❌

Reading view

7 puentes de cuerda y 10 pasos subterráneos: el plan de Brasil para transformar la ruta más letal para la fauna local

Los hábitos nocturnos, el pelaje oscuro y la marcha lenta vuelven al oso hormiguero gigante una especie vulnerable ante el flujo vehicular (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Departamento de Infraestructura de Transporte de Brasil, contratistas privados y especialistas comenzaron en 2025 a adaptar la carretera BR-262, que atraviesa el Cerrado y el Pantanal, para reducir los choques con fauna mediante cercas, pasos subterráneos y cambios en puentes y alcantarillas.

De acuerdo con National Geographic, la intervención busca proteger a los osos hormigueros gigantes y a otros animales, además de disminuir los riesgos para quienes circulan por esa vía. El plan responde a un aumento de los atropellos en el Cerrado, una sabana tropical brasileña que pierde superficie por el avance de cultivos y nuevas rutas.

El Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) clasifica al oso hormiguero gigante como Vulnerable en Brasil. La especie enfrenta amenazas asociadas con los atropellamientos en carreteras y la pérdida de hábitat.

La BR-262 tendrá cercas y nuevos pasos para animales

El proyecto de mitigación vial incluye siete puentes de cuerda elevados para permitir el cruce seguro de monos aulladores y otros primates (Imagen Ilustrativa Infobae)

La BR-262 es una carretera de 2 carriles donde los animales muertos al borde del asfalto son tan frecuentes que recibió el apodo de “carretera de la muerte”. A partir de 2025, las obras previstas incluyeron más de 160 kilómetros de cercas, 10 pasos subterráneos nuevos y la modificación de decenas de puentes y alcantarillas.

Las cercas apuntan a conducir a los animales hacia los cruces seguros, en lugar de permitirles llegar directamente a la calzada. Las estructuras existentes serán adaptadas para que resulten más accesibles a distintas especies que se desplazan por el área.

El proyecto también contempla 7 puentes de cuerda para reconectar las copas de los árboles. Estas instalaciones están destinadas a monos aulladores y otros primates, que podrán atravesar por encima del tránsito sin descender al suelo.

Fernanda Abra, ecóloga de carreteras y fundadora de la empresa ViaFauna, que diseñó la transformación, sostuvo que con este proyecto elevaron el estándar para todo tipo de rutas en Brasil. La especialista espera que la iniciativa sirva como referencia para Colombia, Costa Rica y México, países que comenzaron recientemente a instalar cruces para fauna.

El avance agrícola aumenta el riesgo

Un relevamiento científico encabezado por Arnaud Desbiez contabilizó más de 12.000 animales muertos por atropello a lo largo de 80.000 kilómetros de carreteras (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los osos hormigueros gigantes recorren grandes extensiones en busca de hormigueros y termiteros. Se alimentan con una lengua pegajosa que puede medir unos 60 centímetros y les permite ingerir alrededor de 30.000 insectos en un día.

Ese modo de vida los lleva a cruzar rutas. Sin embargo, su marcha lenta, el color oscuro de su cuerpo y sus hábitos nocturnos aumentan su vulnerabilidad frente a los vehículos. Brasil posee la cuarta red vial más grande del mundo, un factor que amplía la exposición de la especie.

Entre 2019 y 2023, cerca de 33.000 kilómetros cuadrados de hábitat del Cerrado fueron reemplazados por plantaciones de soja, maíz, eucalipto y otros cultivos comerciales. La expansión agrícola llevó consigo nuevas carreteras y un mayor tránsito de camiones.

Arnaud Desbiez, biólogo y fundador del Programa de Conservación del Oso Hormiguero Gigante, afirmó que los atropellos constituyen “la mayor amenaza para la supervivencia del oso hormiguero gigante en Brasil”. Además de las rutas, la especie enfrenta ataques de perros, pesticidas e incendios.

Los choques afectan a conductores y animales

Las colisiones contra mamíferos de gran porte en las rutas provocan la muerte de aproximadamente 20 conductores cada año en el estado de São Paulo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desbiez inició una investigación formal en 2017 tras observar cadáveres de osos hormigueros en las rutas brasileñas. Durante 3 años, su equipo recorrió más de 80.000 kilómetros en 4 vías y contabilizó más de 12.000 animales muertos, entre ellos 766 osos hormigueros gigantes.

La cifra podría ser menor al total real. Los investigadores estimaron que los carroñeros retiran cerca de una cuarta parte de los cadáveres de esta especie y que más de la mitad de los ejemplares alcanzados por vehículos mueren lejos de la banquina, fuera del alcance de los relevamientos.

El programa comenzó a presentar el problema como una cuestión de seguridad vial: estos mamíferos pueden superar los 45 kilogramos, por lo que una colisión puede causar heridas e incluso muertes entre los ocupantes de los vehículos.

En el estado de São Paulo, alrededor de 20 automovilistas mueren cada año en choques con osos hormigueros, tapires y otros animales. “Nuestra misión es hacer que las carreteras sean seguras para todos”, declaró Desbiez. “No se trata [solo] de salvar a los osos hormigueros; se trata de salvar vidas humanas y la biodiversidad”, añadió.

Los rastreos guiaron la estrategia vial

El seguimiento de ejemplares mediante dispositivos de rastreo y cámaras trampa aportó los datos clave para definir la ubicación de los corredores biológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores colocaron dispositivos de rastreo a osos hormigueros vivos para seguir sus desplazamientos. Aunque muchos cruzaban el pavimento, algunos seguían las riberas arboladas de los arroyos y atravesaban por debajo de los corredores viales a través de puentes y pasos para ganado.

Esas observaciones, registradas con cámaras trampa, ayudaron a definir la estrategia actual. El planteamiento combina corredores bajo las rutas con cercas laterales, para encauzar a los animales hacia las entradas de los pasos.

La experiencia de Jane, una hembra de 3 años, ilustra los peligros del entorno. Su madre murió al intentar cruzar una carretera cercana a un establecimiento rural del oeste brasileño.

En noviembre de 2025, Jane atravesó de noche la misma vía y sobrevivió. Hasta la primavera siguiente, había recorrido casi 32 kilómetros hacia el noreste en busca de un territorio donde pudiera criar.

  •  

El secreto que guarda la piel del gecko y podría revelar nuevas formas de conservar agua en climas extremos

Las escamas de los geckos contienen queratina y presentan extensiones microscópicas que sustituyen la idea de una superficie lisa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la Universidad de Kiel concluyeron, mediante una simulación informática de la piel de un gecko, que las estructuras microscópicas similares a pelos pueden reducir entre 2 y 3 veces la evaporación de agua cuando cuentan con pequeñas terminaciones en forma de capa.

El modelo, publicado en la revista Biointerphases y divulgado por Earth.com, analizó cómo circulan el aire y el vapor de agua sobre esa superficie. El hallazgo se refiere a geckos que viven en desiertos y matorrales secos, hábitats donde el agua escasea y la conservación de humedad resulta determinante.

La piel de estos reptiles suele considerarse una barrera que limita la salida de agua. Sus escamas contienen queratina, una sustancia resistente presente también en las uñas humanas. Sin embargo, vista con aumento, la zona externa no es lisa: puede tener crestas, recubrimientos grasos y extensiones similares a pelos.

Las terminaciones de los pelos retienen vapor cerca de la superficie

El equipo científico proyectó ensayos con superficies artificiales y piel mudada para validar los cálculos en ejemplares reales (Magnific)

El equipo creó una imagen digital ampliada de la superficie de la piel del gecko. Para simplificarla, la representó como una base plana cubierta por filas de pequeñas prolongaciones, similares a pelos rígidos y separadas entre sí.

El vapor de agua salía desde la base, quedaba un tiempo entre esas estructuras y, al elevarse por encima de ellas, el aire en movimiento podía arrastrarlo.

Las proporciones del modelo procedieron de un estudio de 2015 sobre la capa cutánea de estos reptiles. Cada pequeña prolongación tenía una altura equivalente a 4 veces su ancho, mientras que la distancia entre 2 de ellos era de aproximadamente 0,7 centímetros de su longitud.

El principio de retención por estancamiento de aire coincide con el proceso físico que modula la evaporación del sudor humano (Magnific)

Los científicos compararon 2 versiones de la capa externa: En una, las pequeñas prolongaciones no tenían nada en las puntas; en la otra, cada una contaba con una especie de tapita.

En ambos casos, parte del vapor de agua quedó entre esas estructuras y el aire formó pequeños remolinos cerca de la piel. Sin embargo, las tapitas dificultaron más la salida del vapor, por lo que retuvieron mayor humedad junto a la superficie.

“El efecto se hizo especialmente evidente cuando se añadieron tapas a los pilares, lo que produjo un microambiente húmedo más estable y redujo sustancialmente la evaporación”, explicó el biólogo Stanislav Gorb, del Departamento de Morfología Funcional y Biomecánica de la Universidad de Kiel.

La forma de la superficie altera el movimiento del aire

Las pequeñas tapitas en los extremos de los pelos retienen una mayor cantidad de vapor en comparación con las estructuras simples (Magnific)

La simulación mostró que los pelos no reducen la evaporación solo por aumentar la superficie de la piel. De hecho, una zona externa más extensa podría favorecer el secado. El resultado depende de cómo las prolongaciones modifican el desplazamiento del aire y del vapor en el entorno inmediato del cuerpo.

Según Gorb, “las simulaciones sugieren que la arquitectura tridimensional de la superficie controla activamente el transporte local de aire y vapor”. En la zona delantera de los pilares, expuesta al viento, el vapor se elimina con rapidez. Detrás y entre esas estructuras, en cambio, la humedad se acumula.

Este comportamiento está relacionado con la llamada capa límite, una franja de aire que se mueve más lentamente junto a cualquier superficie. La rugosidad de la piel la vuelve más gruesa, por lo que el vapor necesita recorrer una distancia mayor antes de salir y puede quedar retenido en los espacios entre los pelos.

La arquitectura tridimensional engrosa la capa límite de aire y propicia el rebote de las moléculas de agua hacia la piel (Magnific)

“La nanoestructura genera una capa límite, lo que significa que las moléculas de agua que abandonan la superficie rebotan muchas veces en el espacio confinado, y algunas de ellas regresan”, señaló Gorb. El mismo principio interviene en la evaporación del sudor humano, que disminuye cuando el aire permanece quieto.

El resultado todavía debe comprobarse en geckos vivos

El modelo no reproduce todos los elementos de un animal, considera una superficie seca y no incorpora el agua que podría ascender desde el interior de la piel.

Tampoco incluye la película aceitosa, una fina capa de lípidos vinculada, en una investigación de 2020 que se publicó en la revista científica Ecology and Evolution, con la capacidad de autolimpieza de los geckos.

La simulación en dos dimensiones no incorporó la película de lípidos asociada a la autolimpieza descrita en un análisis de 2020 (Magnific)

Además, el análisis se realizó en 2 dimensiones, como si fuera un corte transversal de la parte exterior, y no una representación completa. Por ello, la reducción de evaporación calculada no permite establecer qué parte del agua diaria de un ejemplar podría conservarse.

Gorb aclaró que la estimación del modelo todavía no permite calcular qué proporción del agua que un gecko necesita cada día podría conservar gracias a esa menor evaporación. Para determinarlo, harían falta mediciones en animales reales sobre la cantidad de agua que pierden por la capa cutánea y la que consumen diariamente.

Como siguiente paso, el equipo planteó comparar superficies artificiales hechas del mismo material, con pilares cubiertos y descubiertos, para determinar si las primeras se secan más despacio. Otra prueba pendiente consistiría en examinar piel mudada de un individuo, con el fin de contrastar la simulación con una capa externa biológica real.

  •  

Cómo el pez elefante silencia su propio ruido para encontrar alimento

El lóbulo electrosensorial del pez genera una señal contraria denominada imagen negativa para cancelar el impacto de sus propias descargas eléctricas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la Universidad de Columbia describieron el circuito cerebral con el que el pez nariz de elefante elimina la interferencia de sus propios pulsos eléctricos para localizar presas enterradas en ríos africanos de aguas turbias.

El análisis combinó registros de peces vivos, un modelo computacional y un mapa de conexiones neuronales, de acuerdo con el estudio publicado en Nature y divulgado por Earth.com.

El animal detecta los débiles campos eléctricos que producen las larvas de insectos bajo el sedimento mediante sensores en su piel. Sin embargo, varias veces por segundo emite una descarga eléctrica propia, cuya respuesta en esos mismos receptores es mucho más intensa que la señal procedente de una presa.

Cada descarga dura menos de medio milisegundo y puede ocultar la información que el animal necesita. El problema se parece a tratar de escuchar un sonido débil mientras se hace mucho ruido.

El órgano que cancela su propio pulso

El sistema nervioso del animal actualiza sus predicciones neuronales ante las variaciones de conductividad en el agua de los ríos africanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La solución se encuentra en el lóbulo electrosensorial, ubicado en la parte posterior del cerebro del pez, que procesa las respuestas eléctricas que detecta su piel. Esa zona recibe información sobre lo que ocurre en el agua y también un aviso de que el animal está por emitir su propia descarga eléctrica.

El órgano recibe dos avisos: uno le dice que está a punto de emitir una descarga y otro registra esa descarga cuando llega a sus sensores. Con el tiempo, aprende cómo suele ser esa señal propia y prepara una contraria para neutralizarla. Es parecido a usar auriculares que reducen el ruido: detectan un sonido molesto y generan otro que lo compensa.

Así, la descarga del mismo ejemplar deja de interferir y puede prestar atención a los débiles campos eléctricos producidos por sus presas. Los investigadores llaman “imágenes negativas” a esa señal contraria que el cerebro crea para cancelar la descarga propia.

El aprendizaje debe actualizarse de forma constante porque la conductividad del agua altera la intensidad y la forma de cada pulso. Por ello, el sistema necesita reajustar su predicción cada vez que varían las condiciones del entorno.

Nathaniel Sawtell, investigador del Instituto Zuckerman de Columbia, explicó que la disposición de las células no resultaba evidente al observar su ubicación. “Los tipos de neuronas rápidas y lentas están entremezclados espacialmente; al visualizarlas todas juntas, vimos lo que parece un enredo”, declaró.

