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El árbol más antiguo de la Castellana protagoniza una guía que recorre los 36 espacios verdes de Madrid

19 October 2026 at 16:02

Entre el paseo de la Castellana y la calle de José Ortega y Gasset, hay un árbol viario que roza los 200 años. Se trata del un olmo plantado, según los expertos, en 1830. El Ayuntamiento ha elegido este lugar para presentar este lunes la Guía Verde de Madrid, una publicación que recorre los 36 parques y espacios emblemáticos de la capital para reivindicar su patrimonio verde. Dentro de las páginas, los madrileños pueden conocer más sobre El Retiro y la Dehesa de la Villa, o las seis iniciativas que se encuentran actualmente en ejecución, como Parque Castellana o la Gran Vía del Sureste.

A través de planos, fotografías y ejemplos prácticos, la publicación muestra la diversidad de la infraestructura verde madrileña, desde parques históricos, jardines y bosques urbanos hasta cubiertas y fachadas vegetales, refugios climáticos y huertos urbanos. "Nos hemos propuesto invitar a la gente a conocer, a descubrir y a valorar el patrimonio natural que tiene Madrid. Sus condiciones naturales siempre han sido muy difíciles y lo que podemos ver en estos espacios es una adaptación inteligente de cómo Madrid ha ido creciendo", ha destacado el director General de Gestión del Agua y Zonas Verdes, Francisco Muñoz.

La guía se ha elaborado con la colaboración de especialistas y entidades dedicadas al estudio del patrimonio verde, entre ellas la Red Mundial de la Infraestructura Verde, la Universidad Politécnica de Madrid, la Real Academia de la Ingeniería, Crea Madrid Nuevo Norte y Madrid Calle 30. Los 2.000 ejemplares se distribuirán por las juntas municipales de distrito, asociaciones vecinales y centros escolares. "Es una medida positiva para acercar a los más jóvenes", ha recalcado el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante. Además, la edición bilingüe, en español e inglés, permitirá dar a conocer este patrimonio fuera de España y facilitar su difusión entre las delegaciones internacionales que visitan Madrid, así como entre los turistas a través de las oficinas de información turística.

El olmo de Castellana, testigo de la historia

El olmo bicentenario, situado en el paseo de la Castellana, ha sido testigo de la evolución de la ciudad y de su tradición de paseos arbolados. Con unos 18 metros de altura, un perímetro de tronco de 3,8 metros y una copa de aproximadamente 14 metros de diámetro, este ejemplar está protegido como árbol singular por el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997. Se trata del árbol vivo viario más antiguo de la capital y su presencia permite acercarse a la historia de una especie que durante siglos ocupó un lugar destacado en las plazas, caminos y paseos de numerosas localidades españolas.

Este ejemplar ha desempeñado un papel importante en la capital: sus amplias copas proporcionan sombra y confort, mientras que su presencia en plazas y espacios públicos ha favorecido las reuniones vecinales y la convivencia. En 1849, el Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de ultramar, de Pascual Madoz, contabilizaba 13.341 olmos en el viario de la ciudad, lo que representaba el 37,1% del arbolado de calle de aquella época. La expansión de la grafiosis, una enfermedad de origen asiático que causó la muerte de más de un millón de olmos en España, redujo drásticamente la presencia de esta especie en el paisaje urbano. Sin embargo, los trabajos de investigación y mejora genética han abierto nuevas posibilidades para su recuperación.

"El 10% de los árboles en el viario público son olmos y lo que queremos es rendir también homenaje y tributo a quienes han mantenido esta ciudad como una referencia, a los jardineros y a los técnicos municipales que han ido construyendo cada vez una ciudad más verde y más sostenible para que sea más amigable para todos los madrileños", ha recalcado Carabante después de inaugurar una placa honorífica.

El desalojo de núcleos chabolistas en Madrid lleva el sinhogarismo a Tetuán: "Hay gente con trabajo"

19 October 2026 at 03:55

Durante años, los arcos del Acueducto de Amaniel fueron refugio de personas sin hogar en el distrito de Tetuán. Ahora, no queda rastro de los colchones. En su lugar, hay varias jardineras. Una escena similar se repite en el parque Agustín Rodríguez Sahagún, donde las obras y la maquinaria han sustituido a los objetos personales de quienes vivían allí. La Junta Municipal desmanteló estos espacios antes del verano, pero los vecinos han notado un desplazamiento de los sin techo por otras calles.

"Es un problema que no se resuelve. No me extraña que se vayan a otras partes", comenta Irene, una vecina que hace deporte muy cerca del lugar. La Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán considera que la mayoría de los sin techo se han dispersado por el distrito tras el desalojo de los asentamientos en la avenida Pablo Iglesias y el parque Agustín Rodríguez Sahagún. "He notado que hay menos personas que duermen en la calle desde que quitaron las chabolas", reconoce Julieta, una joven de 25 años que vive cerca de Paseo de la Dirección.

