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Feijóo y Abascal, un nuevo romance al calor de la motosierra

Feijóo y Abascal, un nuevo romance al calor de la motosierra

Las negociaciones del PP y Vox para las listas del Senado demuestran que ambos partidos han aparcado las peleas por el electorado y pasan a funcionar como una coalición informal en la que el mínimo común denominador es recortar como receta para los problemas del estado del bienestar

El sorprendente mitin del ensalzamiento del amor entre Pedro Sánchez y Begoña Gómez el pasado fin de semana ha opacado otro romance de otoño mucho más relevante por su poder transformador: el de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Aficionados a pelear hace años por un electorado cada vez más similar, PP y Vox tenían asignado un cuadrilátero claro del ring de los votos. Los del PP eran partido de Estado en cuestiones clave como violencia de género, migración o medio ambiente. No se atrevían a poner en cuestión las instituciones. Unos escindidos mucho más radicales formaron Vox y lanzaban el envite más lejos. Se autoproclamaban libres e independientes mientras caricaturizaban un estado de derecho y democrático haciéndolo pasar por una dictadura woke en la que hay oprimidos ideológicos. No querían inclinar o cambiar el sistema. Querían desmantelarlo y sustituirlo por otro sin normas regulatorias.

Esas dos esquinas políticas son ya una sola, porque el electorado al que apelan también lo es, después de que se hayan derribado todas las líneas rojas y blanqueado todos los exabruptos, incluida la xenofobia. Mirándose aún con cierta desconfianza, Feijóo y Abascal han entendido que les renta más entenderse que dividirse en las urnas y que, al fin y al cabo, tienen mucho en común. La prueba evidente, unas negociaciones que se están llevando a cabo para poder tener una mayoría en el Senado, como respuesta al frente de las izquierdas. Unos pactos que podrían hacer que Vox retirara, por ejemplo, sus listas en algunas provincias y dejara solo al PP, que recogería todos los votos. ¿A cambio de qué? Darle senadores autonómicos y ahondar en la relación entre ambos.

Que Abascal, el autor del lema de la “derechita cobarde”, esté sentado a la mesa con el PP y dispuesto a hacer sacrificios en favor del que fue su partido dice mucho de cuánto ha cambiado la relación. También se evidencia estos días que comparten cada vez más la idea política de país y la manera –a veces tan irreverente como burda– de hacer campaña. Habrá que ver cómo combina Vox la displicencia y exabruptos hacia los populares al tiempo que estrecha la amistad con ellos. Seguramente tendrán que dejar en el cajón buena parte del argumentario con el que igualaban a PSOE y PP como la misma desgracia para los españoles.

Si en 2023 Feijóo intentaba mantener ocultos los planes que tenía si necesitaba los escaños de Vox, en 2026 se han quitado todas las caretas. Es claro, y nadie lo niega, que pactará si necesita los escaños de los ultras para formar un gobierno. Pero no solo se trataría de pactar el 30 de noviembre. Las derechas, desde ya, bailan juntas, como demuestra el pacto del Senado, sus ideas más o menos coincidentes y su convivencia política en las comunidades autónomas. No son ya dos cuerpos extraños condenados a entenderse. El tuit de Mellado solidarizándose con Abascal es otro síntoma.

El escalofriante diálogo entre los ultras Buxadé y Figaredo, en el que admitían que la motosierra de Milei se les queda corta y prefieren un bulldozer en recortes del estado del bienestar– ha tenido también su reflejo en los anuncios de Feijóo sobre los “sacrificios” que va a pedir a los españoles si gobierna. O la no aclarada pero plausible reforma de las pensiones para que tengan una parte privada. Se trasluce de sus discursos –y sus políticas allá donde gobiernan– que ambos partidos gustan de hacer recortes: si se invierte en los desfavorecidos, el sistema “peta”, que diría Esther Muñoz. Si se le dan tres millones al millonario Woody Allen para que ruede una película en Madrid o se perdonan impuestos a ricos, eso “no peta”. La pregunta es si todo lo arreglan igual por falta de imaginación económica, sadismo o por verdadero convencimiento político de que es mejor no ayudar al que tiene pocas oportunidades porque es ineficaz y va contra Darwin.

