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El Telediario de la bendita ingenuidad

18 October 2026 at 05:30

Hay palabras bonitas que vamos rechazando por la sociedad de la competitividad. La ingenuidad es una de ellas. Nos suena a la debilidad de la niñez cuando, en realidad, representa la sonrisa de la curiosidad que nos permitía imposibles en aquellos años en los que veíamos un avión en un boli Bic, una serpiente en un cable enrollado y un micrófono en el secador de pelo.

La televisión con la que varias generaciones pegamos el estirón nos motivaba a aquella imaginación desde la reunión de iguales y, a la vez, de diferentes. Los vecinos de Robledillo de la Jara, un pueblo de poco más de 80 habitantes en la sierra de Madrid, lo saben bien. Tanto que decidieron bautizar como Plaza de TVE a su espacio público principal. Un cruce de caminos perfecto para celebrar la edición especial del Telediario de las tres de la tarde con motivo del 70 aniversario de Televisión Española. Hasta allí fueron los camiones de la tele de 2026. Como antaño. Esta vez, cargados de recuerdos compartidos de la que caja lista: dos Electroduentes, La Bruja Avería, la bola original de La bola de Cristal, la Ruperta. Hasta Don Pimpón estaba por allí. Personajes que seguimos recordando porque fueron los protagonistas de programas que confiaban en el criterio propio de la audiencia. Creían en nuestro espíritu crítico. Incluso lo estimularon.

Igual que pasaba en los sesenta, setenta, ochenta y noventa, los vecinos de Robledillo se pusieron las mejores galas para recibir a la tele. Con la permanente hecha, sacaron las sillas a su Plaza de TVE. Aunque, al final, tuvieran que taparse el look con un abanico para esquivar un sol abrasador. En la polarización que legitima la excitación del furioso que arranca el micrófono del reporteros, aquí nos encontramos con ciudadanos festejando la tele sin susceptibilidades ni sometimientos. Gente con ilusión. Porque la buena tele siempre se parece a una plaza pública, como esta, en la que nos saludamos y terminamos empatizando. Porque mirándonos a los ojos es más fácil encontrarse con todo lo que nos une.

Esa sensación fue puesta en práctica en el pletórico directo del TD. Gente congregada a través de la artesanía audiovisual que pone en pie las ideas. El realizador Ole Marcos buscando el mejor encuadre, Ana de Roque emocionada con el aplauso de un público descubriendo que estaba presentando uno de sus últimos ‘partes’ meteorológicos antes de la jubilación, la familia de Ana Ibáñez viendo detrás de cámaras a su mamá, la vecina del pueblo Eva entusiasmada porque amigas que hace tiempo que no ve le estaban escribiendo porque "había salido" por la tele, Pablo López homenajeando a las sintonías de su vida y el guionista y cómico Lalo Tenorio dando vida al traje original de Don Pimpón. Él que ni siquiera había nacido en los ochenta del Barrio Sésamo de Espinete y Don Pimpón. Él ha conseguido meterse en el estrecho traje que pasó tantos años perdido en los estudios de Prado del Rey, domar los alambres que escondía en su interior y darlo una segunda oportunidad.

Al frente, Alejandra Herranz ordenando todas las ideas con su capacidad de demostrar que la precisión del rigor no está reñida con la espontaneidad. Tampoco con la cordialidad, que tantas veces se olvida en el nervio de la exigencia de los platós y la competitividad ultraprocesada. Me percaté cuando en pleno directo, al acabar de entrevistarme en la plaza, Alejandra me guiñó el ojo con la generosidad de los que siempre son aliados. De los que el frenesí de la tele no les cambia. De los que saben que la vida es equipo. Y, entonces, apareció en mi la sonrisa de la ilusión. No estaba solo entre egos luchando contra sí mismos, como tantas veces en la tele de hoy. Estaba sintiéndome partícipe de la tele genuina. La tele que sigue guiñando el ojo como ejercicio de complicidad. Porque tiene claro que "solo no puedes, con amigos sí". La tele que sabe que nos necesitamos. Sabe que el público es quien siempre completa la historia. Mejor si es con un parpadeo de aliada ingenuidad.

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