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Feijóo lanza a Albiol a por el voto conservador catalán: "Que tenga cuidado el clan de Sánchez, que viene el PP"

Feijóo lanza a Albiol a por el voto conservador catalán: "Que tenga cuidado el clan de Sánchez, que viene el PP"

El candidato del PP promete un Gobierno "decente" contra la corrupción y asegura que Sánchez ha tapado "las mentiras de Ceuta con más mentiras sobre la vivienda"

El PP arranca con tropiezos la precampaña hacia las elecciones del 29N

Alberto Núñez Feijóo ha dado este domingo el pistoletazo de salida a la precampaña de su partido en Catalunya, donde el PP aspira a crecer pese a la dura competencia de Vox. Los de Feijóo creen que el candidato, Xavier García Albiol, es un talismán que les permitirá marcar un perfil duro que evite fugas de voto hacia la extrema derecha y, además, conseguir atraer a electores indecisos de otras ideologías, como ya consiguió en la ciudad donde es alcalde, Badalona.

“Te encargo que lideres la ley antiokupación en España. Que seas el ponente de la ley, la vamos a aprobar contigo”, le ha pedido Feijóo a su candidato en Barcelona, de quien ha dicho que es un “político peatonal” porque conoce como ningún otro los problemas de la gente.

El líder del PP ha asegurado que el 29 de noviembre el país “se juega entre Albiol y Colau”, dos alcaldes de ciudades metropolitanas que, según ha dicho, suponen dos modelos contrapuestos. Feijóo ha prometido que él formara un “Gobierno decente” y donde no sea posible la corrupción que, según ha dicho, ha caracterizado la presidencia de Sánchez. “¿Os imagináis seguir así hasta 2030?”, se ha preguntado.

“Necesitamos que todos los votos del centro-derecha vayan al PP”, ha asegurado Feijóo, que ha recordado que en las últimas elecciones los dos escaños catalanes que se quedaron a las puertas de conseguir podrían haber sido definitivos.

“Ya no cuela este Gobierno”, ha proclamado Feijoo, que ha afeado que la estrategia del PSOE sea “apelar al miedo”. “Otra vez con el miedo, vuelven al dóberman de hace 30 años, que viene el PP”, ha dicho, para rematar: “Pues sí, que tengan cuidado los ocupas, los jetas y el clan de Sánchez, que viene el PP”.

Tras un inicio de campaña marcado por los errores al haber entrado en temas espinosos como las pensiones, Feijóo ha preferido este sábado caminar por terreno seguro. Así, se ha referido a las pensiones, sanidad y educación públicas solo para ponerlos en contraste con símbolos de algunos de los escándalos de esta legislatura, como las “joyas en cajas fuertes” o las “chistorras”, el supuesto nombre con el que Koldo García denominaba los billetes de 500 euros.

En un acto que ha reunido a la plana mayor del PP catalán, Feijóo ha hecho referencia a Montse Mínguez, exportavoz del PSOE y candidata retirada por Lleida. “Cómo de mal lo deben de ver para que dimita una de las pocas que no está imputada”, ha ironizado Feijóo.

“Ya está bien de los que dicen una cosa y hacen la contraria. Ya está bien de tanta hipocresía. Prometen solucionar el problema de la vivienda cuando son ellos quienes la han creado”, ha insistido, pasando por alto que problemas como los desahucios estuvieron en cifras máximas durante el Gobierno de Mariano Rajoy.

Sánchez ha tapado “las mentiras de Ceuta con más mentiras sobre la vivienda”, ha indicado Feijóo, que ha abonado los rumores sobre un supuesto hallazgo de material comprometedor del presidente del Gobierno por parte del espionaje marroquí. “¿Qué cloaca esconde el móvil de Sánchez para tanta sumisión a Marruecos? ¿Qué tienen los servicios de inteligencia marroquíes? ¿Por qué la prensa marroquí pide el voto para Sánchez?”, se ha preguntado.

