forma de deliciosos ingredientes, como las castañas, los caquis y los cítricos. A estos frutos populares les está ganando terreno la calabaza, que está siendo rescatada de nuestro recetario gracias a su delicioso sabor, pero especialmente por su versatilidad. Puede prepararse asada en el horno, en guisos o en postres. No solo eso, cada pieza cunde mucho, por lo que es ideal para preparar comida para varios días, o alimentar a varios comensales a la vez.

Este pariente del melón, el calabacín o el pepino pertenece a la familia de las cucurbitáceas, unas plantas trepadoras rastreras de las que existen más de 800 variedades. En el caso de las calabaceras, estas crecen directamente en el suelo, en una forma que recuerda a la vid, creando estructuras complejas y entrelazadas. Su hoja es grande, ancha y aterciopelada; mientras que su flor -que también se puede comer- es extensa y amarilla, con forma de trompeta.

Con independencia de la variedad que elijas, debes saber que la calabaza es un fruto con un gran atractivo nutricional. De acuerdo con la Fundación Española de Nutrición (FEN), contiene un gran aporte de vitamina C: solo con una ración es capaz de cubrir hasta el 31% de las ingestas diarias recomendadas. Además, es rica en carotenoides, que favorecen la transformación de la vitamina A en nuestro organismo. Por si fuera poco, aporta cantidades atractivas de fibra.

Cómo cocinar la calabaza butternut

La calabaza butternut es fácil de identificar por su forma de pera
La calabaza butternut es fácil de identificar por su forma de pera

Posiblemente esta es la variedad de calabaza que más veas en el mercado o en comercios generalistas. También conocida como calabaza cacahuete o violín, estas denominaciones son extremadamente descriptivas, ya que se deben a su característica forma de pera. Su piel es de un tono anaranjado pálido y mate, con una textura fina y lisa, fácil de pelar si la comparamos con otras calabazas.

Puesto que su temporada puede llegar a extenderse hasta diciembre, es conocida como una calabaza de invierno. Se trata de una de las calabazadas más populares gracias a su versatilidad y su pulpa firme y sabrosa, que no llega a ser demasiado dulce, por lo que puede servir para preparar platos principales y postres por igual. En boca, tiene un ligero sabor a nuez, lo que le dará un toque único a platos al horno, fritos o asados.

La puedes rellenar y gratinar con quesos como el feta y el parmesano, miel y unos frutos secos para potenciar todo su sabor. Otra opción es aprovechar su textura firme, laminarla y prepararla a baja temperatura en el horno: el resultado será una calabaza melosa que podrás depositar sobre una cama de puré de patata o una cucharada generosa de queso ricotta, un entrante perfecto para sorprender a tus invitados.

Cómo cocinar la calabaza delicata

Se trata de un calabaza con la pulpa muy dulce
Se trata de un calabaza con la pulpa muy dulce

Una calabaza con un perfil gustativo lleno de carácter es la delicata, gracias a su característico sabor dulce, con notas de maíz y frutos secos. Su aspecto exterior recuerda más a un melón amarillo que a un fruto de la calabacera, gracias a su forma cilíndrica y a su color pálido, con rayas verdes. También presenta un tamaño reducido, con un peso que no suele superar el medio kilo. La temporada de esta calabaza es más tardía que la de otras variedades autóctonas, ya que la siembra y cosecha comienzan en diciembre y se extienden hasta abril.

Al igual que la calabaza butternut, su piel es fina, pero ello no impide que se pueda rellenar. De hecho, es perfecta para este fin, gracias a su pequeño tamaño, ideal para una ración. Por su sabor dulce y su pulpa cremosa, es perfecta para prepararla asada. Gracias a su alto contenido en azúcar, asumirá un aspecto glaseado, con un tostado dorado y acaramelado.

Calabaza kabocha

Se trata de una calabaza con un sabor suave e intenso que recuerda al boniato
Se trata de una calabaza con un sabor suave e intenso que recuerda al boniato

No todas las calabazas son anaranjadas, prueba de ello es la kabocha, un manjar con una piel de tonalidad verde intenso. También conocida como calabaza japonesa, se trata de un ingrediente habitual en el recetario del país nipón, gracias a su sabor dulce, suave e intenso, que recuerda al boniato.

