❌

Reading view

Japón reinventa sus rituales funerarios ante el colapso demográfico y el alto costo de morir

El costo conjunto de un funeral y una sepultura en Japón absorbe casi el 60% del ingreso anual promedio - Europa Press

En las autopistas de Tokio, donde cerca de un millón de vehículos circulan a diario, los carteles publicitarios ofrecen desde clínicas dentales hasta hoteles y neumáticos. Pero entre esa maraña comercial hay un producto que domina el paisaje visual: los funerales económicos.

La muerte, en Japón, se convirtió en un negocio urgente y en un problema social que está obligando a millones de familias a reinventar tradiciones centenarias para despedir a sus muertos, según un análisis publicado por The Conversation de la profesora de religión Mimi Hanaoka, de la Universidad de Richmond.

Durante generaciones, el sistema funerario japonés descansó sobre una red de templos budistas, lazos familiares y vínculos comunitarios que sostenían los rituales desde la cremación hasta el cuidado perpetuo de las tumbas. Ese modelo, sin embargo, enfrenta hoy una crisis estructural impulsada por el costo, la demografía y la escasez de espacio.

Según la 6ª Encuesta Nacional sobre Funerales (2024) realizada por la firma Kamakura Shinsho, un funeral promedio en Japón cuesta aproximadamente 1,2 millones de yenes —unos USD 7.600—, cifra que equivale a cerca de una cuarta parte del salario bruto anual de un trabajador medio.

Las autopistas de Tokio exhiben carteles de servicios funerarios económicos ante la crisis del sistema mortuorio tradicional -  (Adobe Stock).

Si a eso se le suma la compra de la lápida, el uso de la parcela y las tarifas de cementerio, el total asciende a unos 1,52 millones de yenes (cerca de USD 10.000), según datos de 2025 de la Encuesta Nacional de Consumidores de Tumbas de la misma firma, lo que eleva el gasto combinado a casi el 60% del ingreso anual promedio.

Los costos, además, no se extinguen con el entierro. Los cementerios municipales y privados cobran tasas anuales de mantenimiento del terreno, y los templos budistas perciben honorarios por los rituales periódicos que, según la tradición, benefician al difunto en el más allá. Si los descendientes dejan de pagar o abandonan la tumba, el cementerio o el templo pueden reclamarla y trasladar los restos a un osario comunal.

Con la tasa de natalidad en caída sostenida, cada vez hay menos personas disponibles para asumir esas obligaciones, lo que convierte el mantenimiento de la tumba familiar en una carga logística, económica y emocional que muchos ya no están dispuestos a heredar.

La cremación como punto de partida de un sistema en transformación

El rito funerario japonés combina cremación y entierro en dos fases diferenciadas. Primero, el cuerpo se crema en un ataúd; luego, los familiares colocan parte o la totalidad de los fragmentos óseos en una urna funeraria que se lleva al hogar y se deposita en un altar budista. Semanas, meses o incluso años después, los restos se trasladan a una tumba, un osario o un columbario permanente conocido como nōkotsudō.

La cremación abarca entre el 99,7% y el 99,9% de los fallecimientos registrados en el territorio japonés. - REUTERS/Issei Kato

Entre el 99,7% y el 99,9% de los fallecidos son cremados: en cualquier año dado, menos de 400 personas reciben sepultura sin pasar por ese proceso. A ese ciclo se le suman rituales budistas semanales durante los primeros 49 días posteriores al deceso y ceremonias periódicas que se extienden, como mínimo, hasta el tercer aniversario de la muerte.

La combinación de una población que se reduce, parcelas funerarias limitadas y costos que se perpetúan en el tiempo empuja a los japoneses hacia alternativas al entierro tradicional. Una de las más extendidas es el jumokusō o “entierro arbóreo”, en el que los huesos o cenizas del difunto se depositan en la tierra junto a un árbol o en sus inmediaciones. Según la 13.ª Encuesta Nacional de Consumidores de Tumbas (2022), elaborada por Kamakura Shinsho, esta modalidad representa ya el 41,5% de todas las tumbas nuevas en el país.

Dos cementerios públicos de la metrópolis de Tokio ofrecen ahora un formato denominado jūrin-gata (“tipo bosque”), donde los restos cremados se colocan en bolsas de seda y se entierran en una parcela designada sin que el titular deba pagar tarifas de mantenimiento a perpetuidad. A diferencia de las tumbas convencionales en cementerios metropolitanos —donde las parcelas se asignan por orden de llegada y no pueden reservarse en vida—, el entierro arbóreo permite que una persona elija y asegure su lugar con anticipación.

