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De las protestas a los saqueos: los motivos tras las manifestaciones y la crisis social en Francia

El país vecino arranca su tercera semana de protestas. Pero el descontento alcanzó su punto más álgido el pasado sábado 17 de octubre, cuando medio millón de personas salieron a las calles para movilizarse en contra de la gestión del mandatario francés, Emmanuel Macron. Se trata de una de las mayores oleadas de protestas sociales en los últimos años, pero cómo se originó parecía entonces impredecible.

Los estudiantes son los que han llevado la batuta esta vez. A finales de septiembre estallaron argumentando las malas condiciones en las que se encontraban los 'lycéens' del 'banlieue', un término que usan los franceses para referirse a la periferia o los suburbios que rodean grandes ciudades como París, Lyon o Marsella. Los jóvenes denunciaron entonces la falta de profesores, de recursos públicos y, lo peor, quizás: el mal estado de las instalaciones, que en algunos casos llegaba a lo insalubre.

A los más jóvenes se sumaron también los sindicatos, trabajadores del sector público, agricultores, transportistas y otros colectivos, todo en torno al contexto presupuestario del país galo. Y es que los vecinos enfrentan dificultades para reducir su déficit fiscal y deuda pública. Además, los manifestantes consideran que la financiación para servicios básicos como la educación, la sanidad y el transporte es insuficiente.

El origen de las manifestaciones en Francia

Según recoge 'Le Monde', el primer 'blocage' tuvo lugar el 21 de septiembre en el instituto 'Saint-Exupéry', ubicado en Créteil. ¿Los motivos? La falta de personal educativo que da lugar a la cancelación de clases (9,8 % de horas de enseñanza, según el Ministerio de Educación francés); la degradación de los institutos; las clases sobrecargadas y los horarios "pesados"; y el estrés que genera 'Parcoursup', la plataforma de admisión a la educación superior que algunos estudiantes consideran poco transparente.

Los bloqueos en los institutos rápidamente se convirtieron en un medio de presión para dar visibilidad a los problemas. El 28 de septiembre, 'Le Monde' reportó perturbaciones en 180 establecimientos, según las cifras comunicadas por las autoridades. Y es que, según recogen los jóvenes y el economista francés Thomas Piketty, el presupuesto por estudiante ha disminuido un 20 % desde la llegada de Emmanuel Macron al Elíseo en 2017 y esto se ha visto reflejado en las condiciones de los suburbios.

Los chalecos amarillos y la propagación de las protestas

Tras la indignación de cientos de estudiantes, surgieron otros sectores con otras reivindicaciones. El precio del combustible, los gastos diarios y las dificultades para mantener el nivel de vida alimentaron la ira; de hecho, trajeron de vuelta a los 'Gilets jaunes' (chalecos amarillos), un movimiento que surgió en 2018, cuya movilización se vio impulsada, entre otras cosas, por los impuestos sobre los combustibles y el sentimiento de injusticia social.

Relacionado con el coste de vida, los sindicatos se han incorporado a la movilización para reclamar mejores salarios, la defensa de las pensiones y más recursos para los servicios públicos. No todos los participantes comparten el mismo programa, pero sí que expresan el mismo sentir: el de ver cómo aumentan los gastos básicos mientras que los ingresos y los servicios de los que dependen no siguen el mismo ritmo.

Una parte de los manifestantes reprocha que el 'macronismo' favorezca a los más acomodados, que no proteja lo suficiente a los hogares con menos recursos y que gobierne "sin escuchar a los ciudadanos". Las críticas son la continuación de un antiguo conflicto político en torno a las reformas económicas y sociales del líder francés.

Represión y violencia policial

La forma en que las autoridades han gestionado los bloqueos aumenta, según muchos, el furor de la protesta. Sindicatos, defensores de los alumnos e incluso políticos como Jean-Luc Mélenchon, líder de 'La France insoumise' (LFI) y Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis, han denunciado una respuesta demasiado represiva, sobre todo tras las intervenciones policiales contra los jóvenes. El Gobierno, por su parte, afirma que debe garantizar la seguridad de los alumnos, del personal y de las fuerzas del orden.

Sin embargo, la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN), encargada de investigar las presuntas irregularidades cometidas por los agentes, abrió 36 investigaciones por denuncias durante el movimiento estudiantil. Tres casos han suscitado grandes críticas: una estudiante de 16 años que perdió su ojo en Tours tras ser alcanzada por un lanzador de balas de defensa (LBD); un adolescente de 15 años que perdió una mano en la explosión de una granada aturdidora; y otro adolescente de 14 años que sufrió heridas graves en la cara en Saint-Ouen-l'Aumône tras el disparo de un lanzagranadas.

Saqueos, incendios y disturbios en Francia

Si bien la gran mayoría de las manifestaciones han transcurrido de manera pacífica. El sábado 17 de octubre, los bloqueos han reunido a estudiantes, trabajadores, sindicatos y personas movilizadas contra el encarecimiento de la vida. El Ministerio del Interior ha anunciado que han participado 550.000 personas, frente a las 800.000 que, según los organizadores, se han sumado a esta jornada nacional.

En París, Marsella, Lyon y Limoges, se han producido enfrentamientos, saqueos de comercios y el destrozo de edificios públicos. En Limoges, el edificio del ayuntamiento ardió en llamas. Las autoridades han atribuido parte de los actos violentos a grupos radicales y a individuos que se aprovecharon de las concentraciones para cometer saqueos. La Policía informó de 855 detenciones en el área metropolitana de la capital. Eso sí, es importante no confundir estos actos con el conjunto de los manifestantes, muchos de los cuales se manifestaban pacíficamente.

La jornada también ha desatado una polémica sobre la gestión del mantenimiento del orden. Los representantes locales han criticado la preparación del dispositivo de seguridad; de hecho, el ministro del Interior, Laurent Núñez-Belda, dimitió, aunque esta fue rechazada por Emmanuel Macron. El presidente condenó la violencia y solicitó nuevas consultas con los alumnos, los profesores, los sindicatos y los responsables políticos, pero, hasta el momento, no ha anunciado medidas concretas.

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