Un mapa de miles de conexiones reveló el patrón neuronal

Las células del ganglio medio transmiten información a las neuronas de salida encargadas de enviar la señal depurada hacia el resto del cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para reconstruir el circuito, un equipo de la Universidad de Harvard, vinculado al laboratorio Lichtman, dividió una porción del cerebro posterior de un pez de 9,3 centímetros en 3.534 secciones. Una vez reunidas, alcanzaban un grosor aproximado al de una hoja de papel.

Un programa desarrollado por Google Research, entrenado inicialmente con tejido humano, permitió seguir las células a través de esas imágenes. Posteriormente, personas identificaron 29.694 sinapsis, es decir, los puntos de contacto donde una neurona transmite información a otra, entre 5.016 células.

Las neuronas de salida envían al resto del cerebro la señal ya depurada. En tanto, las células MG, llamadas así por “ganglio medio”, permanecen en el lóbulo electrosensorial y transmiten información a esas neuronas de salida.

Ambos grupos se presentan en dos variantes opuestas: una incrementa su actividad cuando aumenta el campo eléctrico y otra la reduce. El mapa mostró que las conexiones rara vez confunden esas variantes. De las 3.527 sinapsis que iban de células MG a neuronas de salida, solo una incumplió la regla de contacto entre tipos opuestos.

La combinación de aprendizaje rápido y lento filtra el ruido

El equilibrio entre neuronas de adaptación rápida y lenta protege la percepción sensorial frente al ruido eléctrico ambiental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando una neurona recibe una señal al mismo tiempo que está activa, la conexión que las une pierde fuerza. En cambio, durante los momentos en que eso no ocurre, ese contacto se recupera y se fortalece poco a poco. Lo importante es que perder fuerza sucede mucho más rápido que recuperarla.

En las neuronas de salida, ese cambio rápido ocurre unas 8 veces antes que el fortalecimiento. En las células MG, sucede cerca de 60 veces antes. Por eso, cuando el pulso eléctrico del pez cambia de intensidad, algunas neuronas se adaptan rápidamente a ese cambio, mientras que otras tardan más, pero conservan una respuesta más constante.

Salomon Muller, investigador posdoctoral de los laboratorios Abbott y Sawtell de Columbia y autor principal, describió la función de ese equilibrio: “Las células más rápidas pueden aprender con rapidez, pero son más vulnerables al ruido aleatorio e irregular”. Añadió que las células lentas aportan estabilidad para cancelar la interferencia persistente.

Los científicos también simularon la presencia de otros peces nariz de elefante, que emiten pulsos en momentos imprevisibles. Tras 10 minutos de esa interferencia en el modelo, realizaron registros en animales vivos bajo condiciones equivalentes. En ambos casos, el mecanismo de cancelación se mantuvo.

Un mapa cerebral con límites

Un equipo científico de la Universidad de Harvard y Google Research reconstruyó la red celular tras mapear casi 30.000 sinapsis (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis se basa en el mapa cerebral de un solo individuo y no permite observar directamente la actividad de cada conexión. Además, aún no pudieron observar cómo funciona una de las clases de neuronas presentes cuando el pez está vivo. Tampoco se midió de manera directa la intensidad con la que las células MG se inhiben unas a otras.

Sawtell señaló que aún no se sabe si otros animales emplean una organización semejante. El lóbulo electrosensorial posee una estructura similar al cerebelo, región cerebral relacionada con la coordinación y la precisión de los movimientos, y ambos tipos de células tienen equivalentes en esa zona.

“Los sistemas sensoriales evolucionaron para resolver los mismos problemas fundamentales, incluido el problema que estudiamos: distinguir la información sensorial externa de la información generada por el propio comportamiento del animal”, afirmó Sawtell. No obstante, aclaró que los circuitos pueden variar entre especies y sentidos.

El volumen de imágenes ya fue completado y será publicado de forma abierta, lo que permitirá continuar el análisis sin utilizar otro organismo. Entre las preguntas pendientes figura si una conexión que ya aprendió presenta diferencias visibles frente a otra que aún no lo ha hecho.

  •  

Los aerosoles de aceites esenciales matan cucarachas al contacto, pero no frenan las plagas

La aplicación directa de los aerosoles comerciales eliminó a más del 96% de las cucarachas en las pruebas de laboratorio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los aerosoles de aceites esenciales eliminan cucarachas alemanas al contacto, pero pierden eficacia cuando se secan, según un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Kentucky en Scientific Reports.

De acuerdo con Phys.org, el equipo probó 4 productos comerciales sobre insectos de laboratorio y una población doméstica resistente a insecticidas, mediante aplicaciones directas y residuos en superficies.

Las cucarachas alemanas (Blattella germanica) son las que suelen vincularse con infestaciones dentro de las viviendas. Se refugian en grietas, detrás de electrodomésticos, paredes y armarios, por lo que suelen permanecer fuera del alcance de quienes intentan combatirlas con un aerosol.

La aplicación directa causó una mortalidad superior al 96%

Un estudio de la Universidad de Kentucky determinó que los aerosoles de aceites esenciales pierden eficacia contra las cucarachas alemanas tras secarse (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo fue realizado en el laboratorio de Zachary DeVries, profesor asociado de entomología y titular de la cátedra de la Fundación Bill Gatton en la Universidad de Kentucky.

Para las pruebas utilizaron 2 grupos: una población de laboratorio sensible a los insecticidas y otra recolectada en una vivienda, con alta resistencia a esas sustancias. La comparación permitió observar si los productos actuaban de forma similar.

Cuando los aerosoles se aplicaron de manera directa, más del 96% de las cucarachas murió en 7 días. Casi todas las evaluaciones llegaron al 100% de mortalidad, según los resultados del estudio.

“Murieron inmediatamente”, afirmó Daniela Jackson, autora principal de la investigación y graduada en biotecnología agrícola y médica por la Universidad de Kentucky en 2025. Ella trabaja actualmente en el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

La investigadora advirtió que ese resultado aislado puede llevar a una conclusión equivocada sobre el funcionamiento de estos compuestos en un hogar. “Si el estudio se hubiera detenido ahí, los productos habrían parecido altamente efectivos”, señaló.

Los residuos secos tuvieron un alcance limitado

Las cucarachas alemanas se ocultan en grietas y detrás de electrodomésticos, lo que dificulta el impacto del rociado en las viviendas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El control de una infestación depende, sin embargo, de que el insecticida alcance a los animales escondidos y conserve su acción tras la aplicación. Para estudiar ese aspecto, el equipo colocó 3 de los productos sobre baldosas de cerámica y madera de pino.

Los restos del aerosol se dejaron secar durante 24 horas, una semana o un mes. Después, los investigadores expusieron a las cucarachas a esas superficies para medir su mortalidad luego del contacto con el material ya seco.

Los resultados fueron menores que los obtenidos con el rociado directo: casi todos los tratamientos residuales eliminaron a menos de la mitad de los insectos, mientras que la mayoría provocó una mortalidad inferior al 10%.

El mejor resultado alcanzó un 78% de mortalidad, por debajo del 90% de eficacia establecido en la guía federal de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para las afirmaciones sobre el rendimiento de plaguicidas. DeVries sostuvo que esas cifras podrían incluso ser superiores a las que se registrarían en una casa.

Los ejemplares evitaron al principio las zonas tratadas

Los residuos secos de los productos sobre madera y cerámica causaron una mortalidad inferior al 10% en la mayoría de los ensayos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los experimentos de seguimiento con video mostraron que los residuos recién aplicados hicieron que los individuos evitaran las baldosas tratadas. Esa reacción repelente disminuyó casi por completo después de 24 horas, al mismo tiempo que descendía la eficacia en los ensayos posteriores.

“Las cucarachas se vieron obligadas a permanecer en las superficies tratadas durante 4 horas, mucho más tiempo del que probablemente permanecerían en un mismo lugar dentro de una casa”, explicó DeVries sobre las condiciones de la evaluación.

Los aceites esenciales se evaporan con rapidez, un factor que ayuda a explicar la diferencia entre la alta eficacia del contacto directo y el resultado limitado de los residuos. El aerosol puede matar a la cucaracha que recibe el producto, pero deja poca protección una vez que la superficie se seca.

El especialista resumió la dificultad de combatir la plaga con un ejemplo: “Ves una, y hay 20 más en algún otro lugar”. Según indicó, hallar a todos los ejemplares sería la condición necesaria para que un método de contacto resolviera el problema, algo que no ocurre en una infestación doméstica.

Las etiquetas pueden crear expectativas que el producto no cumple

La evaporación rápida de los aceites esenciales redujo la acción repelente sobre las baldosas al cabo de 24 horas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Jackson explicó que numerosos insecticidas a base de aceites esenciales son considerados plaguicidas de riesgo mínimo y están exentos del proceso estándar de registro ante la EPA. Esa menor exigencia puede facilitar el desarrollo y la venta de nuevos productos, aunque las afirmaciones de eficacia reciben menos revisión.

Un envase puede asegurar que mata a estos organismos, incluso si su efecto exige localizar y empapar de aerosol a cada insecto. Para las familias que enfrentan una plaga dentro de su vivienda, esa diferencia entre la promesa y el uso real puede ser importante.

DeVries señaló que el problema puede afectar especialmente a hogares de bajos ingresos, donde los ejemplares son frecuentes y el control profesional resulta difícil de pagar. Además, la presencia de estos insectos expone a las familias a alérgenos vinculados con el asma y otros problemas de salud.

“No es razonable esperar que los residentes busquen y rocíen cada cucaracha para cumplir con lo que indica la etiqueta”, afirmó el investigador. Tanto DeVries como Jackson recomendaron usar cebos insecticidas, que las cucarachas consumen e ingieren, como método para combatir una infestación.

  •  

Miran a los ojos como los humanos, pero prefieren los de su especie: qué descubrió un estudio sobre la mirada de los gibones

Los gibones se separaron de la línea evolutiva de los grandes simios y los humanos hace unos 17 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de la Universidad de Kioto comprobó, en un estudio publicado en la revista Animal Behavior and Cognition, que los gibones adultos observan los ojos más tiempo que cualquier otra zona del rostro, sobre todo cuando pertenecen a otro gibón.

De acuerdo con Earth.com, los gibones son simios pequeños, no monos, y se separaron de la línea evolutiva que conduce a los humanos y los grandes simios hace cerca de 17 millones de años.

Suelen vivir en grupos familiares reducidos, organizados alrededor de una pareja estable y sus crías, una estructura distinta de la de muchas otras especies de primates.

Los resultados aportan datos sobre la atención social de estos primates y sobre el posible origen evolutivo de la tendencia a mirar los ojos, presente también en personas, grandes simios y monos macacos.

Tres machos participaron en una prueba voluntaria

Un estudio de la Universidad de Kioto comprobó que los gibones fijan la mirada en los ojos más tiempo que en cualquier otra zona del rostro (Imagen Ilustrativa Infobae)

El experimento contó con Tsuyoshi y Raja, 2 hermanos de 23 años, y con su padre, Mamy, cuya edad se estimó en 52 años. Los 3 habían convivido desde temprano con personas y veían con regularidad tanto rostros de la población humana como de su propia especie.

Cada animal se ubicó a unos 65 centímetros de un monitor de 23 pulgadas. El sistema de seguimiento ocular, una herramienta que mide hacia qué parte de una imagen dirige la vista un individuo, funcionó sin colocar dispositivos sobre los primates.

Los investigadores ofrecieron gotas de agua para favorecer que permanecieran frente a la pantalla, aunque podían retirarse cuando quisieran.

Los participantes observaron 48 fotografías, divididas en partes iguales entre rostros de humanos adultos desconocidos y de gibones adultos desconocidos. Las caras aparecían de frente, con expresión neutra, ojos abiertos y boca cerrada. Cada imagen permanecía 3 segundos en pantalla.

Los tres ejemplares observaron 48 fotografías con expresión neutra repartidas por igual entre personas y gibones desconocidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aparato registró el tiempo de observación de los ojos, la nariz, la boca, el contorno de la cara y el fondo. Al combinar las mediciones, los investigadores hallaron que la región ocular recibió más atención que todas las demás áreas. El patrón se repitió ante fotografías de machos y hembras, aunque no se evaluó si existía una preferencia por el sexo.

Los ojos retuvieron más interés

Los 3 animales dirigieron más tiempo la mirada hacia los ojos de los gibones que hacia los de las personas. La nariz y la boca no mostraron una diferencia equivalente entre ambas clases de imágenes, lo que apunta a que los ojos tienen un peso particular en la atención social de la especie.

El resultado puede corresponder a un sesgo hacia miembros de la propia especie, es decir, una inclinación a prestar mayor interés a individuos similares. Esa tendencia apareció en los registros individuales de los participantes, pese a que todos habían tenido una amplia exposición a personas durante sus primeros años.

Makiko Uchikoshi, autora principal del trabajo, sostuvo que “para comprender los orígenes evolutivos de la mente humana se requieren estudios comparativos a lo largo del linaje de los simios”.

La investigadora Makiko Uchikoshi señaló que los gibones se encuentran entre los simios menos analizados en las investigaciones sobre cognición (Imagen Ilustrativa Infobae)

También señaló que, pese a su relevancia evolutiva, estos pequeños simios figuran entre los grupos de simios menos estudiados en las investigaciones sobre cognición.

Las respuestas no fueron idénticas: Tsuyoshi mostró la concentración más marcada en los ojos y los observó durante más tiempo que cualquier otra región de las fotografías.

Por otro lado, Raja también priorizó la región ocular sobre la nariz y la boca, pero dedicó atención al contorno facial. El equipo planteó que patrones de pelaje o peinados humanos pudieron influir, sin probarlo.

El tamaño de la muestra limita las conclusiones

El macho de mayor edad completó la mitad de los ensayos del experimento debido a una interrupción médica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mamy solo presentó una diferencia clara entre el tiempo dedicado a los ojos y al fondo de las imágenes. Completó la mitad de los ensayos de los otros 2 ejemplares porque la recolección de datos se interrumpió por motivos de salud, lo que dejó menos información para examinar.

