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La guerra en Oriente Medio, ¿la oportunidad para un nuevo esquema de alianzas en la región?

17 October 2026 at 23:01
Un grupo de hombres porta dagas tradicionales en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes

Cuando Donald Trump desató su furia sobre Irán a finales de febrero, el resto del planeta se echó a temblar. No era para menos. Casi ocho meses después, el estrecho de Ormuz continúa bloqueado –no lo estaba antes del comienzo de la guerra– y los precios se encuentran por las nubes. Sin embargo, más allá del impacto en los bolsillos el conflicto está provocando un efecto dominó en Oriente Medio. Y es que, los misiles de Irán y sus aliados siguen cayendo por toda la región, lo que ha llevado al resto de países a reconsiderar sus afinidades.

Bien está que el conflicto entre Estados Unidos y la República Islámica se ha estancando desde hace meses, aunque en los últimos días se han intensificado los ataques a petroleros en Ormuz. Sin embargo, el foco ahora está en Yemen. Allí, una ofensiva de los rebeldes hutíes a principios de septiembre ha cogido por sorpresa a sus enemigos: el gobierno oficial del país y Arabia Saudí.

En cuestión de semanas, Riad ha visto cómo su poderío militar en la región es incapaz de hacer frente a un grupo insurgente de un país vecino. Sus ataques contra el aeropuerto de la capital saudí han dejado un reguero de muertos. También la empresa petrolera estatal –que engloba en torno al 10% de la producción mundial– ha sido objetivo de los hutíes. Los rebeldes están golpeando donde más duele.

El nuevo frente ha puesto de manifiesto que la lógica de alianzas en Oriente Medio ha cambiado. El estatus de major non-NATO ally ("aliado importante no-OTAN") de Arabia Saudí da buena cuenta del lugar privilegiado de los saudíes en la red de socios de Washington. Al menos así era hasta ahora. Pero, cuando el príncipe heredero Mohamed bin Salmán pidió auxilio a Donald Trump para frenar los ataques hutíes, éste le cerró la puerta en las narices.

EEUU ni está ni se le espera

A lo largo de estos meses, Trump ha mostrado su incapacidad o, directamente, indiferencia hacia la protección de sus aliados en el Golfo. Este semana, una investigación de Reuters ha desvelado que los ataques de Irán y sus aliados han alcanzado 135 objetivos críticos para las cadenas de suministro energético en la región. Mientras los misiles llovían sobre sus socios, la Casa Blanca miraba hacia otro lado.

Washington estaba centrado en los ataques contra sus bases militares en la región, cuyos daños ha tratado de minimizar durante estos meses. Sin embargo, la cadena CBS reveló el pasado mes de septiembre imágenes que mostraban los daños generalizados y la destrucción en múltiples posiciones estadounidenses en todo Oriente Medio como resultado de los ataques.

Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes
Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

La sensación de abandono en los Estados del Golfo es generalizada. Se suponía que las bases estadounidenses eran su garantía de seguridad. En cambio, esas instalaciones han sido el principal motivo por el que han sufrido los ataques de Irán. Y la Casa Blanca no ha movido un dedo para evitarlos.

Ahora, con su no intervención para auxiliar a los saudíes, EEUU refuerza aún más esta percepción. En un análisis para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington, Michael Ratney lo explica así: "La reticencia de Estados Unidos a involucrarse alimenta la percepción de que ha abandonado a un socio en su momento de mayor necesidad. Mientras Arabia Saudí, su aliado, está siendo atacado, el presidente estadounidense le dice al mundo que no lo está ayudando". En este mismo análisis, sugiere que Riad buscará nuevos socios, como bien demuestra el reciente Pacto de la Meca.

Turquía y Pakistán al rescate

El pasado agosto Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el Pacto de la Meca. Algunos analistas lo han definido como una "OTAN musulmana", bien está que solo lo componen tres países. Aunque en un primer momento los pakistaníes y los turcos se mostraron reacios a ayudar a Riad, finalmente han aceptado acudir en su auxilio. Tropas enviadas por Islamabad ya se encuentran en suelo saudí, mientras que en el caso de Ankara, el Parlamento turco debe dar el visto bueno.

Un acuerdo de este tipo pone a Irán en un lugar especialmente comprometido. Los saudíes son unos de sus principales rivales en la región. Sin embargo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha valorado la triple alianza como "un paso adelante" en la unión entre musulmanes, asegurando que su país está "listo" para participar en el proceso.

Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes
Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

Tras conocerse el acuerdo, el Institute for National Security Studies, un think tank israelí vinculado a la Universidad de Tal Aviv, analizó las implicaciones del pacto para Irán. Aunque el declive de la hegemonía militar estadounidense en la región es una pequeña victoria para la República Islámica, el acuerdo entraña riesgos. ¿Y si en un futuro supusiese una amenaza?

