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Fin de semana caótico de disturbios y reivindicaciones en París: “Esto es lo que pasa cuando el Gobierno no escucha y reprime”

18 October 2026 at 18:12

Fin de semana caótico de disturbios y reivindicaciones en París: “Esto es lo que pasa cuando el Gobierno no escucha y reprime”

El ministro de Interior, Laurent Nuñez, ha presentado su dimisión a Macron, pero el presidente la ha rechazado "dada la necesidad de mantener el mando de las fuerzas del orden en el contexto actual"

Fotogalería - Las imágenes de las masivas protestas en Francia

Varias realidades, distintas aunque relacionadas, han convivido a lo largo de este fin de semana en París y en varias de las principales ciudades de Francia. Manifestaciones pacíficas y disturbios se desarrollaron en las mismas calles, a veces a sólo unos metros, para dar forma a una de las jornadas de protestas más violentas de los últimos años, que recordó el estallido de violencia del 1 de diciembre de 2018, el llamado tercer acto del movimiento de los chalecos amarillos, durante el cual se dañó el Arco del Triunfo.

Este domingo, 24 horas después de las imágenes de violencia en varias ciudades de Francia, el presidente Emmanuel Macron se ha dirigido a los franceses en un mensaje en el que ha denunciado las acciones de “facciosos pertenecientes a grupúsculos de ultraizquierda, a los que se sumaron numerosos delincuentes”.

“Se han saqueado comercios y se han atacado edificios públicos, tiendas y ayuntamientos. Al ver las imágenes, todos nos hemos preguntado cómo pueden unos franceses hacerle esto a Francia [...] Nada lo justifica, nada lo explica, nada lo excusa”, ha proclamado en un mensaje en vídeo grabado desde el Elíseo y hecho público a las 20.00 horas.

El jefe de Estado francés, que el lunes partirá en visita oficial a varios países del golfo Pérsico no anunció medidas especiales, aunque evocó una mejor colaboración entre las prefecturas y los ayuntamientos “para proteger nuestras ciudades, nuestros edificios públicos y nuestros comercios”, que podrían llegar a la prohibición de “determinadas concentraciones” y la adopción de “todas las medidas necesarias”.

Macron también hizo un llamamiento a los partidos políticos y a las organizaciones profesionales y sindicales para que “condenen sin ambigüedades toda forma de violencia y hagan un llamamiento a la calma”, tras los destrozos ocurridos en la capital y varias ciudades.

Además, el presidente ha rechazado la dimisión del ministro del Interior, Laurent Nuñez, tras los disturbios y le ha pedido que despliegue cuanto antes nuevos métodos de intervención contra los grupos violentos, ha informado este lunes el Elíseo. La Presidencia francesa justifica la decisión por la necesidad de garantizar la continuidad del mando de las fuerzas de seguridad en el actual contexto de tensión. “Dada la necesidad de mantener el mando de las fuerzas del orden en el contexto actual, el presidente de la República rechazó” la renuncia de Nuñez, indica el Elíseo.

En una entrevista en France Inter, Nuñez explicó que había presentado su dimisión a Macron alegando que es “el responsable de todo lo que está ocurriendo”.

En París, en el barrio que rodea la Ópera Garnier, las primeras tensiones comenzaron a última hora de la mañana del sábado. Antes se habían producido los primeros cacheos y detenciones. La plaza de la Ópera era uno de los puntos de encuentro que circulaban por los grupos de mensajería de los manifestantes en los días previos. Por eso las fuerzas del orden impedían cualquier concentración en sus inmediaciones.

Todo el acceso al centro de la ciudad había quedado prohibido para las manifestaciones, a las que se obligó a modificar su recorrido. Desde dentro de los cafés y restaurantes de las calles cercanas, los clientes comenzaron a ver las carreras de grupos de jóvenes y persecuciones de la brigada motorizada BRAV-M. La policía quiso alejarles todo lo posible de los centros de poder (Asamblea, Elíseo, Matignon) que eran el objetivo declarado de una parte los manifestantes. Algo que se intentó en 2018, en varias de las manifestaciones de los chalecos amarillos.

También a última hora de la mañana, las manifestaciones oficiales comenzaban a agruparse en la plaza de la República. La policía dispersó a varios grupos con granadas lacrimógenas y varias cargas en los alrededores. Al mismo tiempo, grupos violentos produjeron los primeros destrozos en el mobiliario urbano e incendios en varios puntos de la plaza, que sería uno de los focos de la violencia en la capital a lo largo de toda la jornada.

Manifestaciones improvisadas

Pese a esos primeros enfrentamientos, las dos manifestaciones oficiales —numerosas y pacíficas— pudieron agruparse y partieron a primera hora de la tarde. Una en dirección a la plaza de Clichy en el norte, la otra hacia la plaza de la Nación en el este.