Uchikoshi explicó que conocía a los animales desde hacía casi 28 años y que había vivido momentos de contacto visual con ellos. “Poder cuantificar dónde miran y durante cuánto tiempo fue casi como magia”, afirmó sobre el uso del seguimiento ocular.

La investigación advierte que solo participaron machos adultos emparentados, todos criados por humanos y pertenecientes a una sola rama de la familia de los ejemplares. Además, las imágenes fijas con expresiones neutras solo representan una parte limitada de las interacciones sociales.

Los autores proponen que próximos estudios incluyan hembras, animales criados en condiciones naturales, grupos sociales, más especies y los 4 grupos principales de gibones. También sugieren aplicar el mismo método a diversos primates para reforzar las comparaciones sobre la evolución de la atención social.

  •  

Fueron amenazados, pero su longevidad les permitió enfrentar la crisis: los frailecillos y su sorprendente recuperación

Los frailecillos pasaron de la explotación histórica para alimento y plumas al interés generalizado por su conservación (Crédito: Magnific)

Los frailecillos de colonias del Atlántico norte y otras zonas costeras enfrentan amenazas por el calentamiento de los océanos y las tormentas, aunque el seguimiento tecnológico y las medidas de conservación abren perspectivas para su recuperación.

Según el análisis publicado por The Guardian, estas aves, reconocibles por su pico colorido, pasaron de ser explotadas por las personas para obtener alimento y plumas a convertirse en una especie apreciada por millones. El historiador ambiental Rob Lambert definió ese cambio como el paso “del uso al disfrute”.

Sin embargo, el aumento de la temperatura marina, la contaminación y los fenómenos meteorológicos extremos exponen a estos animales a la crisis climática. El riesgo alcanza a cerca de 11.000 especies, con un impacto particular en las que dependen de los peces.

El clima compromete la supervivencia de la especie

El calentamiento de los océanos modifica la distribución de especies como los lanzones, peces pequeños que forman parte de la dieta de los frailecillos. Al buscar aguas más frías, pueden disminuir o desaparecer de las áreas próximas a las colonias reproductivas.

El calentamiento de los océanos altera la distribución de los peces lanzones y compromete la nutrición de los polluelos (Crédito: Magnific)

Cuando los adultos deben recorrer distancias mayores para alimentarse o tardan más en encontrar presas, sus crías reciben menos comida y esto disminuye la probabilidad de que completen el desarrollo necesario para abandonar el nido y comenzar a volar.

Las aves jóvenes que consiguen salir de la colonia tampoco quedan fuera de peligro: los temporales de otoño e invierno se volvieron más frecuentes e intensos con los cambios en el clima, lo que incrementa la mortalidad fuera de la temporada reproductiva.

La publicación advierte que una proyección prevé la desaparición de 9 de cada 10 frailecillos antes de mediados de siglo, aunque considera que ese escenario podría ser pesimista. De todos modos, ya se registran descensos graves en varias poblaciones.

BirdLife International estima que su población mundial reúne entre 12 y 14 millones de individuos maduros, aunque Europa concentra más del 90% del total y allí podría disminuir entre un 50% y un 79% entre 2000 y 2065.

Las tormentas dejan miles de aves varadas

BirdLife International calcula que la población europea de frailecillos podría caer hasta un 79% hacia el año 2065 (Crédito: Magnific)

De acuerdo con BBC News, a comienzos de 2026, cientos de frailecillos, araos comunes y alcas tordas muertos o moribundos llegaron a playas de Cornualles, Escocia y el noreste de Inglaterra después de fuertes tormentas invernales.

Las organizaciones dedicadas a la conservación también informaron de más de 20.000 aves varadas, en su mayoría frailecillos, en las costas atlánticas de Francia, España y Portugal. La cifra real podría ser superior, ya que muchos ejemplares habrían muerto mar adentro y no habrían llegado a la costa.

Samuel Wrobel, responsable marino de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), calificó el episodio como el peor varamiento masivo en más de una década, desde los hechos ocurridos durante el invierno de 2013-2014.

El especialista añadió que, “tras el impacto de la gripe aviar, esto es lo último que necesitan nuestras aves marinas”. A los efectos del clima se suman la contaminación por petróleo y plástico, las molestias en las colonias y la depredación, factores que ya reducen el éxito reproductivo.

La pesca y el monitoreo aportan señales de recuperación

La Real Sociedad para la Protección de las Aves catalogó el evento invernal reciente como el peor desastre costero en una década (Crédito: Magnific)

Peter Harrison, estudioso y observador de aves marinas, identificó entre los riesgos para estos ejemplares la disminución de presas asociada al cambio climático, las amenazas a los sitios de anidación y una reproducción menos exitosa.

Aun así, destacó 2 elementos que alimentan una expectativa favorable: el fallo legal que frenó la pesca industrial de lanzones en aguas cercanas a Inglaterra y Escocia, y el avance de las tecnologías de rastreo de la fauna aviar.

Harrison explicó que antes de la década de 1980 existía un amplio vacío de información sobre lo que hacían los frailecillos durante el período no reproductivo. “Simplemente se iban al mar, para reaparecer en sus zonas de cría la temporada siguiente”, señaló.

El desarrollo de dispositivos de seguimiento durante las últimas 4 décadas permitió conocer con mayor precisión los desplazamientos, la distribución y las zonas de alimentación de los ejemplares en mar abierto. Esa información sirve para identificar sectores que necesitan protección.

Las alcas como indicador ambiental

Un fallo judicial frenó la pesca industrial de lanzones en aguas cercanas a Inglaterra y Escocia (Crédito: Magnific)

Esta población pertenece al grupo de las alcas, aves marinas que, según Harrison, pueden reflejar el estado general de los océanos. “Si están bien, los océanos también lo estarán”, afirmó al explicar su valor como indicador de salud y sostenibilidad ambiental.

Los pájaros pequeños pueden vivir varias décadas, a diferencia de muchas especies terrestres cuya vida es más corta. Esa longevidad les da margen para recuperarse después de períodos desfavorables, especialmente si se eliminan los depredadores invasores de sus islas de reproducción.

En 2004, BirdLife International creó la Base de Datos de Seguimiento de Aves Marinas, que reúne registros obtenidos con distintas tecnologías. Los datos ayudaron a identificar 6 rutas oceánicas antes no reconocidas, utilizadas por estas especies.

Stephen Kress, científico que trabajó en la recuperación de frailecillos en Estados Unidos, explicó que “la disminución que estamos viendo en sus poblaciones está directamente relacionada con las acciones humanas; estarían bien si no estuviéramos alterando su mundo y estropeándolo todo”.

Kress destacó que las técnicas de restauración permitieron registrar recuperaciones. La continuidad del monitoreo, la protección de las áreas de alimentación y la reducción de las presiones sobre el medio marino forman parte de las herramientas disponibles para conocer y proteger a estos animales.

Los frailecillos pasaron de la explotación histórica para alimento y plumas al interés generalizado por su conservación (Imagen ampliada mediante el uso de IA. Crédito: Magnific)
  •  

Una peste con 5.500 años de historia todavía amenaza Mongolia: cómo las marmotas mantienen vivo el riesgo de contagio

Las marmotas tarbagán sobreviven a la infección en altas proporciones y actúan como reservorios de la bacteria Yersinia pestis (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores identificaron el brote de peste humana más antiguo conocido, ocurrido hace unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en el sureste de Siberia, y apuntaron a las marmotas locales como posible vía de contagio para grupos de cazadores-recolectores que manipulaban estos animales.

El análisis, publicado en la revista científica Nature y divulgado por National Geographic, halló rastros de la bacteria Yersinia pestis en los restos de 18 personas enterradas en cementerios de la región.

El equipo internacional, dirigido por Ruairidh Macleod, de la Universidad de Oxford, vinculó el episodio con la convivencia y el aprovechamiento de marmotas por parte de las poblaciones de aquel período.

La hipótesis se apoya en hallazgos arqueológicos de tumbas contemporáneas al brote difundidos por Journal of Ethnobiology. Allí aparecieron cientos de incisivos de marmota, dientes largos y curvos que habrían sido usados como adornos y depositados junto a los muertos.

Las pulgas sostienen el ciclo de contagio

Los arqueólogos hallaron cientos de incisivos de marmota utilizados como adornos en tumbas contemporáneas a la infección prehistórica (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Las marmotas son, sin duda, la única especie vectora de la peste con la que tenemos pruebas arqueológicas claras de que interactuaban estrechamente”, afirmó Macleod. Un vector es un animal que participa en la transmisión de un microorganismo causante de enfermedad.

La infección suele propagarse por pulgas que pican a distintos animales en sucesión. En este caso, los roedores habrían funcionado como reservorios, es decir, como huéspedes capaces de mantener la bacteria en un ambiente natural durante períodos prolongados.

Estos mamíferos, de tamaño similar al de un gato doméstico, viven bajo tierra en colonias densas. Las familias pueden reunir una docena o más de ejemplares que comparten túneles, una condición que facilita el desplazamiento de las pulgas entre la fauna.

Según la investigación divulgada en Emerging Microbes & Infections y citada por el ecólogo de la peste Nils Stenseth, de la Universidad de Oslo, las marmotas tarbagán sobreviven a la peste en proporciones de entre 50% y 80%. Esa capacidad de supervivencia permite que la bacteria persista en sus poblaciones.

La peste persiste en los túneles de las marmotas

Los científicos identificaron el brote de peste humana más antiguo registrado en restos de 18 personas hallados cerca del lago Baikal (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ambiente subterráneo aporta otra condición para la conservación del patógeno. Investigadores rusos encontraron Yersinia pestis viva durante más de 400 días en el material de los nidos de roedores, incluso durante el invierno, cuando las marmotas hibernan.

La bacteria evolucionó durante miles de años a partir de un microorganismo intestinal relacionado. Las cepas halladas cerca del lago Baikal todavía no tenían un gen considerado decisivo para la propagación de la peste mediante pulgas, llamado ymt.

Los análisis de ADN antiguo indican que ese gen surgió entre 1686 y 951 a. C. Su aparición permitió que la bacteria se acumulara en el intestino de los insectos infectados y formara una obstrucción.

Como consecuencia, no lograban alimentarse de forma normal. Ante esa dificultad, las pulgas picaban repetidamente a distintas especies para buscar sangre.

La bacteria causante de la peste subsiste durante más de 400 días en los nidos subterráneos de los roedores, incluso en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Stenseth señaló que así es como una enfermedad de animales aparece en la gente y añadió que el bloqueo puede ser más intenso cuando escasean los roedores.

Menos roedores, mayor riesgo de contagio

Las condiciones meteorológicas regulan el ciclo entre bacterias, mamíferos y pulgas en la estepa de Asia Central. Años cálidos, sin temperaturas excesivas, y húmedos, aunque sin lluvias desmedidas, favorecen el aumento silencioso de la bacteria entre los roedores.

Luego, una sequía puede reducir drásticamente esas poblaciones. Con menos animales disponibles, los insectos quedan concentrados y buscan nuevas fuentes de alimento, entre ellas ganado, gatos o seres humanos. “Las pulgas se ven superpobladas, por lo que se inquietan”, explicó Stenseth.

La relación entre marmotas y peste continuó mucho después de los primeros casos documentados. Durante expediciones realizadas en Siberia en la década de 1870, surgieron sospechas de que la enfermedad circulaba entre estos animales y afectaba a quienes los manipulaban.

La epidemia de peste en Manchuria entre 1910 y 1911 dejó cerca de 60.000 muertos vinculados a la manipulación de marmotas por cazadores locales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historiadora y veterinaria Susan Jones, de la Universidad de Minnesota, recordó que en la epidemia registrada entre 1910 y 1911 en la región de Manchuria, que causó cerca de 60.000 muertes, cazadores locales dijeron a los investigadores que creían que las marmotas los enfermaban.

El consumo y la caza mantienen el riesgo en Mongolia

Las marmotas mantienen presencia cultural en la estepa de Asia Central. En Mongolia, el boodog, una preparación en la que el animal se cocina dentro de su propia piel con piedras calientes, es considerado un plato nacional, aunque la caza continúa pese a ser ilegal.

El consumo de carne u órganos crudos se vinculó con casos de peste. En 2020, un matrimonio murió en Mongolia tras ingerir órganos crudos de marmota; más recientemente, un adolescente falleció luego de cazar y comer uno de estos mamíferos.

De acuerdo con la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), los programas soviéticos de erradicación buscaron controlar la enfermedad durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, las campañas concluyeron hacia 1990 sin conseguirlo.

  •  

Cómo la sequía y las lluvias reescribieron el menú de los búhos en Chile a lo largo de 24 años

El examen de los restos regurgitados permitió la identificación de 74.993 presas pertenecientes a 26 taxones biológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo científico concluyó que las variaciones climáticas y la disponibilidad de alimento modificaron la dieta de 3 especies de búhos en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, en Chile, tras el examen de 16.932 egagrópilas recolectadas durante 24 años.

Un análisis publicado en Ecography y divulgado por The Wildlife Society identificó los restos de las presas y comparó esos registros con datos de precipitaciones, temperatura, vegetación y pequeños mamíferos.

La red alimentaria fue reconstruida a partir de 229 muestreos mensuales en 7 sitios de descanso de los búhos. De las egagrópilas examinadas, 7.558 correspondieron al búho excavador (Athene cunicularia), 4.186 al búho cornudo (Bubo virginianus) y 5.188 a la lechuza común americana (Tyto furcata).

Las egagrópilas son masas que las aves regurgitan después de comer y que conservan partes no digeribles, como huesos, pelos o fragmentos de insectos. El análisis permitió identificar 74.993 presas de 26 taxones, entre artrópodos, mamíferos, aves, reptiles, anfibios y gasterópodos. Estos registros permitieron observar cómo las 3 especies ajustaron su alimentación entre 1990 y 2015.

Menos alimento, dietas más específicas

Las variaciones en la alimentación de los búhos coincidieron con ciclos climáticos de tres a nueve años asociados a El Niño y La Niña (Gentileza, estudio: La disponibilidad de recursos, determinada por el clima, provoca cambios temporales a mediana y gran escala en las interacciones entre búhos y presas durante 24 años en un ecosistema semiárido, publicado en Ecography)

Los resultados muestran que los cambios no fueron iguales para todas las aves. El búho cornudo tuvo la dieta más variada, con vertebrados e invertebrados como roedores, escarabajos y escorpiones. Por otro lado, la lechuza común americana se alimentó principalmente de pequeños mamíferos, mientras que el búho excavador consumió sobre todo artrópodos, entre ellos coleópteros, arañas y saltamontes.

