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El cambio de hora y los niños: lo habitual es que tarden una semana en adaptarse

El cambio de hora y los niños: lo habitual es que tarden una semana en adaptarse

Ajustar las rutinas en tramos de 15 minutos, usar la luz natural y no alterar hábitos ya consolidados son algunas de las pautas de la experta en sueño infantil Alicia Marqués para la adaptación de los más pequeños al nuevo horario

Las tres ventajas y los tres inconvenientes del cambio al horario de invierno

La mayoría de los relojes de hoy en día llevan a cabo el cambio horario de manera automática, sin necesidad de ajustes manuales, pero cuando se trata del organismo humano, la adaptación no es tan rápida. En el caso de los niños, concretamente, el cambio de hora afecta de forma directa al llamado reloj interno y puede provocar desajustes en el descanso y el comportamiento los primeros días. 

“Nuestro reloj interno no cambia de un día para otro. El domingo, el cuerpo del peque seguirá funcionando con la hora 'antigua': si se despertaba a las 7.00 horas, ahora lo hará a las 6.00”, explica Alicia Marqués, experta en sueño infantil y divulgadora en el pódcast Dormir para vivir.

Esta falta de sincronización puede traducirse en síntomas similares a los del jet lag: “Despertares más tempranos, siestas desorganizadas o desplazadas, irritabilidad y mayor dificultad para conciliar el sueño por la noche”, enumera la especialista, que señala que detrás de la mayoría de estas manifestaciones se encuentra “el sobrecansancio”. “Cuando acostamos al niño a su hora habitual tras el cambio de hora, su cuerpo habrá permanecido despierto una hora más de lo que realmente tolera”, apunta. 

“En adultos, la evidencia es clara porque hay más estudios: el cambio de primavera es el que más efectos negativos tiene. En peques, en cambio, apenas hay investigación y no existen estudios que comparen los dos cambios”, asegura Marqués. “Lo que sí sabemos es que el cambio de otoño afecta más a las personas madrugadoras”, señala la especialista, que añade, por su experiencia clínica, que este próximo cambio de otoño-invierno cuesta especialmente a esos niños más madrugadores.

Lo habitual es que los niños tarden en torno a una semana en adaptarse por completo al nuevo horario, aunque siempre hay excepciones. No obstante, la especialista advierte sobre la importancia de no atribuir cualquier problema de sueño prolongado al cambio de hora: “Si tu peque era buen dormidor y, pasadas dos semanas, su sueño sigue alterado, ya no es el cambio de hora”. “Siempre digo que el cambio de hora ha sido la casualidad, no la causalidad, y conviene valorar qué está pasando realmente”, incide.

Para facilitar el proceso, Marqués aconseja preparar el cambio de forma progresiva durante la semana previa, ajustando paulatinamente las rutinas diarias del menor.

Si están en casa

“Los peques de 0 a 2 meses apenas lo notan, porque su ritmo circadiano todavía se está formando. Con ellos basta con seguir su demanda y adaptarse a la hora nueva”, explica la experta. “A partir de los 3-6 meses, cuando ya tienen un ritmo más establecido y unas ventanas de sueño más ajustadas, lo notan igual o incluso más que un peque mayor”, añade. 

Para todos los que se quedan en casa, la especialista recomienda de cara a los próximos cambios de hora otoñales retrasar 15 minutos el inicio del día, las siestas y la hora de dormir el lunes, el miércoles y el viernes de la semana previa al nuevo horario. “Así el domingo, con la hora nueva, vuelve a su horario de siempre”, argumenta.

Si van a la escuela

Dado que las familias no pueden modificar los horarios de los centros educativos, la recomendación de Marqués es que el ajuste se realice retrasando 30 minutos las rutinas desde el viernes por la tarde y durante todo el sábado. “A partir de los tres años ya se les puede explicar con antelación qué va a pasar, y eso les ayuda a vivirlo con más calma”, comenta.

El uso de la luz 

La luz natural y las actividades al aire libre a última hora de la tarde son, para la experta, “grandes aliadas” para regular el reloj biológico. En el lado opuesto, la oscuridad total al amanecer ayuda a prevenir despertares prematuros.

“Es un error empezar el día a las 5.30 horas de la mañana porque el niño ya está despierto, encender luces, desayunar o poner pantallas consolida ese despertar temprano. Es mejor mantener la oscuridad y la calma hasta una hora razonable”, defiende Marqués. 

La especialistas destaca otros tres errores recurrentes en las familias a la hora de afrontar estos días: “Adelantar una hora entera de golpe la hora de dormir, porque alimenta el círculo de los despertares tempranos; compensar con siestas larguísimas o tardías, que restan sueño a la noche y retrasan la adaptación; e interpretar estos días como una regresión y cambiar hábitos de sueño que funcionaban, porque los hábitos que ya estaban bien siguen siendo válidos”. 

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Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa

Las cinco claves de una psicóloga experta en pareja para frenar las discusiones por el orden en casa

Diana Sánchez explica el trasfondo emocional detrás de los reproches y aporta fórmulas para llegar a acuerdos de convivencia: “Depende de la interacción de cada persona con su regulación emocional, socialización y personalidad”

Ni el olor de tu bocata ni saber a quién votas: manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público

Unos calcetines en el suelo, un montón de ropa sobre una silla o una pila de platos sin fregar pueden ser simplemente tareas pendientes o pueden convertirse en la mecha que encienda un reproche o una tensión acumulada. El orden es el origen habitual de discusiones en el 17% de los hogares españoles, según el estudio Hábitos y Actitudes hacia el orden en los hogares españoles elaborado por Ikea, que también recoge que el 52% de los españoles siente culpa por no saber gestionarlo mejor y el 32% experimenta ansiedad directamente vinculada al caos doméstico.

