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Por qué la selva amazónica dejó de ser un escudo contra el cambio climático y cómo la acción humana multiplicó sus emisiones de carbono

22 October 2026 at 21:50
La selva amazónica liberó un promedio de 1170 millones de toneladas métricas más de dióxido de carbono de las que absorbió por año entre 2010 y 2024. (REUTERS/Bruno Kelly)

La selva amazónica, el mayor bosque tropical del planeta, dejó de funcionar como escudo contra el cambio climático. Según un estudio publicado en Nature, entre 2010 y 2024 la región liberó en promedio 1.170 millones de toneladas métricas más de dióxido de carbono (CO₂) de las que absorbió cada año.

Los incendios forestales, en su inmensa mayoría provocados por el ser humano, constituyen la principal fuente de esas emisiones: aproximadamente 1.470 millones de toneladas métricas de CO₂ anuales, una cifra que supera con creces la capacidad de absorción del bosque, estimada en 300 millones de toneladas métricas por año, de acuerdo con el comunicado de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP).

La investigación, liderada por la científica climática Luciana Vanni Gatti, coordinadora del Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero (LaGEE) del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, se basa en 15 años de mediciones atmosféricas de carbono recopiladas mediante vuelos en avionetas sobre cuatro puntos estratégicos de la Amazonía. El trabajo identifica a las actividades humanas (deforestación, quema de biomasa y degradación forestal) como el factor determinante del desequilibrio.

En años de alta intervención humana, las emisiones de carbono se multiplicaron hasta cuatro veces

Para entender qué factores pesan más en la pérdida de carbono amazónico, los investigadores separaron los 15 años del estudio en tres categorías. Compararon qué tenían en común esos años en términos de lluvia, temperatura, cuánto bosque se taló, cuánta superficie se quemó y si fenómenos oceánicos como El Niño o el calentamiento del Atlántico Norte Tropical estuvieron presentes.

Los incendios provocados por actividades humanas emiten cerca de 1470 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono anuales en la Amazonía. (Photo by EVARISTO SA / AFP)

El grupo 1 (2011–2014, 2017 y 2018) reúne los años más lluviosos y con menor intervención humana. En esas condiciones, la selva funcionó casi en equilibrio: emitió apenas unas 110 millones de toneladas métricas de carbono por año, una cifra modesta que reflejaba un ecosistema aún capaz de compensar gran parte de lo que perdía. De hecho, el bosque todavía lograba absorber el 64% de lo que los incendios liberaban.

El panorama cambió de forma drástica en el grupo 2 (2019–2022). Aunque el clima no impuso condiciones extremas, la mano humana sí lo hizo: la tasa anual de deforestación se duplicó (creció un 97%) y el área quemada aumentó un 25% respecto al grupo anterior. El resultado fue que las emisiones se multiplicaron casi por cuatro, hasta alcanzar unas 430 millones de toneladas métricas de carbono por año. “El problema en la Amazonía es la actividad humana. Perdemos el bosque porque el modelo de desarrollo de la región se basa en la destrucción”, afirmó Gatti en declaraciones recogidas por FAPESP.

El grupo 3 (2010, 2015, 2016, 2023 y 2024) representa el peor escenario: años cálidos y secos en los que fenómenos globales como El Niño y el calentamiento del Atlántico Norte Tropical secaron aún más la selva y la volvieron especialmente vulnerable al fuego. Las emisiones llegaron a su punto más alto, cerca de 490 millones de toneladas métricas de carbono por año, y la superficie quemada creció un 92%. Pero quizás el dato más revelador es que apenas el 1,6% y el 1% de los incendios forestales en 2023 y 2024 respectivamente fueron provocados por rayos. El resto (prácticamente la totalidad) tuvo origen humano.

Vuelos en avioneta permitieron rastrear el carbono amazónico

Los registros climáticos acumulados en 46 años confirmaron una caída del 20% en las lluvias amazónicas durante los meses más secos. (REUTERS/Bruno Kelly)

Para obtener estos resultados, el equipo científico realizó 1.017 mediciones a lo largo de 15 años en cuatro puntos de la Amazonía que, en conjunto, cubren casi toda la región. En cada vuelo, las aeronaves descendieron en espiral desde 4,4 kilómetros de altura hasta cerca del suelo y recogieron muestras de aire en 12 altitudes distintas. Esas muestras se analizaron luego en el Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero (LaGEE) del INPE, en São José dos Campos, Brasil.

Los investigadores cruzaron esas mediciones de CO₂ y monóxido de carbono (CO) con datos de deforestación del programa PRODES del INPE, registros de incendios, lluvias, temperatura del aire y temperatura de la superficie del mar. No es la primera vez que este método arroja señales de alarma: el mismo equipo, liderado por Gatti, ya publicó tres estudios en Nature (en 2014, 2021 y 2023) que advirtieron que el bioma dejaba de absorber carbono y empezaba a liberarlo.