Durante los períodos con menos recursos, las especies redujeron la superposición de sus nichos tróficos, es decir, el conjunto de alimentos que consume una especie y su manera de aprovecharlos. Una menor superposición indica que estas aves cazaron presas diferentes, un ajuste que reduce la competencia directa por comida.

El estudio encontró que los cambios en la dieta de las rapaces se relacionaron, sobre todo, con variaciones del clima que ocurrían cada 3 a 9 años. Estos períodos coincidieron con cambios en las lluvias vinculados en parte a El Niño y La Niña, fenómenos que pueden aumentar o reducir las precipitaciones y afectar la cantidad de alimento disponible en el ecosistema.

La lechuza común americana cazó principalmente pequeños mamíferos, mientras que el búho excavador consumió artrópodos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La abundancia de pequeños mamíferos y la vegetación influyeron en la amplitud de la selección. Por eso, los autores señalaron una mayor especialización alimentaria en condiciones de escasez, en lugar de una incorporación inmediata de muchas alternativas.

Un cambio posterior a 2003 incorporó presas que antes no aparecían

La investigación identificó una modificación de gran escala después de 2003; desde entonces no se repitieron los niveles altos de coincidencia en la dieta ni de diversidad de interacciones registrados en la etapa anterior. A la vez, aumentó el número total de especies de presas presentes en la red alimentaria, lo que indica que comenzaron a aparecer recursos que no se consumían antes.

Ese patrón combinó 2 respuestas: por un lado, los regímenes alimentarios se concentraron más en determinadas especies consumidas ante una menor disponibilidad de ejemplares; por otro, la riqueza general de organismos creció porque se incorporaron especies nuevas a la alimentación.

Las rapaces redujeron la superposición de sus nichos tróficos en épocas de escasez para mitigar la competencia directa por alimento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La temperatura fue el principal factor asociado con la estructura de largo plazo de la riqueza de presas, por encima de los indicadores de recursos considerados en el análisis. El trabajo precisa que el cambio posterior a 2003 coincidió con descensos regionales y una menor variabilidad de las precipitaciones y de la temperatura.

Por esa razón, los datos no describen una relación lineal entre un aumento térmico y una dieta más amplia, sino una interacción compleja entre condiciones climáticas, presencia de recursos alimentarios y comportamiento de caza.

“Nuestros hallazgos sugieren que las condiciones ambientales cambiantes están transformando las interacciones entre depredadores y presas”, afirmó Angéline Bertin, autora principal y candidata a doctora de la Universidad de La Serena. Además, agregó que comprender el efecto del clima y los recursos “será fundamental para predecir la resiliencia de los ecosistemas”.

Un ecosistema marcado por las sequías

El Parque Nacional Bosque Fray Jorge afronta ciclos de sequía recurrentes con un promedio anual de precipitaciones de 125 milímetros (Gentileza, estudio: La disponibilidad de recursos, determinada por el clima, provoca cambios temporales a mediana y gran escala en las interacciones entre búhos y presas durante 24 años en un ecosistema semiárido, publicado en Ecography)

El Parque Nacional Bosque Fray Jorge, situado en la costa centro-norte chilena, cuenta con un clima mediterráneo semiárido y una precipitación media anual de 125 milímetros. Sus lluvias se concentran entre mayo y octubre, y el área experimenta ciclos de sequía de 2 a 7 años, interrumpidos por etapas inusualmente húmedas.

Los autores advirtieron que las egagrópilas no miden con precisión todas las presas: animales grandes o parcialmente consumidos dejan menos rastros identificables. Aun así, el método detecta variaciones temporales relativas si los sesgos de detección se mantienen estables.

La investigación concluye que la estabilidad observada en la dinámica entre búhos y los recursos alimentarios podría ser frágil frente al cambio climático. Los autores plantearon la necesidad de continuar el monitoreo para conocer cómo evolucionan estas interacciones.

  •  

Descubrieron una nueva especie de araña en Idaho y la llamaron como la mascota de una universidad

Los análisis de ADN confirmaron la separación genética de esta población respecto a las especies de la costa del Pacífico (Imagen ampliada mediante el uso de IA. (Crédito: Gentileza, estudio: Oculta en el bosque: Una nueva especie de Hexura (Araneae, Mygalomorphae, Antrodiaetidae) procedente de una zona de distribución muy restringida en Idaho, publicado en ZooKeys)

En Idaho, Estados Unidos, una investigación documentó una nueva especie de araña de embudo. Tras encontrarla en reducidas áreas de bosque húmedo próximas a Kooskia, el equipo de la Universidad de Idaho identificó a Hexura vandal al analizar genéticamente 26 ejemplares y comparar sus características físicas.

El estudio publicado en la revista ZooKeys y divulgado por Earth.com indica que la variedad recibió su nombre por Vandal, la mascota de la universidad.

Su distribución conocida se reduce a 3 áreas boscosas de esa zona del estado, a unos 500 kilómetros de las otras 2 clases conocidas de su mismo género, localizadas en la costa del Pacífico y la cordillera de las Cascadas.

El ADN confirmó que la araña de Idaho era distinta

Científicos de la Universidad de Idaho identificaron la nueva especie de araña de embudo Hexura vandal en Kooskia (Gentileza, estudio: Oculta en el bosque: Una nueva especie de Hexura (Araneae, Mygalomorphae, Antrodiaetidae) procedente de una zona de distribución muy restringida en Idaho, publicado en ZooKeys)

Los investigadores recolectaron ejemplares en Idaho, Oregón y Washington durante 2 veranos. Arnau Calatayud-Mascarell trabajó junto con Ethan Briggs y Chris Hamilton, profesor asociado de la universidad, para estudiar marcadores genéticos de 14 especies.

El análisis mostró que las 3 especies del género Hexura pertenecen a ramas separadas. La nueva araña está más emparentada con el conjunto costero del norte que con la del sur de Oregón, aunque su presencia en Idaho estaba hasta ahora fuera de los registros científicos.

Hamilton explicó que “el ADN nos indicó primero que era diferente, y luego, cuando investigamos su morfología, vimos que en realidad era bastante fácil distinguirlos de las especies de las Cascadas”.

Las mediciones generales ofrecieron resultados menos claros, ya que el grupo comparó 29 características corporales en 27 arañas y observó superposiciones entre las variedades. La separación fue visible mediante un método de análisis diseñado para acentuar las diferencias.

Un bosque aislado durante millones de años

La sequía histórica de la cuenca del río Columbia aisló el hábitat boscoso de estas arañas durante millones de años (Gentileza, estudio: Oculta en el bosque: Una nueva especie de Hexura (Araneae, Mygalomorphae, Antrodiaetidae) procedente de una zona de distribución muy restringida en Idaho, publicado en ZooKeys)

Los científicos vincularon la presencia de Hexura vandal con la historia geográfica del noroeste de Estados Unidos. En el pasado, los bosques de coníferas húmedos cubrían de manera continua esa región, pero la formación y el secamiento de la cuenca del río Columbia fragmentaron ese ambiente.

Esa zona seca separó los bosques costeros de los situados en las Montañas Rocosas. Para especies que dependen de la humedad y se desplazan poco, como estas arañas, la barrera impidió el contacto entre poblaciones durante millones de años.

Las variedades conocidas de Hexura son animales de origen antiguo, un análisis de 2019 estimó que sus linajes se separaron hace entre 60 y 180 millones de años. La ubicación actual de estas arañas parece responder, por tanto, a cambios geográficos antiguos y no a desplazamientos recientes.

El nuevo grupo vive entre 1.050 y 1.300 metros de altitud, en bosques mixtos de coníferas con helechos. Prefiere laderas orientadas al norte, márgenes de arroyos y cañones sombreados, donde el suelo conserva temperaturas bajas y humedad.

La araña construye refugios en madera y musgo

La especie habita en laderas sombreadas y bosques mixtos entre 1.050 y 1.300 metros de altitud (Gentileza, estudio: Oculta en el bosque: Una nueva especie de Hexura (Araneae, Mygalomorphae, Antrodiaetidae) procedente de una zona de distribución muy restringida en Idaho, publicado en ZooKeys)

Hexura vandal construye una telaraña con forma de túnel en troncos en descomposición, debajo de la madera o entre el musgo del suelo. Ese refugio tiene una entrada visible y le permite permanecer oculta mientras detecta a las presas que se acercan.

La hembra utilizada para describir formalmente la especie mide 13,1 milímetros desde los colmillos hasta las hileras, los pequeños órganos que producen seda.

El apodo de la mascota de la universidad surgió en 1917, cuando el estudiante de periodismo Harry Lloyd McCarty afirmó que la intensa defensa del equipo masculino de baloncesto “vandalizaba” a sus rivales. Luego, la institución conservó esa denominación para sus equipos deportivos.

Hamilton resumió el motivo de la elección con una frase: “Es negro […] Es un depredador que ataca. Es un Vándalo”. Los ejemplares, sin embargo, se ven de color marrón claro cuando se conservan en alcohol y más oscuros cuando están vivos.

El alcance reducido expone a la especie a incendios y tala

El arácnido elabora telarañas con forma de túnel en troncos descompuestos y cúmulos de musgo (Gentileza, estudio: Oculta en el bosque: Una nueva especie de Hexura (Araneae, Mygalomorphae, Antrodiaetidae) procedente de una zona de distribución muy restringida en Idaho, publicado en ZooKeys)

La información disponible sobre su ciclo de vida es limitada, solo se han hallado 2 machos adultos, ambos en agosto. Las 3 hembras mantenidas en laboratorio produjeron sacos de huevos a fines de mayo, un indicio de que las crías podrían eclosionar en primavera.

Los investigadores no encontraron ejemplares adicionales al ampliar la búsqueda desde los 3 sitios conocidos. La zona es remota y las carreteras forestales limitan el acceso, por lo que amplias áreas de hábitat potencial aún no fueron examinadas de forma exhaustiva.

Hamilton advirtió sobre su vulnerabilidad: “Sin duda creo que está amenazada, debido a su distribución limitada”. Además, señaló que los incendios forestales y la tala de árboles amenazan el hábitat.

Los sitios donde fue localizada se encuentran en terrenos públicos de los Bosques Nacionales Nez Perce-Clearwater, al norte del río Lochsa. No existe una zona reservada específicamente para protegerla. Por ahora, los 3 fragmentos de bosque próximos a Kooskia conforman toda el área conocida de este animal.

  •  

Descubrieron arañas marinas gigantes que emiten luz azul en las profundidades de Australia

El doctor Jérôme Mallefet, de la Universidad Católica de Lovaina, dirigió la investigación publicada en la revista Deep-Sea Research Part I (Gentileza, estudio: Araña marina luminosa abisal, primera aproximación a la luminiscencia de los picnogónidos, publicado en Deep Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers)

Las 2 especies de arañas marinas gigantes de aguas profundas, Colossendeis tasmanica y Colossendeis minor, emitieron luz azul desde sus patas durante pruebas realizadas con ejemplares recogidos en una expedición de 2017 frente a la costa este de Australia, a entre 1.006 y 4.977 metros de profundidad.

El hallazgo documentó y fotografió por primera vez la bioluminiscencia —la capacidad de producir luz mediante procesos químicos— en esas especies. Los resultados fueron publicados en la revista Deep-Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers y divulgados por Phys.org.

La investigación fue dirigida por el doctor Jérôme Mallefet, de la Universidad Católica de Lovaina (UCLouvain), en Bélgica. Los científicos analizaron tanto la intensidad como el color de la emisión y examinaron qué partes de las extremidades reaccionaban.

Pruebas en oscuridad confirmaron el origen de la luz

Dos especies de arañas marinas gigantes emitieron luz azul desde sus patas en aguas profundas frente a las costas de Australia (Gentileza, estudio: Araña marina luminosa abisal, primera aproximación a la luminiscencia de los picnogónidos, publicado en Deep Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers)

Durante la expedición, los investigadores reunieron 7 ejemplares de C. tasmanica y 2 de C. minor. Los animales provenían de zonas sin luz solar, situadas a miles de metros bajo la superficie del océano, donde numerosos organismos desarrollan mecanismos propios de iluminación.

Hasta ahora se habían registrado algunos casos de arañas marinas luminosas. A finales del siglo XIX, por ejemplo, se observó luz azul en la parte inferior de ejemplares recuperados en el océano Índico.

Sin embargo, no se había determinado si esos animales generaban la luz o si quedaban cubiertos por mucosidad luminiscente de otros seres, como corales de aguas profundas. Para despejar esa duda, el grupo instaló a los especímenes en una sala oscura a bordo del barco.

Las patas comenzaron a iluminarse cuando recibían pellizcos suaves o estímulos químicos. Así, el equipo pudo establecer que la emisión provenía de los propios animales y no de material adherido a su cuerpo.

Una señal luminosa de intensidad variable

Las pruebas en salas oscuras a bordo del barco descartaron que el brillo proviniera de mucosidad externa adherida al cuerpo (Gentileza, estudio: Araña marina luminosa abisal, primera aproximación a la luminiscencia de los picnogónidos, publicado en Deep Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers)

En C. tasmanica, la señal luminosa tuvo un tono azul intenso, con un pico de longitud de onda de 449 nanómetros, y se limitó a las patas. Su mayor intensidad se registró en el propodio, la punta de cada extremidad, y disminuyó de forma gradual hacia el cuerpo.

La duración del brillo dependió del tipo de activación: cuando se aplicaron sustancias químicas, la luminiscencia se mantuvo entre 5 y 10 minutos. Ante la estimulación manual, la luz fue menos intensa y persistió desde unos segundos hasta más de 2 minutos.

Las imágenes obtenidas muestran las patas brillando en la oscuridad. Ese registro permitió medir el espectro de color, es decir, la longitud de onda de la luz emitida, y comparar la respuesta entre los distintos segmentos de las extremidades.

Tras el trabajo en el mar, los científicos continuaron los estudios en el laboratorio. Allí utilizaron extractos congelados de las patas y observaron secciones delgadas de tejido bajo el microscopio para identificar el origen de la luminosidad.