“Detrás de todas estas discusiones, lo que nos encontramos en terapia de pareja es que hay un conflicto que tiene que ver mucho con los estilos de apego: uno puede sentir que no se le tiene en cuenta, que sus necesidades no son importantes para el otro, y la otra parte suele sentir que no es suficiente porque no hace las cosas lo suficientemente bien nunca”, explica Diana Sánchez, directora de Psicólogas en Torrelodones y terapeuta de pareja, que asegura que cada parte interpreta la situación desde su propia herida.

A este choque en cómo cada uno percibe el desorden se suma la respuesta biológica de cada cual. “Hay personas que experimentan el desorden físico como una especie de sobrecarga ambiental que les eleva incluso el cortisol, mientras que el orden espacial les da sensación de control cognitivo y autorregulación”, señala la especialista, que contrapone el ejemplo de quien convive cómodamente con el caos y no lo percibe como amenazante, sino como funcional.

“Hay estudios que dicen que la tolerancia al desorden depende también de la interacción que cada persona tenga entre su regulación emocional, la socialización y la personalidad. Es bastante curioso porque la necesidad individual frente a la tolerancia al desorden tiene que ver con cómo hemos aprendido a regularnos con el estrés”, apunta la psicóloga.

Romper el círculo de la discusión

“Cuando las discusiones se convierten en cíclicas, normalmente estamos repitiendo lo que llamamos un 'tango', una especie de baile en el cual yo te digo y tú me respondes, pero entramos en un bucle infinito de malestar”, ilustra Sánchez sobre estas dinámicas que pueden ser difíciles de romper si perpetuamos los reproches. “Quizá el error más común es intentar querer que la otra persona haga las cosas exactamente como nosotros las hacemos o como nosotros deseamos que las hagan”, advierte la especialista.

A pesar de que el desorden llega a condicionar la vida social de casi dos de cada cinco españoles, según el estudio citado, existe un amplio margen para el entendimiento, ya que el 76% de los encuestados se muestra abierto a negociar la convivencia con el desorden ajeno. ¿Cómo transformar esas broncas en acuerdos?  

Buscar el momento para hablar

“Lo primero es hablarlo mucho, no en el momento de los enfados, sino en otro momento, y buscar soluciones consensuadas”, aconseja Sánchez, que alerta de que abordar el problema en pleno enfado solo alimenta el conflicto. 

Explicar el porqué

Exponer la necesidad profunda que hay detrás de una petición cambia la disposición del otro, defiende la terapeuta: “Cuando uno le explica al otro por qué le ha pedido hacer una cosa y por qué se la pide de una determinada manera, el otro lo entiende y lo hace, porque sabe por qué lo está haciendo de esa manera”.

Ponerse en el lugar del otro

Si hay una reacción desmedida es pertinente tratar de desescalar y preguntarse si esa reacción responde al momento presente o a vulnerabilidades pasadas. “Lo que puede ser para nosotros algo que no tiene importancia, a la otra persona le puede estar detonando con otras cosas mucho más profundas”, explica la especialista. “Hay que negociar sintiendo que yo puedo dar, pero que también puedo recibir”, añade. 

Ejercitar la paciencia

“Roma no se construye en dos días; es poquito a poquito alcanzando pequeñas cosas y reconstruyendo”, recalca la psicóloga, que asegura que modificar hábitos arraigados requiere tiempo y progresividad. 

Además de lo anterior, Sánchez abre la puerta a pedir ayuda cuando la situación sobrepasa los recursos de la pareja. “Ya no digo de forma externa, que también si es posible, pero a veces incluso a los propios hijos, que pueden ayudar a establecer esos consensos”, concluye.

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Ni el olor de tu bocata ni saber a quién votas: manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público

Manual de convivencia (y supervivencia) en el transporte público

Expertas y usuarios frecuentes apuntan las claves de civismo urbano para llegar a destino sin perder la fe en la humanidad desde primera hora

“La gente ya no se pasa de forma espontánea”: por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa

Hay pocas cosas que pongan tan a prueba el humor y la estabilidad matutinas como el transporte público en hora punta. No (solo) por la espera, los retrasos o las averías imprevistas, sino por ese rato en el que toca compartir espacio físico y aire respirado con tal densidad de desconocidos apretados que uno empieza a plantearse dónde acaba su cuerpo y empieza el del otro. Precisamente con el propósito de arrojar luz sobre esa cuestión, de dónde terminan las libertades individuales y empiezan las de la persona de al lado, nace este manual práctico y de consenso para recordar normas sociales de convivencia y resolver dilemas cotidianos del transporte público sin perder los nervios.

El sacrosanto ‘dejar salir antes de entrar’

“Con lo que no puedo es con la gente que no deja salir antes de entrar. Tanto cuando voy a entrar y me están empujando por detrás, como cuando voy a salir y se abalanzan sin dejar espacio para pasar”, se queja Elena, usuaria del metro de Madrid. Para Pilar Muiños, vicepresidenta de la Asociación de Técnicos de Protocolo de Galicia que reivindica que el protocolo va más allá de los buenos modales, no se trata solo de una norma básica de cortesía social, como podría ser saludar al conductor del autobús, sino de “un principio esencial de orden físico para garantizar la fluidez de los flujos de paso y evitar pisotones y empujones innecesarios”. 

La guerra por el espacio y el arte de sentarse

En el transporte público el espacio es un bien escaso por el que constantemente se libran batallas silenciosas, que también son política. Existen estudios que señalan que los hombres heterosexuales tienden a desarrollar con mayor frecuencia conductas de apropiación del espacio público, mientras que las mujeres y otras identidades suelen adoptar estrategias para hacerse más pequeñas. El llamado manspreading o despatarre masculino, que también incluye la ocupación de reposabrazos, es una queja tan constante entre las usuarias que los autobuses madrileños incluyeron en 2017 una advertencia sobre esta práctica en su cartelería. Incluso las redes sociales están llenas de vídeos que comparten su frustración por este micromachismo internacional.