Pero no todos los manifestantes se unieron a esos cortejos. En ese momento en la ciudad se pusieron en marcha varias dinámicas: las calles cercanas a esa misma plaza de la República se llenaron de jóvenes que improvisaron sus propias manifestaciones, algunos simplemente deambulaban entre los diferentes puntos de manifestación, tanto los dos oficiales, como los improvisados.

Manifestarse fuera de los itinerarios aprobados se convirtió en una forma adicional de protesta. “Esto es lo que pasa cuando no se permite manifestar, cuando el gobierno no escucha y reprime”, explicaba un grupo de estudiantes de enfermería, que acudió a manifestarse en sus batas blancas.

Con multitud de pancartas, cánticos, disfraces y performances, la mayoría de los jóvenes habían salido a expresarse y a ser escuchados. Sus reivindicaciones eran múltiples: las condiciones materiales del sistema educativo estaban presentes en muchas de las pancartas, así como una inquietud general por su futuro, ante las crisis climáticas y económicas. También la respuesta policial a los bloqueos de institutos, considerada como represiva y desproporcionada.

Poco después de que comenzaran los cortejos oficiales, uno de los improvisados bajaba la calle des Archives en dirección al barrio del Marais, sin destino aparente. Un centenar de manifestantes coreaban: “la juventud manda a la mierda al Frente Nacional (La jeunesse emmerde le Front national)” y “todo el mundo detesta a la policía (tout le monde déteste la police)”.

En las mismas calles se veían también grupos de chicos, de entre quince y veinte años, sin pancartas, vestidos en su mayoría con chándal oscuro, con gafas de buceo o de construcción, algunos con cascos. Todos con el rostro totalmente cubierto, pese a que la prefectura de París (dependiente del ministerio del Interior) lo había prohibido.

Pequeños grupos similares aparecen en las imágenes que hoy dan la vuelta al mundo junto a otros que llevan chalecos amarillos, en los vídeos de los mayores enfrentamientos en París y el resto de ciudades.

En la calle de Bretagne, una de las cercanas a la plaza de la República, dos chicos vestidos de negro trataron de comenzar a erigir una barricada cerca de un cruce donde estaban agrupados los policías, apilando las bicicletas eléctricas de libre servicio. A sólo unos metros de allí, dos jóvenes habían puesto una mesa y sillas en medio de la carretera y jugaban al ajedrez.

Un vehículo en llamas durante una protesta en París.
Un vehículo en llamas durante una protesta en París.

La identidad y la afiliación política de los autores de las violencias ya es —y continuará siendo en las próximas semanas— objeto de especulaciones y acusaciones cruzadas. El Gobierno señala a “la ultraizquierda” y, a través de ella, al partido Francia Insumisa (LFI). Mientras el líder de este partido, Jean-Luc Mélenchon, que participó en una de las marchas pacíficas del sábado, respondió que es el Gobierno el culpable de haber “organizado el desorden”.

Mundos distintos

En todo caso, el sábado en las calles de París se dibujaron extrañas escenas de mundos distintos coexistiendo sin apenas interactuar. Los jóvenes manifestantes atravesaban el barrio del Marais que, por lo demás, ofrecía la misma estampa de cualquier sábado. Terrazas llenas, turistas y colas en las pastelerías. En la calle Des Archives esta tranquilidad fue perturbada brevemente cuando los transeúntes tuvieron que pegarse a los muros al ver aparecer un pequeño grupo de antidisturbios corriendo calle arriba.

A 50 metros de allí, delante del museo Picasso, una pareja de japoneses giraba sobre sí mismos, nariz pegada a la pantalla del móvil, tratando de orientarse para encontrar el punto de recogida de su Uber. Una pequeña marcha de una veintena de jóvenes pasó por delante, enarbolando sus pancartas y con Manu Chao sonando en la megafonía.

En la calle de Quatre Fils, otros dos turistas anglosajones pasaban con bolsas de ropa en dirección a la calle de Bretagne, buscando una cafetería, sin ver que al final de la calle se elevaba una espesa columna de humo, que marcaba la ubicación de enfrentamientos entre policía y manifestantes que en ese momento comenzaba en los alrededores del bulevar Sebastopol. Allí se produjeron durante la tarde algunos de los primeros pillajes de comercios.

Un manifestante con un chaleco amarillo durante una protesta en París.
Un manifestante con un chaleco amarillo durante una protesta en París.

Una violencia que contrastó con el aire festivo que la mayor parte de los jóvenes quisieron darle a la jornada, apoyados por charangas o música en altavoces. También contrastó con la tranquilidad en las que se desarrollaron las dos manifestaciones oficiales.