Budas de hueso y el cierre definitivo de las tumbas familiares

Otras soluciones revelan una creatividad que bordea lo artístico. Los kotsubotoke o “budas de hueso” son esculturas del Buda Amida —el Buda de la Luz Infinita, figura central en las prácticas mortuorias japonesas— fabricadas a partir de restos cremados de decenas e incluso cientos de miles de personas, pulverizados hasta convertirlos en ceniza fina y luego comprimidos en estatuas.

Ciertos templos budistas elaboran esculturas de Buda con restos humanos pulverizados de miles de personas - (Kyodo News vía AP)

Históricamente, esta práctica surgió como respuesta al problema de los templos que acumulaban restos de personas sin deudos: pobres, viajeros y extranjeros. Hoy, los escasos templos que mantienen esta tradición aceptan cantidades mínimas de hueso —apenas unos gramos— y los almacenan hasta reunir el volumen necesario para construir una nueva figura.

En el otro extremo del espectro se encuentra el hakajimai o “cierre de tumba”, un proceso mediante el cual las urnas enterradas en una sepultura familiar se exhuman y los restos se trasladan a un osario comunal. Con ese acto, la familia queda liberada de la responsabilidad de mantener el sepulcro y de trasladar esa carga a las generaciones futuras. Las tumbas abandonadas y descuidadas se perciben en Japón como un síntoma visible de la disolución del sistema familiar tradicional, y el hakajimai ofrece una salida formal a ese deterioro.

Según publicó Mimi Hanaoka, profesora de religión de la Universidad de Richmond, en The Conversation, los muertos, en la cultura japonesa, no dejan de pertenecer al mundo social de los vivos. Las obligaciones rituales y los lazos familiares mantienen esa conexión a través de las generaciones.

Lo que está cambiando no es el vínculo, sino la forma de sostenerlo: frente a la presión económica y demográfica, los japoneses están rediseñando sus prácticas funerarias para conservar ese lazo sin que el peso de la tradición se convierta en una herencia insostenible.

  •  

Un análisis computacional afirma que Shakespeare y Marlowe escribieron juntos “Eduardo III”, la obra anónima de 1596

Un análisis computacional de las universidades de Kent y Leeds confirmó que William Shakespeare y Christopher Marlowe escribieron juntos la obra Eduardo III - (Public Domain)

Dos dramaturgos nacidos con pocas semanas de diferencia en 1564, William Shakespeare y Christopher Marlowe, escribieron juntos Eduardo III, una obra teatral publicada de forma anónima en 1596 cuya autoría llevaba más de cuatro siglos sin resolverse.

Así lo confirma una investigación basada en análisis lingüístico computacional que atribuye al autor de Stratford-upon-Avon 23 de los 32 fragmentos analizados —cerca del 72 % del texto— y los 9 restantes a Marlowe, el célebre autor de Doctor Fausto y, paradójicamente, de Eduardo II.

El estudio, adelantado por The Guardian y publicado en la Universidad de Kent, es obra conjunta de Rory Loughnane, profesor de estudios de la Edad Moderna en esa institución y editor general del proyecto editorial Oxford Marlowe, y de Brett Greatley-Hirsch, profesor de literatura renacentista y estudios textuales en la Universidad de Leeds. Ambos sostienen que la coautoría ha quedado demostrada «sin lugar a dudas».

El análisis comparó el texto con obras de diez dramaturgos de la época

En lugar de apoyarse en la lectura impresionista tradicional, los investigadores aplicaron métodos de atribución digital que evalúan la distribución de marcadores lingüísticos únicos, palabras funcionales y perfiles de vocabulario a lo largo del texto. El procedimiento dividió Eduardo III en fragmentos y los comparó con obras de diez dramaturgos cuya autoría está confirmada y que estuvieron activos entre finales de la década de 1580 y mediados de la de 1590.

“Lo que hace que las pruebas sean especialmente convincentes es que no nos basamos en una simple coincidencia verbal ni en una prueba estadística aislada. Distintas formas de análisis, que examinan diferentes características del lenguaje, parecen distinguir reiteradamente la escritura de Marlowe de la de Shakespeare dentro de la obra”, declaró Greatley-Hirsch a The Guardian.

El estudio atribuyó a Shakespeare cerca del 72 % del texto analizado y asignó a Marlowe los nueve fragmentos restantes

Uno de los indicadores empleados es el uso recurrente del término martial —relativo a la guerra— en los textos de Marlowe, una palabra que aparece con menor frecuencia en la producción de otros autores de la época. Los investigadores también evaluaron la distancia entre palabras dentro de las oraciones y la repetición de vocablos característicos de cada dramaturgo.