@annikaldr Feminine rage 🙂 #men #manspreading #menspreading #db #femininerage #rage #fyp ♬ AAAAAAAAA - ☆

“La lucha por tu espacio vital en el autobús es continua; desde los que abren las piernas y se meten en tu asiento a quienes echan el respaldo hacia atrás sin mirar y te aplastan, cuando los asientos ya son de por sí son enanos y para personas grandes es un horror, una sensación de tener que ir casi plegada”, valora Rosario. 

Para María José Gómez Verdú, experta en protocolo y etiqueta, la norma es jamás tomar una decisión de forma unilateral: “En un espacio compartido hay que preguntar siempre al de atrás antes de reclinar el respaldo, porque esa persona puede tener un café en la bandeja o el portátil abierto y podemos provocar un percance”. Precepto también aplicable si se quiere abrir la ventana, bajar la persiana o cualquier acción que afecte a más personas que a nosotros mismos.

Una mochila a la espalda en hora punta puede convertirse en maquinaria de demolición si no se está atento a esquivar a tiempo los giros de quien la lleva, por eso, quitársela no es una cortesía sino una norma indicada en la propia cartelería. “Deberían quitarse de la espalda al entrar y colocarse entre las piernas en el suelo, o bien en los portaequipajes superiores”, señala Pilar Muíños.

En un espacio compartido hay que preguntar siempre al de atrás antes de reclinar el respaldo

María José Gómez Verdú — experta en protocolo

¿Y qué hay de dejarla en el asiento contiguo? Para la experta, solo está justificado si el vehículo está semivacío y debe retirarse de forma proactiva si empieza a llenarse. “Un asiento es para un pasajero, no para un objeto que debe ir en los espacios habilitados para eso”, defiende. “Otra cuestión esencial es ceder nuestro asiento, no solo a personas mayores o embarazadas, sino a cualquier persona que muestre signos de fatiga, lesión o carga”, apostilla.

Ante el conflicto acústico

El silencio es otro de los bienes más vulnerables en el transporte compartido. “Salgo de trabajar cansada, con hambre y sueño, y tengo que aguantar a un rapero, por llamarlo de alguna forma, diciéndome 'venga, chica, sonríe”, expone Elena, que cree que ese tipo de actuaciones deberían restringirse al andén, que es un lugar más abierto, y ser menos invasivas para una mejor convivencia. 

Más allá de los trovadores del metro, Marina, otra usuaria, confiesa no soportar a “la gente que habla por teléfono en el vagón como si fuesen solos”, convirtiendo el tren en su despacho y dando la nota (de voz), como satirizó en su día el dúo Pantomima Full con un personaje que da para análisis sociológico. Para Rafael es importante tener en cuenta que hay personas que sufren mucho ciertos ruidos: “Yo no me meto en el metro sin auriculares con cancelación de sonido, aunque no esté escuchando nada”.

“También es muy frecuente la gente que ve vídeos en alto o directamente películas, sin auriculares”, añade Marina. Un tema por el que Rosario asegura haberse cambiado “muchísimas veces” de vagón, “sobre todo vídeos de política o mítines que yo no tengo por qué escuchar, no tengo que escuchar nada, pero eso menos, porque está interfiriendo en mi ámbito privado y no me interesa tu opinión política”, expresa.

Salgo de trabajar cansada, con hambre y sueño, y tengo que aguantar a un rapero, por llamarlo de alguna forma, diciéndome 'venga, chica, sonríe'

Elena

Ante estas situaciones, María José Gómez Verdú recuerda que el hecho de no viajar en un “vagón silencio” no otorga carta blanca para montar un espectáculo. “Si entra una llamada, el teléfono se atiende en un tono de voz muy bajo o la persona se desplaza al pasillo que conecta los vagones. En el resto del tren no está prohibido hablar, pero tampoco quiere decir que se acepte hacer ruido”, matiza. 

Gastronomía a bordo y otros olores

“Hay dos cosas que deberían estar prohibidas: los bocadillos de chorizo y las patatas a la vinagreta”, sentencia María. Marina, por su parte, relata haber vivido situaciones extremas en este sentido, como que un viajero sacara la cuchara y se pusiera a comer un potaje a su lado. “Por lo menos que te pregunten, yo soy alérgica a frutos secos y me ha pasado que un señor se ponga a comer cacahuetes y tener que moverme”, recuerda la usuaria. 

Algo similar le pasa a Rosario, celíaca, con los pasajeros que sueltan migas de pan. “Me parece bastante peligroso, pero puedo llegar a entender que alguien se coma un sándwich o algo que no desprenda partículas ni olores fuertes. Yo me quedo una hora y media más en el trabajo por no comer en el tren porque me parece muy desagradable”, sostiene.

¿Qué opinan las expertas? Para Gómez Verdú en el transporte público urbano o de corta distancia directamente no se debería comer: “Un caramelo o una barrita consumidos rápidamente son aceptables, pero desempaquetar un bocadillo o un táper está fuera de lugar, es preferible esperar a llegar o hacerlo en la estación antes de subirte”. En la misma línea, Muíños puntualiza que en viajes de media o larga distancia donde sí esté permitido, debe elegirse “algún snack sencillo, como pequeños sándwiches o fruta ya troceada procurando recoger de inmediato cualquier residuo”. “El transporte público no es el comedor de nuestra casa ni un espacio de pícnic”, aclara.