En el cercano bulevar Voltaire, que sí formaba parte del itinerario oficial, una chica enarbolaba una pancarta reclamando “medios de comunicación que estén a la altura, por favor”. Ya antes del sábado los jóvenes sentían que la cobertura mediática —y las cifras les daban la razón— estaba girando de manera desproporcionada en torno al vandalismo, en detrimento de sus reivindicaciones. Una tendencia que es probable que se amplifique después de los hechos del sábado.

A pocos metros de ahí una veintena de manifestantes en bicicleta se cruzaba con otra marcha improvisada de un centenar de personas. Era parte de la que debía llegar a la plaza de la Nación, pero decidieron desviarse por una de las calles laterales. Los manifestantes coreaban, entre otras cosas, “ACAB, ACAB [All cops are bastards]”.

Macron y el Gobierno

Además de la policía y el ministro de Educación, muchas de las pancartas apuntan a un responsable: Emmanuel Macron. “En nueve años, por el Ministerio de Educación han pasado ocho ministros, a Macron la educación es algo que le da igual”, se queja un adolescente, con una pancarta en la que reclama el fin de la Francia de Macron. “Y no sólo es la educación, es todo, por eso hemos salido a la calle, y por eso están en la calle los chalecos amarillos”.

A última hora del día en París el número y la dispersión de los manifestantes desbordó a la policía que se concentraba en mantener el control de las plazas. República, Vendôme, Madeleine, Bastilla... las imágenes de enfrentamientos se multiplicaron. En un momento dado, los manifestantes violentos llegaron a unos centenares de metros del Elíseo.

Sin policía, muchos de los comercios del centro y de los Campos Elíseos sufrieron el pillaje de grupos de jóvenes. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, habla de “calles enteras devastadas” y un balance de daños materiales que será “grave”.

El Gobierno ha cifrado el número de manifestantes en 550.000, con unas 2.000 personas detenidas y unos 600 policías y gendarmes heridos. Los organizadores elevan el número de participantes a 800.000. En Burdeos, la residencia de la prefecta del departamento (equivalente al delegado de Gobierno en España) fue saqueada y tuvo que intervenir una unidad de élite de la policía. En Lyon, donde no había ninguna manifestación declarada, grupos violentos incendiaron la oficina de turismo. En Limoges ardió el Ayuntamiento. El de Marsella fue saqueado.

Diferentes voces reprochan al Gobierno haber subestimado la amplitud de las protestas. El primer ministro, Sébastien Lecornu, compareció al final del sábado, en el centro operativo de la Prefectura de Policía de París, acompañado por el ministro del Interior, Laurent Nuñez. “Los centros de poder de París han sido el blanco de los ataques: el Elíseo, Matignon y la Asamblea Nacional, por lo tanto, está claro que se trata de una maniobra política”, declaró. “No nos dejaremos intimidar”, aseguró.

La dura realidad de una asociación de Leganés con más de 70 gatos en una colonia y sin casas de acogida: “La falta de apoyo te acaba quemando”

20 October 2026 at 15:59
Gatitos que fueron rescatados hace un año en Leganés por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Cada día, cuando concluye su jornada laboral en una consultoría de ingeniería técnica, Elena arranca su “segundo turno”. Es la presidenta de Ayúdanos a Ayudar Gatos, una asociación de Leganés fundada en 2017 que lucha a pie de calle por la protección felina. Su relato no es el de un refugio idílico con grandes instalaciones, sino el de una labor cotidiana sostenida únicamente por voluntarios, casas de acogida y recursos propios.

“Nosotras podemos dejarnos la piel, pero el Ayuntamiento no hace nada”, lamenta Elena. “No tenemos ninguna localización física, dependemos al 100% de las casas de acogida”, explica, señalando que, si no hay hogares disponibles, es imposible rescatar a los felinos de la calle. “Hemos pasado de hacer 80 adopciones al año a hacer cinco, por la falta de recursos y de espacio”, advierte.

La asociación supervisa una colonia que funciona como punto caliente en un entorno de naves del municipio. “Es una colonia en la que hay como unos 70 gatos y creciendo”, observa, al existir una dificultad de acceder al interior de las propiedades privadas para esterilizar a todos los felinos. “Esa colonia nunca va a estar controlada”, reconoce. Además, asume de manera personal la tarea de las capturas por la falta de disponibilidad de voluntarios para esta labor en concreto.

Dos de los gatos que buscan hogar en Leganés a través de Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

“Empiezas con muchas ganas de ayudar, pero al final te acaba quemando”, confiesa Elena al describir la carga emocional que supone conseguir una acogida temporal de apenas tres semanas para curar a un animal malherido y encontrarse después sin alternativa si no surge una adopción. “Si no tengo nada para él, en mi casa no lo puedo meter. Si no me sale otra casa o una acogida... ¿Lo vuelvo a soltar en la calle?”, reflexiona.