“El 29 de noviembre decidimos entre sumisión o firmeza, defender España o venderla”, ha zanjado el jefe de la oposición, que has asegurado que su receta es reforzar a las fuerzas de seguridad y endurecer la frontera “para que no sea un coladero”.

En su turno, Xavier García Albiol ha agradecido el encargo de su partido para encabezar la lista al Congreso. “Estaremos a la altura política del momento, porque somos conscientes de la gran responsabilidad que tenemos en estos momentos por lo que hay en juego. Tengo mucha ilusión por este proyecto”, ha dicho Albiol.

“Soy el alcalde de la tercera o cuarta ciudad de Catalunya, tenemos mayoría absoluta. Soy feliz, tengo mucho trabajo. Si yo doy este paso no es para calentar ninguna silla, es para poner voz a los problemas reales que tienen los vecinos de Barcelona y de Catalunya”, ha asegurado el candidato, que ha se ha mostrado convencido de que el PP es capaz de mejorar resultados electorales allá donde gobierna, tal y como hizo él en Badalona o Feijóo en Galicia.

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ERC y Comuns, historia de dos vecinos que no se pueden ni ver

ERC y Comuns, historia de dos vecinos que no se pueden ni ver

Los republicanos no olvidan cuando Colau utilizó los votos de la derecha para evitar la alcaldía de Maragall; los Comuns llevan clavado el voto contrario de Rufián a la reforma laboral de Yolanda Díaz

Ada Colau: “Ayer pedimos volver a negociar con ERC y no se quisieron ni sentar a hablar”

Si la izquierda catalana fuera una comedia de Hollywood, ERC y Comuns serían dos vecinos mal avenidos que se pasan la vida fastidiándose de formas cada vez más retorcidas. El punto álgido llegaría cuando ambos se dieran cuenta de que están sufriendo por igual sus jugarretas mutuas. Escena que daría paso al final feliz, en el que los eternos enemigos entienden que están condenados a convivir, que en el fondo son muy parecidos y que la amistad está por encima de las rencillas. The End.

Pero esto no es cine sino política, así que lo más probable es que ERC y Comuns continúen con su guerra para siempre. O, quizás, hasta que uno de ellos se haga daño de verdad en una de sus zancadillas.

Las escaramuzas de estas semanas preelectorales entre Gabriel Rufián y Ada Colau han seguido la línea habitual, pero han estado en boca de todos porque parecían más dramáticas que de costumbre. De ellas dependía, en parte, la unidad de las izquierdas en el conjunto del Estado. Y eso que ambos, Rufián y Colau, habían querido presentarse a sí mismos como paladines de la armonía entre progresistas.

Pero no es un gesto nada amistoso tentar al candidato de ERC para que deje su formación y se vaya contigo, como hizo la exalcaldesa de Barcelona ya con las elecciones convocadas. Como tampoco está exento de hostilidad cerrar con Podemos un acuerdo electoral en Barcelona que, en la práctica, dificultaba y daba pretextos a Irene Montero para acabar presentándose sola en Madrid, como hizo ERC.

La herida de Barcelona y el revés de la reforma laboral

Hagamos memoria. El fin de los gobiernos tripartitos en la Generalitat dejó en crisis a sus tres integrantes, PSC, ERC e ICV (luego Comuns). Sin embargo, los republicanos tomaron el tren del procés para recuperarse y, cuando la ola independentista era más alta, consiguieron llegar a disputar la hegemonía a Convergència (luego Junts). Durante todo aquel periodo, ERC y Comuns no parecieron acordarse mucho los unos de los otros.

Fue en mayo de 2019 cuando la relación saltó por los aires. El candidato republicano Ernest Maragall ganó las elecciones municipales de Barcelona solo unos 5.000 votos por delante de Ada Colau, que ya sumaba cuatro años en la alcaldía. Los Comuns solo podían mantener la vara municipal si contaban con los apoyos de Ciudadanos, que deseaban evitar un alcalde independentista.

