El Real Madrid de Mourinho es más de lo mismo. Más de ese vestuario aburguesado que aburrió a Ancelotti y terminó echando a Xabi Alonso cuando les quiso hacer trabajar. Con Mourinho no ha cambiado nada. Los blancos no proponen con el balón en los pies y viven de su pegada. Además de dejarse ir en las segundas partes. En esta ocasión salió cara y el gol de Espí en el descuento les dio el triunfo, pero deja malas sensaciones de cara al derbi del domingo.
El Real Madrid se mide al Elche con el run run de los pitos que el Bernabéu ha dedicado a su equipo en cada uno de los partidos que ha jugado en el coliseo blanco. Salir de La Castellana supone, por tanto, un respiro para José Mourinho y su vestuario a estas alturas de la temporada. Los focos están puestos en Vinícius, que no termina de estar en el punto óptimo que le devuelva al jugador desequilibrante que fue hace un par de temporadas. Desde entonces a su pobre rendimiento se le suma el estigma de ser quien desafío a Xabi Alonso en un pulso que terminó con el técnico y que el madridismo no termina de perdonarle al brasileño.