El codiciado voto del pensionista
Diez millones de personas viven en España de la pensión que les paga la Seguridad Social. Para la inmensa mayoría, su calidad de vida depende de ese emolumento al que tienen derecho tras haber cotizado durante décadas. Se entiende, en consecuencia, la inquietud que despierta en ellos cualquier duda o incertidumbre respecto a la sostenibilidad del sistema o la posibilidad de que su pensión sea devaluada.
Esa misma preocupación se extiende a otros cinco millones largos de españoles con más de 55 años que sitúan el horizonte de su jubilación a tan solo una década. No resulta exagerado afirmar que unos 15 millones de ciudadanos que cobran o aspiran a cobrar pronto una pensión están muy pendientes de lo que los políticos digan sobre el particular. El 29 de noviembre están llamados a las urnas 38 millones de españoles con derecho a voto, el 40 por ciento de los cuales tiene su pensión presente o futura en la cabeza, lo que da una idea de su ciclópea fuerza electoral.
El de la Seguridad Social era un asunto del que el actual gobierno pensaba sacar pecho en campaña electoral al tener a gala haber defendido la revalorización de las pensiones con el IPC contra viento y marea. Una defensa acompañada de su manifestada convicción de que el sistema es sostenible a largo plazo frente a otros negros augurios. No contaban, sin embargo, con la espontánea contribución a sus intereses electorales de las voces más bisoñas de la derecha, sembrando el desasosiego en ese cuerpo electoral de 15 millones de almas.
Primero fue el osado portavoz económico de VOX, José María Figaredo, quien afirmó rotundo que el sistema estaba quebrado, pontificando a favor de un modelo mixto de reparto y capitalización. En realidad, no son precisamente los jubilados quienes más votos aportan a esa formación, pero la torpeza de su portavoz económico provocó la reacción urgente de Santiago Abascal, que emitió un confuso "las pensiones se pagarán como sea" en el intento de parar el golpe.
Por su mayor dependencia del voto pensionista, más desazón provocó en la dirección del PP el podcast de la portavoz popular Ester Muñoz asegurando que "el sistema de pensiones está petado". Toda una semana ha estado la dirección popular matizando, desmintiendo y jurando por lo más sagrado que las pensiones serían revalorizadas, mientras Sánchez les acusaba de haber "enseñado la patita" y pretender firmar la carta de defunción del estado de bienestar.
Lo cierto es que la inflación se pondrá este año por encima del 3,5%, que así habrá que revalorizar las pensiones y que ello elevará el gasto en unos 16.000 millones, situando el coste total del sistema en los 246.000 millones en 2027.
Es verdad que la Seguridad Social ha aumentado en 740.000 el número de cotizantes en el último año y que sus arcas están recaudando más que nunca, pero también es cierto que el Estado ha de transferir unos 23.000 millones anuales al sistema para equilibrar sus cuentas. Recordaba, sin embargo, el hoy presidente del Banco de España, José Luis Escrivá, que la Seguridad Social acumula más de 30 años en los que ha estado pagando prestaciones consideradas no contributivas que no le correspondían por valor de 140.000 millones.
Puede que el sistema no sea perfecto y tenga problemas que abordar y sobre los que debatir, pero hay al menos 15 millones de españoles en estado de alerta a los que no les valen los regates dialécticos, la verborrea ni el ya veremos. Siendo legítima toda propuesta, cada formación debe explicar con la mayor claridad qué piensa hacer con la Seguridad Social y sus pensiones. Y lo han de hacer antes, no después de votar.