Las escenas de la Condesa son de Shakespeare; el final, de Marlowe

Los resultados permiten identificar qué partes de la obra corresponden a cada autor. Las escenas de la Condesa, en las que el rey Eduardo intenta seducir a la condesa de Salisbury, fueron escritas por Shakespeare. También se le atribuye un pasaje de la escena 13, cuando un oscurecimiento del cielo provoca temor en el campamento francés y el rey Juan exclama: “A sudden darkness hath defaced the sky…” (“Una oscuridad repentina ha afeado el cielo…”).

La mano de Marlowe, en cambio, se detecta en las escenas finales que involucran la captura del rey Juan y el príncipe Carlos y la rendición masiva de los franceses en Calais. Un pasaje atribuido al poeta de Canterbury reza: “Great servitor to bloody Mars in arms, / The Frenchman’s terror and his country’s fame” (“Gran servidor del sangriento Marte en armas, / terror de los franceses y fama de su patria”).

La rivalidad entre ambos era en realidad una relación de colaboración

“Nos hemos acostumbrado a pensar en Marlowe y Shakespeare como rivales: dos autores excepcionales, nacidos con pocas semanas de diferencia, que se labraron un nombre en el mismo mundo teatral de finales de la década de 1580 y principios de la de 1590. Pero ahora sabemos que su relación era mucho más compleja. No eran simplemente rivales ni se influenciaban mutuamente”, declaró Loughnane a The Guardian.

El hallazgo se suma a un estudio de 2016 que determinó que Marlowe fue coautor de las tres obras de Shakespeare sobre Enrique VI. Según los investigadores, la colaboración en Eduardo III, fechada en 1592, sugiere una relación de escritura más prolongada entre mediados y finales de la veintena de ambos dramaturgos.

Los resultados del análisis formarán parte de la revista Shakespeare Quarterly y del nuevo libro Shakespeare at Thirty - ¿Es Hamnet la historia real de Shakespeare, de su mujer y de sus hijos?
SOCIEDAD 
UNIVERSAL PICTURES

“El descubrimiento nos ayuda a ver de otra manera al joven Shakespeare. El Shakespeare de principios de la década de 1590 no era todavía el genio nacional solitario construido por generaciones posteriores. Era un dramaturgo ambicioso que trabajaba en una industria teatral extraordinariamente colaborativa. Escribía con otros dramaturgos, aprendía de ellos, competía con ellos y alternaba entre proyectos colaborativos e independientes”, afirmó Loughnane al diario The Telegraph.

La obra no figuró en el Primer Folio y su autoría se discutía desde el siglo XVIII

Eduardo III, basada en la vida del rey plantagenet de Inglaterra y en los acontecimientos que precedieron a la guerra de los Cien Años —desde la invasión de Escocia hasta las batallas de Crécy y Poitiers—, no apareció en el Primer Folio publicado en 1623, la recopilación póstuma que reunió las obras de Shakespeare. Esa ausencia alimentó durante siglos el debate sobre quién la había escrito.

A comienzos del siglo XXI, investigaciones anteriores atribuyeron a Shakespeare el segundo acto. En 2016, Loughnane editó la obra para la edición New Oxford Shakespeare: Complete Works y reconoció que un par de escenas probablemente habían sido escritas por el dramaturgo de Stratford, pero señaló que se necesitaba más investigación. “Es la primera vez que esta hipótesis se plantea seriamente a esta escala”, aseguró el investigador.

Los resultados se publican en Shakespeare Quarterly y en un nuevo libro

Los hallazgos aparecerán en el número de invierno de Shakespeare Quarterly. Coinciden además con la publicación, a cargo de Princeton University Press, de Shakespeare at Thirty, el nuevo libro de Loughnane. El volumen, de 352 páginas y disponible desde el 20 de octubre a un precio de USD 29,95, ofrece un retrato del dramaturgo antes de alcanzar la fama: la primavera de 1594, cuando cumplió 30 años en medio de cierres por la peste, censura, agitación social e incertidumbre profesional.

La investigación cuenta con el respaldo de The Marlowe Project, una iniciativa de la Universidad de Kent que incluye actividades, proyectos digitales y exposiciones sobre la obra de Marlowe. Una de esas muestras, titulada The Making of Marlowe, permanece abierta en Canterbury hasta el 22 de noviembre.