Vox y PP pactan en las comunidades y pueden pactar en el gobierno de España pese a sus diferencias porque comparten una visión política esencial: la de la necesidad de un Estado pequeño que no moleste a los operadores privados. Comparten un gusto previo por reducir lo público (desastre) en favor de lo privado (eficaz), como ya han hecho en Madrid con la sanidad, la educación, la universidad, las residencias. Hay un relato común entre PP y Vox de una España que no funciona y está llena de despilfarro y vagos funcionarios, donde es un infierno tener una empresa y se persigue el éxito de unos españoles sacrificados de bien que ellos encarnan, donde los inmigrantes son presuntamente culpables, las ayudas compensatorias son un fracaso y los privilegiados se merecen su privilegio.

Las conversaciones de alianza para el Senado dejan al descubierto este nuevo amor electoral, surgido tras años de enfado y celos, y que ha cristalizado en un matrimonio que tiene ya los anillos, los padrinos y los planes pactados de futuro: tener muchos hijos (en un país que crece en población) mientras se recorta el presupuesto con una motosierra de la ira. Ya se puede intuir qué se cenará en esa mesa.

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Un informe interno del Gobierno de Ayuso revela que el presupuesto de Sanidad para personal "no cubre ni siquiera la plantilla autorizada"

Un informe interno del Gobierno de Ayuso revela que el presupuesto de Sanidad para personal "no cubre ni siquiera la plantilla autorizada"

Aunque la presidenta enmarcó el jueves las huelgas de profesores y médicos en el odio y la "violencia" de la izquierda, un documento de Sanidad evidencia el déficit anual en el presupuesto de personal –se fija menos dinero del gastado el año anterior– y subraya que sus médicos son los que tienen menor poder adquisitivo de España

La jueza del escándalo de la FP apunta al Gobierno de Ayuso y cita a declarar como testigo a un alto cargo

“La izquierda, cuando va a perder las elecciones, se vuelve violenta”, argumentaba en la Asamblea este jueves la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Se refería a las protestas y huelgas que tienen convocadas profesores y médicos de la educación y sanidad públicas. Aunque defendió que no hay motivos para salir a la calle más allá de los ideológicos, su propio gobierno admite deficiencias en un servicio público esencial por presupuestos escasos y poco acordes con la realidad. Así lo evidencia un documento interno de la Consejería de Sanidad al que ha tenido acceso elDiario.es.

El archivo se llama “La casita”, está fechado el 30 de junio de 2026 y es una presentación con datos de 2025 sobre la sanidad madrileña hospitalaria, en la que alerta de algunos indicadores y se congratula de otros. Según los metadatos, quien archiva y guarda el documento es la jefa de Gabinete de la consejera de Sanidad. La creadora del mismo no ha podido ser identificada por este medio.

El informe destaca la necesidad de invertir más en recursos humanos.
El informe destaca la necesidad de invertir más en recursos humanos.

La Consejería no reconoce el documento como oficial y lo ha enmarcado como un posible “borrador interno de trabajo, como hay centenares, que por supuesto ni ha sido validado ni presentado a nadie”, según su respuesta a preguntas de elDiario.es. En el informe se especifica que Madrid está en el penúltimo lugar de inversión sanitaria por habitante (1.779 euros, por detrás de regiones con menos riqueza) y que tiene un problema en recursos humanos en la sanidad pública de Madrid, que califica como “reto”.

Concretamente, diagnostica: “Menor inversión relativa versus otros sistemas [autonómicos]. Necesaria reorientación prioritaria de recursos a RRHH [recursos humanos]”. En el análisis, destaca que Madrid tiene una inversión en sanidad por debajo de la media (un 4% del PIB frente a una media española del 6%), pero que los indicadores sanitarios son buenos, de manera que hay “eficiencia”, aunque alerta de que si se sigue con la “contención de inversión” esa eficiencia puede empeorar. “Cambios tecnológicos, envejecimiento poblacional, escasez Recursos Humanos (RRHH)” son los síntomas preocupantes que destaca. También se da a sí misma la receta: “Mejorar inversión RRHH, planificación y gestión. Atención centrada en persona y mejora de resultados en salud”.