Gracias a su potente sabor, puede ser el protagonista de cualquier plato. De hecho, debido a la consistencia de su pulpa y la dureza de su piel, puede prepararse hervida, aderezándola después con un chorrito generoso de salsa de soja. También hace una pareja perfecta con los cortes más grasos de la carne, como puede ser el tocino, dando como resultado un plato meloso, con un perfil gustativo lleno de contrastes. Por último, puede ser el ingrediente perfecto para preparar una tarta, debido a que su sabor a nuez combina a la perfección con el de la mantequilla, la galleta y otros elementos habituales de la repostería.

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

16 October 2026 at 10:04

En ensalada, fritos o a la sartén: tres maneras de combinar garbanzos con huevos y verduras para resolver una comida rápida

Los garbanzos y los huevos son un matrimonio más que ideal gracias al aporte proteico que ambos ingredientes hacen en nuestra dieta

Tocino de cielo: el postre tradicional donde el huevo es el protagonista

Pocos ingredientes son tan fundamentales en nuestra dieta como los garbanzos y los huevos. Nutritivos y asequibles, hablamos de elementos presentes en el grueso de las despensas de nuestro país, que se pueden aprovechar para preparar fritos, recetas en la sartén o ensaladas. No solo eso, son ingredientes que se prestan a la rapidez y a las rutinas frenéticas del día a día gracias a sus tiempos cortos de cocción y a su plasticidad a la hora de servirlos tanto fríos como calientes. Frente a eso, la conclusión lógica es que deberían pertenecer al mismo plato. Y, si es con unas deliciosas verduras de acompañamiento, mejor que mejor.

Los garbanzos y los huevos son un emparejamiento más que ideal. Y es que, tal y como señala la Fundación Española de la Nutrición (FEN), ambos alimentos destacan por su aporte proteico. Los garbanzos son una legumbre con un alto contendido de proteína vegetal, además de ser una fuente de calcio y contener una alta proporción de hierro, magnesio, potasio, fósforo. En el apartado de las vitaminas destacan la E, tiamina, niacina y folatos. De esta última, una ración de garbanzos puede cubrir el 31% de las ingestas diarias recomendadas.

Por su parte, los huevos destacan notablemente en lo que respecta a su aportación proteica, llegando a ser la unidad de referencia para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), gracias a su alta proporción de proteína de gran calidad. Entre las vitaminas que contiene destacan las vitaminas D y A, y las del grupo B, mientras que entre los minerales predomina el fósforo, el yodo, y el selenio.

Ensalada de garbanzos, atún y huevo

Recomendamos que dejes las judías verdes al dente
Recomendamos que dejes las judías verdes al dente

En ocasiones es posible que no solo busques una comida rápida, también una que puedas comer en cualquier parte. Ahí es cuando entra una deliciosa ensalada de garbanzos, atún y huevo, ideal para llevarla contigo en un táper. Sus ingredientes no pueden ser más sencillos y apenas tendrás que ensuciar la cocina, pudiendo recurrir a las conservas para acelerar aún más el proceso. Necesitarás los siguientes ingredientes para preparar esta receta:

  • 400 gramos de garbanzos
  • Dos huevos cocidos
  • 65 gramos de atún en conserva
  • 100 gramos de judías verdes (frescas o en conserva)
  • Dos cucharadas de yogur griego sin azúcar
  • Una cucharada de mostaza
  • Una cucharada de mostaza de Dijon
  • Aceite de oliva
  • Medio limón exprimido
  • Sal
  • Pimienta negra molida

Como puedes observar, a este plato se le añaden unas deliciosas judías verdes, dándole color y frescura. También completarán aún más este plato, puesto que, de acuerdo con la FEN, suponen una fuente de folatos y vitamina C. Al igual que con los garbanzos, podrás prepararlas en el momento para esta receta, o adquirirlas en conserva. Ten en cuenta, eso sí, que las judías preservadas suelen tener un sabor muy potente a aceite de oliva, por lo que deberás ajustar en consecuencia las cantidades de aceite para este plato. De hecho, si te decantas por las judías en conserva, te recomendamos que no le añadas al aliño de la ensalada aceite de oliva.