Fuentes iraníes consultadas por El Independiente se limitan a subrayar que el Pacto de la Meca es un acuerdo de defensa, no ofensivo. Además, señalan que Pakistán es un buen aliado de Teherán. No obstante, algunos análisis publicados en medios iraníes han cargado contra Islamabad, a quien acusan de estar jugando a dos bandas.

Las milicias hutíes de Yemen forman parte del Eje de Resistencia, la red de alianzas orquestada por Teherán contra EEUU, Israel y sus aliados. A su vez, son enemigos de Arabia Saudí, que apoya al Gobierno oficialista yemení, en guerra con los rebeldes desde hace más de una década. Así, Pakistán, amigo de los ayatolás, colabora ahora con los saudíes para acabar con los socios iraníes en la región.

El factor israelí

Quizás el elemento más complicado de encajar en la ecuación sea Israel. El periódico Haaretz ha revelado los supuestos planes de Benjamín Netanyahu para unirse a Arabia Saudí en los ataques contra los hutíes. El primer ministro israelí anda buscando la normalización de las relaciones con los saudíes desde hace tiempo. Sumarse a su ofensiva contra las milicias rebeldes sería un buen aliciente.

No obstante, el príncipe israelí se muestra reticente a dar este paso. Aunque Riad y Tel Aviv colaboren al margen de los canales oficiales, aunar a Netanyahu a su alianza contra los hutíes son palabras mayores. Las fuentes iraníes consultadas por este medio no creen que esto vaya a suceder. También descartan que la República Islámica acudiese en auxilio de los rebeldes de Yemen si Israel se uniese a los ataques. Están centrados en su propia guerra con EEUU.

Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán
Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Además, está la barrera de Turquía, con quien Israel mantiene una intensa rivalidad desde hace meses. Hasta el punto de que Netanyahu ha llegado a afirmar que este país "es el nuevo Irán". La pugna entre estos dos Estados tiene mucho que ver con Siria, donde el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha ido ganando influencia desde la llegada del islamista Ahmed al Sharaa al poder. Desde Tel Aviv ven la creciente cooperación entre Damasco y Ankara como una amenaza a sus intereses en los Altos del Golán, territorio sirio que ocupan desde hace dos años.

De hecho, el portal estadounidense Axios aseguró a principios de mes que el Gobierno sirio estaba barajando también la posibilidad de enviar tropas a Yemen a luchar contra los hutíes. Un movimiento sorpresa desmentido por Damasco, aunque siguen llegando informes que apuntan en esta dirección.

Así, mientras los combates se recrudecen en Yemen –donde los desplazados internos superan los 233.000, según la Organización Internacional para las Migraciones–, el juego continúa en el tablero geopolítico en Oriente Medio. El vació dejado por Washington está siendo aprovechado por las potencias regionales, aunque todavía no queda claro hacia dónde terminarán de realinearse estos nuevos intereses.

La desesperación de las familias de los presos saharauis en huelga de hambre y "torturados" por Marruecos: "No sabemos nada de ellos"

15 October 2026 at 23:06
Familiares de los presos saharauis de Gdeim Izik, detenidos en Marruecos

Los presos conocidos como el grupo de Gdeim Izik saben bien lo que es el sufrimiento. Detenidos hace dieciséis años, durante todo este tiempo han soportado unas condiciones durísimas en prisión, en cárceles a cientos de kilómetros de sus seres queridos. Su delito, denunciar la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Para denunciar su penosa situación, el pasado 23 de septiembre iniciaron una huelga de hambre que algunos mantienen hasta el día de hoy. Tres semanas después, sus familias han alzado la voz para exigir su liberación.

El relato de sus familiares arroja serias preocupaciones sobre la integridad de los prisioneros políticos. Aseguran que, desde que iniciaron su protesta, los presos han sido víctimas de "torturas" y "aislamiento" por parte de Marruecos, además de un importante deterioro de su estado de salud. Su inquietud es tal que temen "seriamente" por la vida de sus familiares.

A esto se añade que las autoridades marroquíes no les permiten visitar a algunos de los detenidos. "No sabemos nada de ellos", denuncian las familias. En el caso de Ahmed Sbaai, su hermana asegura haberlo conseguido visitarlo en "pocas ocasiones" desde el comienzo de la huelga. En estos encuentros, lo vio "muy debilitado y con una importante pérdida de fuerzas". Sin embargo, cuando el miércoles acudió nuevamente a la prisión, las autoridades le informaron de que habían trasladado a su hermano al hospital, pero se niegan a darle el nombre del centro para que pueda comprobar personalmente cómo se encuentra.

Batalla de estómagos vacíos

Marruecos nunca ha tratado bien a los presos de Gdeim Izik. Las autoridades de Rabat desmantelaron brutalmente este campamento a las afueras de El Aaiún ocupado en noviembre de 2010. Allí se habían concentrado miles de activistas saharauis para protestar contra la ocupación alauí. A los que fueron detenidos y condenados a duras penas de prisión, les esperaban años de maltrato en las cárceles marroquíes.