Los datos climáticos acumulados a lo largo de 46 años confirmaron cambios drásticos en la región. Las lluvias anuales cayeron un 8%, y en los meses más secos (de agosto a octubre) la reducción llegó al 20%. Al mismo tiempo, la temperatura media anual subió 1,13 °C, y en la temporada seca el aumento fue de casi 1,8 °C. “Esto genera un enorme estrés sobre el bosque remanente”, señaló la investigadora.

Frenar los incendios y la deforestación es la única vía para evitar un punto de no retorno

El estudio subraya que, tras descontar las emisiones por incendios, la Amazonía absorbe una cantidad de CO₂ casi equivalente a la que libera de forma natural en los tres grupos de años analizados. El intercambio neto del bioma (la diferencia entre lo que el ecosistema absorbe mediante fotosíntesis y lo que emite por descomposición) se mantuvo cercano a cero. Esto indica que las emisiones no provienen del bosque en sí, sino de la acción humana que promueve los incendios.

Los investigadores demandaron una política de deforestación cero ante la detección de más de 41.200 focos de fuego en 2026. (REUTERS/Bruno Kelly)

De acuerdo con Gatti, “si no fuera por La Niña, las emisiones en los años del grupo 2 podrían haber sido peores”. Ese fenómeno, que enfría las aguas ecuatoriales del Pacífico, impulsó una mayor absorción de carbono durante la temporada húmeda y compensó el 75% de las emisiones de la estación seca.

El año 2024 registró las emisiones más altas de todo el período: unas 810 millones de toneladas métricas de carbono, más de seis veces por encima del promedio del grupo 1. Fue también el más caliente, el más seco y el más degradado por el fuego en dos décadas: las temperaturas anuales superaron en 1,2 °C las del grupo 1 y la precipitación cayó 462 milímetros. El área quemada fue un 182% mayor.

Los autores concluyen con un llamado urgente: implementar una política de deforestación cero, reforzar los controles sobre la quema de biomasa y priorizar programas de restauración forestal para impedir que la región alcance un punto de inflexión: un umbral a partir del cual el bosque pierde la capacidad de sostenerse y recuperarse. La advertencia cobra relevancia ante los más de 41.200 focos de incendio detectados en la Amazonía brasileña en menos de 10 meses de 2026, una cifra que ya se acerca a los 43.130 registrados en todo 2025.

El Niño: qué debe contener una mochila de emergencias para una posible evacuación

22 October 2026 at 19:01
Más de mil personas abandonaron sus hogares en distintos puntos del país por la crecida de los ríos Paraná y Uruguay. (RSFotos)

Las inundaciones que afectan al Litoral argentino por el fenómeno de El Niño pusieron en primer plano una herramienta básica de prevención que la mayoría de los hogares del país no tiene lista: la mochila de emergencia.

Mientras más de mil personas evacúan sus viviendas en distintos puntos del país por la crecida de los ríos Paraná y Uruguay, la Agencia Federal de Emergencias (AFE) remarcó la importancia de contar con un kit de emergencia preparado antes de que cualquier evento obligue a abandonar el hogar.

La Agencia Federal de Emergencias recomienda armar un bolso con recursos para subsistir al menos un día fuera de la vivienda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La mochila de emergencia es un bolso con elementos esenciales para sobrevivir al menos un día fuera de casa.

Su armado no requiere grandes inversiones ni conocimientos técnicos, pero sí planificación. El Plan de Coordinación Federal ENOS, activado por el Ministerio de Seguridad Nacional a través de la AFE desde abril de 2026, anticipa meses de lluvias intensas e inundaciones, preparar este recurso resulta clave para garantizar una evacuación ordenada en caso de emergencia.

La AFE define qué debe contener una mochila de emergencia para un día completo

El río Paraná alcanzó los 7,27 metros en Barranqueras y superó el límite de evacuación fijado por la Prefectura Naval. (RSFotos)

Según la guía oficial de kit de emergencias publicada por la AFE, la mochila debe incluir, como mínimo, los siguientes elementos:

  • Documentación de toda la familia y de la vivienda, guardada en una bolsa plástica hermética para protegerla del agua.
  • Botellas de agua suficientes para un día.
  • Un botiquín de primeros auxilios.
  • Un silbato para pedir ayuda.
  • Fósforos y velas.
  • Una linterna con pilas.
  • Una libreta con teléfonos útiles de bomberos, policía y servicios de emergencia.
  • Artículos de higiene como alcohol en gel y papel higiénico.
  • Alimentos no perecederos para una jornada (enlatados, galletitas y barras de chocolate).
  • Dinero en efectivo.
  • Medicamentos recetados para quienes los necesiten.
  • Abrigo y mantas.
  • Llaves de la casa y del vehículo.