El análisis situó las células luminosas junto al intestino

Las arañas marinas pertenecen al grupo de los picnogónidos y habitan ecosistemas abisales sin luz solar (Gentileza, estudio: Araña marina luminosa abisal, primera aproximación a la luminiscencia de los picnogónidos, publicado en Deep Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers)

El examen microscópico indicó que la luz se producía en células vinculadas al intestino, que se extiende por las extremidades de las arañas marinas. Esta ubicación plantea que los animales podrían incorporar a través de su alimentación una sustancia necesaria para activar el fenómeno.

Una prueba química habitual para detectar el mecanismo de emisión de luz en animales bioluminiscentes casi no generó luminiscencia. En cambio, el peróxido de hidrógeno y otras reacciones químicas activaron la luminiscencia en el tejido analizado.

La respuesta aumentó conforme crecían los niveles de calcio, un elemento que interviene en distintos procesos celulares. Ese comportamiento llevó al grupo a considerar la posible participación de una fotoproteína, una proteína capaz de emitir luz tras una reacción química.

El mecanismo sería parecido al descrito en las medusas, aunque todavía no fue confirmado a escala molecular. “Se necesitan más investigaciones para validar y caracterizar a nivel molecular esta supuesta fotoproteína”, escribieron los autores del estudio.

La función de la luz en estas arañas marinas aún no está definida

La activación de la luz mediante peróxido de hidrógeno y calcio sugiere la participación de una fotoproteína similar a la de las medusas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las arañas marinas pertenecen al grupo de los picnogónidos, animales marinos de patas largas cuya anatomía difiere de la de las arañas terrestres. En este caso, el trabajo se concentró en 2 tipos gigantes que habitan ambientes abisales, es decir, regiones muy profundas del océano.

La bioluminiscencia en los picnogónidos era poco conocida. Las observaciones de la expedición y los análisis posteriores aportan pruebas directas de que ambas especies pueden emitir luz. Aun así, el estudio no resolvió el motivo de esa emisión.

Los autores no determinaron si el brillo interviene en la alimentación, la defensa, la reproducción o alguna otra interacción en las profundidades marinas.

“Las funciones ecológicas precisas de la bioluminiscencia de los picnogónidos siguen siendo inciertas y requieren más investigación”, señalaron los científicos. El trabajo deja pendientes tanto la identificación del sistema químico como la explicación de la utilidad de esa luz azul en el hábitat.

  •  

Cómo las bellotas pueden ser una señal de alerta ante la propagación de la enfermedad de Lyme

Un estudio de 35 años en Nueva York vinculó las cosechas masivas de bellotas con el aumento de garrapatas de la enfermedad de Lyme dos años después (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un seguimiento de 35 años en un bosque de Millbrook, Nueva York, determinó que una cosecha abundante de bellotas puede anticipar hasta dos años un aumento de garrapatas que transmiten la enfermedad de Lyme. La razón: el crecimiento de la población de ratones de patas blancas que las alimenta.

Esta enfermedad es una infección causada por bacterias que se transmite a las personas a través de la picadura de garrapatas infectadas. Puede causar fiebre, dolor de cabeza, cansancio y una erupción en la piel, de acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

El estudio se desarrolló desde 1991 en 6 parcelas del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas y fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El trabajo, recogido por Earth.com, se concentró en un entorno dominado por robles. Los autores advirtieron que sus hallazgos podrían no reproducirse de la misma forma en todos los bosques o regiones.

Los ratones condicionan la cantidad de ninfas al año siguiente

La variación en la cantidad de venados de cola blanca no explicó las fluctuaciones en las poblaciones de garrapatas en fase de ninfa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las garrapatas adultas suelen alimentarse y aparearse sobre los venados. Después de alimentarse, cada hembra puede poner más de 1.000 huevos. Por eso, se creía que reducir la cantidad de venados disminuiría la cantidad de estos organismos y, con el tiempo, el riesgo de la enfermedad.

Richard Ostfeld, investigador que participó en el seguimiento, señaló que en algunos períodos breves parecía haber una conexión. “Habíamos detectado una débil relación positiva entre los ciervos y la posterior abundancia de ninfas en pequeños subconjuntos de datos, pero el conjunto completo de datos no muestra tal cosa”, afirmó.

Los investigadores concluyeron que la cantidad de venados de cola blanca no explicó las variaciones de las garrapatas en fase de ninfa. La abundancia de ciervos cambió más de 6 veces durante el período analizado, sin una relación consistente con esas poblaciones.

La fase de ninfa corresponde al estadio intermedio de la garrapata, antes de convertirse en adulta. El CDC compara su tamaño con el de una semilla de amapola. La mayoría de los contagios norteamericanos de Lyme se vincula con picaduras en esa etapa.

El incremento de ratones de patas blancas durante el verano anticipó un alza del 40% en el número de ninfas al año siguiente (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cambio, la cantidad de ratones de patas blancas en un verano anticipó el número de ninfas del siguiente. Un año con muchos roedores fue seguido por cerca de un 40% más de garrapatas en fase de ninfa, según los datos reunidos en las 6 parcelas, cada una de un tamaño aproximado al de 4 campos de fútbol.

Los roedores favorecen esa cadena porque los arácnidos jóvenes se alimentan de ellos con una frecuencia mucho mayor que de otros mamíferos y aves. Además, estos roedores pueden transmitir la bacteria de Lyme hasta al 93% de las garrapatas jóvenes que los pican, de acuerdo con el relevamiento.

Los robles ofrecen una señal con dos años de anticipación

Los robles no producen la misma cantidad de bellotas cada temporada: cada 3 a 5 años pueden registrar una cosecha masiva y sincronizada, conocida como “mast”, que deja una gran disponibilidad de alimento para los ratones durante el invierno. Esa fuente de comida impulsa su reproducción en la primavera siguiente.

Por esa razón, Ostfeld sostuvo que observar el suelo debajo de los robles puede servir como una referencia anticipada. “Si saben que han tenido una cosecha abundante, con el suelo del bosque y los céspedes bajo los robles cubiertos de bellotas, pueden esperar un año peor que el promedio dos primaveras/veranos después”, explicó.

Los robles registran cosechas sincrónicas cada tres a cinco años que multiplican el alimento disponible para los roedores en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

El razonamiento también funciona a la inversa: si en septiembre u octubre hay pocas bellotas bajo los árboles, la primavera y el verano de 2 años después deberían presentar una actividad de garrapatas menor al promedio. El investigador indicó que el mismo patrón asociado a las bellotas fue identificado en Europa.

No obstante, la abundancia de roedores no alteró de manera marcada la proporción de ninfas infectadas: entre 15% y 30% de ellas portó la bacteria de Lyme cada año, mientras que entre 30% y 50% llevaba al menos uno de los microorganismos que el equipo monitorea como causantes de enfermedades.

La explicación está en que las garrapatas jóvenes también se alimentan de ardillas, musarañas, mofetas, zarigüeyas y ardillas listadas. La mayoría de esos animales transmite mal la bacteria, por lo que importa cómo se distribuyen entre todos los huéspedes disponibles.

El calor anual también se asoció con menos garrapatas

Los modelos elaborados en el bosque neoyorquino no señalaron al frío intenso del invierno ni al calor fuerte de la primavera como factores determinantes. Las garrapatas parecen refugiarse en el suelo y resistir condiciones extremas.

Los roedores de patas blancas transmiten la bacteria de Lyme hasta al 93% de las garrapatas jóvenes que se alimentan de ellos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo que sí mostró una asociación fue la temperatura acumulada a lo largo del año. Con igual número de ratones, los años más cálidos tuvieron cerca de 45% menos ninfas que los más fríos. El mecanismo de esa diferencia todavía no fue establecido por los investigadores.

La última gran cosecha de bellotas se registró en 2019. Durante los 6 años siguientes, la producción fue muy baja y, además, una plaga de polilla esponjosa dejó sin hojas a los robles en 2023 y 2024.

En ese período, la cantidad de roedores varió entre niveles moderados y muy bajos. 2 años después de cada cambio en los roedores, la población de garrapatas mostró una variación similar.

El especialista planteó que la ausencia de esas cosechas ofrece una oportunidad para estudiar el ecosistema sin el impulso de recursos que sostiene a los roedores. También indicó que las mediciones de 2026 aún no permiten anticipar el resultado de la temporada, porque los datos están en proceso de revisión.

  •  

Trompas, orejas y miradas: identifican 41 gestos que usan los elefantes africanos para comunicarse

Los investigadores registraron 844 conductas en más de 90 horas de grabaciones en dos parques nacionales de Sudáfrica (Magnific)

Los elefantes africanos de sabana emplean al menos 41 tipos de gestos intencionales para pedir a otros animales que se alejen o que detengan una conducta, según un estudio publicado en Animal Cognition.

Los investigadores de las universidades de Viena, Portsmouth y St Andrews analizaron en video más de 90 horas de interacciones competitivas entre ejemplares en los parques nacionales Addo Elephant y Marakele, en Sudáfrica, y registraron 844 conductas.

El objetivo fue evaluar si los movimientos corporales tenían un destinatario y un propósito. Para ello, los especialistas examinaron 2 poblaciones de elefantes que viven en parques cercados y con alta densidad poblacional.

De acuerdo con el comunicado de prensa divulgado en EurekAlert!, en esos entornos la competencia por recursos puede derivar en enfrentamientos físicos, por lo que las señales gestuales pueden servir para resolver conflictos antes de que escalen.

Los animales observan a su receptor antes de hacer una señal

Un estudio científico determinó que los elefantes africanos de sabana utilizan al menos 41 tipos de gestos intencionales para comunicarse (Gentileza, estudio: Comunicación gestual de los elefantes durante las interacciones agonísticas: repertorio, intencionalidad y objetivos, publicado en Animal Cognition)

Los investigadores definieron la comunicación intencional como el uso de una señal para provocar una reacción específica en otro individuo. Para comprobarla, analizaron 4 indicadores: si el elefante miraba al receptor, si adaptaba el gesto a su nivel de atención, si esperaba una respuesta y si insistía cuando no obtenía lo que buscaba.

Los resultados mostraron que los emisores miraron al receptor antes de gesticular en el 97% de los casos y mantuvieron esa atención visual durante el movimiento en el 98%. Además, el 94% de los movimientos se produjo cuando el destinatario estaba visualmente atento.

Cuando el receptor no miraba, los individuos aumentaron de forma marcada el uso de acciones táctiles o audibles y redujeron los mensajes exclusivamente visuales. Este ajuste les permite usar movimientos que el otro animal pueda percibir, como un contacto físico o una acción acompañada de sonido.

La espera y la insistencia respaldan la intención

Los animales recurren a señales táctiles o sonoras cuando detectan que el destinatario no mantiene la atención visual (Crédito: Magnific)

Tras realizar un gesto, los mamíferos esperaron una respuesta en el 90% de las secuencias observadas. Si el destinatario no se apartaba o no abandonaba la actividad que realizaba, los emisores persistieron con una nueva señal en el 83% de las ocasiones.

La investigadora principal, Vesta Eleuteri, de la Universidad de Viena, señaló que estos comportamientos pueden advertirse al observar elefantes en libertad. “Pueden agitar la trompa o extender las orejas, y uno entiende intuitivamente que ‘van en serio’”, afirmó.

Sin embargo, la autora explicó que hasta ahora no existía una demostración sistemática de que los elefantes salvajes utilizaran esos movimientos para comunicarse de manera deliberada con otros de su especie.

El trabajo examinó las conductas en interacciones agonísticas, término que describe situaciones de competencia, amenaza, desplazamiento o conflicto entre individuos.

La trompa y las orejas concentran la mayor parte del repertorio

Los elefantes esperaron una respuesta en el 90% de los casos y repitieron el aviso cuando el receptor no reaccionó (Crédito: Magnific)

El equipo catalogó 32 acciones gestuales que dieron lugar a 41 tipos de señales. La trompa intervino en el 47% de los gestos registrados y las orejas, en el 37%. Entre los movimientos frecuentes figuraron extender o agitar las orejas, lanzar la trompa, empujar a otro individuo con ella y tocarlo.

Los animales emplearon estos recursos para comunicar 2 metas principales: “Aléjate” y “Deja de hacer lo que estás haciendo”. En el 80% de las comunicaciones exitosas, el resultado fue que el destinatario se apartara; en el 20% restante, interrumpió una acción, como beber o acercarse a un recurso.

De los 33 tipos de acciones documentadas al menos 3 veces durante comunicaciones exitosas, 21 se utilizaron para ambos fines. El estudio indicó que los elefantes no usan las expresiones de forma rígida con un solo objetivo, por lo que la flexibilidad significa que un mismo movimiento puede tener funciones distintas según la situación.

Gestos compartidos, recursos en disputa

La trompa y las orejas concentraron la mayor parte de los movimientos corporales registrados durante las interacciones (Crédito: Magnific)

Las poblaciones de Addo y Marakele compartieron el 63% de los tipos de gestos identificados. En ambas fueron habituales 3 señales: extender las orejas, agitarlas y empujar al receptor con la trompa. Aun así, cada grupo mostró preferencias por distintos movimientos dentro de su repertorio más frecuente.

También hubo diferencias en los recursos que originaban los encuentros competitivos. En Addo, los ejemplares disputaban principalmente el acceso al agua de bebederos artificiales; en Marakele, la competencia se concentró en los juncos. En Addo, el 32% de las comunicaciones exitosas acabó con un individuo que se alejaba del agua.

La doctora Lucy Bates, de la Universidad de Portsmouth, destacó la relevancia de reconocer estos avisos. “Comprender cómo se comunican los elefantes cuando se sienten amenazados podría ayudarnos a interpretar mejor sus intenciones”, sostuvo.

La comunicación como herramienta de protección

El 80% de los intercambios exitosos logró que el otro individuo se apartara del lugar de conflicto (Crédito: Magnific)

Los autores relacionaron los hallazgos con los retos de conservación de los animales, entre ellos la pérdida de hábitat y el incremento de los contactos con personas. Identificar los gestos que indican rechazo o amenaza podría permitir que los humanos se retiren antes de que una interacción se vuelva riesgosa.

