❌

Normal view

La Luna está encogiendo: un estudio de la NASA revela por qué el satélite es cada vez más pequeño

By: David · Cavero
22 October 2026 at 06:00

La Luna parece un cuerpo inmutable cuando se observa desde la Tierra. Sus cráteres, sus extensas llanuras oscuras y las zonas más brillantes de su superficie forman un paisaje familiar que apenas cambia a simple vista. Sin embargo, bajo esa apariencia de quietud, nuestro satélite conserva las huellas de una evolución geológica que comenzó hace miles de millones de años y que todavía deja señales visibles.

Comprender esos cambios no es solo una cuestión de reconstruir el pasado del sistema solar. También permite conocer mejor el comportamiento del terreno lunar, un aspecto relevante ahora que las agencias espaciales estudian nuevas misiones tripuladas y la posibilidad de establecer instalaciones en su superficie.

Más de 10.000 fallas para medir el cambio

Un estudio publicado el 14 de octubre de 2026 en The Planetary Science Journal, dirigido por el geólogo Thomas R. Watters, investigador emérito del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, ha cartografiado más de 10.000 estructuras geológicas jóvenes distribuidas por la superficie lunar. A partir de este inventario, el equipo calcula que el radio de la Luna ha disminuido aproximadamente 45 metros durante un intervalo de entre 400 y 800 millones de años.

La investigación se apoya en imágenes de alta resolución de la cámara LROC, instalada en el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. Estas observaciones permiten identificar pequeñas deformaciones del terreno que revelan cómo las fuerzas internas del satélite han ido comprimiendo su corteza.

El fenómeno tiene su origen en la historia temprana del satélite. La Luna se formó hace unos 4.500 millones de años y, desde entonces, ha ido perdiendo parte del calor acumulado en su interior. Al enfriarse, los materiales se contraen y el volumen del cuerpo disminuye. La corteza sólida debe adaptarse a ese cambio y soportar las tensiones que se generan en su estructura.

Cuando la presión supera la resistencia de las rocas, aparecen fracturas y desplazamientos del terreno. Entre las señales más características están los llamados escarpes lobulados, formaciones alargadas que parecen pequeños escalones o acantilados. Se producen cuando una parte de la corteza se desplaza sobre otra debido a las fuerzas de compresión. También se han identificado crestas estrechas en las grandes llanuras oscuras lunares.

La distribución de estas estructuras ayuda a reconstruir cómo ha evolucionado el satélite. El nuevo mapa reúne miles de señales que, estudiadas en conjunto, permiten calcular la contracción acumulada con más precisión que si se analizara cada accidente geológico por separado.

Una superficie sin placas tectónicas como las de la Tierra

La Luna no funciona como nuestro planeta. En la Tierra, la corteza está dividida en placas tectónicas que se desplazan y cuya interacción concentra buena parte de los terremotos y la formación de montañas. La capa exterior lunar, en cambio, constituye una estructura esencialmente continua, sin una red equivalente de placas móviles.

Por ello, las fallas relacionadas con la contracción no se limitan a los bordes entre placas, sino que aparecen repartidas por distintas regiones. Los investigadores también observaron diferencias en su abundancia: las áreas con una corteza más gruesa presentan menos fallas jóvenes. Este patrón podría aportar pistas sobre cómo el espesor de la corteza influyó en la pérdida de calor durante la historia lunar.

El estudio no solo mide cuánto se ha reducido el satélite, sino que ayuda a entender dónde se acumulan las tensiones y cómo podrían seguir transformando el terreno.

La contracción también está relacionada con la actividad sísmica. Cuando una falla se desplaza, puede provocar un terremoto lunar, conocido como moonquake. La NASA ya ha advertido de que algunas fallas jóvenes se encuentran cerca de posibles zonas de aterrizaje en el polo sur, una región de especial interés para las futuras misiones del programa Artemis.

Esto no significa que la Luna sea un lugar inhabitable ni que las próximas expediciones estén en peligro inevitable. Sí implica que conocer la distribución de las fallas, la estabilidad de las pendientes y la posibilidad de movimientos sísmicos será importante para elegir emplazamientos seguros para equipos e instalaciones.

La Luna, por tanto, sigue cambiando aunque lo haga a una escala temporal difícil de percibir desde la Tierra. Su radio se ha reducido unos 45 metros en cientos de millones de años, y las grietas de su superficie conservan el registro de ese proceso. Lejos de ser un mundo completamente inmóvil, nuestro satélite continúa ofreciendo pistas sobre su interior y sobre los desafíos de explorarlo en el futuro.

© Magnific

La Luna está encogiendo: un estudio de la NASA revela por qué el satélite es cada vez más pequeño
❌