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Anatomía felina: el mapa de las glándulas odoríferas que tienen tus mascotas

17 October 2026 at 07:15

Cuando un gato frota la cabeza contra una persona, se restriega contra un mueble o se estira en la pared con las uñas fuera, no solo está dejando pelos o algún que otro arañazo visible. Su cuerpo dispone de numerosas glándulas capaces de producir sustancias olorosas que forman parte de su sistema de comunicación. Para nosotros muchas de esas señales pasan completamente desapercibidas, pero para otros gatos contienen información relevante.

Estas glándulas se encuentran en diferentes zonas del cuerpo y sus secreciones no son exactamente iguales. Algunas tienen especial importancia en la comunicación facial y social, mientras que otras participan en el marcaje mediante el rascado o en la comunicación asociada a la zona posterior del animal.

Un mapa de olores repartido por todo el cuerpo

Entre las principales zonas con glándulas odoríferas se encuentran diferentes regiones de la cabeza. Hay glándulas periorales alrededor de la boca y las comisuras de los labios, temporales en la zona situada entre los ojos y las orejas y submandibulares en la barbilla.

También existen glándulas asociadas a la zona caudal, especialmente alrededor de la base de la cola, y glándulas interdigitales en las almohadillas de las patas. La distribución tiene sentido si se observa el comportamiento cotidiano del gato. La cara entra fácilmente en contacto con personas, animales y objetos cuando se frota contra ellos, mientras que las patas participan en el marcaje cuando el animal araña determinadas superficies.

A estas estructuras hay que añadir los sacos anales, situados a ambos lados del ano. Su contenido tiene una composición y una función diferentes de las secreciones de las glándulas faciales y puede producir un olor especialmente intenso. Los problemas en esta zona, como la impactación de los sacos anales, pueden causar molestias y requieren valoración veterinaria.

Qué deja un gato cuando se frota contra nosotros

Cuando un gato frota la cabeza o la cara contra otro gato, una persona u objetos, deposita secreciones procedentes de las glándulas de esas regiones. Mediante esta acción comunicativa con señales químicas, los gatos obtienen información sin necesidad de establecer un contacto directo prolongado y contribuyen a crear un entorno olfativo familiar.

Por eso, cuando un gato frota la barbilla o los laterales de la cara contra una persona, el comportamiento está utilizando una parte de su sistema natural de comunicación. Las secreciones también participan en la familiaridad entre individuos. En grupos de gatos que mantienen relaciones sociales, el contacto físico y el acicalamiento mutuo pueden contribuir a mezclar olores individuales y crear un olor compartido del grupo.

De qué está hecho el olor que deja un gato

Las secreciones de las glándulas odoríferas son mezclas de numerosos compuestos químicos, entre ellos distintos ácidos grasos y otras moléculas orgánicas. Su composición cambia según la zona del cuerpo y también puede variar de un gato a otro. En las glándulas de la cara, algunas de las sustancias identificadas están relacionadas con los lípidos, es decir, con componentes grasos, como los ácidos grasos oleico y el palmítico. También se han encontrado otros compuestos presentes en cantidades menores.

Curiosamente, no conocemos todavía la proporción exacta de cada componente en todas las glándulas odoríferas del cuerpo ni sabemos qué información transmite cada molécula por separado. La investigación sí ha permitido identificar diferentes mezclas químicas asociadas a determinadas zonas, pero el significado de muchas de ellas todavía no está completamente descifrado.

Algo parecido ocurre con las secreciones de las patas. Las glándulas asociadas a las almohadillas producen sustancias que quedan sobre las superficies cuando el gato camina. Entre ellas se han identificado distintos ácidos grasos y otros compuestos, que contribuyen al perfil químico de la marca que deja el animal.

Por su parte, los sacos anales tienen una química diferente y producen un olor mucho más intenso. Sus secreciones contienen, entre otros componentes, ácidos grasos de cadena corta y numerosos compuestos volátiles. Además, las bacterias que viven en esa zona pueden transformar algunas sustancias y contribuir al olor final. Por eso el perfil químico de un gato no procede únicamente de sus propias glándulas, sino también de las interacciones entre esas secreciones y los microorganismos de la piel.

Zonas de marcaje

La zona facial es probablemente la más evidente, pero el gato dispone de otros lugares para depositar señales químicas. Las glándulas situadas alrededor de la base de la cola contribuyen a las señales odoríferas que el animal deja en determinados lugares. Las patas tienen además glándulas asociadas a las almohadillas y el movimiento con el que se afilan las uñas permite combinar señales químicas con una marca física muy visible.

Cuando un gato araña un árbol o un mueble, por tanto, no está produciendo únicamente una marca que otro animal pueda ver. El contacto de las patas con la superficie también permite depositar sustancias procedentes de las almohadillas, reforzando así la información que queda en ese lugar.

No todas las secreciones tienen el mismo significado

No existe una única ‘feromona del gato’ que sirva para todo. Las secreciones producidas en diferentes partes del cuerpo contienen mezclas químicas distintas y cumplen funciones diferentes. Si nos ponemos rigurosos, la ciencia ha categorizado las secreciones faciales en cinco fracciones (de la F1 a la F5), siendo la F3 la que el gato utiliza para marcar su territorio como seguro (y la base de las feromonas sintéticas de difusor comercial). En cambio, las sustancias procedentes de la zona anal tienen otras funciones biológicas y una composición diferente. También pueden variar las señales depositadas en función del contexto y del propio animal.

El olor de un gato, por tanto, forma parte de un sistema de comunicación en el que el contexto y las características individuales importan mucho. Para nosotros, gran parte de esta información es prácticamente invisible porque nuestro sentido del olfato no permite interpretar las señales químicas felinas de la misma manera, pero para otro gato, un objeto que ha sido marcado puede formar parte de un entorno olfativo mucho más informativo.

Comunicarse mediante olores

Desde las comisuras de la boca hasta la base de la cola y las almohadillas, el gato lleva incorporado un auténtico mapa de puntos de comunicación química. Cada zona aporta sus propias secreciones y algunas intervienen en comportamientos que forman parte de la vida cotidiana del animal.

Así que ese cabezazo contra la mano, el frotamiento insistente contra una esquina o las marcas que deja al arañar no son gestos aislados, sino parte de un sistema de comunicación que utiliza sustancias químicas, contacto y comportamiento para construir información sobre el entorno y sobre otros individuos.

Referencias:

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