La calle no es lugar para un gato

El testimonio de Elena no es un caso aislado, sino el reflejo a escala municipal de una problemática extendida en todo el país. Según datos del III Barómetro Felino de Sanicat, 8 de cada 10 gatos en España han llegado a su hogar tras una situación de vulnerabilidad: un 42% fue recogido directamente de la calle y un 39% llegó a través de protectoras y entidades de rescate.

Uno de los mayores obstáculos con los que tropiezan a diario las asociaciones es la falta de identificación de los felinos. El I Estudio Oficial sobre la Gestión de la Protección Animal en España, elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, revela un dato tajante: el 95% de los gatos que ingresan en los centros de recogida de animales no están identificados con microchip.

Gatos de la colonia de Leganés custodiada por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Aunque la Ley de Protección Animal de 2023 establece la obligatoriedad de identificar con microchip a todos los gatos domésticos antes de los seis meses de edad, la realidad a pie de calle dista mucho de la norma. Según relata Elena, es habitual encontrar animales abandonados sin chip procedentes de camadas no deseadas o de personas que argumentan no ponérselo porque las mascotas no salen de casa.

Por otro lado, la intervención ciudadana en la calle debe hacerse siempre con cautela. El activista y creador de contenido Jose (@Joselecats) hace hincapié en la importancia de verificar el estado real del animal antes de retirarlo de la vía pública: “Comprobar si lleva chip o chapita, preguntar en la zona y coordinarse con las asociaciones que gestionan las colonias”, ya que, si se actúa sin conocimiento previo, “podemos desorientarlo o separarlo involuntariamente de su colonia o de una familia que lo está buscando”.

Las cicatrices del abandono

Cuando alguien se desentiende de un animal, la decisión deja huellas profundas. La veterinaria Belén Montoya, experta en medicina felina, advierte sobre el choque psicológico y físico que sufren al ser expuestos de golpe al exterior. “El terror que siente un gato al perder la previsibilidad y el control de su entorno puede generarle un trauma de por vida o afectar a su salud de forma aguda con consecuencias potencialmente mortales”, sostiene la especialista.

De hecho, cuando una asociación o un particular logran rescatar a un felino desamparado, el primer examen sanitario suele confirmar la dureza del entorno. En las consultas veterinarias se diagnostican habitualmente dos grandes grupos de secuelas: traumatismos graves (fracturas o heridas provocadas por atropellos y peleas) e infecciones (parasitosis, problemas respiratorios severos y virus incurables, como la leucemia felina o la inmunodeficiencia felina).

Gatos de la colonia de Leganés custodiada por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Para evitar que los animales rescatados vuelvan a sufrir un desenlace similar, las entidades de protección aplican un protocolo de máxima exigencia. “Nosotras hacemos un cuestionario, pedimos comprobación de la seguridad de la vivienda y cobramos una cuota ética de 75 euros que cubre a precio de coste sus tests, chip y vacuna”, sostiene Elena. Además, en la asociación supervisan minuciosamente la instalación de redes de seguridad en ventanas y balcones para garantizar un entorno completamente seguro antes de formalizar la adopción.

“Dejar salir libremente a un gato no es darle libertad; es exponerlo a peligros mortales. Proteger ventanas no es encerrarlo, sino garantizar su supervivencia. Adoptar implica entender que el animal depende de nosotros y que debemos adaptar nuestro entorno a sus necesidades durante toda su vida”, subraya el activista Jose.

Un compromiso que dura toda la vida

Frente al mito del gato independiente que se las apaña solo, su salud depende directamente de un compromiso real. La veterinaria remarca que la vacunación, la esterilización y las revisiones no son secundarias, sino obligaciones esenciales: “Entender las necesidades físicas y emocionales de nuestra mascota es la mejor herramienta para evitar futuros abandonos o problemas de convivencia”.

Por su parte, Jose apela a un cambio de mentalidad colectivo en la sociedad: “Un gato no es un capricho ni un juguete temporal; es un miembro de la familia para los próximos 15 o 20 años”. En este sentido, subraya que antes de dar el paso de meter un animal en casa, hay que valorar si se van a poder cubrir todas sus necesidades médicas, emocionales y de seguridad a lo largo de toda su vida, evitando decisiones impulsivas.

Mientras tanto, la labor en Leganés no se detiene a pesar de la falta de medios. Elena señala que la mayor urgencia es conseguir casas de acogida para sacar de la calle a los casos más críticos: “En la colonia tenemos ahora mismo a un gato enfermo, pero sin un hogar temporal no podemos sacarlo”. Para sufragar parte de las facturas veterinarias, la asociación confía en la venta de su calendario solidario; “Sin la ayuda de la gente, nosotras solas no podemos seguir adelante”.

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