“Hay olores muy molestos más allá de la comida: de tabaco, alcohol, corporales, de maquillaje, lacas o colonias, por no hablar de basura, directamente. Yo, de hecho, he dejado de usar perfume por no molestar a otras personas, porque entiendo que si vas cerca de alguien a las siete de la mañana, puede molestar”, reconoce Rafael. La experta en etiqueta María José Gómez Verdú invita a ejercitar la empatía ante un mal olor corporal y ponerse en el lugar de la persona que ocupa el asiento de al lado: “Es una situación delicada e involuntaria; no sabes de dónde viene esa persona o si ha estado trabajando doce horas seguidas en condiciones duras. Al ser algo puntual en un trayecto, debemos ser comprensivos”.

Hay olores muy molestos más allá de la comida: de tabaco, alcohol, corporales, de maquillaje, lacas o colonias, por no hablar de basura, directamente. Yo, de hecho, he dejado de usar perfume por no molestar a otras personas, porque entiendo que si vas cerca de alguien a las siete de la mañana, puede ser molesto

Lidiar con el incivismo 

La lista de reivindicaciones es bastante más larga, incluye quejas por quien no respeta la numeración de los asientos, por los padres que no prestan atención a sus hijos o por los gritos de las despedidas de soltero y se extiende hacia miradas que incomodan e incluso situaciones violentas. La habilidad definitiva del usuario frecuente que proponen las expertas para la mayoría de estos casos es la asertividad y romper la barrera del miedo a hablar con la persona que tenemos al lado. 

“Depende muchas veces de la situación en la que nos vayamos a encontrar, pero recomiendo empezar la frase diciendo ‘perdona’, por ejemplo: ‘Perdona, ¿te molestaría bajar el volumen, por favor, o ponerte los auriculares que lo llevas muy alto?’ Es una forma de entrar suave y educadamente”, recomienda Gómez Verdú. Muíños concuerda con mostrar firmeza en el contenido y la máxima educación en las formas: “La fórmula correcta es dirigirse a ella con una sonrisa, contacto visual directo y una frase en positivo, por ejemplo: ‘Disculpa, ¿te importaría cerrar un poco las piernas? Es que me resulta incómodo, gracias”. “En la mayoría de los casos, la persona reacciona por pura vergüenza social”, asegura.

Ambas expertas están de acuerdo en no entrar en discusiones directas. “Una vez dado un primer aviso amable sin resultado, si la conducta es especialmente molesta lo correcto es acudir al conductor, al revisor o al personal de seguridad”, afirma Muíños, ya que son las autoridades competentes por ley para hacer cumplir el orden en ese viaje compartido. 

Precisamente, algo tan poco frecuente en las grandes ciudades como la comunicación de cortesía, dar los buenos días a quien se sienta al lado en el cercanías, preguntar a alguien mayor si necesita ayuda con una bolsa o consultar antes de abrir la ventana, es uno de los aspectos señalados de manera positiva por los usuarios consultados. “Al final se agradece mucho la buena educación y los buenos actos”, concluye Marina en tono optimista.

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Cambio de hora de invierno: un experto en sueño explica por qué gusta menos, pero nos sienta mucho mejor

Cambio de hora de invierno: un experto en sueño explica por qué gusta menos, pero nos sienta mucho mejor

El catedrático en Psicología Alfredo Rodríguez-Muñoz explica que, aunque preferimos las tardes largas y soleadas, la ciencia del sueño recuerda que la luz matutina es clave para sincronizar nuestro reloj interno y proteger el descanso

Cambio de hora en España: cuándo tenemos que atrasar el reloj para pasar al horario de invierno

Cada vez que se acerca el cambio de hora en octubre surge el mismo debate por la sensación de que las tardes se acortan y la tristeza de la falta de luz. Socialmente, la preferencia por los atardeceres tardíos y el disfrute al aire libre tras la jornada laboral parece clara, pero la cronobiología plantea un diagnóstico muy distinto: mientras nuestras preferencias de ocio buscan tardes luminosas, nuestro cerebro necesita mañanas claras.

“Hay una diferencia entre la luz que nos gusta y la luz que nuestro cuerpo necesita”, aclara el especialista en sueño Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro Dormir para vivir.La ciencia del descanso en la era del cansancio (Kailas). “Queremos la luz cuando más podemos disfrutarla, pero nuestro cerebro la necesita especialmente cuando empieza el día”, explica.

“La luz de la mañana es una de las señales más potentes que tiene el cerebro para sincronizar el reloj interno. Nos ayuda a activarnos al empezar el día y a mantener nuestros ritmos más alineados con el ciclo natural de luz y oscuridad”, señala el experto, incidiendo en que no todas las horas de luz ambiental producen el mismo impacto. “La luz al final de la tarde y por la noche, en cambio, tiende a retrasar ese reloj”, puntualiza.

Por este motivo, las principales sociedades científicas dedicadas a la medicina del sueño y los ritmos circadianos coinciden en que, si se tuviese que elegir un único horario permanente para todo el año, el de invierno es el que mejor encaja con nuestra biología, argumenta Rodríguez-Muñoz. “El horario de verano permanente nos regalaría tardes luminosas, sí, pero las pagaríamos con mañanas más oscuras”, destaca. 

Ese desajuste, explica, afecta de forma especial a los adolescentes y a las personas con tendencia natural a acostarse tarde, porque si su reloj biológico ya tiende a retrasarse esto se potencia si se retrasa también el anochecer, mientras que el horario de comienzo de institutos y trabajos se mantienen inalterado. “El horario de invierno favorece una mejor alineación entre nuestro reloj interno y los horarios sociales. Puede facilitar unos horarios de sueño algo más tempranos, reducir el jet lag social y disminuir la tendencia a acumular falta de sueño”, incide el catedrático.