Las huelgas de hambre son recurrentes entre los presos de este grupo. En esta ocasión, los presos han iniciado la "batalla de estómagos vacíos" por lo que consideran una detención "ilegal e injusta" de dieciséis años. Grupos como la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) están siguiendo "con profunda preocupación" la evolución de la protesta.

Como era de esperar, la administración carcelaria no ha reaccionado bien a las demandas de los presos saharauis. Sus familias han denunciado que, desde el inicio de la huelga, se han producido "nuevos traslados, restricciones de visitas, interrupciones de comunicaciones y un preocupante deterioro del estado de salud de varios presos". De hecho, de los nueve presos que se sumaron a la protesta –Mohamed Bachir Boutanguiza, Ahmed Sbai, Abdallah Abbah, Hussein Zaoui, Hassan Dah, Nama Asfari, Mohamed Lamin Hadi, Mohamed Bani y Bachir Khada–, cuatro se han visto obligados a suspenderla por el deterioro de su salud.

Los presos denuncian torturas

Los testimonios de los presos saharauis desde dentro de las prisiones son alarmantes. Hassan Dah fue trasladado de la prisión en la que se encontraba sin que las autoridades penitenciarias informasen a la familia. Durante varios días, sus allegados preguntaron por su paradero, sin obtener respuestas. Cuando finalmente consiguieron visitarlo, sus familiares lo encontraron "en un estado de salud extremadamente delicado".

Sin embargo, los hechos más graves fueron denunciados por el propio recluso. Hassan les relató a sus familiares que "fue trasladado desnudo y sometido a torturas y malos tratos durante su desplazamiento a la nueva cárcel".

En el caso de Mohamed Bachir Boutenguiza, su madre –una mujer de edad muy avanzada– y sus hermanas consiguieron visitarle tras varias jornadas frente a las puertas de la cárcel. Lo que presenciaron aumentó todavía más su angustia. "Estaba tan debilitado que no podía caminar por sus propios medios y, durante el encuentro, vomitó sangre delante de ellas", relatan con pesar las familias.

Al deterioro por la huelga de hambre se suma que muchos de los presos sufrían problemas de salud previos. Así le sucede a Hussein Zaoui, que padece problemas renales, asma e hipertensión arterial, agravados durante sus años de encarcelamiento. Sus hijas llevan varios días esperando a la entrada de prisión, con la esperanza de ver a su padre, sin recibir ningún tipo de respuesta a sus peticiones. Han llegado a expresar que no saben si su padre sigue vivo o ha muerto.

Detenciones cuestionadas por la ONU

"La gravedad de la situación actual exige pasar de las declaraciones a las actuaciones urgentes de protección", demandan las familias de los nueve presos saharauis. La realidad es que muchos de estos hombres ni siquiera deberían estar entre rejas.

En noviembre de 2023, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria emitió una resolución en la que concluía que la privación de libertad del grupo de Gdeim Izik era arbitraria. Por ello, el organismo solicitó la excarcelación inmediata de los prisioneros saharauis. Tres años después, las autoridades marroquíes no han movido un dedo para asegurar el cumplimiento del dictamen.

También se ha pronunciado sobre este caso el Comité contra la Tortura de la ONU, que ha dictaminado en varias ocasiones que las confesiones que se usaron para meter a los presos del grupo de Gdeim Izik en la cárcel fueron obtenidas bajo tortura. Marruecos no ha investigado ninguna de estas denuncias, a pesar de que así se lo ha instado Naciones Unidas.

Marruecos reprime también a las familias

En los últimos días, las familias han intensificado la presión sobre las autoridades marroquíes. Este lunes, una concentración frente a la Delegación General de la Administración Penitenciaria en Rabat exigió la liberación de los presos. Según el periódico Le360, propiedad del secretario personal de Mohamed VI, "elementos separatistas" causaron "un caos generalizado" al izar la bandera de la "república imaginaria" –en referencia a la República Árabe Saharaui Democrática– y corear consignas en contra de Marruecos.

La concentración, muy incómoda para las autoridades marroquíes, poco acostumbradas a este tipo de reivindicaciones en la capital, se saldó con varios detenidos. La organización Front Line Defenders ya ha pedido la liberación inmediata del defensor de derechos humanos saharaui Hassana Eddouihi y seis estudiantes, arrestados después de que la policía disolviese "de forma violenta" una protesta pacífica.

Desde la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes han denunciado lo que consideran "una grave violación de los derechos y libertades fundamentales". Además, aseguran que esta situación agrava el sufrimiento de las familias de los presos, "que se enfrentan a condiciones psicológicas y humanas particularmente difíciles".

Además, las autoridades alauís han prohibido la entrada a su territorio a la activista francesa Claude Mangin, esposa de uno de los presos de Gdeim Izik. Su marido, Naama Asfari, es uno de los cuatro reclusos que han abandonado la huelga de hambre. No es la primera vez que sucede. El año pasado, Marruecos le impidió desembarcar en Tánger cuando trataba de llegar a suelo marroquí para reunirse con su esposo, tras una campaña de vigilancia y acoso que comenzó en territorio español.

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