Ni Jose Coronado ni Arturo Pérez-Reverte pueden con ella: esta serie va a por todas
Lo más visto no siempre es lo más esperado. Los rankings de Netflix (esos míticos tudum) ponen de manifiesto que entre las prioridades del público a veces se cuela un título del que nadie ha hablado. Un título que todos parecen estar viendo en secreto. Es el caso de La trampa, que en España ha desbancado a la gran apuesta nacional de Netflix, El problema final.
La trampa no tiene nombres como el de Jose Coronado, Maribel Verdú o Arturo Pérez-Reverte. Con todo, le ha dado para alzarse sobre los hombros de esta producción y apuntar a sus siguientes objetivos: el más próximo, La diplomática, que se ha despedido con su cuarta temporada.
Tras La diplomática, y a un paso de distancia, se encuentra Bajo la superficie, la serie idónea para tiempos halloweenianos que protagoniza Josh Harnett. Esto la convierte, en la actualidad, en la serie de habla no inglesa más vista de Netflix. La trampa proviene de Alemania y la protagoniza Friederike Becht, actriz germana a la que vimos en La desaparición de Josef Mengele o en La conspiración del silencio. La dirección y el guion de La trampa le corresponden a Isabel Kleefeld, responsable a su vez de otro imprevisible éxito de Netflix: Mi dulce niña.
¿De qué trata 'La trampa'?
Basada en la novela de Melanie Raaba, La trampa es una serie de 6 episodios que (salvo sorpresa) acaba de forma definitiva en el sexto capítulo. Esta producción de Netflix sigue a una escritora de prestigio y ventas crecientes que se ve paralizada en casa. El encierro no lo propicia una búsqueda extrema de la concentración para escribir, sino el trauma que le causó presenciar el asesinato de su hermana Anna hacía 10 años.
Todo cambia cuando, desde su casa, cree reconocer a la persona que la asesinó. No la contempla en la calle, al pasar junto a su ventana, sino en la televisión. A partir de aquí, la escritora pondrá su inteligencia para el crimen (literalmente sobre el papel) al servicio de una causa: la de atrapar al quien se cobró la vida de Anna. Y la herramienta que se le ocurre es ella misma: ponerse como cebo para poder vengarse.