El debate adquiere un matiz singular en España debido a la combinación de su ubicación geográfica y unos horarios sociales especialmente tardíos. “Ya somos especialistas en cenar, terminar el día y acostarnos tarde, y prolongar todavía más la luz al final de la jornada no ayuda precisamente a adelantar nuestros relojes”, añade el experto, que razona que el cambio al horario de verano suele asociarse con pérdida de sueño y mayor somnolencia. 

Para aprovechar el ritmo natural de la luz y favorecer el bienestar durante los meses fríos, Rodriguez-Muñoz recomienda tres pautas sencillas: “Lo más importante es intentar recibir luz natural durante la primera parte del día y por la noche, lo contrario, reducir progresivamente la intensidad de la luz. También conviene mantener cierta regularidad en las horas de levantarnos y acostarnos”. “No hace falta vivir con disciplina militar, pero nuestro reloj biológico agradece cierta previsibilidad”, concluye el especialista.

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Un neumólogo, sobre los peligros de las velas aromáticas: “Aunque sean de origen vegetal sus emisiones no son inocuas"

Un neumólogo, sobre los peligros de las velas aromáticas: “Aunque sean de origen vegetal sus emisiones no son inocuas"

A pesar de que se asocian al bienestar y la relajación, el Dr. Javier de Miguel advierte de que su combustión dentro de casa puede alterar la calidad del aire y agravar patologías respiratorias

“No todo es calcio en la salud ósea”: un nutricionista explica los alimentos que ayudan a fortalecer nuestros huesos

Encender velas al final de la tarde es para muchas personas un gesto de confort, asociado especialmente a esta época en la que empieza el frío y los días se acortan. Pero, ¿qué diferencias hay entre las velas naturales y las aromáticas? ¿Son unas más seguras que otras?

“La mayor diferencia está en el origen de la cera y en las sustancias que aporta el aroma. Las velas convencionales suelen fabricarse con parafina, un derivado del petróleo, mientras que las llamadas ‘naturales’ utilizan ceras vegetales, como las de soja, coco o colza, o la clásica cera de abeja. En cuanto a las fragancias, las velas aromáticas incorporan perfumes que pueden ser aceites esenciales o mezclas sintéticas”, aclara el Dr. Javier de Miguel, coordinador del área de Neumología Ambiental y Ocupacional (NAO) de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). 

Ante la creencia de que los productos de origen vegetal evitan riesgos para la salud, el neumólogo aclara que “el hecho de que una vela sea de origen vegetal no significa que sus emisiones sean inocuas”. “Al quemarse, cualquier vela puede liberar partículas finas, hollín y diversos compuestos orgánicos, aunque la cantidad y la composición de estas emisiones dependen del material, la fragancia, el tipo de mecha y las condiciones de combustión”, explica.

“A día de hoy no existe evidencia científica sólida que permita afirmar que las velas naturales sean, en general, más seguras para la salud que las de parafina. Asociar de forma automática términos como ‘natural’ o ‘ecológico’ con un menor riesgo respiratorio es un error común”, incide el especialista, que recuerda que las partículas liberadas en la combustión pueden actuar como irritantes de las vías respiratorias. “Aunque conocemos estas emisiones, todavía existe incertidumbre sobre sus efectos a largo plazo en condiciones habituales de uso doméstico”, reconoce.

En población sensible, estas emisiones pueden provocar tos, molestias nasales e irritación ocular. Pero el doctor De Miguel pide precaución, especialmente, a quienes padecen patologías respiratorias: “En pacientes con asma, EPOC u otras enfermedades respiratorias crónicas, así como en personas sensibles a las fragancias, pueden desencadenar o agravar síntomas respiratorios, incluida la sensación de falta de aire”. “Por prudencia, conviene reducir la exposición en estos casos y evitar el uso de velas si se observa que provocan síntomas”, recomienda. 

A la hora de adquirir y utilizar velas, el neumólogo destaca que “lo ideal es optar por fabricantes fiables que ofrezcan un etiquetado claro, con información sobre la composición y las instrucciones de uso”. “Conviene comprobar el tipo de cera y de fragancia, así como elegir una mecha adecuada y seguir las recomendaciones del fabricante. Las mechas de algodón pueden ser una opción, pero su material no garantiza por sí solo unas emisiones menores”, señala el especialista. 

Las pautas básicas de seguridad del doctor se pueden resumir en cinco: evitar su uso diario para ambientar la casa, no encender demasiadas a la vez, limitar el tiempo que permanecen encendidas, mantener una buena ventilación durante y después de su uso y evitar su encendido ante personas sensibles.

“No debemos olvidar que las velas aromáticas son una fuente de combustión dentro de casa y que sus emisiones pueden afectar a la calidad del aire interior. Por eso, si se utilizan, conviene hacerlo con moderación y extremar las precauciones si hay enfermedades respiratorias”, concluye el doctor De Miguel.

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Testamento solidario: una abogada explica cómo dejar parte de tu herencia a una causa social con todas las garantías

Testamento solidario: una abogada explica cómo dejar parte de tu herencia a una causa social con todas las garantías

La abogada Laura Lobo aclara los límites legales y las claves necesarias antes de incluir una entidad sin ánimo de lucro en las últimas voluntades

Una notaria explica qué es el tercio de libre disposición: el único espacio de la herencia con libertad para decidir

Muchas personas se preguntan qué pasará con su patrimonio cuando ya no estén y cómo pueden contribuir a las causas con las que se sienten comprometidas, como la investigación científica o la ayuda humanitaria. Para resolver las dudas sobre cómo se lleva a cabo un trámite de este tipo, la abogada Laura Lobo, especializada en familia y herencias, detalla en qué consiste esta figura jurídica y cómo formalizarla ante notario.

“El testamento solidario en realidad es un testamento común en el que se incluye alguna cláusula que deja bienes a una ONG o a una asociación o entidad sin ánimo de lucro”, aclara Lobo. “Es muy común, por ejemplo, dejar para la investigación de ciertas enfermedades”, añade.