Tras los recelos iniciales, Colau aceptó esa inesperada suma para pasar por delante de Maragall y revalidar la alcaldía hasta 2023. Una decisión que abrió una de las heridas que más cicatriz han dejado en la relación de ambos partidos de la izquierda catalana. Aunque ni mucho menos la única.

El voto contrario de ERC a la reforma laboral de 2022, el gran proyecto de Yolanda Díaz en la pasada legislatura, se consideró en la formación de Colau una declaración de guerra de los independentistas hacia el espacio de la izquierda alternativa. Aquel desencuentro fue sonado y contribuyó a perpetuar el clima de desconfianza.

Los Comuns tienen más reproches hacia ERC. No gustó que Elisenda Alamany, que había llegado a ser mano derecha de Xavier Domènech en el Parlament, se acercara paulatinamente a los republicanos, hasta convertirse en la secretaria general del partido, cargo que ostenta ahora.

Como tampoco hizo gracia que, en octubre del 2022, el entonces president Pere Aragonès fichara como consellera de Justicia a Gemma Ubasart, exsecretaria general de Podem y que se consideraba próxima al espacio de Colau.

La revancha llegó un año y medio después, cuando los Comuns votaron en contra de los presupuestos de Aragonès y precipitaron las elecciones anticipadas. Unos comicios de los que ambos partidos salieron muy castigados, en beneficio del PSC.

La posibilidad de entenderse ha vuelto a salir a la palestra después de todo eso, sobre todo gracias a la propuesta de unidad de Rufián. “Fui a la cárcel por Catalunya, no para que Colau sea diputada de ERC”, zanjó en marzo pasado Junqueras. Una respuesta tan dura que dinamitó cualquier posible puente antes de que se comenzase a construir.

De Companys y Comorera a Rufián y Colau

Como en todas las enemistades persistentes, es difícil rastrear el origen. Los antecedentes históricos más antiguos nos retrotraen a la Guerra Civil, cuando Esquerra estaba dirigida por Lluís Companys y, el PSUC, por Joan Comorera.

Estos dos líderes formaron varios gobiernos catalanes juntos durante la República e hicieron que sus respectivas formaciones se entendieran lo suficiente como para compartir lista electoral en 1936, junto a más izquierdas, el Front d’Esquerres de Catalunya. Tanto Companys como Comorera acabarían condenados y muertos a manos del franquismo.

Tras cuatro décadas de exilio y represión en España, PSUC y ERC reaparecen en la Assemblea de Catalunya de 1976 como amigos y aliados, aunque pronto emprenden caminos diferentes. ERC, más cercana a las tesis nacionalistas, acabaría apoyando a Jordi Pujol en la Generalitat. El PSUC, más alineado a la izquierda, integraría gobiernos municipales con el PSC.

El tripartit de Pasqual Maragall rompió esos bloques y ERC e ICV gobernaron juntos, de la mano de los socialistas, aunque no precisamente en paz.

Los antecedentes históricos son eso, historia. Pero sirven para subrayar que ERC y Comuns son dos partidos que, pese a su cercanía en muchas cosas, llevan casi un siglo ocupando espacios políticos diferentes. Uno independentista, de tradición republicana y que aspira a ser una alternativa al PSC dentro de Catalunya; el otro federalista, de raíz socialista y que se ve en España como uno de los actores a la izquierda del PSOE.

Todos los demonios invocados al calor de años de fricciones entre Calàbria y Marina –sede de ERC y Comuns, respectivamente– han reaparecido ahora, ante unas elecciones donde la izquierda se lo juega todo y no puede desperdiciar ni un voto.

La izquierda catalana vive con cierto trauma el factor distintivo de su desunión histórica. Pero, a diferencia de lo que ocurre en otros territorios, ha constatado en infinidad de ocasiones que republicanos y poscomunistas son identidades políticas difíciles de maridar. Nunca fue fácil colaborar en el pasado y ha resultado imposible cuando el intercambio de balas entre los vecinos ha vuelto a arreciar.

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