  •  

La inteligencia artificial descifra 100.000 páginas manuscritas y revela dos siglos de comercio marítimo británico

Investigadores de la Universidad de Southampton emplearon inteligencia artificial para descifrar 100.000 páginas manuscritas sobre el comercio marítimo británico - Crédito: Universidad de Southampton

Cientos de miles de páginas manuscritas en pergamino, acumuladas durante más de dos siglos en los Archivos Nacionales de Kew, permanecían prácticamente inaccesibles para la investigación a gran escala. Ahora, un equipo de historiadores de la Universidad de Southampton logró descifrar mediante inteligencia artificial esos registros portuarios centenarios y transformarlos en un mapa interactivo sin precedentes que traza el ascenso de Gran Bretaña como potencia comercial marítima entre los reinados de Isabel I y Jorge III.

El trabajo, liderado por el historiador Craig Lambert, profesor de la Universidad de Southampton, consistió en escanear unas 100.000 páginas de libros de registro portuarios encuadernados en cuero que documentan viajes individuales, puertos, barcos, capitanes y cargamentos desde 1565. Un software de inteligencia artificial fue entrenado para reconocer la caligrafía de distintos funcionarios portuarios y adaptarse a los cambios ortográficos que se produjeron a lo largo de las décadas.

El Instituto de Datos Geológicos colaboró en la creación de un mapa interactivo para consultar las rutas y embarcaciones del período mercante británico  - Crédito: Universidad de Southampton

“Fue una tarea monumental, realizada a una escala nunca antes vista”, señaló Lambert, de acuerdo con lo recogido en Phys.org. “Sin la IA para extraer y organizar los datos, esto habría llevado años. Si bien aún requería verificación manual, aceleró enormemente el proceso”.

La información extraída fue traducida a una base de datos en colaboración con el Instituto de Datos Geológicos de Southampton, que sirvió como base para construir el mapa interactivo. La herramienta permite a los usuarios explorar el comercio marítimo a lo largo del tiempo desde múltiples perspectivas: rutas, mercancías, centros comerciales y embarcaciones.

Europa concentraba el 80% del valor del comercio exterior inglés

Uno de los hallazgos más llamativos del proyecto contradice la percepción habitual sobre el imperio colonial británico. Los datos correspondientes al período 1696-1697 muestran que los mercados europeos representaban alrededor del 80% del valor registrado del comercio exterior de Inglaterra, pese al creciente establecimiento de conexiones coloniales y globales.

Francia y los Países Bajos lideraron la cantidad de emplazamientos marítimos vinculados a los intercambios con Gran Bretaña - Crédito: Universidad de Southampton

De los 15 países con mayor número de emplazamientos marítimos vinculados al comercio británico, 10 se encontraban en Europa. Francia encabezó la lista con 157 emplazamientos marítimos identificados, seguida por los Países Bajos con 68. India ocupó el tercer lugar con 59.

John McAleer, profesor asociado de historia y codirector del proyecto, observó: “Incluso hace siglos, Europa era la principal región comercial de ultramar de Gran Bretaña, y aunque Gran Bretaña tenía importantes conexiones globales, la mayor parte de su comercio principal todavía se realizaba más cerca de sus propias costas”.

El mapa registra más de 3.000 puertos nacionales e internacionales

El equipo identificó más de 3.000 puertos en total, de los cuales más de 1.000 corresponden a una extensa red que recorre las vías navegables costeras e interiores del país. Dentro de Gran Bretaña, el suroeste dominó la actividad del transporte marítimo mercante con 426 emplazamientos registrados a lo largo de los siglos, seguido por el sureste con 306. La zona marítima de Londres y el Támesis concentraba por sí sola 135 puertos, muelles y desembarcaderos. Escocia contaba con 98 emplazamientos.

El carbón y la cerveza figuraron como los principales artículos de intercambio dentro de los registros portuarios analizados. - Crédito: Universidad de Southampton

Carbón, cerveza y una supuesta panacea veneciana entre las mercancías más frecuentes

Los registros también revelaron información sobre los productos que circulaban por las rutas comerciales. El carbón figuraba como el principal artículo de comercio, seguido de cerca por la cerveza. Junto a estos bienes básicos aparecían mercancías menos previsibles: juguetes infantiles, tripas de oveja, cuerdas de arco y una supuesta panacea conocida como “melaza de Venecia”.

Jason Sadler, profesor de GeoData en la Universidad de Southampton, destacó la vocación pública de la herramienta: “Queríamos que la información fuera lo más accesible posible para el público en general, los académicos y los historiadores aficionados. La gente puede explorar fácilmente los datos de diferentes períodos, centros comerciales, barcos, mercancías, rutas y mucho más”.

  •  
❌