Por ejemplo, entre los arbustos del parque de Ofelia Nieto, una persona ha encontrado un refugio. Dentro, hay enseres, almohadas y bolsas, a escasos metros de viviendas residenciales y del centro deportivo El Quijote. También, por las calles Bravo Murillo y San Germán, una mujer descansa sobre un cartón, con sus maletas a un lado, mientras a su alrededor pasean los vecinos. "Da escalofríos ver una imagen así. Ahora duermen en muchos sitios, a veces pocos días, y se trasladan a bancos o huecos de las edificaciones. Si los recursos del Consistorio fueran una salida al sinhogarismo, una buena parte saldría de las calles", señala el presidente de la asociación vecinal, Antonio Granero.

"Tengo compañeros que duermen aquí y trabajan"

Pese al desalojo del Acueducto de Amaniel, varios sin techo todavía viven en una zona verde cercana al frontón de la avenida Pablo Iglesias. Uno de ellos es Condi, un hombre de 56 años de Guinea Ecuatorial. "Hemos encontrado un lugar cómodo para dormir, aunque por las noches cualquiera viene, mira entre tus cosas y te puede robar", relata el varón. Llegó a España hace 20 años y ha trabajado en almacenes, distribución de periódicos y en el campo. Cuando se quedó sin empleo, dejó de poder pagar el piso en el que vivía y en 2025 terminó en la calle. "No se puede vivir ya en Madrid, antes no era así. Tengo compañeros que duermen aquí y tienen trabajo. Uno de ellos es vigilante de obra", sostiene.

Una situación similar atraviesa Kwaku, natural de Ghana. Lleva 25 años en Madrid y ha trabajado plantando árboles y colocando adoquines en las calles. Sin embargo, ha encadenado empleos sin haber podido regularizar sus papeles. Asegura que quiere trabajar, pero hasta que no tenga la documentación en regla, tiene pocas opciones. "Mis padres murieron hace años en África. Yo quiero aportar aquí. Ojalá que Dios nos saque de la calle", remarca. Se ha desplazado por varios rincones de Tetuán y de la capital, pero prefiere descansar en este parque. "No quiero ir a Lavapiés, hay mucha gente agresiva", añade.

Sin embargo, la permanencia del sinhogarismo por esta zona también genera malestar entre algunos vecinos, que advierten que esta situación provoca "suciedad y ruido". Emilio, un vecino del barrio de Bellas Vistas, asegura que los servicios sociales ofrecen alternativas, pero que algunos “no lo aceptan por querer libertad". "Es una zona de tránsito, muchos van de un lado a otro. Hay presencia policial porque ha habido quejas vecinales por la falta de higiene. Es una pena", lamenta.

Colas del hambre en Ventilla

A raíz de esta expansión, muchas personas han llegado a pernoctar por los portales del barrio de Ventilla, especialmente por la presencia de un comedor social de la Orden de Malta. El presidente de la Asociación Vecinal Ventilla-Almenara, Luis Arriba, explica que hace años conviven con esta situación, pero que en las últimas semanas han notado "un mal ambiente". "Los del parque Sahagún se han quedado. Los colchones los dejan en un solar sin uso y hacen sus necesidades para no perder su turno de fila. Huele peor y cada vez hay más peleas. Es un efecto llamada", advierte.

Isabel, de 62 años, es una de las personas que espera llevarse algún alimento al estómago de esta instalación. Se quedó en la calle en agosto después de que su casero le pidiera que abandonara la vivienda. Aunque pernocta por el intercambiador de Plaza Castilla, siempre se acerca a este espacio. Lleva semanas sin poder ducharse. Cuenta que una noche, unas personas orinaron muy cerca de donde descansaba. "Hay mucho egoísmo, pero por suerte no me ha pasado nada. Yo solo espero que me ayuden los servicios sociales. Tengo documentos y aún puedo trabajar", asevera.

La concejala de Tetuán, Paula Gómez-Angulo, reconoce que lleva años trabajando en solucionar los problemas originados por el comedor social en Ventilla y "mantiene contacto" con los vecinos. También apunta que hay personas sin techo "de todos lados" de la Comunidad de Madrid, incluso de los que llegaron a dormir en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Tras los desalojos del parque Sahagún, algunos de ellos se han desplazado a otras partes cercanas al distrito, como la calle de Villamil (Moncloa-Aravaca), cuyo asentamiento fue desmantelado hace unas semanas.

Desalojos y más plazas de acogida

En lo que llevamos de año, un total de 912 asentamientos de personas sin hogar en espacios públicos de la capital se han desalojado, según informó la vicealcaldesa y delegada de Emergencias y Seguridad, Inma Sanz, en la comisión del ramo. Para hacer frente a esta situación, el Consistorio trabaja en aumentar las plazas de su red de atención, hasta alcanzar las 1.400. Además, a finales de 2026, está prevista la apertura del nuevo centro de acogida en El Cañaveral, en el distrito de Vicálvaro, que estará especializada en la atención de aquellas personas que llevan menos de seis meses en la calle.

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