A la hora de redactarlo, el principal aspecto legal a tener en cuenta es la situación familiar de la persona, ya que si existen hijos o descendientes, el derecho sucesorio obliga a respetar la legítima. “Siempre hay un tercio de libre disposición” como mínimo, apunta la abogada, que se puede destinar parcial o íntegramente a cualquier entidad o causa elegida por el testador.

En el caso de personas solteras y sin descendientes ni herederos forzosos, la libertad para disponer del patrimonio es completa, pudiendo nombrar heredera universal a una organización.

Como todo testamento, uno de este tipo también se realiza ante notario, tiene el mismo precio, no requiere de gestiones adicionales y se trata de una decisión siempre revocable. “El testamento siempre se puede cambiar. Si la persona dentro de unos años cambia de opinión, hace un nuevo testamento y ya está”, enfatiza Lobo, ya que tanto la situación familiar como económica de las personas puede cambiar y el documento puede modificarse las veces que sea necesario. 

Dos recomendaciones previas a hacer un testamento solidario

Aunque la tramitación es sencilla, la abogada destaca dos recomendaciones para asegurar que la voluntad de la persona se ejecute sin trabas administrativas: avisar a la entidad y nombrar un albacea.

“Una vez firmado es aconsejable que se avise a la asociación o a la entidad para que sepan que existe ese testamento y que ellos son beneficiarios”, valora la experta. Así, cuando se produzca el fallecimiento, podrán estar al tanto. “La cláusula puede ser más o menos extensa, es decir, tú puedes precisar para qué ámbito concreto quieres que se utilice tu patrimonio dentro de una asociación”, explica, o dejar esa donación de manera más abierta. Una opción interesante es informarse previamente de los siguientes proyectos de la asociación.

Cuando la herencia incluye viviendas u otros bienes inmuebles, la gestión puede volverse engorrosa para la organización que hereda. Por este motivo, Lobo sugiere nombrar a un albacea autorizado para administrar y vender las propiedades antes del reparto.

“Para las entidades siempre es más fácil recibir ese dinero en efectivo. Si tú nombras a un albacea que pueda vender los bienes antes de repartirlos, los bienes se venden y la entidad recibe el dinero”, apunta la letrada, que señala que esta figura puede recaer en una persona de confianza o directamente en un abogado profesional. 

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“Los mayores son los grandes olvidados”: un adiestrador explica qué valorar antes de adoptar un perro si vivimos con niños

“Los mayores son los grandes olvidados”: un adiestrador explica qué valorar antes de adoptar un perro si vivimos con niños

El entrenador canino Jorge García analiza las claves para una adopción responsable en familia, más allá del flechazo en la protectora

Una experta explica por qué no se recomienda dormir con tu perro o gato: “Existen motivos higiénicos para evitarlo”

Adoptar un perro es una decisión importante que no conviene tomar a la ligera, especialmente cuando se convive con niños, ya que se tiende a idealizar la relación entre el animal y los menores. Pero más allá del capricho o el “qué bonito es”, la realidad requiere un análisis minucioso de las necesidades de ambas partes.

“En primer término, debemos valorar la compatibilidad: las edades de los niños, el tiempo disponible del núcleo familiar, quién se va a encargar de los cuidados, el presupuesto y el estilo de vida”, señala el adiestrador canino Jorge García, del centro integral canino De Casa Tassio. 

Uno de los errores más frecuentes al acudir a una protectora es dejarse llevar por la apariencia estética del perro o por ideas preconcebidas sobre la raza, destaca el profesional, que aconseja no tomar la decisión en función del tamaño o la apariencia, sino recurrir al diagnóstico de un adiestrador o etólogo que evalúe el comportamiento real del perro.

“Aparte de los test que hacen en muchas asociaciones de adopción, es muy importante que haya un profesional que nos asesore porque al final hay que analizar al individuo”, explica García, que cree que esta valoración previa puede ayudar a evitar incompatibilidades que puedan derivar en la dolorosa devolución del perro. 

Los niños de menos edad

La convivencia entre menores y perros conlleva dinámicas sensibles a las que no se puede dar la espalda. “El 68% de las mordidas que ha habido de perros a niños ha sido a menores de cinco años. Y de todas estas mordidas, el 89,8%, que es un dato elevadísimo, han sido por parte de un perro conocido, es decir, por un perro con el que convives, no un perro que te encuentras por la calle. Son datos del sector actualizados en 2023”, cita García. 

La etapa comprendida entre los dos y los cinco años es especialmente compleja, valora el entrenador, ya que los pequeños no cuentan con la madurez suficiente para comprender el lenguaje canino y tienden a percibir al animal como un juguete. “En casi todas estas situaciones el problema aparece a través de la protección de recursos: cuando el niño quiere invadir el espacio donde el perro duerme, o quitarle la comida o su juguete”, advierte. 

La estabilidad de un perro adulto

Por esa razón, frente al impulso habitual de buscar un cachorro para un niño pequeño, el experto sugiere valorar el grado de tranquilidad que aporta un perro maduro o de edad avanzada. “Si vamos a adoptar, yo optaría más por un perro bastante estable, ya con una edad, porque juntar a un cachorro que está en fase de socialización y de comprender cosas con un niño tan pequeño en la misma fase puede llegar a ser muy complicado”, subraya.

Para estos perfiles familiares, García recomienda perros estables o razas de temperamento apacible como el Bulldog o el Golden Retriever, evitando razas de trabajo con alto nivel de instinto, como el Pastor Belga Malinois, el Rottweiler o el Border Collie, cuyo impulso predatorio puede activarse ante las carrerillas y juegos del menor. 

