El día que Studio Ghibli envió una catana a Harvey Weinstein para evitar que destrozara una de sus obras
Las manos de Harvey Weinstein siempre han sido un problema. Antes de que se supiera (al menos, públicamente) que es un agresor sexual, y mucho antes de que acabara entre rejas, en Hollywood ocasionaban malestar los abusos de Weinstein. Nos referimos al campo al que se dedicaba profesionalmente, y el que se le daba bien: el cine.
Como productor, Weinstein (ahora es un ejercicio de fe muy duro) era uno de los mejores. El cine que alumbraba bajo su sello fue, quizá, el último gran cine adulto de Hollywood. Pero, por el camino, dejó muchos cadáveres: sus guerras sucias en la temporada de premios son notorias, y también sus injerencias en el montaje de las películas producidas. Por eso, se lo llamaba Harvey Manostijeras.
Si se atrevió a mutilarle en más de una hora un largometraje (Gangs of New York) a Scorsese sin que le ocurriese nada, es porque estaba a prueba de balas. El gigante Miramax se atrevía con peces de todos los tamaños y reinaba en Hollywood: su jefe, Harvey Weinstein, ostenta el segundo puesto entre los nombres más citados en los agradecimientos de un Oscar. El primero es Steven Spielberg. El sexto es Dios.
Pero Studio Ghibli dijo no
Si bien, como hemos dicho, Harvey Weinstein estaba a prueba de balas, puede que no lo estuviese a prueba de catanas. En 1997, La princesa Mononoke llega al mercado estadounidense y su acompañante e introductor era Miramax, la productora infausta. Como era de esperar, no tardó en circular el rumor de que los Weinstein iban a pasarle la tijera a la película con tal de hacerla más “visible” y “popular”. Harvey, por mucho talento que tuviera en la producción, también tenía patinazos.
A Hayao Miyazaki, el rumor no le hizo ninguna gracia. Y, según otro rumor, lo respondió mandándole una catana a Harvey Weinstein como aviso. Luego, el propio Hayao Miyazaki desmintió el rumor, y más tarde dio un paso más: sí, se le había enviado una espada, pero no había sido él personalmente, sino el productor de Studio Ghibli. En cualquier caso, surtió efecto, pues Weinstein no tocó (o no se atrevió a tocar) el metraje de La princesa Mononoke, que llegó íntegra a las salas americanas. “Vencimos”, proclamó Miyazaki.
















