Convivir con un animal no garantiza ser más feliz ni estar más sano
En Animaleros ya hemos hablado largo y tendido sobre la necesidad de no convertir a los animales en remedios para nuestros problemas. Atribuirles propiedades casi mágicas, como si convivir con un perro o acariciar a un gato pudiera prevenir enfermedades, curar determinados trastornos o garantizar una mejor salud mental, termina reduciendo al animal a una herramienta para conseguir un beneficio. Es una forma de instrumentalización que puede parecer muy distinta de aquella que considera a los animales seres simples, sin necesidades propias y capaces de pasar su vida encadenados o sin apenas contacto social, pero que parte de un mismo error al mirar al animal principalmente desde aquello que nos proporciona beneficios a los seres humanos, y dejando de lado sus propias necesidades.
La investigación científica tampoco permite sostener una versión tan sencilla del llamado ‘efecto mascota’. A lo largo de los últimos años se han publicado resultados favorables, desfavorables y otros que no encuentran diferencias entre quienes conviven con animales y quienes no. Un nuevo estudio realizado en Suiza vuelve a poner el foco sobre esa complejidad y no encuentra evidencias de que tener un animal de familia se traduzca, por sí mismo, en una mejor salud o un mayor bienestar psicológico.
Un estudio con más de 2.300 personas
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Basilea, el Swiss Tropical and Public Health Institute, la Universidad de Lucerna y la Universidad Abierta de los Países Bajos. Para analizar la relación entre convivencia con animales y salud utilizaron los datos de una encuesta representativa de la población suiza en la que participaron 2.328 personas.
Los investigadores compararon diferentes indicadores entre quienes convivían con animales y quienes no. Entre ellos estaban el estado de salud percibido, determinados hábitos relacionados con la salud, el uso de servicios sanitarios, la satisfacción con la vida, la soledad, el bienestar psicológico y el apoyo social recibido de otras personas. También tuvieron en cuenta el contacto habitual con animales aunque estos no vivieran en el mismo hogar. El resultado no fue el que cabría esperar si el llamado ‘efecto mascota’ fuera un fenómeno general. Los autores no encontraron diferencias entre convivientes y no convivientes en aspectos como la soledad, la satisfacción vital, el bienestar psicológico, las visitas al médico o la cantidad de apoyo social procedente de otras personas.
De hecho, quienes convivían con animales declararon un estado de salud ligeramente peor y una frecuencia algo mayor de determinadas conductas consideradas poco saludables. Es importante destacar que esto tampoco significa que los animales empeoren la salud de quienes viven con ellos. El diseño del estudio no permite establecer una relación de causa y efecto.
Convivir con un animal NO es una intervención médica
Algunos estudios han relacionado la convivencia con animales con una mayor actividad física, menos soledad y con determinados indicadores positivos de salud, mientras que otros no han encontrado esas asociaciones o incluso han observado resultados en sentido contrario. El propio nuevo trabajo suizo repasa esta literatura y concluye que las evidencias son heterogéneas.
Una de las posibles explicaciones es precisamente el efecto de selección. Es decir, puede que no sea el animal el que provoque un determinado estado de salud, sino que las características previas de las personas influyan en la decisión de convivir con un animal. Una persona que se siente sola, atraviesa un periodo complicado o busca compañía puede decidir incorporar un perro o un gato a su vida. Si posteriormente presenta determinados problemas de salud, observar una asociación entre ambas circunstancias no permite concluir que el animal los haya provocado ni tampoco que no haya aportado ningún apoyo.
El estudio recuerda así algo que también aparece en investigaciones anteriores sobre el llamado ‘efecto mascota’: correlación no significa causalidad.
El vínculo sí importa
Que el estudio no encuentre un beneficio general de convivir con un animal no significa que todas las relaciones entre humanos y animales sean equivalentes ni que el vínculo carezca de importancia. Los investigadores analizaron también cuánto tiempo pasaban las personas con sus animales, el grado de apego y el apoyo socioemocional que percibían recibir. En este caso sí aparecieron algunas asociaciones con el bienestar. Las personas que pasaban más tiempo con sus animales tendían a percibir un mayor apoyo socioemocional, y ese apoyo era especialmente elevado en las relaciones con perros. También se observó un mayor nivel de apego y apoyo percibido entre las mujeres.
Pero incluso estos resultados deben interpretarse con cautela, puesto que el estudio no demuestra que pasar más tiempo con un perro produzca una mejora de la salud mental, sino que determinadas características de la relación aparecen asociadas a cómo las personas perciben su bienestar. Es una diferencia pequeña en apariencia, pero importante cuando se habla de animales. Una cosa es reconocer que una relación puede ser significativa para una persona y otra convertir al animal en el responsable directo de producir un determinado resultado psicológico o físico.
Un perro, o un gato, no son un tratamiento
Esta cuestión ya ha aparecido en otras investigaciones y análisis que también hemos publicado en 20minutos.es. El llamado ‘efecto mascota’ se ha utilizado para explicar desde posibles beneficios sobre la salud cardiovascular hasta una reducción de la soledad, pasando por mejoras del bienestar emocional. Sin embargo, cuando se observan los estudios en conjunto, los resultados no son suficientemente uniformes como para afirmar que convivir con un animal mejore la salud de manera automática.
También hay investigaciones que obligan a introducir todavía más matices. Un estudio sobre personas que habían adoptado un perro durante la pandemia no encontró una mejora general del bienestar atribuible a la adopción, mientras que otro trabajo publicado anteriormente encontró una asociación entre un apego muy intenso a los animales y determinados indicadores negativos de salud mental en personas mayores. Ninguno de estos resultados permite concluir que los animales perjudiquen a sus familias, del mismo modo que los estudios con resultados positivos tampoco permiten presentarlos como una terapia universal. Lo que muestran, en conjunto, es que la relación es mucho más compleja.
Una relación, no una herramienta
El estudio suizo propone precisamente abandonar la idea de que la simple categoría de que ‘convivir con una mascota’ basta para estudiar sus efectos sobre la salud. Los autores señalan que hay que considerar conjuntamente las características de la persona, las del animal y las de la propia relación, además de factores como la cantidad de contacto y el apoyo percibido.
Esta perspectiva también cambia la forma de hablar de los animales. Un perro no tiene que mejorar la salud cardiovascular de su familia para que su vida tenga valor. Un gato no necesita reducir la ansiedad de nadie para justificar que se respeten sus necesidades y se le brinde la mejor vida posible. Ninguno tiene que cumplir una función terapéutica para que la relación que establece con quienes conviven con él sea profunda e importante.
El riesgo de atribuir propiedades medicinales a los animales no está solamente en exagerar lo que dice la ciencia, sino que también puede contribuir a olvidar que estamos hablando de seres vivos con necesidades, preferencias y límites propios, y no de recursos cuya existencia está destinada a mejorar nuestra vida.
La evidencia disponible apunta, por tanto, a una conclusión bastante menos espectacular que la promesa de una ‘cura con patas’, convivir con un animal puede formar parte de una experiencia positiva para algunas personas, pero sus efectos no son universales ni automáticos. Reconocer esa complejidad permite valorar la relación que hemos creado sin necesidad de convertir al animal en medicamento, terapia o herramienta de bienestar.
Referencia:
- Factors of pet ownership associated with human health: A representative cross-sectional survey of Switzerland. Karin Hediger et al. PLoS One (2026)





