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Cuando el vandalismo eclipsa una causa justa

18 October 2026 at 07:12

Lo más difícil de una manifestación, de una concentración o de una acampada reivindicativa es ponerle fin. Habitualmente, los grupos más extremistas, que no buscan soluciones a los problemas que movilizan a la inmensa mayoría de los participantes, suelen hacerse fuertes cuando la mayoría se disuelve.

Estos días estamos contemplando esta situación en la acampada por una vivienda digna y asequible que se desarrolla en la Puerta del Sol desde el 26 de septiembre.

Tras la división registrada en la última asamblea celebrada en Sol durante la votación sobre el levantamiento de la acampada, y después de que el Sindicato de Inquilinas anunciara públicamente su voluntad de abandonar la concentración instalada en las Setas de la Encarnación, en Sevilla, para concentrar sus esfuerzos en la huelga general convocada para el 11 de noviembre en todo el país, me vino a la memoria el desenlace de la acampada del 15-M.

Aquel 11 de junio de 2011, tras una votación similar en asamblea, se tomó la decisión de levantar la protesta para evitar un desalojo policial. Bajo el lema "No nos vamos, nos expandimos", aquella movilización dio paso a una nueva etapa de un movimiento político surgido de la indignación ciudadana que acabaría teniendo en Podemos su principal expresión partidista. La evolución de esta fuerza política ya la hemos visto todos, aunque todavía quede mucho por ver.

Volviendo a Sol, creo que muchos españoles coincidiremos en que las imágenes que hemos presenciado en las últimas horas son incívicas e injustificables y distan mucho de las que acapararon la atención de los medios de comunicación durante los primeros días.

Entonces destacaban unos organizadores que mantenían el orden en la concentración, conscientes de que se desarrollaba en la vía pública. La coordinación era permanente, la limpieza, constante, y la atención a los medios de comunicación se prestaba cada vez que estos la solicitaban. Además, se ponían sobre la mesa todas las medidas necesarias para mantener en primer plano la reivindicación de una vivienda digna y asequible.

Tras la decisión de la acampada de Sevilla de concentrar sus esfuerzos en la huelga general, y ante la desaparición progresiva de la primera línea pública de los portavoces del Sindicato de Inquilinas, que habían ejercido como tales durante los primeros días, resulta evidente que la acampada de la Puerta del Sol ha ido perdiendo parte de su orientación inicial.

El movimiento parece haber quedado cada vez más en manos de grupos menos representativos de la lucha contra los desahucios y más extremistas, que han encontrado una oportunidad para ocupar un espacio político y mediático del que antes carecían. Algunos de ellos eran prácticamente desconocidos antes de la acampada.

Las imágenes de personas vandalizando la fuente de Carlos III, de sillas de playa y colchonetas en su interior, así como las agresiones y los insultos dirigidos a los medios de comunicación, distan mucho de la imagen de los primeros días y de la simpatía que la protesta despertó en una parte importante de la sociedad española.

Quienes, en las votaciones de las últimas horas, se negaban a abandonar la acampada hasta el próximo 11 de noviembre deberían hacer un esfuerzo por evitar que la imagen de la protesta siguiera deteriorándose, especialmente si el objetivo es concentrar los esfuerzos en la huelga general. Sin embargo, a estas alturas, considero que revertir ese deterioro resulta prácticamente imposible.

Estos más de veinte días nos dejan imágenes de solidaridad con quienes carecen de algo tan básico para la dignidad humana como un techo. Nos dejan una protesta justa y una reivindicación necesaria, pero, desgraciadamente, también un desenlace incívico y absolutamente rechazable.

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