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Un experto revela cuándo deja de ser normal la caída del cabello en otoño

22 October 2026 at 17:00

Cada otoño, nos encontramos con la misma escena, pelos en el cepillo, el desagüe acumula mechones y la coleta parece perder densidad de un dispara otro. Es ese momento del año en el que la caída del cabello se vuelve más visible, y aunque forma parte del ciclo natural, no siempre es tan inocente como pensamos. La caída estacional existe, sí, pero tiene un umbral que marca la diferencia entre lo fisiológico y lo preocupante.

Adolfo Remartínez, fundador de Nuggela & Sulé, lo explica con claridad y sin alarmismo. Señala que la clave no es evitar que el cabello se desprenda, sino asegurarse de que vuelve a nacer con fuerza. Porque cuando la caída supera ciertos números, el folículo necesita ayuda para volver a producir un cabello sano, fuerte y con futuro.

La cifra que marca el límite: cuándo la caída deja de ser “normal”

La caída estacional del otoño es un fenómeno conocido, el cabello entra en fase de renovación y se desprende con más facilidad. Pero existe un punto de inflexión que no deberíamos ignorar. Cuando la caída supera los 150 a 200 cabellos diarios, ya no hablamos de un proceso fisiológico estándar, sino de una caída activa que puede estar alertando de un debilitamiento en la raíz.

Según el experto: "La caída de otoño es completamente normal. El problema aparece cuando el cabello que perdemos deja de recuperarse con la misma fuerza o cuando la cantidad supera lo que se considera fisiológico. En ese momento debemos ayudar al folículo para que vuelva a producir un cabello sano y fuerte". Es una señal clara de que el folículo necesita refuerzo.

Esta caída más intensa puede aparecer en otoño, pero también tras periodos de estrés, desajustes hormonales o después del embarazo. El patrón es el mismo, el folículo se ralentiza y el cabello nace más fino, más débil o directamente no nace.

El cuero cabelludo también envejece

Una de las ideas más importantes, y más olvidadas, es que el cuero cabelludo envejece igual que la piel del rostro. La salud del cabello depende directamente de la salud de la piel que lo sostiene, y sin embargo, solemos dedicar más tiempo a la rutina facial que a la capilar.

Remartínez advierte que: "No hay que olvidar que el cuero cabelludo es una extensión de la piel. Igual que cuidamos nuestro rostro para mantenerlo sano, debemos hacer lo mismo con el cuero cabelludo. Cada folículo produce entre 25 y 30 cabellos a lo largo de su vida y, si no lo cuidamos correctamente, esa capacidad puede agotarse antes de tiempo". La raíz envejece, se inflama, se debilita y pierde capacidad de producción.

Por eso, una caída excesiva no se soluciona solo con esperar a que 'pase el otoño'. El folículo necesita un entorno sano, oxigenado y nutrido para volver a producir cabello con fuerza, y eso implica cuidar el cuero cabelludo como parte esencial de la rutina.

La rutina que ayuda al folículo a recuperarse

Cuando la caída supera el umbral fisiológico, la estrategia cambia y ya no se trata de frenar la caída, sino de favorecer el nacimiento de nuevos cabellos. El objetivo es reactivar el folículo, no luchar contra el ciclo natural.

El experto recomienda una rutina que combine varios pilares: buena alimentación, control del estrés, masajes diarios en el cuero cabelludo y tratamientos específicos que mantengan el folículo en condiciones óptimas. Es un enfoque global que trabaja desde dentro y desde fuera.

Los masajes diarios ayudan a mejorar la microcirculación, los tratamientos específicos refuerzan la raíz y la alimentación equilibrada aporta los nutrientes necesarios para que el folículo produzca cabellos más fuertes.

¿Cuándo empezar un tratamiento?

La pregunta clave es cuándo actuar, y la respuesta del experto es clara: cuanto antes, mejor. No se trata de impedir la caída natural, que forma parte del ciclo de renovación, sino de evitar que el folículo entre en una fase prolongada de inactividad o produzca cabellos cada vez más finos.

"El verdadero objetivo no es evitar que el cabello se desprenda, sino conseguir que cada uno de esos cabellos vuelva a nacer. Cuanto antes reforcemos el folículo, mayores serán las posibilidades de recuperar una melena fuerte, densa y saludable", concluye Remartínez.

La caída de otoño puede ser normal, pero cuando supera los límites, el folículo necesita ayuda para volver a producir cabello con fuerza. Actuar a tiempo es la diferencia entre una caída pasajera y una pérdida de densidad prolongada.

Mónica Nieto, entrenadora: "Para tener el hábito de hacer ejercicio necesitas un ritmo que puedas mantener incluso sin ganas"

22 October 2026 at 04:00

A partir de los 40, el cuerpo, las hormonas (y la vida) cambian. Lo que antes funcionaba ahora parece no hacerlo. Muchas mujeres se desesperan e interpretan ese estancamiento como falta de disciplina, cuando en realidad es que el cuerpo demanda algo diferente en esta etapa vital. Mónica Nieto, entrenadora especializada en mujeres a partir de esta edad, asegura que : "El problema nunca fue tu fuerza de voluntad. Fue que estabas usando herramientas que no eran para ti".