Cada uno de estos elementos cumple una función concreta: el silbato, por ejemplo, permite que los equipos de rescate localicen a personas en zonas de difícil acceso, mientras que el dinero en efectivo resulta indispensable cuando los sistemas electrónicos de pago dejan de funcionar por cortes de energía.

En los niveles de alerta naranja y roja por lluvias o tormentas, las recomendaciones de la AFE amplían el contenido de este kit con una radio a pilas y exigen que los celulares estén cargados con anticipación.

Un simulacro familiar permite detectar errores antes de una emergencia real

El Ministerio de Seguridad Nacional activó el Plan de Coordinación Federal ENOS ante los pronósticos de lluvias por el fenómeno de El Niño. (RSFotos)

Tener la mochila armada es solo el primer paso. La AFE recomienda en su guía de kit de emergencias diseñar un plan familiar y practicarlo con todos los integrantes del hogar. El organismo aconseja ubicar el bolso en un lugar visible de la casa, accesible para todos, y asegurarse de que tanto adultos mayores como niños comprendan qué hacer en cada situación.

La agencia también propone realizar un simulacro doméstico: registrar el tiempo que tarda la familia desde el inicio de la evacuación hasta la llegada a la zona segura, sin corregir errores en el momento.

Una vez en el punto de encuentro, el ejercicio contempla una conversación para identificar fallas y mejorar la respuesta en una próxima oportunidad.

Esta preparación cobra urgencia cuando se observa el escenario actual. Carolina Meiriño, secretaria de Coordinación de Gabinete de Chaco, confirmó que 913 personas fueron trasladadas y 281 se autoevacuaron por la crecida de los ríos. Solo en Barranqueras, una ciudad pegada a la capital Resistencia, 251 vecinos debieron abandonar sus casas. La altura del Paraná en esa localidad alcanzó los 7,27 metros, muy por encima del límite de evacuación fijado en 6,50 metros, según datos de Prefectura Naval.

El fenómeno de El Niño anticipa meses de inestabilidad y refuerza la necesidad de preparación

La guía oficial de la AFE sugiere sumar dinero en efectivo y una radio a pilas ante posibles cortes de energía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Plan de Coordinación Federal ENOS, según la información oficial de la AFE, articula el trabajo con las provincias, organismos nacionales y equipos de respuesta para anticipar escenarios de riesgo, monitorear las condiciones meteorológicas e hidrológicas y coordinar recursos ante posibles emergencias.

El fenómeno de El Niño, denominado técnicamente El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), es un evento natural provocado por el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial que modifica los patrones de lluvia y temperatura a escala global. Provoca lluvias por encima de lo normal en la Argentina, en especial en el noreste del país.

Los datos de la represa de Yacyretá confirman que la afluencia de agua duplica la media histórica. “Los caudales afluentes a Yacyretá se mantienen por encima de los valores promedios desde septiembre (37%) y en lo que va del mes de octubre (92%)”, indicó el informe difundido el miércoles. El mismo relevamiento anticipó precipitaciones de hasta 200 milímetros en el escenario más lluvioso frente a la cuenca del río Iguazú.

Con ese horizonte por delante, la mochila de emergencia deja de ser una precaución opcional y se convierte en una necesidad concreta para las familias de las zonas más expuestas.

Días nublados por El Niño: cómo la reducción de la luz solar afecta el estado de ánimo y el descanso

22 October 2026 at 06:00
La falta de luz ambiental actúa como una señal de descanso para el cerebro y eleva la sensación de somnolencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fenómeno de El Niño avanza sobre Argentina con lluvias, tormentas y cielos cubiertos que afectan de forma desigual a distintas regiones. Las proyecciones meteorológicas ubican el pico del fenómeno entre fines de 2026 y los primeros meses de 2027, con lluvias que podrían extenderse hasta el otoño.

En ese escenario de jornadas grises y nubosidad persistente, la menor presencia de luz natural puede coincidir con cansancio, desánimo y menor motivación en algunas personas. La ciencia describe una asociación entre la exposición solar, el reloj biológico y el estado emocional, un vínculo que cobra relevancia cuando los días sin sol se acumulan.

La menor luz natural modifica el reloj biológico y la energía

El doctor Diego Golombek, investigador superior del Conicet y docente de la Universidad de San Andrés y de la Universidad Nacional de Quilmes, explicó a Infobae que un ciclo adecuado de luz contribuye a sincronizar el organismo. Según el especialista, este orden influye en el sueño, el metabolismo, el sistema inmune, el sistema cardiovascular y el estado de ánimo. La luz de las primeras horas del día aporta una señal de activación al cuerpo y favorece el descanso nocturno.