La profesora Angela Stoeger, experta en comunicación vocal de elefantes, afirmó que los próximos trabajos deberán integrar distintas formas de señalización. “El estudio de la interacción de las señales acústicas, visuales, táctiles y sísmicas, junto con el contexto, permitirá finalmente descifrar sus mensajes”, precisó.

La investigación también plantea ampliar las observaciones a otros contextos, más allá de los conflictos por recursos. Los científicos consideran necesario determinar cómo combinan los individuos sus movimientos con vocalizaciones y otras expresiones, así como establecer cuándo esos intercambios reducen el riesgo de agresiones.

Los investigadores registraron 844 conductas en más de 90 horas de grabaciones en dos parques nacionales de Sudáfrica (Imagen ampliada mediante el uso de IA. Crédito: Magnific)
  •  

Confirman en Chile el primer caso de una rana invasora que devora huevos de un sapo nativo

El examen estomacal de la hembra invasora confirmó la presencia de más de un centenar de huevos de sapo atacameño (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una rana africana invasora devoró huevos del sapo atacameño, en un cuerpo de agua somero de Socos, en la Región de Coquimbo, Chile. Los investigadores de la Universidad de Concepción observaron a una hembra de Xenopus laevis junto a una puesta recién depositada y confirmaron el consumo tras capturarla y examinar su contenido estomacal.

El análisis halló 172 huevos de Rhinella atacamensis dentro del animal, otros 67 que expulsó durante su captura y 3 que permanecían en su boca. El hecho, que se registró en agosto de 2025, pero se dio a conocer recientemente, constituye el primer registro publicado de depredación de esta especie introducida sobre huevos de un anfibio nativo chileno.

El hallazgo, publicado en la revista Gayana y divulgado por Mongabay, fue realizado por Iván Mancilla Millán, Constanza Mazzey Andrade y Claudio Correa, integrantes del Laboratorio de Sistemática y Conservación de Herpetozoos de la universidad.

El consumo de huevos afecta la etapa más vulnerable

Científicos de la Universidad de Concepción documentaron la depredación de huevos de un anfibio nativo por parte de la rana africana en Socos (Gentileza, estudio: Nueva faceta de la invasión de Xenopus laevis en Chile: Primer registro de depredación sobre huevos de un anfibio nativo, publicado en Gayana)

Mancilla Millán, biólogo y estudiante del magíster en Ciencias con Mención en Zoología de la universidad, relató que el equipo advirtió una conducta inesperada durante el monitoreo de la temporada reproductiva. Los anfibios suelen responder al movimiento de sus presas, por lo que el consumo de huevos inmóviles sorprendió a los especialistas.

“Que esté haciendo algo inusual como comer puestas de huevos estáticas era algo que no debería estar pasando”, recordó el biólogo. Al levantar a la rana, los investigadores observaron que expulsaba huevos por la boca, una señal que luego respaldaron al examinarla.

El sapo atacameño es una especie endémica de Chile; puede vivir en ambientes semidesérticos del norte del país y figura entre los pocos anfibios presentes en esa zona. Sus huevos, a diferencia de los renacuajos, no pueden alejarse de un depredador.

“Un renacuajo puede huir. Un huevo va a estar estático y solamente va a estar siendo influenciado por la corriente o por sus depredadores”, explicó el biólogo. Si una puesta se pierde antes de eclosionar, habrá menos individuos en la siguiente generación.

Una invasora establecida desde la década de 1970

El consumo de puestas inmóviles representa una conducta fuera de lo común para una especie que responde al movimiento de sus presas (Gentileza, estudio: Nueva faceta de la invasión de Xenopus laevis en Chile: Primer registro de depredación sobre huevos de un anfibio nativo, publicado en Gayana)

La presencia de Xenopus laevis en Chile se remonta a la década de 1970. La especie fue utilizada principalmente como organismo modelo para investigación científica y, en menor medida, como mascota; después fue registrada en ambientes naturales próximos a Santiago.

Actualmente, la rana africana se distribuye desde el río Copiapó hasta el río Mataquito, con densidades altas en las regiones de O’Higgins, Metropolitana y Valparaíso. En Socos había registros de su presencia desde 2005, aunque hasta 2025 no se conocía un efecto directo sobre el sapo atacameño.

La especie invasora puede sobrevivir a períodos de sequía al enterrarse cuando se secan los cuerpos de agua. También se desplaza por tierra, se reproduce en condiciones difíciles para otros anfibios y tolera aguas turbias o de baja calidad. Estas capacidades favorecen su establecimiento en distintos ecosistemas acuáticos.

“Que una rana invasora comience a depredar la parte más vulnerable del ciclo de vida de un anfibio no es algo menor”, señaló el investigador. Antes de este registro, la preocupación se centraba en la competencia por alimento y hábitat, la interferencia ecológica y la posible transmisión de patógenos.

La depredación puede afectar el reclutamiento

La rana invasora Xenopus laevis llegó a Chile en la década de 1970 para investigación científica y tenencia como mascota. (Gentileza, estudio: Nueva faceta de la invasión de Xenopus laevis en Chile: Primer registro de depredación sobre huevos de un anfibio nativo, publicado en Gayana)

La revista científica Gayana documentó en 2020 que una Xenopus laevis ingirió una larva de rana chilena, Calyptocephalella gayi. Para Claudio Correa, doctor en ecología y biología evolutiva, esa observación y el nuevo hallazgo indican que la especie puede atacar fases tempranas del desarrollo de anfibios nativos.

“Si está depredando sobre las etapas tempranas de reproducción de un anfibio nativo, es obvio que va a tener un efecto sobre el reclutamiento”, afirmó Correa. El reclutamiento es el proceso por el cual los individuos jóvenes sobreviven y se incorporan a la población adulta.

Sin embargo, los especialistas advierten que un ejemplar con 172 huevos en el estómago no permite calcular cuántas puestas son consumidas durante una temporada ni establecer si la invasora ya está causando un descenso poblacional. Para responder esas preguntas se necesitan monitoreos estandarizados y más análisis estomacales.

Sequía e invasión agravan la presión

La capacidad para tolerar aguas turbias y enterrarse durante la sequía favorece la dispersión del anfibio invasor en el territorio chileno. (Gentileza, estudio: Nueva faceta de la invasión de Xenopus laevis en Chile: Primer registro de depredación sobre huevos de un anfibio nativo, publicado en Gayana)

El sapo endémico enfrenta una sequía prolongada y transformaciones de su entorno vinculadas a proyectos inmobiliarios y extracción de agua. La combinación de esas presiones con la depredación detectada eleva la necesidad de seguimiento en sus zonas reproductivas.

La erradicación de la rana africana resulta compleja una vez que logra establecerse. Correa recordó que, pese al retiro de miles de ejemplares del Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar, continuaron apareciendo nuevos individuos por su capacidad de dispersión y reproducción.

“Las fronteras políticas no son fronteras ecológicas”, concluyó Mancilla Millán. El investigador planteó que la prevención de nuevas introducciones y la colaboración entre países pueden ser más eficaces que intentar eliminar poblaciones ya instaladas.

  •  

Durante más de 100 años la confundieron con otra ave: identifican una nueva especie de paloma en Filipinas

Los ornitólogos consideraron a esta ave como parte de la paloma imperial de vientre rosado desde finales del siglo XIX (Gentileza, estudio: Una nueva especie de paloma imperial (Columbidae: Ducula ) de Tawi-Tawi, Filipinas, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club)

Un estudio de Matthew R. Halley, del Museo de Naturaleza y Ciencia de Delaware, identificó una nueva especie de paloma imperial, Ducula tawitawi, en la remota isla de Tawi-Tawi, al sur de Filipinas, tras revisar ejemplares de museo y comparar tanto rasgos físicos como vocalizaciones con los de aves emparentadas.

La especie, conocida como la imperial de Tawi-Tawi, había sido considerada desde finales del siglo XIX como parte de la paloma imperial de vientre rosado (Ducula poliocephala), distribuida en otros territorios insulares de Filipinas.

El hallazgo, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club y difundido por Sci.News, se basa solo en ejemplares conservados en colecciones científicas y no existen fotografías conocidas de un individuo vivo, lo que limita el conocimiento sobre el tamaño de la población y su estado actual en el archipiélago.

Las palomas imperiales del Indopacífico

El investigador Matthew R. Halley identificó a la especie Ducula tawitawi en Filipinas tras revisar ejemplares de museo (Gentileza, estudio: Una nueva especie de paloma imperial (Columbidae: Ducula ) de Tawi-Tawi, Filipinas, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club)

Los ejemplares del género Ducula pertenecen a la familia Columbidae y se conocen en conjunto como palomas imperiales. Son aves de cuerpo robusto que viven en las copas de los bosques lluviosos de la región indopacífica y pueden medir entre 35 y 45 centímetros.

Su alimentación se compone principalmente de frutos, por lo que se considera que contribuyen a la dispersión de semillas en los bosques tropicales. Al trasladarse entre árboles y consumir frutas, estas aves pueden transportar semillas a distintos sitios, un proceso que favorece la reproducción de varias plantas.

El trabajo de Halley se concentró en un grupo poco conocido de 4 especies presentes en Filipinas y en Sulawesi, Indonesia, a ambos lados de la Línea de Wallace. Esta frontera biogeográfica separa áreas con distinta historia natural y distribución de animales.

Rasgos que separan a las dos palomas

Las palomas del género Ducula habitan las copas forestales y favorecen la dispersión de semillas mediante el consumo de frutas (Gentileza, estudio: Una nueva especie de paloma imperial (Columbidae: Ducula ) de Tawi-Tawi, Filipinas, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club)

“Las listas de especies modernas reconocen 42 especies en el género Ducula, un clado (grupo de especies emparentadas) de grandes ‘palomas imperiales’ que habita la región del Indo-Pacífico”, afirmó Halley. La nueva clasificación suma una variedad endémica, es decir, exclusiva, de una sola isla.

La diferencia más visible entre ambas aves está en la garganta. Ducula tawitawi presenta una garganta blanca, mientras que la paloma imperial de vientre rosado tiene esa zona de color marrón. Además, sus llamados son distintos, una señal adicional para reconocer que se trata de tipos de aves separados.

El investigador señaló que los individuos de Ducula poliocephala aislados en la isla de Tawi-Tawi no presentan diferencias físicas observables —como tamaño, coloración o forma— respecto de otras poblaciones filipinas.

Una población limitada a una isla

La garganta blanca y el tipo de vocalización distinguen a Ducula tawitawi de la paloma imperial de vientre rosado (Gentileza, estudio: Una nueva especie de paloma imperial (Columbidae: Ducula ) de Tawi-Tawi, Filipinas, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club)

Dos de los tres especímenes conocidos fueron recolectados en 1891 durante la Expedición Menage y actualmente se encuentran en el Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsonian. El tercero fue recogido en 1971 por el ornitólogo filipino Dioscoro S. Rabor y se conserva en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Delaware.

“El tamaño de la población de Ducula tawitawi debe ser mucho menor, ya que la especie está restringida a un hábitat cada vez más reducido en una sola isla”, indicó el autor. El área donde habita se reduce a un único territorio y a un ambiente específico: el bosque de dipterocarpos, un tipo de selva dominada por árboles de la familia Dipterocarpaceae.

Como referencia, la paloma imperial de vientre rosado, de distribución más amplia, es poco común en casi todas las islas que ocupa. Su población mundial se estima entre 5.000 y 10.000 individuos y se considera que está en descenso debido a la pérdida de bosques y a la presión de la caza.

La condición de la comunidad recién identificada podría ser más frágil debido a su distribución limitada. Por lo que, Halley sostuvo que, una vez evaluada formalmente, el ave probablemente cumplirá los criterios para ser considerada amenazada.

Los ornitólogos consideraron a esta ave como parte de la paloma imperial de vientre rosado desde finales del siglo XIX (Imagen ampliada mediante el uso de IA. Gentileza, estudio: Una nueva especie de paloma imperial (Columbidae: Ducula ) de Tawi-Tawi, Filipinas, publicado en Bulletin of the British Ornithologists’ Club)
  •  

Cuáles son las diferencias entre las palomas y las tórtolas y qué enfermedades pueden transmitir

La familia Columbidae reúne alrededor de 350 especies que comparten una dieta de semillas y frutos junto con alas redondeadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pertenecientes a la familia Columbidae, las distintas especies de aves adaptadas al entorno urbano generan dudas entre los vecinos. La tarea de identificar las diferencias entre especies resulta fundamental para comprender su comportamiento y gestionar la convivencia diaria.

Dentro de este grupo, las palomas comparten espacios con las tórtolas en las ciudades, donde la acumulación de materia orgánica deshidratada puede desencadenar complicaciones para la salud pública si no se aplican medidas preventivas.

La paloma bravía domina el entorno urbano por su estructura robusta

La paloma bravía, llamada científicamente Columba livia, constituye la referencia habitual al hablar de fauna alada en las ciudades. Esta especie destaca por un cuerpo robusto y pesado que alcanza una longitud entre 25 y 35 centímetros. Su envergadura, entendida como la distancia entre las alas desplegadas, oscila entre 60 y 70 centímetros, con un peso situado entre 240 y 380 gramos.

Asimismo, muestra un plumaje grisáceo con iridiscencias violetas y verdosas en el cuello, rasgos notorios en los machos. Posee pico negro y patas rojas.

La paloma bravía habita en entornos urbanos y registra una envergadura que oscila entre los 60 y 70 centímetros (Imagen Ilustrativa Infobae)

El nombre común paloma agrupa a las especies de mayor tamaño de una familia con 350 especies registradas, por lo que la denominación popular no siempre coincide con la taxonomía.

Las tórtolas presentan una figura esbelta y un collar en la nuca

En contraste con las palomas, las tórtolas europeas poseen una fisonomía más pequeña y liviana. Su longitud corporal varía entre 24 y 33 centímetros y su extensión alar abarca de 45 a 55 centímetros, con una masa cercana a los 240 gramos de peso. Su elemento más distintivo consiste en un collar oscuro en la nuca, marca visual que permite identificarlas con facilidad. Su pico resulta más delgado que el de sus parientes urbanas.

