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¿Por qué nos crujen las articulaciones? Una fisioterapeuta explica qué hay detrás de esos sonidos

Seguro que alguna vez has estirado una pierna, movido el cuello o el tobillos o cambiado de postura y has escuchado ese característico "crac" en una articulación. ¡Y qué gustoso es a veces! A algunas personas les ocurre con frecuencia y otras apenas lo experimentan, pero ¿por qué crujen las articulaciones? ¿Es normal o significa que existe algún problema? La fisioterapeuta Inés Jiménez explica a los lectores de 20Minutos qué hay detrás de estos sonidos y aclara una de las dudas más habituales: que una articulación cruja no significa necesariamente que esté dañada, especialmente cuando el chasquido no se acompaña de dolor o molestias.

Por qué crujen las articulaciones

Los conocidos crujidos articulares pueden tener diferentes causas y no todos los sonidos se producen exactamente por el mismo mecanismo. En las articulaciones sinoviales, por ejemplo, interviene el líquido que se encuentra en su interior y los cambios de presión que se producen al moverlas.

"Los míticos 'crujidos' en las articulaciones no es más que aumento de presión dentro de ella, y esto se debe a que las articulaciones sinoviales tienen dentro líquido sinovial y el chasquido es una 'cavitación' dentro de este. También puede ser porque un ligamento se ha movido y vuelve a su sitio de retorno", explica la fisioterapeuta. Por eso, el sonido de una articulación puede tener distintos orígenes y no siempre indica que exista un desgaste o una lesión. De hecho, hay personas a las que les crujen habitualmente los dedos, las rodillas, los tobillos o el cuello sin que exista necesariamente un problema asociado.

¿Es peligroso que crujan las articulaciones?

Una de las dudas más frecuentes es si crujirse las articulaciones es malo. La respuesta depende, sobre todo, de si el sonido aparece acompañado de otros síntomas. Inés Jiménez tranquiliza con su respuesta: "Por supuesto que no es malo, los crujidos son normales y bastante frecuentes en articulaciones sanas. Solo es preocupante cuando es acompañado de dolor o molestia, así que el sonido no es igual a daño". Así, un crujido aislado y sin dolor no debe interpretarse automáticamente como una señal de lesión.

A quiénes les crujen más las articulaciones

No todo el mundo tiene el mismo tipo de crujidos ni con la misma frecuencia. La anatomía individual, la movilidad, la edad y determinados hábitos pueden influir en que estos sonidos sean más o menos habituales. "Efectivamente, que a unas personas les cruja y a otras no está muy relacionado con la anatomía, movilidad, genética, hábitos y edad. Aunque no se deba a uno en concreto, en anatomía depende de la forma de tus articulaciones, en edad porque con la edad los cartílagos se degeneran y hábitos por repetición de determinados gestos etc.”, explica la experta.

Esto también ayuda a entender por qué los crujidos pueden cambiar con el paso de los años. La articulación, los tendones, los ligamentos y la musculatura no permanecen exactamente igual durante toda la vida. Según la fisio, "es bastante normal pero no el único factor que influye como hemos nombrado anteriormente. Esto es debido a que los tendones se vuelven menos elásticos con la edad igual que los ligamentos, las articulaciones están más degeneradas y pueden cambiar su morfología y por supuesto, la calidad del músculo".

Cuando nosotros buscamos el crujido

También puede ocurrir que provoquemos nosotros mismos el crujido. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando buscamos deliberadamente una determinada posición del cuello o crujirse los nudillos porque sabemos que, al realizar ese movimiento, aparecerá el característico sonido y nos relaja. En este caso, el hecho de que el crujido sea voluntario no significa por sí mismo que sea más perjudicial.

"El mecanismo que hacemos voluntariamente lleva a la articulación a una posición que cambia rápidamente la presión dentro de la cápsula. En este caso sabemos qué movimiento o posición tenemos que hacer para desencadenarlo. Y el que se produce de forma espontánea puede proceder de cavitación dentro de la cápsula, de la movilidad de ligamento o tendón o de movimiento de otras estructuras articulares", concluye Inés Jiménez. Es el claro ejemplo del cuello, cuando buscamos deliberadamente ese "crac" para dejar de tenerlo en tensión.

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Alzhéimer: qué podemos hacer para reducir el riesgo y cómo afecta la estimulación cognitiva

No se puede asegurar que exista un conjunto de hábitos capaz de impedir que una persona desarrolle alzhéimer, pero la edad, la genética y otros procesos biológicos que no podemos controlar influyen de forma importante. Por eso, desde un punto de vista científico, resulta más preciso hablar de reducción del riesgo que de prevención absoluta.