La luz solar de las primeras horas del día sincroniza el reloj biológico y favorece el descanso nocturno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ritmo circadiano es el reloj interno del cuerpo que regula los ciclos de vigilia y sueño. Desde Mayo Clinic lo identifican como uno de los factores ligados al trastorno afectivo estacional, un tipo de depresión que aparece y desaparece en determinadas épocas del año. Aunque el fenómeno se asocia con mayor frecuencia al otoño y al invierno, la sucesión de jornadas grises que atraviesa la Argentina por el impacto de El Niño en plena primavera también puede desajustar ese reloj y afectar el estado de ánimo en algunas personas.

La doctora Estefanía Vieites, psicóloga especializada en terapia cognitivo conductual, indicó en declaraciones a El HuffPost que el mal tiempo también limita las salidas y los encuentros sociales al aire libre. Esa restricción puede reducir actividades habituales, como caminar, conversar en una plaza o pasar tiempo en espacios naturales, y así afectar el ánimo.

Expertos de Cleveland Clinic sostienen que la exposición al sol durante el inicio del día comunica al cerebro que debe permanecer alerta. La oscuridad, en cambio, funciona como una señal para que el organismo se prepare para dormir. Por eso, una cadena de días nublados puede coincidir con más somnolencia o una menor sensación de energía.

Serotonina, melatonina y vitamina D aparecen entre los factores señalados

Vieites mencionó tres elementos vinculados con el efecto de los días grises: la serotonina, la melatonina y la vitamina D. La serotonina es una sustancia química del cerebro que participa en la regulación del ánimo. La melatonina interviene en los ciclos de sueño y la vitamina D, por su parte, cumple funciones en la salud ósea, muscular e inmune.

La menor luminosidad diurna incrementa los niveles de melatonina y reduce la presencia de serotonina en el cerebro. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según la experta, la menor luminosidad puede favorecer la activación diurna de la melatonina, una hormona que facilita el sueño. Ese cambio puede asociarse con cansancio, somnolencia y desánimo. Explicó además que los niveles de melatonina y serotonina mantienen una relación inversa: cuando una aumenta, la otra disminuye.

Desde Mayo Clinic también vinculan la reducción de luz solar con una posible caída de serotonina. La institución define a esa sustancia como un neurotransmisor, es decir, un compuesto que transmite señales entre células nerviosas y participa en el estado de ánimo. La modificación de los niveles de melatonina también puede alterar el descanso y la estabilidad emocional.

Para el doctor Charles Garven, de Cleveland Clinic, la luz solar activa una zona cerebral relacionada con la producción de serotonina y otros neurotransmisores. Afirma que más luz puede elevar los niveles de serotonina y favorecer el ánimo. También advierte que la exposición solar requiere cuidados, porque la radiación ultravioleta puede dañar la piel y aumentar el riesgo de cáncer cutáneo.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Florida afirma que la luz del sol contribuye a la producción de vitamina D, nutriente que favorece la absorción de calcio y ayuda a mantener los huesos. Esa fuente relaciona una exposición insuficiente con menor energía y somnolencia, aunque aclara que el tiempo adecuado de sol varía según el tono de piel, la ubicación geográfica, la estación, el horario y la ropa.

El trastorno afectivo estacional requiere atención profesional

La apatía continua, la somnolencia excesiva y los antojos de carbohidratos forman parte de los síntomas del desorden afectivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La forma más frecuente de trastorno afectivo estacional comienza a fines del otoño o durante el invierno y disminuye en primavera o verano. También existe un patrón menos habitual que surge en primavera o verano y desaparece en los meses fríos. En el caso de Argentina, aunque el calendario marca primavera, la persistencia de cielos cubiertos por El Niño reproduce condiciones similares a las de los meses más oscuros del año.

Mayo Clinic enumera entre los síntomas del TAE la tristeza o apatía la mayor parte del día, la pérdida de interés en actividades, el cansancio, el sueño excesivo, los antojos de carbohidratos, la dificultad para concentrarse y los sentimientos de desesperanza. En los cuadros de verano, la institución menciona insomnio, falta de apetito, pérdida de peso, ansiedad e irritabilidad. Estos signos pueden comenzar de forma leve y aumentar con el avance de la estación.

Golombek señaló que el TAE puede tratarse con psicoterapia, fármacos y fototerapia. La fototerapia utiliza una fuente de luz artificial con fines terapéuticos. Según el investigador, este recurso no cura el trastorno, pero puede reducir síntomas hasta el regreso de una mayor luz natural.

Mayo Clinic recomienda consultar con un profesional de salud si la tristeza persiste durante varios días, si desaparece la motivación para las actividades habituales, si cambian el sueño o el apetito, o si surgen pensamientos suicidas. La institución señala que un diagnóstico y tratamiento tempranos pueden limitar el agravamiento de los síntomas.

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