Las tórtolas presentan una estructura corporal liviana, pico fino y un collar oscuro en la parte posterior del cuello (Imagen Ilustrativa Infobae)

En tanto, la tórtola turca (Streptopelia decaocto) mide de 30 a 33 centímetros y se distingue por un plumaje gris rosado acompañado por una franja negra bordeada de blanco en el cuello, pico oscuro e iris rojizo.

Por otra parte, los ejemplares blancos suelen causar confusiones clasificatorias. Las denominadas palomas de la paz corresponden a variedades domésticas de la especie bravía o a mutaciones de tórtolas claras.

El color blanco no define una especie independiente ni equivale al albinismo, ya que suele responder a selecciones genéticas de crianza o a cambios en la pigmentación de las plumas.

El uso cotidiano suele confundir a la tórtola doméstica con la paloma blanca o con ejemplares albinos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inhalación de polvo de heces secas transmite la psitacosis

Más allá de la anatomía, la dimensión sanitaria exige atención rigurosa ante estas poblaciones. La enfermedad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) vincula más estrechamente con la presencia de estas aves es la psitacosis, patología bacteriana causada por el microorganismo Chlamydia psittaci.

El contagio humano ocurre mediante la inhalación de partículas microscópicas procedentes de secreciones respiratorias, heces secas o polvo de plumas de animales infectados.

La psitacosis manifiesta síntomas entre 5 y 14 días después del contagio y cuenta con tratamiento a base de antibióticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El organismo internacional señala que palomas, canarios y pinzones transmiten con frecuencia esta bacteria. La afección manifiesta una incubación de 5 a 14 días, desencadenando fiebre, escalofríos, cefaleas, dolores musculares y tos seca.

Ante un diagnóstico oportuno, la OMS precisa que el patógeno se combate con éxito mediante el uso de antibióticos específicos.

Los depósitos de guano seco propician la proliferación de hongos

La acumulación de excrementos en cornisas, balcones y techos genera un entorno propicio para hongos patógenos. Según los CDC de Estados Unidos, las concentraciones de materia fecal incrementan la exposición a Cryptococcus neoformans, hongo causante de la criptococosis. La infección se adquiere por vía aérea al aspirar esporas, aunque la autoridad sanitaria aclara que la mayoría de expuestos no enferma.

Sin embargo, la criptococosis representa un riesgo alto para personas inmunocomprometidas, en quienes el hongo puede alojarse en los pulmones y derivar en meningitis.

De modo paralelo, los CDC relacionan el guano acumulado con la histoplasmosis, afección producida por el hongo Histoplasma. Aunque las aves no albergan este organismo en su cuerpo, la remoción de polvo contaminado agita partículas infecciosas que entran al sistema respiratorio humano al manipular suelos secos.

  •  

El aumento del riesgo de extinción rara vez impulsa a los zoológicos a ampliar sus poblaciones

El aumento del riesgo en la Lista Roja de la UICN no incrementa la probabilidad de que los zoológicos incorporen especies amenazadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio de la Universidad de Nottingham Trent indicó que el aumento del riesgo de extinción rara vez lleva a los zoológicos a incrementar sus poblaciones de esas especies, tras analizar más de 7.200 animales en 613 instituciones de 72 países durante 30 años.

La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, comparó los cambios en las colecciones zoológicas con las variaciones en la protección y el estado de conservación de cada especie. El equipo examinó información aportada por la organización sin fines de lucro Species360.

El análisis incluyó las modificaciones en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una clasificación que mide el peligro de desaparición de las especies, además de las restricciones al comercio internacional y la participación en planes de reproducción en cautividad.

El deterioro de una especie no suele cambiar las colecciones

Un estudio de la Universidad de Nottingham Trent analizó más de 7.200 animales en 613 zoológicos de 72 países durante 30 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio detectó que los animales que pasaron a enfrentar un mayor peligro en la Lista Roja de la UICN, o que recibieron controles comerciales más estrictos, no tuvieron una mayor probabilidad de ser incorporados por otros zoológicos.

De acuerdo con la investigación, la tendencia también fue estable en el sentido opuesto: cuando una especie redujo su nivel de amenaza o sus límites al comercio se hicieron menos estrictos, por lo general no desapareció de las colecciones de los centros que ya la albergaban.

La profesora Samantha Ward, especialista en bienestar animal y legislación de zoológicos de la Universidad de Nottingham Trent, afirmó que el equipo identificó “una deficiencia en la conservación en los zoológicos, ya que la mayoría no aumentó sistemáticamente su apoyo a las especies a medida que aumentaba la preocupación por su conservación, ni lo redujo cuando disminuía”.

Los programas de cría determinan más cambios que la amenaza

Los programas de conservación ex situ incluyeron planes para el cóndor de California, el hurón de patas negras y el orix árabe (Imagen Ilustrativa Infobae)

La participación en programas coordinados de manejo o reproducción fue el principal elemento asociado al crecimiento de las poblaciones animales en los zoológicos. Este factor tuvo mayor peso que las variaciones en el nivel de riesgo de extinción o en las normas de protección comercial.

Los investigadores sostuvieron que estos programas son una de las herramientas más eficaces disponibles para el sector. Su objetivo es gestionar las poblaciones mantenidas fuera de su hábitat natural, una estrategia conocida como conservación ex situ, con el fin de preservar especies y favorecer su recuperación.

El estudio recordó antecedentes de planes de recuperación para el cóndor de California, el hurón de patas negras y el orix árabe. Sin embargo, también señaló que algunos programas de cría que están creciendo incluyen individuos con un riesgo de extinción bajo.

Ward señaló que “las especies gestionadas a través de programas de cría en zoológicos, incluidas las favoritas de los visitantes, tenían más probabilidades de expandirse”. Esa relación, según el trabajo, ayuda a explicar por qué las decisiones de las instituciones no dependen solo de los cambios en las clasificaciones de amenaza.

Los animales populares también ganan espacio en los recintos

Especies domésticas y de alta atracción de visitantes como gallinas, cabras, suricatos y ovejas ganaron presencia en los recintos (Magnific)

Entre las especies con mayores aumentos dentro de las colecciones figuran animales domésticos, reptiles comercializados como mascotas y ejemplares populares entre el público. Las gallinas, cabras, suricatos y ovejas estuvieron entre los casos destacados por el análisis.

Esta presencia sugiere que la participación de los visitantes y los recursos que generan continúan influyendo en las decisiones de adquisición, junto con los criterios formales de protección.

La autora principal, Hannah Jenkins, realizó la investigación durante su doctorado en la Universidad de Nottingham Trent. “Lo que nos sorprendió no fue la falta de compromiso, sino la poca frecuencia con la que un cambio en el estado de conservación de una especie por sí solo parecía tener un impacto significativo”, declaró.

Presiones que condicionan la conservación

La falta de espacio, el desconocimiento biológico y la escasez de personal especializado condicionan el ingreso de animales escasos a los zoológicos (Magnific)

La investigadora explicó que la planificación implica evaluar varios factores a la vez. “Los zoológicos sopesan el valor de la conservación frente al espacio, el bienestar, el costo y la participación de los visitantes”, dijo Jenkins, quien añadió que esas decisiones suelen tomarse sin un marco compartido y estandarizado.

El espacio disponible dentro de cada zoológico es limitado y algunos de los animales más escasos presentan dificultades adicionales. El conocimiento sobre cómo alojarlas, alimentarlas o favorecer su reproducción puede ser insuficiente, mientras que la falta de personal especializado representa otra restricción.

El equipo propuso elaborar marcos de planificación de especies más estratégicos y comunes para todo el sector. Estos mecanismos buscarían ayudar a las instituciones a ponderar de forma más clara los objetivos de preservación frente a las demás presiones, sin reemplazar las decisiones que ya adoptan las instituciones.

  •  

Un estudio revela qué hace envejecer a una hidra considerada biológicamente inmortal

Los embriones surgidos de la reproducción sexual resisten temperaturas inferiores en lagos de montaña, mientras los organismos progenitores pierden su condición de inmortalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un pequeño animal de agua dulce puede mantenerse sin signos de envejecimiento, hasta que baja la temperatura. Se trata de la Hydra oligactis, una especie que, con alimentación y condiciones térmicas adecuadas, conserva esa capacidad excepcional. Una investigación de la Universidad de Innsbruck examinó cómo el frío activa su reproducción sexual y desencadena el deterioro biológico.

La clave está en una transición que transforma su forma de generar descendencia. Este pólipo suele reproducirse asexualmente mediante clonación, sin espermatozoides ni óvulos. Ante las bajas temperaturas, comienza a producir células sexuales, un cambio que el equipo analizó a través de sus efectos sobre el metabolismo.

El cambio podría relacionarse con su vida en lagos de alta montaña: los embriones de reproducción sexual resisten temperaturas más bajas, mientras los progenitores pierden su inmortalidad. Otras hidras no envejecen, incluso bajo estrés ambiental o durante su ciclo reproductivo.

El trabajo, publicado en Aging Cell, no plantea que los resultados en Hydra puedan trasladarse de manera directa a las personas, pero sitúa a esta especie dentro de un marco comparativo para estudiar el proceso de vejez.

El frío cambia el metabolismo y acelera el envejecimiento

Las bajas temperaturas activan la reproducción sexual y el envejecimiento de la Hydra oligactis, según una investigación de la Universidad de Innsbruck (Gentileza, estudio: Firmas metabólicas del envejecimiento y la gametogénesis en Hydra oligactis, publicado en Aging Cell)

Las biólogas Nicki Marami-Zonouz e Ilse Kranner, integrantes del programa doctoral ARDRE, estudiaron los productos metabólicos de Hydra oligactis para identificar qué sucede durante el proceso de vejez inducido por el frío.

El metabolismo comprende las reacciones químicas que permiten a un organismo obtener y utilizar energía, además de mantener sus funciones vitales.

El análisis mostró una huella bioquímica del envejecimiento: algunos compuestos aumentaron de manera gradual a medida que avanzaba el deterioro; otros descendieron de forma constante, y un tercer grupo alcanzó sus valores más altos cuando los animales llegaron a la madurez sexual.

Los resultados distinguieron respuestas entre machos y hembras. Según el trabajo, esa diferencia fue destacada porque el metabolismo femenino sigue poco representado en estudios biomédicos. La comparación permitió observar que el deterioro no sigue exactamente el mismo curso en ambos sexos de este pólipo.

El estudio constató diferencias en las respuestas metabólicas entre machos y hembras ante el estrés ambiental provocado por el frío (Gentileza, estudio: Firmas metabólicas del envejecimiento y la gametogénesis en Hydra oligactis, publicado en Aging Cell)

La producción de espermatozoides y óvulos coincidió, además, con señales de muerte celular masiva y controlada, denominada apoptosis. Se trata de un mecanismo mediante el cual las células eliminan su propia actividad de forma programada.

En términos bioquímicos, el fenómeno estuvo asociado a un incremento pronunciado del ácido úrico, que surge de la degradación de purinas y puede ser consecuencia de esa eliminación celular.

La taurina revirtió la transición reproductiva en las hidras

Uno de los hallazgos centrales fue la reducción de la taurina a medida que las hidras envejecían. La sustancia es un ácido aminosulfónico esencial para los seres humanos y participa en diversas funciones del organismo. En los animales examinados, su caída acompañó el paso desde la reproducción asexual hacia la sexual.

Cuando los investigadores suministraron taurina a las hidras, observaron un “proceso antienvejecimiento” que revirtió la transición reproductiva. Es decir, la suplementación impidió que los pólipos avanzaran hacia el mecanismo sexual desencadenado por las bajas temperaturas, según los resultados recogidos en el estudio.

La reducción de los niveles de taurina observada en estos pólipos coincide con patrones registrados previamente en mamíferos de edad avanzada (Imagen Ilustrativa Infobae)

La observación se vincula con investigaciones previas en mamíferos, donde se constató que los niveles de taurina disminuyen con la edad y que su administración puede extender el período de vida saludable.

Un modelo para estudiar el envejecimiento

El coautor Bert Hobmayer, del Instituto de Zoología, señaló: “Con los resultados de este estudio, podemos, por primera vez, vincular el envejecimiento de estos animales primitivos con el de los vertebrados y los humanos”.

También indicó que la especie permite establecer una comparación directa con otras hidras consideradas inmortales y añadió que “la Hydra oligactis constituye, por lo tanto, un vínculo fascinante entre los vertebrados y las hidras”, organismos mucho más antiguos desde el punto de vista evolutivo.

Aunque presenta una estructura corporal simple y pocos tipos de células, comparte una parte importante de su composición genética con los vertebrados, lo que la convierte en un posible organismo modelo para analizar mecanismos básicos del deterioro.

  •  

Los gansos egipcios invasores aprovechan cultivos y transportan parásitos en Alemania

El maíz concentró el 46 por ciento de la dieta detectada y el 58 por ciento del peso total de los alimentos analizados en los buches (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los gansos egipcios invasores de la región alemana de Wetterau aprovechan cultivos como el maíz, cereales y gramíneas, además de portar una variedad de parásitos, según una investigación de cuatro años realizada por el Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Clima Senckenberg y la Universidad Goethe de Fráncfort.

El estudio, publicado en International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife, examinó la alimentación de 100 aves y los parásitos de 25 ejemplares por año, muestreadas cerca de Nieder-Wöllstadt y Dortelweil, dentro del proyecto ZOWIAC.

La investigación busca aportar datos para evaluar los efectos ecológicos y económicos de la expansión de esta especie originaria de África, introducida en Europa como ave ornamental entre los siglos XVII y XX.

El maíz concentró la mayor parte de la alimentación registrada

El Centro Senckenberg y la Universidad Goethe de Fráncfort evaluaron durante cuatro años el impacto ambiental del ganso egipcio en Alemania (Gentileza, estudio: Investigaciones dietéticas y parasitológicas plurianuales de gansos egipcios invasores ( Alopochen aegyptiaca ) en el centro de Alemania, publicado en International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife)

Los investigadores analizaron el contenido del buche, una parte del aparato digestivo donde los alimentos permanecen en gran medida sin digerir; esa característica permitió determinar con mayor precisión qué habían consumido las aves antes de ser examinadas.