La entrenadora identifica los errores más comunes que impiden ver resultados, incluso cuando hay esfuerzo, constancia y ganas. ¿Qué podemos hacer para que el cambio sea realmente eficaz y sostenible? La experta tiene las mejores pautas para lograr integrar en el día a día unos hábitos saludables a partir de los 40.

Por qué ya no funciona lo que funcionaba antes

A los 20 y los 30, casi cualquier plan funciona, peo a los 40, ya no. La sensibilidad a la insulina cambia, la masa muscular disminuye de forma natural y las hormonas dejan de jugar a favor. Esto no significa que sea imposible transformar el cuerpo, sino que el método debe adaptarse a la nueva biología. "Lo mismo que te funcionaba antes ya no da los mismos resultados. No porque hayas cambiado en disciplina. Porque tu cuerpo es otro", explica la entrenadora.

El error más común es intentar replicar las rutinas de hace diez años, las mismas dietas, mismos entrenamientos y la misma intensidad. Pero el cuerpo ya no responde igual, y eso genera frustración, cansancio y la sensación de que 'ya no sirve de nada intentarlo'. Además, muchas mujeres ignoran el impacto de la perimenopausia, la menopausia o el estrés crónico. "Las hormonas cambian las reglas del juego, y nadie te lo explica bien", señala Nieto. Entender el momento hormonal es clave para dejar de pelearte con tu cuerpo y empezar a trabajar a su favor.

Por qué los planes genéricos no funcionan

Internet está lleno de retos, tablas y programas que prometen resultados rápidos. Pero el 90% están diseñados para mujeres de 25 años, sin cambios hormonales, con más tiempo disponible y un metabolismo distinto. "No es que sean malos planes en general — es que no son para ti", afirma Nieto. Seguir un plan genérico suele terminar en dos escenarios: O no funciona, o funciona durante dos semanas y luego se estanca.

Cuando eso pasa, muchas mujeres concluyen que el problema es su falta de disciplina, cuando en realidad el problema es que el plan no estaba adaptado a su momento vital. Además, la mayoría de planes no caben en la vida real porque requieren una hora y media al día, cocinar cada día y cero imprevistos. "La vida siempre aparece. Y cuando aparece, el plan se rompe", explica la entrenadora.

Por eso, la solución es un método que funcione incluso en semanas malas: 30–40 minutos, 3–4 días, adaptable, flexible y sostenible. La consistencia imperfecta siempre gana a la perfección intermitente.

Cómo entrenar sin quemarte y sin depender de la motivación

La mayoría de mujeres empiezan demasiado fuerte, con dietas estrictas, entrenamientos diarios y cero flexibilidad. "Un plan que no puedes sostener seis meses no es un plan. Es una prueba de resistencia que estás destinada a perder", advierte la experta, y añade: "Para tener el hábito de hacer ejercicio necesitas un ritmo que puedas mantener cuando no tienes ganas". Eso significa entrenar menos días, pero mejor. Comer de forma planificada, pero sin restricciones extremas. Descansar más y no menos.

Otro error frecuente es medir el progreso solo con la báscula. La báscula no distingue entre grasa, músculo, agua o inflamación, y puede generar frustración innecesaria. "La báscula es una herramienta, no el juez de tu progreso", recuerda la entrenadora. La energía, la fuerza, la ropa y las medidas cuentan mucho más.

Descansar también es importantísimo. "El cuerpo cambia durante el descanso, no durante el entrenamiento", afirma Nieto. Dormir bien, gestionar el estrés y comer suficiente proteína son tan importantes como la rutina de fuerza.

Nutrición, descanso y acompañamiento

Muchas mujeres creen que comer sano es suficiente y comienzan a comer con menos azúcar, más verdura y porciones más pequeñas. Pero ‘comer sano’ es demasiado vago para producir cambios reales. El cuerpo necesita señales claras, y saber cuánta proteína tomar, cuándo comer carbohidratos y cómo equilibrar las comidas según el día, es clave. "Sin estructura, aunque la calidad sea buena, los resultados son impredecibles", explica la entrenadora. La nutrición debe ser flexible y clara, pero lógica y, por supuesto, no restrictiva. Es el equilibrio entre estructura y libertad lo que produce resultados sostenibles.

Otro pilar es el acompañamiento. Muchas mujeres intentan cambiar solas, sin feedback, sin ajustes y sin guía. "Los planes en papel no se adaptan. Tu cuerpo sí cambia constantemente", recuerda Nieto. Sin alguien que interprete lo que está pasando y corrija a tiempo, cualquier plan acaba siendo un experimento sin dirección.

El cambio real ocurre cuando el método se adapta contigo, no cuando tú intentas adaptarte a un método imposible.

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