Ya no solo es Peinado. Ya no se trata de un juez tronado que va por libre persiguiendo a la mujer de Pedro Sánchez. Ni una jueza, como la de Badajoz, Beatriz Biedma, a quien la cloaca sanchista intentó acojonar de todas las maneras posibles. Ni siquiera son los siete magistrados de la sala segunda del Tribunal Supremo, que mandaron al talego a Ábalos y a Koldo, seguramente influidos por su ideología ultra.