Para preparar esta receta, comienza cociendo los huevos durante unos diez minutos. Mientras, si te has decantado por unas judías frescas, este será el momento de cocerlas. Para ello, lávalas, retírales las puntas y córtalas en dos o tres trozos. Las queremos al dente, por lo que vamos a cocerlas por un periodo de unos dos minutos, escaldándolas después en agua con hielo. También puedes aprovechar este momento para lavar los garbanzos y retirarles la aquafaba.

Con los huevos cocidos y pelados, es el momento de montar tu ensalada. Deposita en el fondo de un bol de ensalada o una fuente de servir una cama de judías verdes, a la que añadirás el atún y los huevos partidos en rodajas o mitades. A esto le sigue unas porciones generosas de garbanzos. Remata la faena con el aliño, que será doble: por un lado, dispón en un lado del plato dos cucharadas generosas de yogur griego sin azúcar, que le aportará frescura al conjunto; por otro, mezcla el aceite, la mostaza, el limón exprimido, la sal y la pimienta, y riega con este aliño toda la ensalada.

Garbanzos fritos con huevo y tomate

Puedes añadir a este plato todas tus verduras favoritas
Puedes añadir a este plato todas tus verduras favoritas

En el caso de que busques un plato contundente, pero preparado solo con huevos, legumbres y verduras, no hay nada como esta versión de los clásicos garbanzos fritos con huevo y tomate. En lugar del tomate frito en conserva, nos decantaremos por ingredientes frescos que freiremos en la sartén, como los tomates cherry o el pimiento rojo. Para preparar esta receta, necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 300 g de garbanzos cocidos en conserva
  • 250 gramos de tomates cherry
  • Un pimiento rojo
  • Tres huevos
  • Cuatro dientes de ajo
  • Una cucharadita de cúrcuma molida
  • Una cucharadita de ras el hanout
  • Aceite de oliva
  • Sal al gusto

La elaboración de esta receta no puede ser más sencilla. Comenzarás dorando los dientes de ajo, a los que añadirás los tomates cherry enteros y el pimiento rojo partido en cubitos. Conforme vayan soltando su jugo y reduciéndote, añade los garbanzos a la mezcla, además de las especias. Por último, añade los huevos, que para este plato revolverás ligeramente con el resto del conjunto. Sirve acompañado de unas buenas tostadas de pan.

Garbanzos a la sartén con huevo y berenjena

Recuerda cortar la berenjena en trozos muy pequeños
Recuerda cortar la berenjena en trozos muy pequeños

Esta receta no solo es deliciosa, también es ideal para aquellos que quieren comer verduras, pero que no les guste su sabor. La clave de este plato será la berenjena, que junto a una salsa de nata y tomate apenas será perceptible. Necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 500 gramos de garbanzos cocidos en conserva
  • Tres huevos tamaño
  • 200 gramos de tomate natural triturado
  • 100 gramos de nata para cocinar
  • Una cebolla dulce mediana
  • Una berenjena cortada en cubos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra recién molida
  • Sal
  • Dos cucharadas de azúcar

Comienza esta receta dorando en una sartén con un fondo de aceite de oliva la cebolla picada, a la que añadirás la berenjena cortada en cubitos pequeños. Mientras, escurre los garbanzos, eliminando la mayor cantidad de agua posible. Añade el tomate natural, la sal y dos cucharadas de azúcar, para corregir su acidez y el de la berenjena. Cuece el conjunto durante unos cinco minutos o hasta reducir el agua del tomate. Tras esto añadimos la nata y los garbanzos y salteamos el conjunto por otros cinco minutos. Con la ayuda de una cucharada de cocina, haz tres huecos para cascar los huevos, que cocerás durante cinco minutos con la sartén tapada. Sirve este plato directamente en la sartén, acompañándolo de abundante pan.

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