Por el contrario, los perros mayores o los jubilados, como los detectores de sustancias de los cuerpos de seguridad, son una alternativa idónea. “Los perros mayores son los grandes olvidados, pero en muchos casos son los más estables, los más agradecidos y los mejores para un hogar con niños”, argumenta el experto.

Para garantizar el éxito de la integración en el hogar, el adiestrador recalca que la adopción debería someterse a varias jornadas de prueba antes de la decisión definitiva. Recomienda acudir en diversas ocasiones a la protectora, pasear al animal en diferentes entornos y observar su comportamiento ante coches, otros perros y, fundamentalmente, en presencia del menor. 

Una vez formalizada la convivencia, la interacción debe regirse bajo la supervisión activa del adulto. “Supervisión no es estar en la misma habitación mientras el niño y el perro hacen lo que quieren; implica medir los tiempos de juego, controlar las salidas y enseñar al niño a respetar estrictamente los momentos de descanso y alimentación del perro”, concluye Jorge García.

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Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia

Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia

El psicólogo Jesús Rivero, coautor del libro 'Psicosecuencias', enseña cómo descubrir los pliegues psicológicos del cine para poder utilizarlos en consulta

“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar

Comprar una entrada de cine o encender la televisión después de cenar y dejar el móvil en modo avión puede ser un hábito cotidiano de pura evasión. Apagar las luces, acallar las preocupaciones del día y dejar que las vivencias de un personaje centren nuestra atención durante un par de horas. Sin embargo, hay quien en una secuencia cinematográfica de apenas tres minutos consigue todo lo contrario: no huir de los problemas, sino mirarlos de frente.

“Muchas cosas pueden resultarnos terapéuticas en la vida cotidiana, pero eso no es un proceso de terapia. Por eso nosotros no prescribimos películas; lo que hacemos es analizar pequeños fragmentos que funcionan como un recurso clínico preciso dentro de un tratamiento individualizado”, dice el psicólogo sanitario Jesús Rivero, coautor junto al también psicólogo y guionista Fernando Samper del libro Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia (Ediciones Psara, 2026).

El manual, gestado tras años de experiencia en consulta y formación docente de ambos profesionales de la plataforma yees!, recopila una selección totalmente heterogénea de cien escenas de películas, series y cortometrajes, con sus respectivas fichas técnicas, orientadas a trabajar problemas tan frecuentes como fobias, depresiones o la baja autoestima. 

“Una secuencia concreta puede reflejar con exactitud el comportamiento que una persona tiene, el que teme tener o el que desea modificar”, explica Rivero, especializado en el análisis de conducta y las terapias contextuales. “Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva: ya no es algo 'mío' que me abruma, sino algo que observo desde fuera y que puedo analizar con distancia”, añade.

Este tipo de aproximación indirecta es especialmente útil con pacientes que se encuentran estancados o les cuesta poner en palabras vivencias traumáticas. “No es necesario conocer la película entera ni ser un apasionado del séptimo arte”, defiende el psicólogo. “La secuencia funciona por sí misma dentro de la sesión y lo que ocurre en esos tres minutos de metraje basta para detonar el objetivo terapéutico que estamos trabajando”, señala.

Los cien fragmentos del manual recorren la historia audiovisual en orden cronológica desde el Hollywood dorado con Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles, a la televisión española más contemporánea con Física o Química: las nuevas generaciones (2025), que retoma el universo de la serie original emitida entre 2008 y 2011.

Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva

“Organizarlo por temas habría significado restringir el propio recurso”, argumenta Rivero sobre la estructura del libro. “Una misma escena puede servir para objetivos clínicos muy diferentes en función del paciente y el momento del proceso. Preferimos mantener una estructura cronológica y añadir al final un índice temático orientativo, invitando a que cada terapeuta elabore su propio mapa”, justifica. 

Preguntado sobre a qué personaje de ficción le gustaría recibir en su consulta de Gijón, Rivero revela su cariño por Fox Mulder, el agente de la serie Expediente X: “Con todo el trauma no resuelto en torno a la desaparición de su hermana, arrastra una carga enorme de sufrimiento que condiciona cada una de las decisiones de su vida”. En el plano infantil, se decanta por un clásico de los ochenta: “Bastian, de La historia interminable, es un niño golpeado por el acoso escolar que busca refugio desesperado en la fantasía de los libros. Trabajar con él desde la psicología infantil sería fascinante”. “Son personajes que a mí personalmente me gustan y que no me importaría poder ayudarles, si ellos lo decidieran así”, añade.

El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de 'Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia' (Ediciones Psara, 2026).
El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de 'Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia' (Ediciones Psara, 2026).

Annie Hall, Tiburón, Los Simpson, El Resplandor, Buscando a Nemo, Cisne negro, La red social o Los Vengadores conviven entre las páginas de este libro, concebido como un manual de recursos para psicólogos, que ha terminado desbordando las paredes de la consulta. “Inicialmente, lo enfocamos para el trabajo en sesión, pero nos llega un gran feedback de personas ajenas a la psicología a las que el libro les permite ver el cine de otra manera”, afirma Rivero, que cree que cualquier lector curioso puede disfrutar descubriendo los pliegues psicológicos que esconden sus películas favoritas, aunque insiste en que no se trata de una guía de autoayuda ni autoterapia para aplicarse uno mismo. “Incluso desde el mundo del cine, directores, guionistas, incluso actrices y actores nos han dicho que les sirve también para poder ver la repercusión que puede tener aquello que están mostrando en pantalla, cómo construir los guiones o cómo dirigir”, confiesa.

“Este libro no le dice al profesional 'usa esta película para la ansiedad' o 'aplica esta otra para la depresión'. Nosotros facilitamos el análisis de la secuencia y el trabajo previo, pero el terapeuta tiene que moldear el recurso en función de la persona que tiene delante. La psicología rigurosa exige contextualizar siempre”, advierte el especialista. “No somos nada fans de las recetas en psicología”, asegura con rotundidad, ante la tendencia de las soluciones fáciles y el consumo rápido de autoayuda en cuanto a la salud mental.