Sin embargo, en la Comunidad de Madrid el problema del personal sanitario empieza en el momento mismo en el que se presentan los presupuestos, porque son deficitarios nada más empezar: la cantidad que la Comunidad de Madrid destina al capítulo de personal del Servicio Madrileño de Salud cada año es inferior al gasto real del año anterior, de manera que tienen que acabar poniendo parches y haciendo modificaciones presupuestarias para poder abonar las nóminas: “Los créditos consignados en el Presupuesto [para el capítulo de personal] no cubren ni siquiera la plantilla autorizada”, pese al “gran esfuerzo de contención del gasto y una clara disminución del incremento del gasto”, lamenta el informe. Esto, en la comunidad autónoma con el PIB más alto de España.

La parte del documento que alerta de que no se cubren los gastos de la plantilla con el presupuesto inicial
La parte del documento que alerta de que no se cubren los gastos de la plantilla con el presupuesto inicial

Por ejemplo, como recoge el documento en 2024 se gastaron más de 4.800 millones en personal sanitario, pero al año siguiente se presupuestaron menos millones (4.700). elDiario.es ha preguntado a la Consejería de Hacienda el porqué de esta anomalía: “Los recursos se ajustan con posterioridad en función de la ejecución real de cada año”. También achacan a cambios estatales, como posibles subidas salariales, el hecho de haya que “realizar modificaciones de crédito posteriores”.

La diputada y portavoz de Sanidad de Más Madrid, Marta Carmona, explica que este funcionamiento responde a que los gastos de personal sanitario se han convertido en el “grifo” para regular el gasto: “La Comunidad de Madrid no suele poner problemas a la compra de medicamentos, pero en personal, sí. Aprieta a las plantillas para que uno haga el trabajo de varios. Ya va todo tan justo, que al hacer esto regula la oferta, de modo que las operaciones y consultas que ofreces se limitan, porque la actividad que programas depende del personal que tienes”, explica. “Esto, en un contexto en el que cada vez hay más habitantes en Madrid mientras el presupuesto para personal está contenido. La lista de espera bajaría mucho si hubiera más personal, y así los pacientes no se irían a los hospitales de gestión privada”.

El poder adquisitivo de los facultativos, el más bajo

El documento, que destaca los buenos datos de esperanza de vida y seguridad del paciente que obtiene Madrid respecto a la media, también admite que los facultativos de atención hospitalaria de Madrid son los que menos poder adquisitivo tienen de España, cuando se utiliza el indicador resultante del cruce del salario más guardias y el coste de una misma cesta de bienes y servicios en cada comunidad. “En ese comparativo, nuestros facultativos se encuentran a la cola de todas las comunidades autónomas”, admite el informe interno de Sanidad. Paradójicamente, el documento apela a la importancia del capital humano con la frase en latín “Ubi homines, Ibi successus” (donde hay personas, hay éxito) en su primera página.

Parte del informe en el que evidencia el bajo poder adquisitivo de los médicos madrileños
Parte del informe en el que evidencia el bajo poder adquisitivo de los médicos madrileños

Precisamente, los médicos madrileños anunciaron el pasado miércoles que van a hacer huelgas para pedir la creación de un nuevo modelo de carrera profesional, las garantías de voluntariedad de las guardias y una mejora de la remuneración, reclamaciones que antes de la convocatoria electoral hacían también al Ministerio de Sanidad.

El informe también destaca algunos logros, como que se ha reducido la estancia media en hospitales y que han aumentado las cirugías, así como las consultas de telemedicina (+837%). Respecto a estas últimas, las marca como una apuesta de futuro: “El modelo asistencial evoluciona hacia la no presencialidad”.

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