El maíz, los cereales y las gramíneas fueron los componentes predominantes de la dieta durante todos los períodos analizados. El primero representó el 46% de los alimentos detectados y el 58% de su peso total, una proporción que mostró el uso intensivo de recursos vinculados a la actividad humana.

La presencia de maíz fue mayor entre 2021 y 2022, cuando se detectó en el 95% de los gansos egipcios (Alopochen aegyptiaca) estudiados. Las aves fueron obtenidas durante operaciones de caza habituales en una zona con terrenos agrícolas, numerosos campos de ese cereal y áreas próximas al río Nidda.

La especie combina vegetales con alimentos de origen animal

Los investigadores encontraron restos de fresas verdes que evidencian el aprovechamiento de recursos asociados a la actividad humana (Gentileza, estudio: Investigaciones dietéticas y parasitológicas plurianuales de gansos egipcios invasores ( Alopochen aegyptiaca ) en el centro de Alemania, publicado en International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife)

Aunque suele clasificarse al ganso egipcio como herbívoro, el análisis detectó también alimentos animales. Entre los restos hallados había lombrices de tierra y bivalvos, moluscos con dos conchas, lo que indica que la especie aprovecha distintos recursos según su disponibilidad.

La autora principal, Anna Viktoria Schantz, explicó el método empleado: “Dado que el alimento en el buche aún está en gran parte sin digerir, esto proporciona una forma particularmente buena de determinar qué comen las aves”. El estudio incluso encontró incluso fresas durante uno de los años de muestreo.

Además, señaló que esos frutos todavía no habían llegado a su madurez natural en el momento de la toma de muestras. Por ello, planteó que podrían haber sido suministrados por personas o que las aves accedieron a ellos por otra vía. El hallazgo se suma a los indicios de que estos animales explotan alimentos asociados a entornos intervenidos.

La concentración de aves puede abrir conflictos con la agricultura

La concentración de grandes bandadas de gansos en zonas de cultivo plantea riesgos económicos y posibles conflictos con la agricultura (Gentileza, estudio: Investigaciones dietéticas y parasitológicas plurianuales de gansos egipcios invasores ( Alopochen aegyptiaca ) en el centro de Alemania, publicado en International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife)

El investigador Sven Klimpel, del Centro Senckenberg y de la Universidad Goethe de Fráncfort, afirmó que “los gansos egipcios consumen los alimentos que son abundantes y están fácilmente disponibles; comen lo que encuentran a su paso”.

La ingesta ocasional de cultivos no implica por sí misma daños relevantes ni pérdidas aseguradas para los productores. Sin embargo, el estudio advierte que la presencia frecuente de grandes grupos en una misma zona puede generar conflictos con la agricultura, especialmente en áreas de cultivo de maíz.

En la distribución natural de la especie ya se documentaron consecuencias negativas sobre el rendimiento agrícola. En Alemania, un relevamiento nacional realizado entre 2017 y 2022 estimó que se reproducen entre 11.000 y 15.500 parejas de Alopochen aegyptiaca. Desde 2017, figura en la lista de especies exóticas invasoras de interés para la Unión Europea.

Siete parásitos fueron registrados por primera vez en Europa

El gusano intestinal Polymorphus minutus infectó a la mitad de los gansos tras el consumo de pequeños crustáceos en el agua (Gentileza, estudio: Investigaciones dietéticas y parasitológicas plurianuales de gansos egipcios invasores ( Alopochen aegyptiaca ) en el centro de Alemania, publicado en International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife)

Además de la dieta, el equipo examinó ectoparásitos, que viven sobre el cuerpo del animal, y endoparásitos, que habitan en su interior. Los especialistas identificaron 17 especies de parásitos en los ejemplares analizados. Siete de ellas se registraron por primera vez en gansos egipcios de Europa.

Entre los organismos detectados estuvo Polymorphus minutus, un gusano de cabeza espinosa que afecta el intestino delgado de aves acuáticas. Apareció en aproximadamente el 50% de los gansos examinados. El parásito utiliza copépodos, pequeños crustáceos acuáticos, como huéspedes intermedios antes de llegar a las aves.

“Los parásitos pueden servir como indicadores fiables de la dieta y el estilo de vida de los animales huéspedes”, afirmó Schantz. La detección de P. minutus permite inferir que los animales infectados ingirieron copépodos, que actúan como huéspedes intermediarios en el ciclo de vida del parásito.

Klimpel señaló que las aves “no solo provocan conflictos en parques y piscinas al aire libre, sino que también utilizan tierras agrícolas como fuente de alimento, lo que puede suponer riesgos económicos”.

Los autores añadieron que la diversidad parasitaria también es un motivo de atención para las aves domésticas y de corral. Los investigadores consideran necesarios estudios durante todo el año, dado que la dieta y la presencia de parásitos cambian según la estación, el hábitat y las condiciones climáticas.

  •  

Cómo las mariposas usan patrones en sus alas para confundir a los depredadores

Las señales falsas de movimiento alteran el ataque balístico de las aves en los milisegundos previos a la captura (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la Universidad de Exeter y la Universidad de Essex informaron que los patrones y el movimiento de las alas de las mariposas generan ilusiones ópticas capaces de confundir a los depredadores.

El estudio, publicado en Nature, plantea que rayas y manchas no solo vuelven visibles a estos insectos: también alteran la percepción de la velocidad y la dirección de su desplazamiento. Esa confusión afecta los instantes finales del ataque, cuando el depredador debe calcular con precisión dónde estará su presa.

El trabajo ofrece una explicación para un fenómeno que había resultado difícil de comprender. Aunque numerosas mariposas presentan colores y patrones llamativos, pocos animales se especializan en cazarlas mientras vuelan. Las polillas, en cambio, son perseguidas por una variedad más amplia de depredadores aéreos que emplean la vista.

Los diseños de las alas alteran el cálculo visual del depredador

Un estudio de las universidades de Exeter y Essex demostró que los patrones de las mariposas generan ilusiones ópticas ante sus depredadores (Imagen Ilustrativa Infobae)

El doctor George Hancock, del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter, explicó que “las rayas y manchas en las alas de muchas mariposas interfieren con la forma en que los sistemas visuales intentan adivinar la dirección y la velocidad de los objetos en movimiento”.

Esto incrementa las señales de movimiento falsas e impide que se identifique la dirección real que toma la mariposa. La consecuencia aparece durante el llamado “ataque balístico”, la fase final en la que un ave lanza su pico hacia el lugar donde calcula que estará la presa.

Hancock señaló que las ilusiones “interrumpen el ‘ataque balístico’ final en las decenas de milisegundos en que se decide a atrapar a su presa, sin tiempo para cambiar de rumbo”. En ese sentido, indicó que como resultado, las aves y otros depredadores “a menudo simplemente fallan”.

El aleteo produce un efecto similar al de un poste de barbero

El cambio de ángulo en las franjas de las alas produce un efecto semejante a la ilusión del poste de barbero (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los científicos compararon el mecanismo con la ilusión del poste de barbero, formado por franjas diagonales que parecen desplazarse verticalmente cuando, en realidad, el cilindro gira sobre su eje.

En los insectos, el efecto oFilusicurre porque las alas se deforman durante el vuelo: se aproximan durante el ascenso y se separan al descender. El doctor Jolyon Troscianko, también de la Universidad de Exeter, indicó que las franjas cambian de ángulo a medida que el insecto aletea.

“Combinado con sus trayectorias de vuelo impredecibles, este patrón crea ilusiones ópticas engañosas, al igual que el poste de barbero, lo que provoca que el depredador falle por completo o que ataque una parte menos vulnerable del ala, como el ala posterior o la cola”, afirmó.

Durante el desarrollo del estudio, el equipo procesó un video a cámara lenta mediante un modelo informático que reproduce la visión de las aves. Troscianko relató que observó “un brillo que indicaba un movimiento hacia abajo, aunque la mariposa se movía hacia arriba”.

En un primer momento revisó si se trataba de un fallo de programación, pero luego entendió que esa percepción invertida podía ser un recurso para engañar a los depredadores.

Las cámaras registraron el engaño en vuelo

Una simulación informática con más de 50.000 patrones generó diseños que coinciden con los que existen en la naturaleza (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para examinar la hipótesis, los investigadores filmaron mariposas reales durante el despegue con cámaras que superaron los 1.000 fotogramas por segundo. Esas imágenes permitieron observar cómo se comportan los diseños alares en vuelo desde una perspectiva adaptada a la visión de las aves.

Después evaluaron los patrones de alrededor de 400 mariposas europeas y determinaron que las señales que inducen ilusiones de movimiento están extendidas.

También convocaron a 100 voluntarios para que actuaran como depredadores en una pantalla táctil: debían intentar atrapar ejemplares virtuales y así medir de qué forma los diseños influían en los ataques.

La última etapa utilizó una simulación informática para generar más de 50.000 patrones de alas desde puntos de partida aleatorios. El programa seleccionó los diseños que producían mayor confusión visual.

Los modelos terminaron por parecerse a patrones existentes en la naturaleza, un resultado que, según los autores, apunta a la importancia de este mecanismo en la evolución de las estructuras alares.

La ilusión óptica podría aparecer en otras especies

Los científicos filmaron despegues a más de 1.000 fotogramas por segundo y evaluaron 400 mariposas europeas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio propone que, en vuelo, los colores funcionan como una defensa distinta del camuflaje que emplean cuando descansan. Hancock sostuvo que la investigación permite entender por qué especies muy visibles pueden conservar ventajas frente a quienes las persiguen.

“Puede parecer extraño que una mariposa haya evolucionado para ser tan visible, sobre todo teniendo en cuenta que muy pocas especies europeas son tóxicas o desagradables al paladar”, señaló.

Troscianko añadió que se planteó desde hace tiempo que los diseños de cebras y serpientes podrían confundir la percepción del movimiento, aunque faltaban pruebas firmes. A su juicio, el método utilizado permite analizar ese fenómeno en otras especies, desde el aleteo de las aves hasta el movimiento de las colas de lagartos y peces.

  •  

El cólera aviar, detrás de la muerte masiva de pingüinos en la Antártida

Los investigadores contabilizaron 537 cadáveres de pingüinos en el área de desembarco de la isla Heroina, entre adultos y crías (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una expedición internacional determinó, tras análisis de laboratorio y exámenes patológicos realizados sobre animales hallados en las Islas Peligrosas, que el cólera aviar fue la causa principal de la muerte masiva de pingüinos Adelia en 2024.

El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, comenzó en marzo de 2024, cuando el grupo científico llegó al archipiélago antártico, donde viven más de 1,2 millones de parejas reproductoras de pingüinos Adelia.

En Heroina, se encontraron con 537 cadáveres de estos animales en el área de desembarco: 172 adultos y 365 crías, la mayoría cerca de abandonar el nido; y en una meseta de la isla había, además, cientos o posiblemente miles de cadáveres.

En cambio, en Beagle también había muchos cadáveres, pero la nieve intensa y las condiciones de navegación impidieron cuantificar el evento con más exactitud.

La bacteria apareció en 46 de los 49 animales analizados

Una expedición científica determinó que el cólera aviar causó la muerte masiva de pingüinos Adelia en las Islas Peligrosas en 2024 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cercanía temporal de la llegada del H5N1 a la Península Antártica llevó a sospechar inicialmente de una influenza aviar de alta patogenicidad. Sin embargo, las evaluaciones posteriores identificaron otro agente: la bacteria Pasteurella multocida, causante del cólera aviar.

Los resultados detectaron esta bacteria en 46 de los 49 animales examinados, mientras que el H5N1 solo fue identificado en pocos casos. El cólera aviar es una enfermedad bacteriana que puede provocar muertes en aves silvestres, y su presencia explica la mayor parte de los decesos estudiados en esas colonias.

Aunque la influenza aviar sigue preocupando a los investigadores por su asociación con la mortalidad de aves marinas en la Antártida, el hallazgo cambia la hipótesis inicial sobre el episodio, ya que en esta situación no fue la causa dominante.

Ralph Vanstreels, veterinario especializado en fauna silvestre del Programa para América Latina del Instituto One Health de la Universidad de California en Davis, participó en el estudio. El especialista trabajó en investigaciones de brotes y mortandades masivas de animales silvestres en América Latina y el continente antártico.

Los análisis de laboratorio detectaron la bacteria Pasteurella multocida en 46 de los 49 animales examinados (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Nos preocupa mucho el impacto de la gripe aviar en la fauna antártica, ya que los virus H5N1 se han relacionado con la mortalidad de aves marinas en la Antártida”, declaró Vanstreels. A la vez, advirtió: “Sin embargo, este caso nos recuerda que otros patógenos siguen circulando y causando mortalidad en estas poblaciones”.

La cepa circula en la región desde hace al menos dos décadas

El análisis genético de las muestras permitió establecer que la bacteria relacionada con este brote guarda una estrecha relación con una cepa identificada en aves marinas antárticas más de 20 años atrás. Esa coincidencia plantea que el cólera aviar ha estado presente en la región durante, como mínimo, dos décadas.

Los científicos también encontraron conexiones genéticas con cepas detectadas en el océano Austral, a más de 8.000 kilómetros de distancia. El dato muestra que el patógeno no estaría limitado a un único punto del territorio antártico, aunque la investigación no precisa el recorrido que siguió la bacteria entre los lugares señalados.

Matteo Iervolino, autor principal del estudio e integrante de la Universidad Erasmus, sostuvo que el caso puede ampliar el conocimiento sobre los riesgos sanitarios de la fauna de la zona.

Las pruebas descartaron al virus de gripe aviar H5N1 como el factor dominante detrás de los decesos en la colonia (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Los hallazgos sugieren que el cólera aviar podría ser una causa de mortalidad de aves marinas en la Antártida más extendida y subestimada de lo que se creía”, afirmó.

El investigador añadió que los resultados “también subrayan la importancia de una vigilancia constante de la salud de la fauna silvestre en ecosistemas remotos, donde los brotes pueden pasar desapercibidos o sin investigar”.

Entre las hipótesis de transmisión figuran agua o nieve contaminadas, contacto entre aves, secreciones, heces y consumo de animales infectados. Para distinguir las causas de muerte ante la coexistencia de ambas enfermedades, es necesario realizar estudios específicos y un seguimiento en la región.

  •  
❌