Tras la gran acogida y el interés por Psicosecuencias desde más allá de la psicología, Jesús Rivero y Fernando Samper han empezado grabar un videopodcast divulgativo con el mismo nombre. “En cada episodio analizaremos una secuencia acompañados por invitados del ámbito de la cultura, el cine, el deporte o las artes escénicas. Queremos cruzar miradas: ver qué descubre un psicólogo en una escena, pero también qué aprecia en ella un actor o un deportista de élite. En definitiva, invitar a la gente a mirar el cine con otros ojos”, adelanta Rivero, que declara que no estará enfocado únicamente a especialistas, sino que será accesible para todos los públicos.

Para comprender en detalle el método planteado por Psicosecuencias, a modo de ejemplo, Rivero analiza para elDiario.es cinco escenas míticas, desde la conducta y la emocionalidad, lejos de juzgar su estética o de la pura crítica cinematográfica.

Casablanca y el duelo bloqueado

En la escena final del aeropuerto, Rick Blaine renuncia a su deseo personal por un bien mayor. “Con esa serenidad, Rick evita entrar en contacto con el miedo y la tristeza que le produce la despedida. Actúa según las normas de su época, que pedían a un hombre cumplir con su deber sin mostrar debilidad. Así protege su imagen, pero se queda sin llorar la pérdida y el duelo se atasca”, observa el psicólogo, que aunque cree injusto juzgar a Rick con los criterios actuales, ante esa imagen del hombre fuerte, “decir que algo me está doliendo permite que los demás sepan cómo estamos y puedan acompañarnos”, valora.

Fotograma de Casablanca.
Fotograma de Casablanca.

Pulp Fiction y la comunicación informal 

En la primera escena de la película se muestra a Vincent y Jules charlando distendidamente en el coche sobre comida rápida y si es aceptable echar mayonesa a las patatas, justo antes de una situación de alto riesgo. “Esa charla les ayuda a bajar la tensión y a llegar al momento difícil sintiéndose parte de un equipo. Cuando el trabajo exige mucho, el apoyo de los compañeros amortigua el estrés y, con el tiempo, ayuda a prevenir el agotamiento profesional”, considera el especialista, dejando a un lado el trabajo que realizan ambos compañeros. “Su humor les sirve para aguantar la presión y no indica que se tomen a la ligera lo que está en juego”, explica Rivero, que cree conveniente cuidar esos ratos en los equipos de trabajo, ya que “después de hablar del fin de semana a veces resulta más fácil decir ‘últimamente estoy bastante agobiado'”.

Fotograma de 'Pulp Fiction'.
Fotograma de 'Pulp Fiction'.

The Office y las formas del acoso laboral

En el segundo episodio de la segunda temporada de la serie estadounidense, Michael Scott confiesa que asigna a sus empleados personajes de Friends. Más tarde, insiste en que un vídeo obsceno de un mono no ofende a nadie y, por último, Todd Packer, un amigo suyo que viene de fuera, hace un comentario despectivo sobre la orientación sexual de Jim, un empleado. “Los personajes son tan exagerados que es fácil pensar ‘yo no soy así’, pero el episodio sirve para reconocer las versiones pequeñas de acoso laboral, como el mote que nadie eligió o los comentarios sobre el aspecto de una compañera”, detalla Rivero, que distingue tres formas distintas de acoso, de la menos a la más explícita. 

“Decir ‘era una broma’ explica la intención de quien habló, pero deja sin atender cómo lo vivió quien la recibió. Si la empresa tolera estas conductas, se repiten y van a más”, declara.

Fotograma de 'The Office'.
Fotograma de 'The Office'.

Her y la ansiedad tecnológica

Cuando Theodore intenta comunicarse con Samantha, su sistema operativo, pero no obtiene respuesta y recibe el mensaje de “sistema operativo no encontrado”, entra en pánico, reinicia el dispositivo de forma compulsiva y corre desesperado. “Theodore reacciona como alguien a quien le retiran de golpe aquello de lo que depende: se angustia, la busca con desesperación y su cuerpo se altera por completo. Cuanto más ocupa un aparato el lugar de las personas, más indefenso queda uno cuando falla”, aporta el psicólogo.

“Algo de lo que vive Theodore aparece cuando revisamos una y otra vez si alguien ha contestado un mensaje, o cuando sentimos que el día depende de recibir una respuesta. El riesgo crece cuando casi todo el bienestar pasa por un solo contacto y la tecnología ocupa el sitio de las personas cercanas. Tener otras relaciones y actividades propias da más sitios donde apoyarse cuando uno falla”, compara.

Fotograma de 'Her'.
Fotograma de 'Her'.

Call me by your name y la validación emocional

El potentísimo monólogo de Mr. Perlman, el padre de Elio, cuando al final de la película, le habla a su hijo de la naturaleza del dolor, para acompañarlo y ayudarlo a comprender su tristeza. “El padre no intenta arreglar la situación ni le pide que pase página. Le dice que esa tristeza refleja la alegría y la conexión que ha vivido, y le pide que no se cierre para dejar de sufrir. Así le transmite que su dolor tiene sentido y que puede sentirlo”, examina Rivero, que anima a ayudar a los demás de la misma manera, sin quitar importancia a lo que sienten “o, simplemente, quedándonos a su lado en silencio”. 

El experto también advierte de que es posible sentir envidia o pena al ver la escena si nunca se contó con una figura así. “Conviene tomarla como ejemplo de lo que ayuda y no como la medida de lo que debió ser su pasado”, concluye.

Fotograma de 'Call me by your name'.
Fotograma de 'Call me by your name'.
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