La batalla del Senado y sus enseñanzas
James Howell (1594-1666), político e hispanista inglés, fue uno de los primeros en escribir, tras el saco de Magdeburgo (1631), durante la Guerra de los Treinta Años, sobre «no quarter given» –no dar cuartel–, que se resume en no hacer prisioneros, matarlos. El Senado, con un papel secundario en las Cortes españolas, va a ser más relevante que nunca. Decidirá la futura composición del Tribunal Constitucional (TC). Palabras mayores. Para el PSOE, para el PP y para todos. Es tan importante que la izquierda presentará una única candidatura y, por una vez, la izquierda de la izquierda del PSOE, la extrema izquierda, para hablar claro, renuncia a sus siglas en la papeleta electoral. Sánchez se lo ha trabajado desde hace tiempo, y ha sorprendido al PP y a Vox, que soñaban con la mayoría suficiente para elegir a los cuatro miembros que hay que relevar en el TC, que ayer mantuvo la suspensión del voto de los «nietos» decidida por el Supremo. El asunto es tan relevante que Feijóo y Abascal buscan fórmulas para contrarrestar ese movimiento del sanchismo y sus aliados. El líder de Vox, consciente de que su partido tiene remotas posibilidades de obtener senadores, pero de que quitaría votos al PP, parece dispuesto a retirar candidaturas de las provincias más sensibles. Facilitaría concentrar todo el voto a la derecha y hacerle soñar –no es fácil, pero posible– con la mayoría que permitiera escoger a los nuevos magistrados del TC.
Los movimientos tácticos para obtener más representación en el Senado se explican porque la elección de la Cámara Alta se hace por sistema mayoritario. Prima a los partidos que logran más votos y castiga a las minorías. Fomenta la concentración del voto en las formaciones con más opciones y relega al resto. Es tan democrático –o incluso más– como cualquier otro. Favorece el bipartidismo, pero nada impide a ningún partido nuevo convertirse en una alternativa. Facilita las mayorías y, en definitiva, la gobernabilidad, al eludir la dependencia de pequeños partidos. Si la fórmula se aplicara para la elección al Congreso, ni Vox, ni la extrema izquierda, ni los «indepes» habrían tenido nunca en sus manos la sartén por el mango. Toda una enseñanza, en vísperas de una batalla «no quarter given», como escribió Howell.


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