"Una persona puede llevar un estilo de vida muy saludable y aun así desarrollar alzhéimer. Pero eso no significa que nuestros hábitos sean irrelevantes; sí podemos actuar sobre determinados factores para reducir la probabilidad de deterioro cognitivo y cuidar mejor nuestra salud cerebral", explica Valeria Medina, neuropsicóloga de la plataforma de neurorrehabilitación NeuronUP.

Qué factores podemos modificar y cuáles no

Existen factores que sí pueden modificarse a lo largo de la vida, entre ellos hacer ejercicio, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, el aislamiento social o la pérdida auditiva y visual no tratadas. Además, estos factores no actúan de manera independiente, sino que pueden relacionarse entre sí.

Frente a ellos, existen otros factores que no pueden modificarse, como la edad, la historia familiar o la genética. "Tener predisposición genética puede aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad, pero no determina necesariamente que vaya a aparecer y por supuesto que no convierte los hábitos saludables en irrelevantes. Al contrario, es especialmente importante cuidar aquello sobre lo que sí podemos actuar", señala Valeria Medina.

Nunca es tarde para cuidar la salud cerebral

El cuidado de la salud cerebral se construye durante toda la vida. Lo ideal es comenzar desde edades tempranas y mantener los hábitos saludables durante décadas, pero empezar a actuar a los 60, 70 u 80 años sigue teniendo sentido. "Lo importante es entender que nunca es demasiado tarde para actuar sobre aquellos factores que sí podemos modificar. Mantenerse activo física, cognitiva y socialmente sigue siendo relevante también en edades avanzadas", explica la neuropsicóloga.

Valeria Medina también advierte frente a los mensajes que atribuyen un supuesto efecto preventivo a un único hábito: "Cuando se presenta un solo alimento, suplemento o actividad como una forma de prevenir el alzhéimer, conviene ser prudentes. La salud cerebral es mucho más compleja y requiere un enfoque global".

Tres cambios para cuidar el cerebro

Para una persona sana que quiera cuidar su salud cerebral, Medina destaca tres hábitos cotidianos:

  1. Moverse de forma regular. Mantener una actividad física frecuente, combinando ejercicio aeróbico, fuerza y reduciendo el tiempo sedentario.
  2. ​Mantener una estimulación cognitiva recurrente. Aprender cosas nuevas, leer, resolver problemas, practicar un idioma, tocar un instrumento o realizar actividades que supongan un reto mental.
  3. ​Cuidar las relaciones sociales. Conversar, compartir actividades, mantener vínculos significativos y evitar el aislamiento social.

"Estos tres hábitos no garantizan que una persona no vaya a desarrollar alzhéimer, sino que forman parte de un estilo de vida asociado con una mejor salud cerebral y una menor probabilidad de deterioro cognitivo y demencia", explica Valeria Medina.

Así afecta el Alzheimer a los recuerdos

El alzhéimer no afecta a todos los tipos de memoria de la misma manera. La memoria episódica, que permite recordar acontecimientos personales y experiencias recientes, es una de las primeras funciones que suele presentar dificultades, especialmente a la hora de incorporar información nueva. Esto explica por qué una persona puede recordar con detalle un acontecimiento ocurrido hace décadas y, sin embargo, olvidar qué ha desayunado esa misma mañana o repetir una pregunta pocos minutos después.

"El desayuno de esta mañana es una experiencia reciente que todavía necesita ser atendida, procesada y consolidada para convertirse en un recuerdo duradero. Un recuerdo de infancia, en cambio, lleva décadas consolidándose, siendo recordado y relacionándose con otras experiencias, por lo que suele resistir durante más tiempo", explica Valeria Medina.

Los recuerdos recientes son especialmente vulnerables porque todavía tienen que atravesar diferentes procesos antes de almacenarse de forma estable. En algunos casos, por tanto, no se trata simplemente de que la persona haya olvidado algo que estaba perfectamente guardado, sino de que esa información nunca llegó a consolidarse adecuadamente.

Estimulación cognitiva en un paciente con alzhéimer

La estimulación cognitiva puede contribuir a mantener determinadas capacidades, favorecer la autonomía y ayudar a que la persona continúe implicada en actividades significativas. Sin embargo, no detiene la neurodegeneración ni permite recuperar las funciones cognitivas ya afectadas. Estimular cognitivamente no implica únicamente realizar ejercicios específicos. Actividades cotidianas como cocinar, conversar, escuchar música, ordenar fotografías, cantar canciones conocidas, cuidar plantas o realizar tareas familiares pueden activar de manera simultánea la atención, el lenguaje, la memoria, las habilidades procedimentales y las emociones.

"La idea no es únicamente entrenar una memoria que presenta dificultades, sino ayudar a la persona a mantener su autonomía y seguir realizando sus actividades cotidianas con la mejor calidad de vida posible", concluye Valeria Medina.

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