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Mario Vaquerizo protagoniza 'Cabaret': ¿intrusismo o simplemente un 'show'?

20 October 2026 at 05:30

Mario Vaquerizo protagoniza el retorno de Cabaret en Madrid (en Espacio Delicias). Nada más saltar la noticia, no tardó en asomar la indignación previsible: "¡Con todos los actores preparadísimos en cante, baile e interpretación que tenemos, han contratado al mediático de turno!". Indignación. Bochorno. Y poco entender la complejidad del negocio artístico. Porque que Mario Vaquerizo sea cabeza de cartel de este Cabaret no significa que exista menos trabajo para artistas de musicales. Al contrario, su popularidad puede dar una segunda oportunidad a un espectáculo que se ha versionado hasta seis veces en España. Los mediáticos como reclamo son una táctica habitual en el showbusiness desde tiempos inmemoriales. Y lo seguirán siendo. En el teatro, en la tele, en el cine. En las películas de Mario Camus, Almodóvar, Los Javis. Con Raphael, Rosario o Guitarricadelafuente. No eran actores escuela, pero han protagonizado películas. Como lo hicieron Lola Flores, como Hombres G, como tantos que llegaron a la pantalla grande y a la escena por su fenómeno social más que por su preparación interpretativa. Pero sus personajes habitualmente solo los podían hacer ellos: porque eran la atracción estética que incorporaba una curiosidad extra a la obra que va estrechamente unida al carisma que les llevó antes de este papel a la popularidad.

Su participación en una producción puede gustar más o menos, pero no reduce las posibilidades en un oficio que ya de por sí es un mar de incertidumbre. Solo recuerda un hecho realista que nunca es sinónimo de justo: para atraer el interés del público no siempre basta con buenos intérpretes, también es necesaria la guinda que otorgan los primeros espadas que atraen el interés. Ya sea de la crítica, de los medios o del murmullo nacional. Más aún en esta sociedad del hype en la que estamos inmersos.

Así el productor de Cabaret ha contado con Vaquerizo. Ya con el debate creado con el fichaje ha conseguido una publicidad previa gratis. No asegura que sea un éxito. Hasta puede ser una decisión arriesgada, pero de momento ha generado una conversación social. Por la indignación de unos, por la curiosidad de pensar ‘cómo lo hará’ en otros.

En este montaje de Cabaret, Vaquerizo interpreta a Emcee, papel de maestro de ceremonias que comparte con un gran actor, Víctor Palmero. Se turnarán, en una función que intenta volver a contar como nunca antes esta historia de la varieté en tiempos de horror. De la varieté que nos pone unos segundos a salvo del miedo.

También hoy. El problema es que la polémica se ha convertido en la actualidad en en uno de los entretenimientos más adictivos. La era de las redes sociales nos anima a repartir carnés. Incluso afirmar quién puede y quién no interpretar un personaje con la excusa de que otro más preparado se queda sin trabajo. Pero qué es estar más preparado en un mundo tan subjetivo como el actoral. El cantante Guitarricadelafuente cuántas carreras actorales ha hecho para protagonizar La bola negra. Tenía otras virtudes para el papel. Como Mario Vaquerizo tiene las suyas. Pero estamos enganchados al enfrentamiento que nos enreda más que cambia el mundo a menor. Porque, en el fondo, no busca eso. Simplemente alimenta el regustillo del individualismo que nos hace sentirnos mejores que los demás. Es la moral de la abreviatura mental digital que acorta las posibilidades del arte. La precariedad actoral no termina vetando a Mario Vaquerizo. La riqueza actoral, en cambio, sí que se ensancha entendiendo la cultura como el arte de mezclarse, dudar, intercambiar papeles. Hasta percatarse cuando hay sentencias firmes que solo fueron fruto de la subjetividad de antipatías personales más que de reivindicaciones colectivas.

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