Los coches de las empresas, un factor clave en la electrificación y para impulsar el empleo

La rápida incorporación de vehículos eléctricos en las flotas corporativas puede generar hasta 344.000 puestos de trabajo en la UE, de los que 10.700 corresponderían a España, según Transport & Environment
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La electrificación de los coches de empresa es una de las palancas clave para el despegue de los vehículos eléctricos y también para crear puestos de trabajo. La rápida incorporación de coches eléctricos en las flotas corporativas podría generar 10.700 puestos de trabajo adicionales en España de aquí a 2030, atraer inversiones por valor de 900 millones de euros y aportar 600 millones de euros en valor añadido a la economía nacional, según un estudio de la organización ecologista Transport & Environment (T&E).
El informe, elaborado por el instituto alemán Fraunhofer ISI, llega en un momento en el que están en discusión los objetivos de reducción de CO2 y de electrificación de los vehículos de las empresas. Según T&E, una aplicación ambiciosa de los objetivos europeos de electrificación de las grandes flotas empresariales permitiría crear hasta 344.000 empleos adicionales en el conjunto de la Unión Europea. El escenario más favorable contempla también 18.000 millones de euros en nuevas inversiones para la industria automovilística y 20.000 millones de euros adicionales en valor económico.
Incluso con un ritmo de electrificación más moderado, las medidas permitirían generar 196.000 puestos de trabajo adicionales en Europa, según las estimaciones del estudio. “Los coches de empresa son la vía más rápida para convertir la transición europea hacia el vehículo eléctrico en puestos de trabajo europeos”, afirmó la responsable de políticas de flotas limpias de T&E, Sofie Grande y Rodríguez.
Alemania, a la cabeza de la creación de empleo
Alemania, el mercado de mayor volumen, sería el país más beneficiado por la aceleración de la electrificación de las flotas corporativas, con 134.000 nuevos empleos, seguida de Polonia, con 38.500. En el caso español, los beneficios procederían principalmente del aumento de la producción de vehículos eléctricos en las fábricas ya existentes, aunque el estudio también señala el potencial de los nuevos proyectos industriales impulsados por fabricantes chinos.
Entre ellos figuran las iniciativas de SAIC, matriz de MG, en Ferrol; Leapmotor, en colaboración con Stellantis, en Zaragoza y Madrid, y Ebro, junto con Chery, en Barcelona. La organización ecologista considera que el impulso a la demanda de vehículos eléctricos empresariales puede contribuir a atraer inversiones y consolidar la fabricación de estos modelos en territorio europeo.
El impacto dependerá, no obstante, de las condiciones que finalmente establezca la futura normativa comunitaria sobre vehículos corporativos limpios (Clean Corporate Vehicles), actualmente en negociación. La propuesta de la Comisión Europea contempla inicialmente que al menos el 45% de las nuevas matriculaciones de las grandes empresas corresponda a vehículos de cero emisiones en 2030. En España, el objetivo mínimo planteado por Bruselas es del 36%.
Las ayudas, vinculadas a la fabricación europea
T&E defiende que la regulación limite, a partir de enero de 2028, las ayudas públicas y los incentivos fiscales destinados a los coches de empresa a aquellos vehículos de bajas o cero emisiones fabricados en Europa. La organización considera que esta condición es clave para garantizar que el incremento de la demanda se traduzca también en actividad industrial y empleo dentro de la Unión Europea.
El debate cobra especial relevancia en un momento en el que los fabricantes europeos afrontan una creciente competencia de las marcas chinas y anuncian ajustes de plantilla para adaptarse a la transformación del sector. T&E pone como ejemplo a Volkswagen, que prevé recortar hasta 100.000 empleos hasta 2030, mientras que la aplicación de la nueva normativa podría generar hasta 56.300 puestos de trabajo directos adicionales para el grupo durante ese mismo periodo, según sus cálculos.
La entidad ecologista advierte de que rebajar los requisitos de fabricación europea reduciría los incentivos para localizar la producción en el continente y limitaría los beneficios industriales de la electrificación. Por ello, insta al Parlamento Europeo y al Consejo de la UE a mantener una regulación ambiciosa que vincule la renovación de las flotas corporativas con el desarrollo de la industria automovilística europea.









